MI HIJO ÍCARO por M.R.

Cuenta la leyenda que el dios Minos encerró a Dédalo y a su hijo Ícaro en la torre más alta de Creta.

“Han pasado ya más de diez inviernos y es el momento en el que mi espíritu me pide que cuente lo que ocurrió en realidad. Ya soy muy viejo, me canso pronto, mi pulso no es firme y mi vista muy deficiente. Mi corazón es muy débil y sé que pronto se detendrá.

Minos el Todopoderoso me regaló una mente excepcional, un cuerpo sano y una mujer hermosa y buena, que además de darme un hijo, me amó y me respetó hasta el último de sus días.

Pero un día, mi dios se enojó conmigo y me encerró a mí y a mi hijo Ícaro en la Torre del Abandono, la atalaya más alta jamás creada por el hombre. A ella acuden, cada siete puestas de sol, un grupo de soldados a traernos comida y agua.

Este monumento a la soledad y a la desesperación está construido sobre un amasijo de rocas al borde del mar. Minos tuvo la maldad de mandar quitar el techo de la torre, pero fue benévolo al acceder a mi único deseo, una mesa, pergaminos de estudio y cientos de velas para poder escribir y leer.

Siento un hondo penar por mi hijo y por mi mujer Elena. En su momento idee un plan para escapar los dos de aquí. El hombre no nació para estar encerrado.

Veía a Ícaro languidecer jornada tras jornada. Estaba triste y abatido. Yo no le podía decir aún que teníamos una posibilidad de escapar; era una locura, pero teníamos que intentarlo. Le pedí que fuera juntando las plumas de las aves que sobrevolaban nuestro encierro. Le dije que cuando tuviéramos muchas nos haríamos un catre bien cómodo. Él, joven e inexperto, me obedecía y yo trabajaba por las noches…

Finalmente, llegó el día en el que decidí poner en ejecución el plan tan sumamente arriesgado que tracé al principio de nuestro cautiverio; tras 159 veces de ver la luna dominar el vasto firmamento y tras 159 sesiones de exhaustivo y afanoso trabajo ya solo me quedaba una cosa: mostrarle a Ícaro las dos parejas de alas que había fabricado noche a noche. Con la cera de las velas fui conjuntando miles de plumas y dándoles forma de alas. Saldríamos de aquella fortaleza volando como gaviotas; buscaríamos volando la libertad que nos fue arrebatada.

Minos es infinito, eterno y omnipresente, pero Minos también descansa. Sus ojos divinos se cierran, y en esos periodos que no ve, el hombre se ve capaz de afrontar lo prohibido.

Le expliqué el plan a Ícaro, pidiéndole por favor y reiteradamente que lo siguiera a la perfección. Que no se separara de mí ni un palmo.

No teníamos que volar, tan sólo planear hasta poder llegar al mar y de allí dejarnos llevar por la corriente y que ésta nos aproximara a la tan deseada costa. Quizá Minos premiaría nuestro coraje y nuestra audacia. Íbamos a intentar escapar sin hacer daño a ningún ser vivo, ni hombre ni animal.

Así, yo fui el primero en saltar. Las alas, jugando con el viento, me alejaron de la pared de la torre y de las rocas de abajo. Mi conjunto corporal fue descendiendo suave y gradualmente en dirección a la espuma que formaban las bellas olas de aquella alfombra marina.

Miré hacia arriba, buscando con mi vista a Ícaro. Los hijos del Sol ya empezaban a mostrar su fulgor y su calor. Le vi saltar, pero no planeó. Agitó sus vigorosos brazos con fuerza. Comenzó a volar, comenzó a elevarse. Le oí que gritaba: “Mira padre, puedo volar!!”. Desafió al Dios Minos, y fue castigado. Al acercarse al Sol, la cera de sus alas se derritió, y cayó; cayó presa de su loca euforia. No quise ver como su cuerpo joven y lleno de vida se estrellaba contra las piedras.

Así terminó mi triste historia.

Aprendan de la prudencia y de los consejos de sus seres queridos”.

Este relato está basado en la canción “Flight of Icarus” de Iron Maiden.

M.R.

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SUEÑO DE IMPULSO por M.R.D.C.

M.R.D.C.


UN PRESO… COMO YO por E.V.M.

Él, es normal tranquilo y sereno, no se hace destacar, es uno más aquí entre otros presos como yo.

Si te acercas más a él consigues reír o incluso llorar por dentro.

Para la sociedad libre puede ser un fracasado, su familia dirá: “no sirves para nada” y su entorno cercano, “es un perdedor sin futuro”. El centro penitenciario lo considera un número más, un delincuente y para los demás internos, un don nadie… sí, un preso como yo.

Su aspecto delgado y ojos cansados cautivaron mi atención. Nos dispusimos a caminar juntos por el patio, conversaciones largas y profundas de la vida, mi perspectiva de él cambió, vi un ser maravilloso con sus defectos al igual que virtudes, noté sus tristezas y frustraciones lo acogí en mi corazón.

Un día todo cambió cuando pudimos estar juntos como compañeros de celda, la amistad nos unió. Nunca creí que en un lugar como este pueda nacer la amistad verdadera. Me hizo recordar un texto del libro sagrado para muchos en proverbios: 18:24 que dice así: “hay compañeros que llevan a la ruina, y amigos más queridos que un hermano”.

Tengo que decir que es un preso… como yo. Pero para mí es un amigo y un hermano compartiendo esta experiencia en prisión que nos une y nos aleja por momentos de estos muros, libres de rejas y barrotes, historias rotas.

A ti, un preso… como yo, te dedico estas palabras para agradecerte siempre ser como eres con nombre y apellidos.

Concluir con lo que dijo Nelson Mandela: “Puedes encontrar que tu celda es un sitio ideal para conocerte, para investigar de modo regular y realista el proceso de tu mente y tus sentimientos”.

E.V.M.

 


MAMÁ por M.R.

 

Ya casi van a hacer 7 años desde que et marchaste. Casi 7 años que te fuiste a descansar. Y casi 7 años que me dejaste solo.

Esta carta que te escribo hoy va a ser muy dura para mí, pues te voy a decir cosas que, tristemente, nunca te dije en vida, pero algo dentro de mí me impulsa a hacerlo. No sé si es cargo de conciencia, el resultado de miles de horas de reflexión o la llegada de mi madurez personal.

Tú y yo sabemos cuan compleja fue nuestra relación. Amor, odio, distanciamientos, acercamientos, armonía, silencios, risas, tensión, complicidad… ese tipo de relación que sólo pueden tener una madre y un hijo; pero nuestra relación fue muy especial incluso antes de nacer yo.

Me acuerdo cuando me contabas el embarazo tan complicado que tuviste (padeciste) a causa entre otras cosas de los disgustos que te proporcionaba mi padre, de tu delicadeza natural, y de aquella infección severísima de vesícula que sufriste y te tuvieron que extirpar, tres meses antes de nacer yo. Por lo visto, médicos, amigos y familiares susurraban su convencimiento de que tan solo 1 de los 2, o ninguno conseguiría sobrevivir a aquella situación.

Y a la vista está que ambos luchamos por cerrar bocas y demostrar que la VIDA siempre combate a la muerte y que tú y yo llevábamos en la sangre un gen especial de supervivencia. Nunca te lo dije, y nunca es tarde si es para bien, así que en este momento y delante de testigos quiero darte las gracias por pelear por mí, y también te quiero decir lo que muy pocas veces te dije: te quise, te quiero y siempre te querré.

También me hablabas de Salvador, mi hermano mayor que nunca llegó a nacer; él no tuvo mi fortaleza o quizá mi coraje, pero él está en mi corazón. Mi hermano mayor. Quizá si él hubiese nacido, igual el que no hubiese sido engendrado hubiese sido yo.

Desde que te marchaste a descansar para siempre, he pensado mucho en ti. Sufriste mucho; fuiste una persona incomprendida. Tu corazón era fuerte y de oro. Tu familia (yo incluido) te dio la espalda, tu entorno te excluyó, y “pobre mamá”, te refugiaste en las pastillas y el alcohol, sin dar gritos, hacer aspavientos o llamar la atención. Solo querías “no sufrir” y nadie te entendió.

Si supieras lo mal que me siento por no haberte comprendido. Por no haberte acompañado, haber sido más cariñoso, por no decirte frases bonitas… los últimos años de tu vida solo te proporcioné disgustos, mentiras, frío, abandono y dolor.

En estos 7 años de tu partida, te he extrañado mucho, he llorado tu ausencia y he aprendido a conocerte. Igual tarde, sí, lo reconozco, pero tener clara y presente tu verdadera dimensión me enorgullece. No hubiese querido tener otra madre, tenías que ser tú y tú fuiste

Tú nunca me abandonaste, no criticaste. Me amabas y me respetabas. En silencio. Con tu presencia y tu comportamiento, que no he valorado hasta hoy.

Mamá, estés donde estés, haz tuyo este sentido y sincero homenaje de respeto y amor. Descansa, perdóname y sígueme cuidando. Te quiero.

P.D.: Amigos, os pido por favor que respetéis, valoréis, queráis y cuidéis a vuestras madres. Decidle de vez en cuando que la queréis. No hagáis como yo y valoradlas con justicia y amor, mientras estén con vosotros. Un abrazo.

M.R.


CADENA PERPETUA por E.V.M.

El tema de esta exposición, es el título de una película. Para todos aquellos que la habéis visto, quizá recordéis inmediatamente esta pregunta: “Y tú por qué estás aquí?

Es muy normal aquí en prisión, es lo primero que te preguntan al entrar. Pero yo quiero hacer otra pregunta que invita a la reflexión ¿para qué estoy yo aquí?

Pues personalmente pienso que la primera pregunta, muchos la contestan sin pensar más, solo en el hecho que lo trajo hasta aquí. Sobre la primer pregunta poco podemos hacer ya. En cambio, la segunda pregunta implica mucho más en nosotros mismos, la acción en mi y hacia los demás presos.

El trabajo en sí mismo, significa poder identificar esos errores que producen dolor, tanto a nosotros mismos como aquellos que nos rodean. Tenemos que identificar comportamientos nocivos, que solo tuercen nuestros pasos en el caminar por la vida.

Yo, personalmente, desde mi celda 116 del Módulo 12, trato cada día de aclarar en mi mente el sentido de todo, en especial el hecho de, para qué estoy aquí. Descubro que hay cosas que no sabía y que suceden en circunstancias como estas, en prisión.

Desde la libertad, nunca tuve un pensamiento de lo que sería este lugar, estar preso, sin la tan anhelada libertad. Pero tras estos muros de hormigón fríos, grises, altos y con rejas, voy descubriendo aspectos de mí que antes no veía.

El primero, es compartir un pequeño habitáculo llamado en la jerga carcelaria: “chabolo”, donde dos personas que nunca se conocieron tienen que compartir juntos. Es un reto y un desafío, hacer cambios en uno mismo para tener una buena convivencia con el compañero.

Segundo, aprendes de la soledad aunque haya más personas cerca. Controlar tu tristeza y lágrimas, sin saber qué mano te ayudará o qué palabra de ánimo recibirás.

Estoy sorprendido de comprobar lo que la amistad significa en un lugar como este. Ayudar a otros internos en la medida de mis posibilidades, tomar esta nueva situación con calma, un alto o punto de reflexión en la vida para poder ser mejores seres humanos estando en libertad.

Creo que de la segunda pregunta planteada aquí antes, para todos, yo ya estoy dando respuesta en una pequeña parte de todo lo que implica y seguro estoy que muchos también responderéis de forma positiva a esta reflexión.

Cuando otra vez me pregunten ¿por qué estoy aquí?, responderé: para aprender… nunca olvidemos que “un santo no es sino un pecador que perdura intentándolo de nuevo”.

E.V.M.


MENTE Y CORAZÓN por M.R.

“Eres un cabezota”, “mi hermano es muy cerebral”, “tienes que hacer de tripas corazón”, “he tenido una corazonada”, “lo nuestro fue un flechazo”…

Estas frases que hemos dicho u oído miles de veces son la base de lo que quiero compartir y tienen más profundidad de lo que parecen. Hablan, según el caso, de por qué nos dejamos llevar más, si por los sentimientos o por los pensamientos (o razonamientos).

Yo creo que todas las personas que estáis leyendo esto ahora mismo, habéis tenido un flechazo alguna vez; solo con ver a una personas determinada en un momento determinado y a veces, sin hablar si quiera con ella, hemos tenido la seguridad de que era nuestra media naranja. Nos hemos enamorado en una fracción de segundo, y es en este punto donde me quiero detener.

Ese flechazo, reconozco que es precioso, pero es una sensación irreal. Enamorarse es sentir amor por alguien, y eso en su expresión verbal es amar; y amar es, según los entendidos, dar la vida por la persona amada. Entonces, reconozcamos que, a una persona que nos ha “deslumbrado” en un momento de atracción y quizá no hemos cruzado una palabra con ella, no daríamos nuestra vida por la suya. Lo correcto es (o sería) conocer a esa persona (mucho), saber sus valores, si es persona buena, justa, coherente, equilibrada, responsable, sana, o si por el contrario es cruel, sin valores, sin escrúpulos, inmadura… Conocerla de tal manera que no dudemos de que sea al máximo compatible con nosotros. Abogo, por una decisión en la que los sentimientos se complementen con los pensamientos.

Decía Aristóteles que la máxima virtud es el equilibro, y como animales racionales, esto debería ser algo sencillo e inherente de conseguir; nuestros compañeros irracionales funcionan mayoritariamente por su instinto y en un pequeño porcentaje por sentimientos y pensamientos.

Tenemos un cerebro que, por algún motivo es capaz de dictarnos órdenes coherentes, razonables, razonadas e inteligentes y un corazón que nos “endulza” con amor, cariño, pasión, bondad…Sería buenísimo que supiésemos combinar estas dos armas tan poderosas en nuestro propio bien y en el de los nuestros.  No nos dejemos llevar por nuestro primer impulso, dejemos ese comportamiento para los animales, que en muchos casos muestran más inteligencia que nosotros mismos.

El mismo rasero habría que recomendar a esas personas cerebrales que se pasan la vida analizando datos y comparando situaciones. Aquellos que no experimentan sentimientos ni sensaciones. Pienso que tienen una vida muy triste.

Lo dicho, amigos, combinemos nuestra mente y nuestro corazón.

M.R.

 


DESEOS DE AMOR por J.J.H.R.

Mis sonrisas van al viento

Pensando en hacerlas viajar

Surcando el gran firmamento

Yo quiero verlas volar.

De grandes deseos lleva equipaje,

Regalos que nunca te supe mandar

Vuela, no detengas tu viaje,

No la hagas esperar.

Sal, es de noche, me quedaré en la ventana,

Que sin desvelos haré mi guardia

Hasta que venga el sol de la mañana.

Vuela, llega pronto, deslízate por su cama,

Que en mis anhelos quiero besarla,

Lejano pero presente, así quiero despertarla.

Por J.J.H.R.