UNA MESA REDONDA por SAMOYEDO

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Todos los días seis o siete personas se sientan en una mesa para charlar de todo un poco, de inquietudes, de sueños, de deseos y de amistad. Esa mesa redonda situada en la sala de un módulo de prisión. Cada día escucho las palabras de cientos de presos que en su día se sentaron en ella a escribir, a jugar o simplemente a charlar. Desde hace tiempo me siento en esa mesa dónde creo que aprendo cosas que me enriquecen, que otras personas me enseñan y que sirven para pensar, recapacitar y creer que cada día puedo ser un poquito mejor. Suelo escuchar con atención a cada persona que se sienta en ella y suelo creer lo que en ella cada tertuliano cuenta, pues ¿De qué sirve mentir? Pero en esa mesa no se miente, en esa mesa se sienten emociones que confunden y hacen dudar de las personas. Ayer en concreto a dos de las personas que conmigo se sientan cada día se les llamó para agente judicial. Uno vino con dos permisos de seis días cada uno y el otro vino con la libertad. En esa mesa con seis, siete u ocho personas se alegraron todos de la buena noticia que trajeron los compañeros, todos menos uno, al que le cambió la cara y no le gustó nada esas noticias. ¿Sería envidia? Pienso que más que envidia esta persona tiene una rabia contenida por su condena y cree que todos debemos pagar como él las nuestras, y cada causa es un mundo al igual que cada persona. Me entristece  ver como esta persona da consejos o les dice a presos nuevos que no obtendrán beneficios, que la junta tiene perfil justiciero y cosas similares que lo único que pueden producir en un interno es desesperanza y negatividad, cuando yo creo y he visto como cada día se va gente, unos antes y otros después, todo depende de cada uno, sus circunstancias y comportamiento. Quizá puede que en breve esa mesa se quede sola con el adivino o vidente que no entiende que en un lugar así cualquier muestra de ilusión y esperanza hace que aquí uno tenga una estancia más llevadera.

Cada unos somos de una manera y eso no se puede cambiar pero prefiero ver el vaso medio lleno el tiempo que lleve aquí, que medio vacío. Hay gente que me quiere y que me espera fuera, que lo que les destrozaría no es el mero hecho de estar aquí, sino el hecho de que en vez de hacer y pensar en positivo, lo hiciera en negativo y sufriera. Eso les destrozaría y jamás escribiré o hablaré con ellos con esa mentalidad. Aquí creo que sufre quién quiere sufrir, porque con un libro, una actividad y una mesa redonda con buenos compañeros que se apoyen, esto se lleva más o menos bien. En todo este tiempo he visto poca gente llorar o estar desesperado. No es un lugar ideal, pero es dónde debemos estar un tiempo y si puede ser viviendo cada día, pues con sólo ver la luz del sol y el cielo debemos dar gracias. Otros no pueden ver ni eso y están aquí dentro.

Gracias a los que hacen que mi estancia aquí sea buena.

Por Samoyedo

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