SIN TREGUA NI CUARTEL (NO SURRENDER) por F.J.L.M.

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Me resulta curioso notar como, de forma totalmente inconsciente y a medida que se acerca el fin de curso, tiendo a hacer balance del año que acaba, rigiéndome más por el calendario académico que por el natural, a pensar del tiempo trascurrido desde que finalicé los estudios. Además, debo admitir que últimamente ando un poco como el clima y llevo unos días con la cabeza algo redolera porque muchos de mis pensamientos (y también muchos recuerdos) chocan frontalmente con algunas situaciones que suceden a mi alrededor y con otras cuestiones que escucho y leo.

Sin entrar en detalles, esas cosas a las que me refiero tienen como rasgos comunes una terrible sobredosis de conformismo, un preocupante exceso de apatía y una desidia irritante. Antes de continuar vaya por delante que todo cuanto aquí exprese no tiene nada que ver con el “domicilio habitual” del que hoy disfruto. Diría exactamente lo mismo desde mi casa que está en Madrid o perdido en un arrabal de Pernambuco.

El conformismo, la apatía y la desidia indefectiblemente llevan a que una persona se abandone, se rinda, se abstenga de hacer planes, anule toda capacidad para ilusionarse y directamente meta en el congelador cualquier atisbo de pasión que pueda sentir. En resumidas cuentas, la idea es que tal y como están tanto la vida, como el mundo que nos rodea, es mejor y más conveniente dar una tregua a nuestras emociones y mantener a raya nuestros sentimientos ya que “total, ¿para qué?, dejarse llevar no sirve para nada más que generar frustraciones y provocar desengaños”.

Mi primera reacción ante semejante planteamiento solo puede ser (aunque no lo diga y guarde un prudentísimo silencio) directamente pensar: “ni de coña! ¿pero que me estás contando?”. A continuación, y antes de manifestar mi total desacuerdo, haré un esfuerzo por ordenar mis ideas, reflexionar sobre mis argumentos para defenderlas, elegir cuidadosamente mis palabras para exponerlas y tener a mano a algunas experiencias prácticas de lo que manifiesto y sean vividas en primera persona o relatadas por terceros. Con mayor o menor fortuna, eso es exactamente lo que he hecho.

Actualmente tengo la suerte de compartir muchas horas al día con alguien que, cada vez que vuelve de pasar unos días con su chica, sus hijos y su gente, está más convencido de que la vida no solo sigue adelante sino que está llena de oportunidades y ofertas hacia las que no tenemos más que lanzarnos para hacerlas nuestras. Y como puedo asegurar que esta persona no se caracteriza precisamente por su ligereza de ánimo ni por su falta de criterio para enfrentarse a la vida, me creo todo lo que cuenta tanto como me motiva.

Puedo aportar también alguna experiencia personal. Mi caso es el uno de esos que estando frente a un mostrador de facturación un día cualquiera de julio de 1996, cambió a última hora el vuelo que iba a tomar por otro que, aunque despegaría tres horas más tarde, aterrizaría más cerca de su destino final. Aquel avión al que decidí no subirme explotó sobre el océano Atlántico a los cuarenta minutos de despegar. Pero mi vida siguió adelante. Al igual que lo hizo unos años más tarde, cuando vivía con Amaya en el quinto piso de la calle Téllez número 30. Un once de Marzo, mientras ella se duchaba, yo me desperté por el estruendo que causó la puerta de un vagón de tren entrando por la ventana del salón del vecino del tercero.

No es cuestión de perderse en las batallitas del abuelo, lo importante es que aquí sigo, con cuerda para rato y más ganas que ayer aunque menos que mañana. Porque entre lo vivido, lo que me cuentan, lo que veo y lo que me imagino solo soy capaz de llegar a la conclusión fundamental: no es que la vida sea bella, es que la vida ES COJONUDA (y dicho sea de paso, incluso desde donde escribo lo es) y no debemos permitirnos nada inferior a vivirla SIN TREGUA NI CUARTEL.

Según el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, “tregua” tiene como segunda acepción “intermisión, descanso”, “dar cuartel” significa “suspenderse o templarse mucho por algún tiempo” y por último “sin cuartel” equivale a “guerra a muerte”. Me alegra poder decir que esta vez el texto de la RAE no me ha resultado trapacero, regalándome tres definiciones tan perfectas y ajustadas al objeto de m consulta. No hay que añadir más.

Para terminar, permítaseme la licencia de hacerlo con dos breves alusiones para quienes en ellas se puedan y/o quieran identificar. La primera de ellas es para los míos (y también los no tan míos). A ellos solo puede decirles que, aunque yo sepa vivir de otras maneras, mi elección es la de hacerlo arrebatado y convencido de que pensar, soñar, imaginar, desea, ilusionarse y amar es una fantástica manera de pasar por el mundo.

La segunda es para ti que me piensas, te ocupas, y preocupas por mí, incluso mucho más de lo que ante ti misma nunca admitirás, precisamente a ti quiero decir que lo único que me apetece esnifar es cada poro de tu piel y que de lo único que quiero ponerme hasta las cejas es de tu olor y tu risa. Puedes tener bien claro que el hecho de no poder hacerlo ahora, ni que probablemente lo haga nunca, no empobrece ni un ápice la sensación de saberte tan cerca que me basta soñarte o imaginarte para sentirme en paz y completo cada día.

Por F.J.L.M.

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3 responses to “SIN TREGUA NI CUARTEL (NO SURRENDER) por F.J.L.M.

  • Julia

    Tan solo con ver tu articulo y saber que alguien fuera de alli lo lee ,en serio es genial seguir viviendo,imaginando y quien sabe aveces soñando,porque hay sueños que se hacen realidad,estas a oscuras y de repente ves la luz,quien me diria a mi que estaria viendo esto,ni de coña pero aqui estoi con esperanza e ilusiones que pienso cumplir cueste lo que cueste,todo es proponerselo,claro tambien en el momento apropiado Saludos que sepas q te leo yo y seguramente mas gente….

  • María

    “No es que la vida sea bella, es que la vida ES COJONUDA y no debemos permitirnos nada inferior a vivirla SIN TREGUA NI CUARTEL”
    por F.J.M.L

    Que no pueda sorprender, que un día aparezca la cita y las siglas tal cual en una pared de la calle.

  • María

    Perdon, F.J.L.M

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