ERASE UNA VEZ… por F.L.N.


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La causa…

Hacía muchos años (digamos décadas) que de algún modo u otro, manifestaron algunas gentes, su preocupación por el maltrato (persistido en el tiempo y lugar) del hombre hacia el único planeta aún habitable que poseíamos.

Aquellos preocupados por la salud medio ambiental (es decir, por el futuro del planeta y por la vida que aun hay en él), contaban a su favor, curiosamente, con inesperadas pero visibles consecuencias del modelo de vida que había que combatir. El hecho es que si preocupaba el presente, el futuro tenía aún peor pronósticos. Así pues, de la preocupación se pasó al compromiso. Unos hicieron de ello su causa y otros su lucha. Verde, tomaron por bandera, aunque con distintos matices y gamas que dicho color abarca.

El enemigo…

Ya tenía nombre y apellido el enemigo de la naturaleza; (y las progresivas y prematuras consecuencias, relativamente proporcional al número de preocupados al número y elevado luego al grado de compromiso)  no debía de ser difícil de identificar, localizar y combatir. Sin embargo, no fue así, al parecer el enemigo estaba en casa. Estaba tan arraigado con sus contendientes, donde tenía aliados. Entendiendo por ello; malos hábitos adquiridos durante mucho tiempo (disfrazados a veces de progreso o modernidad), el inmovilismo mayoritario de toda la vida (lo de, “por qué cambiar, si no nos funciona tan mal”), y, sobre todo, ¿cómo no?, los intereses creados, invento propio de la ingeniería humana en su búsqueda de lucro. Por eso nunca coincide con los intereses generales, o sea, el bien común. También de toda la vida ¿enemigo?.

Si el hombre, él mismo, capaz de lo mejor y de lo peor.

El concepto (los muertos)…

En la guerra, en todas las guerras, se ganan y se pierden batallas, se pasan por momentos de gloria y por lo contrario, algunos son considerados héroes, otros villanos. Se sabe que varía el sujeto según quién haya redactado la oración, pero los sujetos muertos son y siguen muertos sin poderlo variar nadie. Porque las guerras aparte de todo producen muertos y esta no fue para nada una excepción.

La niña que por entonces tenía tan solo 15 años; viajó hasta París (desde Australia), queriendo saber quién y por qué habían matado a su padre, cuando ella acababa de nacer. En sus cortos pero fructíferos añitos todo lo que había leído y escuchado sobre su padre, solo le aseguraba que era un hombre bueno, preocupado y comprometido con la lucha por la vida (en todos sus conceptos), sin embargo, le dieron la muerte…le quitaron la vida.

A la tripulación del Rainbow Warrior que fue hundido por el gobierno francés y que supuso el fallecimiento de Fernando Pereira.

F.L.N.


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