DE CONSEJOS, OPINIONES Y CULOS por TIBU

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Que el ser humano no es perfecto es algo que todos deberíamos tener claro. Pero esto, que a simple vista parecería una obviedad, dista mucho de la realidad.

Si nos detenemos por un momento a pensar, es seguro que en alguna ocasión al menos, y probablemente en muchas, habremos escuchado, y habremos dicho, algo como: “deberías de…”, “yo en tu lugar…”, “lo tienes que hacer es…”, consejos.

Los consejos, al igual que las opiniones son como los culos: todos tenemos uno.

El consejo se desarrolla en dos direcciones, el que lo da, casi siempre sin que se le haya pedido tal cosa, y el que lo recibe, que no siempre lo hace de buen grado. La gratuidad de tal ejercicio, el de autoproclamarse consejero, hace que este acto sea uno de los defectos más frecuentes. Igualmente, el hecho de atribuirse un conocimiento superior que permite regalar una opinión gratuita, señala cierto grado de soberbia, mezclado con un marcado complejo de superioridad, a aquel que, partiendo de su supuesta sabiduría, es capaz de dirigir a su contertulio frases que quisieran ser auténticos dogmas. El receptor de esas “sabias aseveraciones” normalmente, o bien se autosupone en algunos grados inferiores a los de su docto conversador y no solo los acepta y agradece, sino que los acata y los pone en práctica, o, al contrario, disimula y hace pensar al otro, al “sabio”, que está recibiendo toda una corriente de valiosísima información que iluminará su vida en adelante.

A veces, las menos, se cambian las tornas, y primero es el receptor el que solicita al difusor, de quien tiene la certeza de que en algún tema concreto acumula conocimientos certeros y válidos que le pueden ser útiles. Este puede ser el caso de aquellos que, estando en alguna fase de aprendizaje; de cualquier cosa, y teniendo la oportunidad de enriquecer sus necesidades conductuales y/o cognitivas, le pide al otro que, o bien por estudios o por experiencia sabe más que él de tal o cual tema y lo ha demostrado fehacientemente,, direcciones y/o caminos o pautas a seguir en dirección al mejor conocimiento de algo concreto. En ese caso, estamos ante un alumno y un maestro, expresado esto de manera muy somera.

La gratuidad habitual del eventual y paracaidista consejero conlleva un importante grado de imprudencia, en cuando a que desconoce el grado de bondad o su contrario que va a provocar en aquel que le escucha.

Yo, personalmente, hago un esfuerzo no siempre fructuoso por no dar consejos a quien no me los pide, y en el caso de ser yo el digno receptor de tan magno regalo, disimulo y opto por la sabiduría oriental, “oír, ver y callar”, o, lo que es igual, si, como dijimos al principio, los consejos y las opiniones son como los culos, que todos tenemos uno, opto por hacer caso a mi culo, que al fin y al cabo me conoce perfectamente y nunca me va a dar gato por liebre. Y, además, por regla general, suele hablar en el mismo idioma que los “Sénecas de temporada”.

Tibu


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