¿TODOS FUIMOS HERIDOS EN PARIS? Por TIBU

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Decía Calderón: “Nada es verdad, todo es mentira, solo depende del color del cristal con que se mira”. Nunca frase alguna ha estado más cargada de razón.

En estos días llenos de alarmismo, de victimismo, de golpes en el pecho y, según el color de mi cristal, de hipocresía, nos llegan de manera recurrente hasta el hartazgo, todo tipo de noticias e informes de los “Grandes Padres de todas las Patrias” (las del dinero) acerca de la brutalidad, o el salvajismo y todo tipo de “ismos” relativos a los terroristas de IS. Y no es que no tengan razón, no cabe duda que la tienen, pero, sinceramente, la historia reciente demuestra que, en la mayoría de los casos, se corresponde a una cortina de humos que intenta enmascarar diferentes realidades que no se consideran saludables para el famoso estado de bienestar. Nos han repetido miles de veces las escenas, los lugares, las entrevistas a los presentes, las cazas de los terroristas, etc, etc. de París. Y ahora, mientras escribo este artículo, está pasando por las noticias de la televisión los mismos detalles que, desde el día de los hechos, nos han lanzado una y otra vez.

A los pocos días del desgraciado incidente de París ocurrió algo similar en Túnez. Mediáticamente no le han dado ni la décima parte de importancia que a lo de Francia; y ello me lleva a cuestionarme si, en el siglo XXI, el de la globalización, el de la supresión de fronteras, sigue existiendo una clara diferencia entre los países desarrollados y los que no lo son. A la vista de los acontecimientos está claro que sí.

Y un servidor, que no es más que un mero observador curioso, se acuerdo de aquellas declaraciones de Henry Kissinger reconociendo la participación y la instigación de la CIA en el golpe de estado de Chile, que superó con mucho a lo de París en cuanto a número de muertos se refiere. Y me viene a la mente una foto de tres megalómanos sentados alrededor de una mesa, con los pues apoyados en ella, dando claras muestras de pretendida superioridad, blandiendo cada uno un puro enorme como si de espadas justicieras se tratasen, mientras con una sonrisa altiva y displicente declaraban la guerra de Irak, en nombre de la civilización de Occidente, basándose en la supuesta existencia de armas químicas en dicho país. Hace un par de meses, años después de haber destrozado la nación entera a fuego y sangre, habiendo condenado al pueblo iraquí a la hambruna y la miseria, dejándoles al amparo y arbitrio de los señores de la guerra. El Sr. Blair, uno de los portadores del puro justiciero, reconoció públicamente haberse equivocado; reconoció que esas armas químicas que justificaban la invasión nunca existieron, y reconoció también que aquel acto demente fue el detonante de la creación de DAES.

Otro de los accionistas de Cohiba, presente en la famosa foto, el Sr. Bush, reconoció públicamente ser alcohólico, en concreto durante las famosas fechas, y del tercero en discordia, el Sr. Aznar, poco puedo contar ya que fue un mero comparsa en la macabra fiesta, y del que siento una vergüenza indescriptible, no por considerarle un ser funesto, que también, sino porque su pose en el célebre pictograma era más propia de Paco Martínez Soria en “La Ciudad no es para mí”, que de un político de la “pretendida talla” que se nos quería hacer ver. Claro que, a diferencia con el actor, el maño era un genio y el del Pisuerga más bien no. Seguramente Ruphert no estará de acuerdo conmigo.

Nunca he sido amigo de las teorías conspirativas, pero ciñéndonos a informes actuales, desde la masacre de París, la industria armamentística ha experimentado un crecimiento del 60%. Industria armamentística de la que, entre otros muchos, participa el Banco de Santander, el BBVA, La Banca March, y, dice los periodistas, el Vaticano. Y no es que les esté culpando a ellos de dichos atentados, ni del consiguiente clima de terror, ni Maquiavelo sería capaz de tal cosa quiero suponer, pero lo cierto es que a sus arcas, ya de por sí repletas, les ha venido muy bien.

Pero, por encima de todo, de la barbarie de los asesinatos, de la sinrazón de todo tipo de terrorismo, incluyendo al financiero, de la sangre de tantos inocentes de uno y otro lado de la contienda vertida en aras de un “supuesto mundo mejor” y que los tiempos modernos han justificado como “daños colaterales”, ahora resulta que el problema de los migrantes ha pasado a un segundo plano. Ya no vende tanto, o a lo mejor es que no interesaba que vendiese tanto, y ahora lo que “mola” es reiterarse en que hay que hacer un eje multinacional que frene a los de IS. El problema es que se está formando a la vez un odio irracional hacia otro tipo de culturas, tan respetables como la nuestra y mucho más antiguas, y el ser humano, tan propenso a confundir el “culo con las témporas” ya criminaliza a todo aquel que lleve túnica, lea el Corán y piense de manera diferente. Este odio desmedido, ignorante, insensato, criminal, injustificado, puede ser el detonante de infinidad de actos “en nombre de la fe”, da igual de cuál se trate, tan tremendos o más que los de París. Y, finalmente, pagarán justos por pecadores.

Pero ya habrá quien, llegado el caso, se vuelva a proclamar adalid de la moral de Occidente y saque partido de ello. Ya se sabe aquello de “a río revuelto…”.

Y como un hombre normal que me considero y desde mi ignorancia, que reconozco, me surgen muchas preguntas, todas ellas sin respuesta. No entiendo cómo aquellos tres jinetes del Apocalipsis, los de la famosa foto de las Azores, y Henry Kissinger, confeso de por lo menos, una masacre, siguen por ahí libres, alguno es presidente de gobierno a día de hoy, y los otros dan conferencias a la Humanidad, sobre ética, política y economía. Y como ellos, tantos otros a los que no ponemos cara ni nombre, pero existen, que abrazados a la fe del poder, se empeñan en dar, de vez en cuando, en función de cómo vaya la bolsa, una patada en cualquiera de los avisperos que existen por el Mundo, y cuando las avispas pican, ellos mismos se encargan de vender el insecticida.

Y, por si fuese poco este desacato universal que estamos viviendo, ahora han hecho la Cumbre del Clima, supuestamente destinada a frenar otra barbarie, más real, más irracional para mí que la de los terroristas islámicos, que no es ni más ni menos que la destrucción del Planeta, que viene dada por el mal llamado progreso, y bajo esta mascarada política, el señor Hollande, que ha proclamado la guerra a un estado inexistente, aprovecha que el Pisuerga pasa por Valladolid y se dedica, en medio de fastos y oropeles más propios de Nerón que de un líder moderno y consecuente con la actualidad de su país, a consolidar el eje antiyihadista que no terminó de cerrar en su cuestionable gira diplomática.

Es digno de resaltar, por si quedaba algo por añadir en esta surrealista situación, que el Sr. Obama, el del “Yes, we can”, ha asistido a tan magna cumbre climática a bordo de un mega coche, blindado y mega-contaminante, conocido por “la bestia” que engulle más de 60 litros de gasolina a los 100 km y emite más gases contaminantes que diez motores diésel. A lo menor, aquel famoso eslogan tendría que haber dicho: “Do you want to fuck this Planet? Yes, we can”. Si era así, desde luego lo han cumplido.

Tibu


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