DEPRISA, DEPRISA por TIBU

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El hombre, el ser humano, está “condenado a ser libre”. Condenado, porque no se ha creado a sí mismo, y libre, porque una vez aquí es responsable de sus actos. De esta somera exposición nos surgen múltiples preguntas acerca del “ser”.

Partamos de la afirmación de que “somos” ya que nuestras percepciones así nos lo dicen, o dicho de otra manera, una vez admitimos nuestra existencia como algo real, surge el concepto de “ser ahí”. Entonces el “ser ahí” existe. El “ser ahí” es, además de un concepto, un ente que en cada caso soy yo mismo. Pues bien, es forzoso que esta determinación del ser del “ser ahí” se comprenda cobre la estructura del “ser en el mundo”. El punto de partida de la analítica del “ser ahí” está en la interpretación y comprensión de esta estructura. El fenómeno indicado con esta expresión permite que se le mire bajo tres puntos:

  • El “en el mundo”; aquí nace el conocimiento de preguntar por la estructura ontológica del “mundo” y de definir la idea de mundanidad como tal. Hay que empezar por poner la vista el “ser en el mundo” por el lado estructural “mundo”. ¿Qué puede decir describir “el mundo” como fenómeno?. Permitir ver los “entes” que se muestras dentro del mundo. El primer paso será entonces una enumeración de lo que haya en el mundo. Los entes de dentro del mundo son las cosas, cosas naturales y cosas dotadas de valor. El hecho de “ser cosas” es el problema. El ser de éstas, es la naturaleza en cuanto tal, el tema primario. Ese carácter del ser de las cosas naturales, de las sustancias, en la que todo se funda, es la sustancialidad. Mundo, si se emplea como concepto óntico, significa la totalidad de los entes que pueden “ser ante los ojos”, dentro del mundo. Si Mundo puede ser el nombre de toda la región que abarque una multiplicidad de entes; por ejemplo, el significado de mundo, al hablar del mundo matemático, será la región de los posibles objetos de la matemática. El mundo personal de cada uno sería el “mundo público del nosotros”, el mundo circundante peculiar y más cercano o doméstico de cada quien, o dicho de otra manera, “el mundo más inmediato”, al que llamaré “intramundo”. Popularmente podríamos aplicarle la expresión “andar por el mundo”, en relación a la circundaneidad de cada mundo singular.

  • El ente que es, en cada caso, en el modo del “ser en el mundo”, lo que se busca es aquello por lo que preguntamos al decir ¿quién?. Esta forma de ser se funda en el modo del cotidiano “ser en sí mismo”, lo que hace visible lo que podemos llamar “el sujeto de lo cotidiano”, el “uno”. El “uno” es inmediatamente y de forma regular poseído por su mundo.
  • El “ser en”. En este sentido se trata de la forma de ser de un ente que es “en otro”, como el agua en el vaso o el vestido en el armario. Esta “relación de ser” es susceptible de ampliación, por ejemplo, el banco está en el aula, el aula en la Universidad, la Universidad está en la ciudad, etc., etc. hasta llegar a decir que el banco está en el espacio cósmico. Este postulado podrías desarrollarse en la teoría de las octavas, expuesta en otro escrito anterior. Al final, desembocamos en la afirmación taxativa de que el tamaño no existe como tal, es relativo, o, como decías Hermes Trimegisto “como es arriba es abajo”.

Resumiendo lo anteriormente expuesto de una manera más “cotidiana”, podríamos decir que cada persona en su intramundo se crea a partir de las decisiones que, de manera singular, adopta en determinados momentos de su existencia. Y es precisamente la adopción de esas decisiones y sus consecuencias lo que determina el intramundo particular y a la vez universal de cada sujeto. Hablamos obviamente de aquellas decisiones trascendentes que marcan de una manera trascendental la existencia del individuo. Si partimos de la base de que por el hecho de estar condenados a ser libres, desde nuestro nacimiento todos estamos iniciando el camino desde el Km cero, toda nuestra existencia vendrá de una manera u otra a determinarse por la consecuencia de nuestras decisiones tomadas libremente. Es obvio que el fumador lo es porque en algún memento de su vida decide serlo, o el aventurero recorre el Amazonas por iniciativa propia, etc, etc.

El mundo actual en el que vivimos interfiere de manera directa en nuestro intramundo, al igual que el mundo circundante a cada cual casi siempre condiciona nuestra conducta individual. De manera clara el extracto social y cultural a partir del cual comienza a desarrollarse cada intramundo proporcionará las condiciones precisas para que cada uno adopte aquellas decisiones que conformarán su vida. Es obvio que el mundo moral, espiritual, que de alguna manera conformó los inicios de la humanidad ha perdido la batalla ante el consumo, el capitalismo caníbal y el poder más crudo. Sería lógico pensar pues que alguien nacido en un entorno social desprovisto de cultura, o de su afición y aprecio por ella y de los desapegos morales que conlleva tal carencia, podrá contemplar la delincuencia como un medio de sustentación que alimente el intramundo que, en un determinado momento, creó, como reflejo de la oferta que una y otra vez recibe de la sociedad actual.

De todas maneras, estos pensamientos gratuitos que estoy exponiendo aquí no me ayudan mucho a comprender por qué un compañero que conocí en la prisión, después de tres años interno, sale por fin en tercer grado, prometiendo a todos, y supongo que a sí mismo, que su vida iba a cambiar, que había comprendido que su camino debía ser otro, y un mes apenas más tarde, vuelve a entrar en prisión…

Deprisa, deprisa.

Por Tibu


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