NACIONALISMOS, DISGREGACIÓN Y SEGREGACIÓN por M.A.I.S.

El-nacionalismo-aumenta-en-las-crisis

Nunca me han gustado estos términos en cuanto se refieren a establecer diferenciaciones entre las personas. Ya, desde muy joven cuando participaba en campamentos o excursiones formadas por jóvenes de los mismos tipos sociales y más o menos de las mismas edades y características educacionales, donde podríamos intercambiar: costumbres, ideas e inquietudes con otros jóvenes procedentes de diferentes provincias, localidades o poblaciones. Y teniendo en cuenta que éste, era el fin último de estas reuniones para que así pudiéramos enriquecernos social y culturalmente, las más de las veces se establecías grupos exclusivamente formados por personas procedentes de las mismas poblaciones o localidades, las cuales se pasaban el periodo vacacional (15 ó 20 días) en un mundo cerrado sin apenas intercambiar opiniones con los demás participantes del campamento o excursión.

Por otro lado, las menos, se formaban grupos de diferentes procedencias y estos solían ser más participativos, sociales, solidarios y además contribuían muy activamente al fin y objetivo del campamento o excursión; el intercambio de experiencias y costumbres. Desde luego entre estos últimos siempre existía una cierta afinidad hacia los jóvenes procedentes de su misma población, pero eran cuestiones muy puntuales, y mayoritariamente funcionaban como un grupo muy compacto.

Teniendo una edad más avanzada (20 años) siendo monitor y posteriormente jefe y coordinador de campamentos, siempre procuraba que se formasen los grupos intercambiando a los jóvenes procedentes de diversos lugares. Pero aunque en menor medida, sucedía lo mismo; en uno o dos días se habían producido cambios entre los grupos en directa consonancia con la procedencia de estos jóvenes.

Comprendo que la proximidad territorial es un instinto natural que todos tenemos desde siempre. Pero opino que estando muy bien el hecho de ser más afines con aquellos que nos son más cercanos, no estaría de más, intentar aproximarse a los demás, a esos que a priori, nos resultan desconocidos, para así poder aprender, crecer y adquirir conocimientos y costumbres positivas. En definitiva, la mezcolanza que produce la unión de “ingredientes” facilita el enriquecimiento y la creación de nuevas “recetas”, e incluso se pueden mejorar las ya existentes, pudiendo así beneficiarnos todos los que nos relacionamos e interactuamos.

Estas “distinciones” entre pueblos, grupos u hordas, tenían un cierto sentido en la Prehistoria, pues al ser microcomunidades las que formaban una muy dispersa población, y teniendo en cuenta que entre ellas solían existir frecuentes enfrentamientos por diversos intereses, era lógica una cierta desconfianza de unos hacia los otros, además de que a veces podía percibirse que la horda vecina podría ser un peligro real.

Hoy día, el problema es que este comportamiento dirigido a instigar las segregaciones – que en la antigüedad era una forma de protección – ha pasado a ser una costumbre adoptada y mantenida e incluso en estos tiempos se está potenciando, de forma intencionadamente ilegal y falseada. Lo cierto es que con el paso de los siglos la población humana ha vivido épocas en las que gracias al entendimiento y las inquietudes por conocer e intercambiar; las experiencias y los conocimientos, las sociedades se han desarrollado y evolucionado: científicamente, culturalmente y humanamente, trayendo todo ello grandes beneficios, ya que en gran medida se han universalizado los conocimientos.

Ahora nos encontramos que, mientras hablamos sobre la globalización y buscamos la unión de los países de un mismo continente, en un solo grupo (Ejemplo: Unión Europea), resurgen esos “nacionalismos” los cuales en algunos casos son injustificados, aunque se presenten revestidos de un teórico patriotismo, pero que únicamente establecen diferenciaciones, las cuales tal y como se puede demostrar revisando la historia pasada y reciente lo único que han causado es teñir de sangre y odio la tierra.

En las sociedades donde surge este perturbador elemento nacionalista, muchas personas se lanzan a sus brazos víctimas de un engaño y efímero sueño de sentirse ciudadanos de una determinada “nación”. Pero… ¿tendrán en cuenta el alto precio que podrían pagar por ello?, pues este fenómeno y forma de actuar por parte del nacionalismo radicalizado suele venir acompañado de la intolerancia, la división y el enfrentamiento.

Cuando hablamos de personas humanizadas y civilizadas se supone que no referimos a esos millones de seres humanos que buscan ayudarse y ser mejores de lo que son. Que quieren poner el hombro y tender puentes para que, en mutua unión, las sociedades del planeta puedan avanzar juntas, absorbiendo sus distintas culturas, costumbres y tradiciones que verdaderamente aporten algo positivo y las cuales estén destinadas a mejorar la evolución y el beneficio de todos.

Se tiene que dejar de fomentar la segregación y disgregación, los recelos, las luchas e innumerables fracturas sociales, las cuales suelen ir de serie en los nacionalismos. Por ello creo que es buena la universalización y más aún si marcha acompañada de una auténtica y efectiva globalización. Pues estas son las mejores herramientas de las que dispone la humanidad, y a su alcance está el poder utilizarlas para avanzar en lo positivo, dejando de lado todo aquello que pueda causar daños difícilmente reparables en cualquiera de las diferentes sociedades existentes en el mundo que todos habitamos.

M.A.I.S.


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