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UN CURA LLAMADO PAULINO por I.M.A.

El día que asistí a mi primera misa en Soto del Real, he de admitir que no fue precisamente por mi fe católica ni tampoco por mi devoción hacia la religión. Sencillamente porque no la tengo.

Después de muchos años estudiando en colegio católico, concretamente del Opus Dei, adquirí a la fuerza moral para suscribir el pensamiento de Nietzsche acerca de que “las religiones nacen del miedo. Que el cristianismo invirtió los valores de la antigua Grecia y Roma, inventándose un mundo celestial que ellos mismos menosprecian y solo fomentan valores tan mezquinos como la obediencia, el sacrificio y la humildad. Además, se permiten hablar del pecado, lo cual supone un grave atentado contra la vida puesto que la pervierte en su raíz”.

Acababa de llegar a la prisión y en aquel entonces la única actividad que desarrollaba era el destino asignado por uno de los grupos de limpieza. Cuatro días al mes limpiando diferentes áreas del módulo. Así que cualquier excusa era válida para salir un rato de allí. La misma era una de ellas.

Todos los domingos por la mañana, en el auditorio del edificio socio-cultural, sitúan debajo del escenario, dos columnas como de metro y medio de altura, decoradas con ornamentos religiosos escoltando a una mesa cubierta, con un mantel que improvisa un pequeño altar. El resultado es razonablemente digno.

El cursa estaba preparado para dar comienzo a la celebración. Su nombre: Paulino. Un tipo que por su porte, figura y voz enérgica transmitía seguridad en el manejo y control de los asistentes. Yo allí sentado, como en la cuarta o quinta fila y flipando en colores. Y es que esa gente me parecía muy rara.

Recuerdo su primer saludo: “¡buenos días! ¿qué os pasa hoy? – ¡estáis agilipollados!

Hay que joderse, otro cura progre y además “tocapelotas”, es lo que pensé.

Comenzó hablando de fútbol. Es una hincha incondicional del Barcelona y cuando su equipo gana disfruta provocando a los del Madrid.

Transcurrieron unos minutos de bromas y risas hasta que reclamó seriedad en el auditorio, se hizo silencio y entró en materia:

“En nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” – Amén.

“El Señor esté con vosotros” – “Y con tu Espíritu”, contestamos todos al unísono.

Hasta el momento que concluyó con las lecturas del Evangelio, todo había sido igual que el resto de las innumerables misas a las que yo había asistido en el pasado. Exactamente lo mismo, pero con un cura progre y “tocapelotas”.

Procedió dando paso a la homilía. “Te toca aguantar media hora de sermón”, pensé, aceptando con resignación lo que me venía encima.

Sin embargo, al poco tiempo de iniciase la plática, percibí que algo estaba sonando diferente, lo que me provocó prestar total atención a sus palabras.

Y es que Paulino estaba hablando de cosas bonitas. Cosas que de manera incuestionable salían del corazón y no de un insufrible manual teológico sobre el buen samaritano y la madre que lo parió.

Hablaba con humildad, no de humildad (siempre entendí que la humildad es un atributo mal entendido e interpretado, que se pretende plasmar a través de un plano de cualidad humana manifiestamente erróneo). Hablaba de respeto, de amor, hacía énfasis en la generosidad, en la justicia y la injusticia. Del perdón, pero no como un acto de sumisión, sino como una herramienta de liberación para poder continuar con tu vida limpio de odio y resentimientos.

Hablaba de errores, de caídas y deslices, de faltas, de equivocaciones, pero no de pecados. De desigualdad y de la verdadera esencia del ser humano en cuanto al “yo” más auténtico, puro y espiritual.

Crítico con ciertos comportamientos, actitudes, y acciones que se producen dentro de la jerarquía de la iglesia, él los perdona porque es sensible y compasivo con las debilidades humanas.

Aquel día fui consciente de que estaba descubriendo a un humanista en toda regla, un restaurador de los valores humanos más esenciales. Y para mí fue una suerte.

Con él aprendí que existe una iglesia diferente a la que me habían vendido durante mi infancia y adolescencia. Cercana, comprometida, sencilla, compasiva, solidaria, amable y humana. Libre de mausoleos, suntuosos templos y copones de oro.

Descubrí que gente como Paulino es necesaria para poder desatascar una iglesia católica totalmente anquilosada, no en Jesucristo, sino en la edad de Jesucristo. Una institución que en la actualidad se encuentra “offside” de la sociedad del Siglo XXI.

Desde aquel día, no dejé de asistir a sus misas.

Gracias a mi formación musical me convertí en el pianista de esa improvisada iglesia. Así fuimos formando una pequeña banda que con más voluntad que acierto continúa amenizando sus misas: “The Paulino´s Band”

A lo largo de estos dos años y medio de condena, no solo he conocido la labor tan extraordinaria que este hombre realiza en la calle a través de comedores sociales y otras muchas cosas, también soy testigo de su constante preocupación y atención con la gente que estamos aquí, especialmente con los más desfavorecidos. De ahí nace que todos los que nos encontramos recluidos en Soto del real sintamos un profundo respeto, cariño, admiración y agradecimiento hacia este personaje, el cual, ya no me parece progre, sino divertido, socarrón, provocador y ante todo, una persona excepcional. En cuanto a mi opinión de “tocapelotas” no ha variado un ápice. Y es que si no fuera así, no sería Paulino.

Para el que no sepa leer entre líneas, cuando Paulino dice: “¡Estáis agilipollados!”, en realidad está diciendo: “¡Despertad, tenéis una vida por delante y la obligación de vivirla!””.

I.M.A.


ACERCÁNDOME A LA LIBERTAD por E.F.B.

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Vendría a ser como la apertura mínima de una cápsula con espacio suficiente para que sólo puedas salir tú de la misma y lo que contigo en la cabeza te quieras llevar. Cualquier cosa que metas en la bolsa que te acompaña, carece de importancia sustancial. ¡Qué sé yo! Alguna prenda de ropa para vestir “lo externo”, si además te queda bien y revitaliza el espíritu juvenil que no debe de perder un cincuentón, tampoco te tiene que importar que la coquetería sea “pecado de vanidad”.

Al fin y al cabo no vive como en sociedad idílica cuyos individuos nos caractericemos, precisamente, por actuar con naturalidad, ni existen entre nosotros grandes reyes de la sencillez. Sin duda, una torpeza de defectuosa humanidad.

Quizá me equivoque al arrancar con esta parrafada filosófica, dando por hecho que “lo profundo” es asunto de interés. Quizá no me he dado cuenta, por intencionalidad de ser leído, que lo que “más vende” suele tener gran carga de superficialidad. Sin embargo, y como quiera que lo que me gusta es escribir, ¿por qué no habría de hacerlo hoy desde la intimidad? Es mi deseo, soy un activo participante del Blog Nómadas y con ello hago un uso legítimo de la oportunidad.

Hablaba de “cápsula” en el encabezamiento, porque tras cinco años de estar encerrado en prisión, se me ha otorgado la confianza para que “sin cadenas” salga de mi cautiverio con el objetivo de “sondear” cómo sería la vida en libertad tras tanto tiempo sin probarla. Setenta y dos horas en un océano temporal inconmensurable por necesidad. ¡Que nadie se alarme porque van a soltar a un preso!, por lo común y salvo escasas – aunque notables algunas – excepciones, la “oveja” suele volver al redil para cumplimentar la deuda social adquirida por el acto reprobable que originó la especial situación. En mi caso ya es pretérito, y esa breve aunque intensa oxigenación, es el detonante de estas letras que escribo al regreso, desde mi celda en Soto del Real.

Cuando salí realicé un ejercicio mental que me permitía obtener una perspectiva secuencial y fotográfica sobre mí mismo analizando aquellos “primeros pasos” fuera de los muros del penal. ¡Una auténtica locura! Una borrachera de sensaciones que se antojan indescriptibles y entre las que me pierdo por caminos muy dispares cuando las intento verbalizar. ¿Os imagináis a un mono de esos pequeñitos al que se le abre la jaula en el zoo y se encuentra ante sí la inmensidad? Pues, salvando las pertinentes distancias entre el primate y mi persona, uno de ellos parecía yo. Torpe, angustiado, expectante, ansioso, analista, tocón. Atorado en un abismo de cien mil preguntas en tiempo récord- Vigilante, orgulloso, sumiso a la vez que altivo. Todo junto y desordenado envuelto en una burbuja ignorada hasta la fecha; una dimensión distinta a lo conocido. ¿Quizá como un vagabundo que con resignación anhela un punto donde sosegarse?, ¿un excomulgado en vías de reconversión que alberga la esperanza de ser perdonado o de encontrar refugio en religión distinta? ¿un apátrida de lo social que pisa territorio extranjero o flota en una tierra de nadie, porque ni se quiere sentir de la cárcel ni se puede sentir de la libertad?-

Bien pudiera parecer que exagero o dramatizo en demasía, pero muchos son quienes podrían dar fe de que poco es cuanto aquí vengo a contar… y sin embargo fui, estuve y volví con ilusiones, que se bañan en la sensibilidad oculta tras la coraza de un “criminal de temporada” que parece haberse dado cuenta del valor de lo que se tiene y de la superioridad que puede llegar a ostentar lo sencillo y la sencillez.

Pero nada de esto hubiese sido posible – seguramente – sin el elemento fundamental que mantiene firme a un preso durante una larguísima condena: LA FAMILIA…

Por eso quiero aprovechar estas líneas para traducir a palabras una mínima parte de lo que siento en el corazón.

Al sumar los años de cárcel, con los que anduve por mundos de delincuencia y marginalidad, tengo que hablar de “diecimuchos” desde que protagonicé mi desaparición de un plano social de “normalidad” a principios del 2000. El traumático abandono de una familia al completo que inmerecidamente recibiría el peor pago de sufrimiento de parte de uno de los suyos. Una dramática decisión que resultó del dilema impuesto por la situación excepcional de la que era mi vida. Tener que elegir entre que me creyesen muerto o que viesen los terribles efectos derivados de una gravísima drogadicción, hizo que optase por la primera, utilizando con torpeza la técnica de la avestruz. Una decisión del todo errónea por haber dejado de ser el soberano de mi voluntad, entregada entonces a un asesino tóxico y cruel.

¡Tantos años más tarde!, esa humilde familia descompuesta por significativas pérdidas y a la que no acompañé en sus peores momentos… ahí estaba, firme, acompañándome a mí. Sin un reproche de sus bocas, sin un mal gesto, arropándome y consolándome en un duelo, como si del mismo yo fuese el único acreedor… un acto sencillo que te muestra cuál es la verdadera cima del “poder”.

Pudiera ser que el relato de la historia de un permiso penitenciario, con la particularidad y vivencia de cada uno, requiriese de amplia literatura para todo aquel o aquella a quien pudiese interesar. Esta es la narrativa más simple que de mis tres días puedo escribir. Me quedo corto, pinceladas a grandes rasgos de lo que parece imposible narrar. Pero no debo ni quiero dejar que vuele esta oportunidad de expresar mi gratitud. ¡Gracias!, a esa madre, a ese hijo, a ese hermano, que me ha “regalado” un sobrino precioso. A esos tíos y tías, primas y primos, tan especiales que me han mostrado el valor de una familia. A esos vecinos tan viejitos y entrañables que con su cariño me han devuelto buena parte de la niñez. También a esos pocos amigos a quienes creí perdidos de mi vida para siempre, y ahora me ayudan a volver a sonreír; aunque tenga que ser con lágrimas en los ojos de la más pura felicidad.

Seguiré esperando en mi celda y con forzada paciencia a que lleguen nuevos días de permiso para volver a revivir tales sensaciones. Acaso, también, otras amargas de las que la propia vida a nadie exime; pero que sea entre mi familia y en mi hábitat natural. Necesito apurar momentos para sentirme como ese mono al que suelta de su jaula. ¡O mejor!, para sentirme como una persona “normal”.

E.F.B.


HOY TE TOCA A TI, COMPAÑERO por E.F.B.

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En una circunstancia en la que los ciclos se cuentan: pocas veces por semanas, de vez en cuando por meses y de manera ansiosa, por años; decir que se acerca “el día”, se convierte en un gran y solemne acontecimiento cuyas consecuencias dejan marcas en la trayectoria vital.

Por tu parte, te espera el difícil trabajo de retomar las riendas de tu vida, afrontando una nueva etapa y deberás pisar “con pies de plomo”, por esa senda abrupta que habrás de dibujar en un contexto, tan absurdo como incongruente, que llaman “semilibertad”. De tu mente, tendrás que limpiar el óxido corrosivo que ha tenido en jaque a tu integridad, a causa de una intensísima estancia de varios años en prisión.

Como bien sabes, la cárcel, es ese vertedero, en el que se vuelca, igual que basura, a los que por distintos motivos nos hemos convertido en protagonistas malos de algún ilícito penal. Puntas de lanza de un desorganizado ejército de delincuentes, a los que, más por chulería que por capacidad, nos corresponde enarbolar el estandarte de “culpables” en el escenario social. Salvo excepciones (como en todo), es tan irónico como contradictorio, que la solución al problema del malhechor, se pretenda más por la vía de la venganza que por la tratamental. Pero eso forma parte de otro debate que me aleja del objetivo de dedicarte unas palabras. Además, como se pretende que estas cosas no trasciendan más allá de un ámbito de “asuntos internos”, dejaremos que las cosas de la cárcel, fuera de los muros, no supongan un problema más para los que no son, o no parecen, culpables de nada.

¡Y qué voy a contarte que no sepas ya!.

Digo, que tres años de compartir actividades, hábitat y un sinfín de momentos distribuidos a tiempo completo, han hecho que se consolide de forma intensa entre nosotros, una buena amistad. Ni puedo, ni tengo por qué obviar que en las situaciones de mayor vulnerabilidad a las que me enfrenté, tu incondicional apoyo, fue mi mayor puntal. Pero como sería imposible recoger todo cuanto quisiera expresarte, dentro del espacio que se aconseja ocupar para participar en este Blog, me limitaré a decirte simplemente: ¡Gracias!.

Quiero que sepas, que detrás de esos pelos alborotados y abundantes, que para algunos avinagrados rozan lo antisocial, he visto a un hombre coherente con sus ideas, comprometido con cuanto hace y con una inmensa carga de humanidad. Delincuente también, porque lo eres: ¡Sí, sí… tú!. Te vas de este instituto con la preceptiva etiqueta de “delincuente”, pero aunque me tachen de incongruente los puristas de la Lengua Española, diré que te conozco por ser honrado hasta la saciedad.

Soy consciente y asumo que con tu marcha cierro una página muy importante de mi vida, lo sabes. También te digo que nunca olvides tanto bueno y tanto malo que se queda por aquí. Necesitarás de esos recuerdos para emprender un firme caminar.

¡Cuídate compañero!, entretanto, yo iré acondicionando en mi mente el escenario adecuado para que comience el baile de la contradicción de unos sentimientos. Mientras se va acercando el día, tu día, a mí me invade una seria tristeza, de la que, necesariamente me tengo que alegrar.

E.F.B.


POR SI ME VOY por EL LOBO TXAPELA

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Quiero comenzar este escrito pidiendo perdón a los que ahora me escuchan, y a los que luego me lean, por lo inmasticable que haya en él, pero es muy difícil escribir desde una celda helada, con el frío en el cuerpo, con frío en las manos, con frío en el alma.

Parece que por fin el caballo viejo que llevaba tiempo tumbado en esta pradera en la que siempre es de noche, en la que el viento que mueve sus briznas de hierba, más que viento es humo, va a poder levantarse a pesar de sus ataduras y si deterioro.

Se levanta y le tiemblan las patas como a un potrillo, ni rastro del alazán que lideraba su manada, lástima de montura pero es que la soga fue muy corta y el amarre muy apretado.

No sé si sabré nunca si dejo más de lo que me llevo, o me llevo más de lo que dejo. Es difícil saber si aprendí algo, seguro que sí, pero me cuesta diferenciar entre lo aprendido y lo sufrido. Lo que sí sé y que a nadie le quepa la menor duda; es que he sido honrado hasta la saciedad, en todo lo que he hecho, en lo trabajado, en lo escrito, en lo dicho y escuchado, en lo aprendido y enseñado, hasta metiendo la mano en el “wáter”, estropajo arriba y abajo, lejía va y lejía viene, he sido honrado.

No sé si es la forma adecuada de actuar en una prisión, pero es que no sé hacerlo de otra manera.

Este ha sido, y todavía es, que aún no ha terminado, el partido más difícil, la canción más difícil de mi vida, yo que ya estoy en el penúltimo estribillo de la misma, porque… ¿para qué nos vamos a engañar?, ya no soy un niño, decía mi madre el día que me venía para acá: “le han destrozado la vida”. Cuidado, que las madres son sabias y suelen tener razón.

Espero que a partir de ahora la vida me ofrezca algunas cosas buenas, además del nieto que me viene en camino, a ver cómo le cuento yo, cuando sea mayor, que estuve en la cárcel, porque pienso contárselo sin ningún tipo de rubor ni vergüenza. Es mi primer nieto y espero que no sea el único.

Pedir disculpas también a los compañeros que han sufrido mi vehemencia y rigor en las cosas que hago, pero como decía antes, no sé hacerlo de otra forma. Además, esto es así porque siento un enorme respeto por mi trabajo, por el fútbol, y sobre todo, por el ser humano, por las personas… que aquí dentro, ¡hay personas!.

No sé si el estigma que me va a quedar será muy grande o muy pequeño, borrable o imborrable, yo más bien me veo como un calafate varado en la playa, dando brea a su viejo cascarón con la idea de seguir surcando cualquier suerte de mar que le echen.

Si a lo largo de mi condena hice daño a alguien, juro por las mil cruces que fue de forma totalmente involuntaria y desde aquí le pido disculpas. A las personas que me ayudaron, decirles que les estoy eternamente agradecido y a los que me han hecho daño, y me han humillado de una forma que no sé ni describir, no tengo nada que decirles.

Quiero agradecer a Dani lo mucho que me ha ayudado y su demostración de que hay gente de carrera que sabe trabajar en el barro, y al padre Paulino, capellán del centro, que haya hecho buena mi teoría de que existen curas con pantalón vaquero y camisa de cuadros que han entendido el verdadero mensaje de Jesús, y no paran de ayudar a los más necesitados.

Y para terminar, un saludo cariñoso para mis compañeros de Flamenco y de la Revista, a éstos últimos les aseguro que no sé si en mi mente alguna vez dejaré de ser un preso, pero en mi corazón, nunca dejaré de ser un Nómada.

El Lobo Txapela


HUMOR EN SOTO por J.R.G.

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Con la pluma de J.M. y la dirección de E.C. (Módulo 12), se presentó la modernista obra de teatro “El Bolero de Rappel”, una hilarante y disparatada comedia cargada de intensidad y unidades de efecto únicas en su especie. La actriz Beatriz Rico, invitada, elogió el trabajo y lo consideró profesional.

La historia de un adivino afeminado que suma a sus mentiras la ingenuidad de sus sugestionables clientes, se desarrolla en un escenario mágico vestido de lunas, estrellas, soles, velones y humos de incienso.

El personaje principal resulta ser una capa que transforma a los que la usan, una ilusión que exterioriza de cada uno su drama interior.

Un cobrador paleto, una mujer alcohólica y embarazada, un mantero moro, un ladronzuelo de medio pelo, una mujer cornuda que pone los cuernos, un cura de barrio que se convierte en Obispo, una mujer tonta que sale espontáneamente de entre el público, y un director de teatro malgeniado, son los personajes de este trabajo colectivo.

“El Bolero de Rappel” fue grabado en vídeo para ser presentado al concurso de teatro penitenciario y se escenificó para los diversos módulos de Soto del Real (Madrid V) el pasado fin de semana del 20 al 22 de noviembre en funciones de una hora cada una y con éxito total.

Doce personas trabajaron intensamente durante meses para darle el cuerpo a esta obra, contando además con un equipo de iluminación, sonido, telones, utileros y maquilladores.

La colaboración de directivos y la TMAE Ocupacional que hicieron posible la presentación de ésta obra, se hizo evidente el día 22 cuando ante la función de cierre, el grupo de actores agradecieron en medio de aplausos la magnífica oportunidad que se ha dado a los reclusos poniendo sobre las tablas sus capacidades histriónicas.

Con buen sabor de boca, el público rompió en aplausos y con las venías de los actores engrandecimiento a los asistentes, quedó en el recinto del teatro el alma de las musas que convirtieron la cárcel en un gran escenario de humor.

J.R.G.


PA QUÉ LAS PRISAS (HASTA LUEGO LUCAS) por F.J.L.M.

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Aunque puede parecer una obviedad, escribir y colaborar en una publicación como “Nómadas” en mucho más que recoges una colección de artículos para imprimir una revista o mantener abierto un Blog en Internet.

Participar en el proyecto supone también convivir y trabajar con otros compañeros (sí, trabajar), discutir y debatir sobre los temas que se plantean, aprender a escuchar y sobre todo a callar en más de una ocasión.

Para mí ha sido todo esto también, pero por encima de todo ha sido mi válvula de escape y la mejor terapia posible para hacer más llevadera mi estancia en el Centro.

Me encantaría haber escrito algo más emotivo, o divertido, u ocurrente. Pero por más vueltas que le he dado y más veces que me he sentado a escribir, he sido incapaz de dar con la tecla de algo parecido a la brillantez o la genialidad.

No me voy a despedir porque mi intención es seguir vinculado a este proyecto en su vertiente digital, aunque la decisión final para que ello sea posible no dependen solo de mi. Pero sí quiero, intentar al menos, dar un abrazo inmenso a los que aquí estáis ahora y también a cuantos han participado en los 53 números de “Nómadas” publicados hasta la fecha.

Decir “gracias” o tratar de mostrar gratitud hacia este equipo, se queda bastante corto y se me hace muy pobre en comparación con lo que realmente siento entre pecho y espalda. Espero ser capaz de compensaros al menos en algo por tanto que me habéis aportado; lo mejor de todo es que en la mayoría de los casos ni siquiera sois conscientes de haberlo hecho.

A partir de ahora nos leeremos, quizás algunos nos veremos, pero seguro que nos sabremos, porque estos días he aprendido otra gran ironía de la vida: con todas las ganas que podamos tener de largarnos de aquí, resulta que me he dado cuenta de que no solo una parte de mí se queda con vosotros; sino que también me llevo una parte de vosotros conmigo.

Hay que joderse, “compi”, manda huevos, si al final… “pa qué” las prisas.

Por F.J.L.M.


CONVIVENCIA MULTITUDINARIA EN EL MÓDULO 12 por J.R.G.

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Se cumplió la convivencia familiar de módulo abierto, que el pasado 23 de mayo permitió apertura de puertas a 65 familiares de los internos en la penitenciaria de Soto del Real – Madrid V.

El evento se realizó de 16:00 a 18:30. Los visitantes disfrutaron de un tiempo de agradable contacto en un ambiente limpio y relajado en el llamado “Módulo de Respeto”. Los internos organizaron en el patio una bella terraza con muchas mesas circulares  y una barra a un costado, atendida por internos del office que repartieron cafés, tés, bollería preparada por los reposteros reclusos y bebidas gaseosas abundantes.

En ese patio se oyó música y hubo presentaciones artísticas, palabras y saludos y muy buena animación.

Desde la última convivencia de este tipo, sucedida el 25 de octubre del pasado año, los internos del 12 esperaban con ansia la llegada del próximo.

Los jefes de módulo, las comisiones de higiene,  conflictos y actividades, acompañados por los 7 grupos de limpieza, pulieron los detalles y dejaron el módulo como una tacita de plata, aún más higiénica de lo normal.

Directivos y funcionarios, todos presentes, dieron recepción a los visitantes y cuatro encargados hicieron una ronda por las instalaciones, llevando a los grupos a la biblioteca, el gimnasio, los talleres, incluyendo una visita personalizada para que los familiares de cada interno vieran las celdas de sus seres queridos.

El patio tenía una vida familiar, besos, lágrimas, internos presentándose y mucho disfrute del momento. Salones amplios, bien pintados y decorados, plantas y mobiliario impecable; todo a tono para borrar ideas preconcebidas sobre lo que son las cárceles.

En España, estas convivencias de módulo abierto se realizan en los módulos de respeto y terapéutico de diferentes centros penitenciarios.

Por J.R.G.


MELODÍA DESAFINADA EN BEBOP (Parte II) por I.M.A.

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… El asiento del autobús ocupado, los paseos por el patio, las comidas…. Todo se desarrollaba con su hijo Dubutu. No podía dar crédito a lo que acababa de descubrir y parecía evidente que Dubutu sí había existido en su pasado.

Fue un pequeño honor que cuando inconscientemente Bebop me reveló su secreto, el transformó la relación con su hijo en algo normal hacia mi persona. Pienso que le dejó muy aliviado y feliz el hecho de que yo lo aceptase. Bebop se levantó y me dijo: “¡Es la hora de pasear con Dubutu!, él me espera, hoy tener muchas cosas de que hablar con él”.

“Muy bien Bebop, disfrutad mucho”, le animé aun sin poder reaccionar como consecuencia del “shock” que me había producido semejante descubrimiento.

Resumiré el final de la historia: pasaron otras dos semanas conviviendo con Bebop y siguiéndole la corriente con Dubutu. La noche anterior a mi partida fui a despedirme de Bebop. Cuando asomé la cabeza por la entrada de su celda, Bebop estaba tumbado en la cama llorando.

“¿Qué te ocurre amigo?!”.

“Estoy tan triste, tengo dolor por tener a Dubutu en este lugar, siempre cerrado en módulo, siempre utilizando su compañía para procurar sanar mis penas”. Quedé pensativo.

“Bebop, de eso llevo días queriendo hablarte y creo que debo hacerlo antes de regresar a Madrid y te pido disculpas por mi atrevimiento pero te ruego lo tomes como un gesto de aprecio. Dime algo Bebop ¿no crees que deberías dejar marchar a Dubutu?.

Bebop puso cara de asombro.

“¿No te parece que Dubutu estaría mucho mejor fuera de aquí?”.

“Eso ser muy duro para mí”. Respondió entre sollozos.

“Amigo mío, yo te comprendo, te comprendo mucho más de lo que puedas imaginar, pero tu hijo tiene el derecho de descansar, de ir en busca de paz, paz que aquí te sería imposible encontrar. Tu hijo necesita partir y probablemente tu más que él, necesites que lo haga. Debes liberarte de todo esto y debes liberarte tú”.

“Pero… eso sería que me abandona, eso sería que no me quiere, sería horrible”.

“No Bebop, es exactamente lo contrario, él no te abandonaría jamás, él partiría hacia un lugar hermoso, donde hay paz, donde solo existe amor y desde donde él puede cuidar de ti. Él debe marchar porque te ama y tú debes permitir que lo haga porque le amas doblemente. Bebop prométemelo”.

Se mantuvo en silencio por unos minutos, con los ojos cerrados.

“Lo prometo señor”. Respondió con un gesto de resignación.

No dimos un abrazo de despedida y me fui a dormir.

Al día siguiente cargue con mi equipaje y bajé listo para viajar. Me despedí de unas cuantas personas y al asomarme por la ventana, me entró la risa a la vez que sentí una gran compasión por Bebop. Ahí iba él, vistiendo sus flamantes guantes azules de cuero, balanceando su cuerpo de un lado a otro, con paso lento y su mano, esta vez yo lo sabía, entrelazada con la de su hijo Dubutu. Iba cantando mientras con su mano derecha llevaba el compás de la canción alzándola con el mejor estilo, como cuando Leonard Bernstein dirigía grandes orquestas sinfónicas. Me dije para mí mismo: “Quizá todo esté bien y así deba de ser, al fin y al cabo tal y como Charlie Parker decía: “en jazz hasta las notas disonantes son bellas y tienen su espacio”.

Una vez en el autobús, me ubicaron en el compartimento número diez. En el asiento de la derecha estaba sentando un hombre de mediana edad, desaliñado. Barba de varios días, con cara de pocos amigos y una cicatriz se dibujaba en la frente. Le trasladaban a Madrid para finalizar su condena después de tres años en Álava y, por supuesto conocía a Bebop cuando le pregunté por él:

“¡Ah sí! Ese negro gordo que está como una puta cabra, joder tío ese por lo visto es un Tutsi, esos que se están matando todo el día con esos otros jodidos negros de otra tribu. Tío… ¿se dice tribu o etnia?… no me acuerdo como se llaman.

“¿Hutus?” Le pregunté.

“Sí tío! Eso… Hutus. Por lo visto entraron en su casa o en su choza o en donde coño vivían esos negros y violaron a su mujer y a su hija, luego los hicieron picadillo, las descuartizaron tío”. Exclamó excitadísimo, como entusiasmado.

A pesar de la repugnancia, del asco y la rabia que estaba sintiendo por este personaje, continué preguntando, su forma de narrar los hechos era como para vomitar.

“¿Qué ocurrió con su hijo?”.

“Le cortaron la cabeza tío, y por lo que me han contando tío el gordo no hizo nada, el muy cabrón debió salir corriendo y salvó el pellejo, ¡qué negro cabrón!”.

Sentí ganas de matar a ese impresentable, sentí tanto odio que en ese momento lo hubiese puesto debajo del autobús deseando intensamente que pasara por encima y lo hiciera trizas, pero finalmente conseguí calmarme no sin que mi estómago ya se hubiese revuelto por completo.

Por esas coincidencias de la vida, que nunca son casualidades, pude escuchar la historia de Bebop una vez más Esta vez por una persona que demostró una sensibilidad exquisita y muchísimo respeto a la hora de explicarme lo sucedido. Todo fue como me contó aquel personaje desalmado del autobús, con una diferencia: Bebop nunca escapó dejando a su familia abandonada a su suerte. Bebop fue amarrado a una estaca, le quemaron las plantas de los pies y las palmas de las manos, le arrancaron las uñas. Los hutus se retiraron y Bebop permaneció varios días atado, presenciando aquel dantesco espectáculo de cómo los buitres se daban un festín con los restos de su familias esparcidos por el suelo. Finalmente desvaneció despertando en la cama de un hospital de Kigali.

Bebop fue sentenciado a una condena de 8 años y un día por robo a mano armada y violencia de un vehículo según se pudo comprobar en las imágenes captadas por las cámaras exteriores de una tienda de Bilbao, en la calle General Concha, por cierto, cámaras en blanco y negro, cuyo detalle es infinitamente menor a las de color. Además varias personas declararon como testigos de aquel suceso. Es cierto que Bebop había sido detenido en Madrid por robar en el supermercado de unos grandes almacenes, el me lo contó, pero como bien decía “Dubutu y yo tener que comer”. Como consecuencia de esa detención Bebop fue asociado por la policiía en el atestado de Bilbao.

En el auto emitido por el juzgado de instrucción de Bilbao , Bebop declaró que el día de autos se encontraba en Madrid, en un Burguer King celebrando el cumpleaños con su hijo Dubutu. En el mismo auto, el juez hace eco sobre el falso testimonio en la declaración de Bebop ya que como se pudo comprobar Bebop no tenía hijos. Por otro lado, en conversaciones que pude mantener con él, las únicas ciudades que Bebop conocía en España eran Algeciras y Madrid. Curiosamente Bebop no sabía conducir.

Nunca se pudieron comprobar sus huellas dactilares, sencillamente porque Bebop no tenía huellas en sus dedos. Cuando tuve mi primer encuentro en el autobús con Bebop, él regresaba de Madrid donde había sido citado para una rueda de reconocimiento, afortunadamente en esta ocasión Bebop quedó libre de cualquier cargo.

Mi intuición, que en este caso particular emana desde lo más profundo de mi corazón, me dice que lo único que hizo Bebop fue crear un pequeño mundo, una burbuja dejando fuera de ella el odio, el horror y parte de su sufrimiento. Un lugar donde poder cohabitar con su último recuerdo, su hijo Dubutu.

Tengo la firme convicción que mientras este planeta cuente con personas como Bebop, con pequeños creadores de esperanza y de paz, creadores de escenarios de bondad, reales o imaginarios, eso no importa, el ser humano tendrá algunas posibilidades de subsistir y de conservar la especie.

Al fin y al cambo ¿quién nos asegura que hay diferencia entre lo real o lo imaginario? ¿no es lo mismo?

Por I.M.A.


NO HAY MAL QUE POR BIEN VENGA por EL TÍO JESÚS

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Fui detenido y encarcelado el 31 de mayo de 2014, ante mí se vino el mundo encima, el mayor ostracismo cayó sobre mí, así como la más absoluta oscuridad.

A mi pobre madre la tengo engañada, no sabe mi situación, aunque sea por motivos de salud. Mi hija mayor no quiere saber nada de mí, aunque menos mal, mi hijo menor maduró muy rápido (ha cumplido los 18 años el 28 de mayo de 2014) y se convirtió en mi bastón.

A mis 54 años, ahora comprendo que el 13 de septiembre volví a nacer, al conocer el Reiki, en la presentación de dicho taller. Porque por fin supe a lo que estaba destinado, a ayudar a sanar o mejorar a las personas, altruistamente a todo individuo que me lo pida. Ya que desde pequeño ya sabía el don que tengo, digo esto porque ahora que saco cuentas, me lo han dicho más de cien personas.

Por miedo a lo desconocido, ignorancia, religión, tabú, hasta ahora lo he tenido ocultado y escondido en lo más profundo de mi ser, y para que podáis entender os voy a contar este relato:

“Era un niño intrépido, jugaba con mis amigos a lo que hiciera falta, entre ellos, la guerra de barrios, tanto a piedras con tirachinas, como a los indios con arcos y flechas hechas de las varillas de los paraguas, o como los rifles de perdigones, aunque la excusa era para cazar pajarillos. Pues bien, un primo mío recibió el impacto de un balín, un dedo más abajo del ojo izquierdo, el cual se le quedó incrustado, yo al verlo me asusté mucho, pero actuando con mucha intuición le saqué el balín, quedando un buen boquete y al mismo tiempo le dije que solo le había rozado y que le iba a quitar el polvo. Acto seguido puse mi mano encima de la herida y le dije que esperara un rato ¿qué coño estaba haciendo yo?

Cuando quité la mano ¿qué coño había hecho yo?. La herida estaba cerrada, como si le hubieran dado puntos. ¿Si no comprendéis esto de mayor, lo hubierais comprendido de niño? .

Ahora por fin, me he quitado ese complejo. Me inicié en Reiki el 20 de septiembre y el 7 de marzo en Reiki II. Estoy muy orgulloso de poder ayudar a compañeros, a sanar o m4ejorar su salud, nunca les prometo nada, lo único que les digo, que si quieren probar Reiki, al que tiene un problema de salud, que yo solo canalizo las energías del universo a través de las manos, y que el Reiki normalmente es autosuficiente en las personas que lo practicamos. A todo esto, yo soy discapacitado, no tengo meniscos externos en ambas rodillas, hace 11 meses me constaba subir las escaleras un huevo, y ahora las subo como si no tuviera ningún problema. Por lo cual doy mis gracias y bendiciones a la Fundación Sauce, a los maestros y demás voluntarios.

He de decir y reconocer que mi Reiki no es muy ortodoxo, ya que en la mayoría de las veces me salto los chakras y actúo directamente sobre la dolencia. También hay compañeros que me preguntan que cuál es mi truco, pues lo voy a desvelar y es mi concentración en la luz, en la energía y con un amplio deseo de que sane el compañero que está recibiendo una sesión de Reiki.

Para constatar lo relatado anteriormente, cuento con 30 testimonios, de varias nacionalidades, España, Marruecos, Colombia, Perú, Brasil, Argelia, Venezuela, Ecuador y Rumanía. De varias religiones: cristiana, ortodoxa, santería afrocubana, budista (sin bautizar), evangélica, musulmana.

Le he dado reiki a todo el que me lo ha pedido sin ninguna discriminación, sin mirar el color de su piel, ni religión a la que pertenece o el país del que procede. La mayoría son compañeros del módulo 1 aunque también hay otros que han cambiado de módulo y también podrían aportar sus testimonios.

Hay algunos testimonios negativos que no han sentido nada y la sanación ha sido nula. Pero para mí, el único negativo es el de un compañero que ya está en libertad, le di una sesión pero no me pude concentrar, no veía la luz y tenía una extraña sensación negativa, no le dije nada. Por carta me dijo que tenía un cáncer cerebral del cual ha sido tratado.

En la mayoría de casos, todos los compañeros, han notado bastante mejoría.

El Tío Jesús


LA FUGA DE “EL CAPAZ” por EL LOBO TXAPELA

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Voy a contarles el relato de la fuga más honrada de la historia de las cárceles.

Fue protagonizada por dos tipos que se conocieron en prisión, coincidieron en el mismo módulo y comenzaron a empatizar el uno con el otro sin saber muy bien por qué.

El caso es que “El Multa” y “El Capaz”, así se les solía llamar en el patio, se hicieron amiguetes, o amigotes, o como se diga lo que se hacen dos hombres que se cogen aprecio en un sitio como este.

Poco después trazaron un plan perfecto, y con ayuda de un contacto de fuera de su bloque se fugaron por un agujero que había en uno de los muros que daban al exterior, cerca de una de las juntas de dilatación.

Nada más salir, comenzaron a reptar como dos lagartijas huyendo de un chiquillo, y sin darse cuenta estaban a la altura de la carretera, cruzaron con extrema precaución de no ser vistos ni atropellados y en un santiamén estaban en la orilla del pantano.

“El Multa”, calladito como nunca en su vida, seguía a su compañero expectante, ya que éste le había comentado que cuando era libre frecuentaba ese lugar para pescar, y que en las inmediaciones de aquel embalse guardaba en un escondrijo aparejos suficientes para los dos. Y así fue que de pronto “El Capaz” le gritó en voz baja, (en la cárcel aprendes a gritar en voz baja). “Aquí, aquí Multa! ¡Aquí está el tema!”. A la vez que sacaba bajo unas retamas un par de cañas y una caja roja, de esas del año de la polka, de las que se usan para llevar anzuelos, plomillos, cucharillas y rápalas, y yo que sé cuántas cosas más.

Cuando hubieron encontrado cebo, montado y tirado las cañas, se sentaron en un par de piedras y tras un instante de silencio en aquella humilde libertad, “El Capaz” le preguntó al “Multa”: “Oye chaval!, ¿a ti por qué te llaman “El Multa”?”. A lo que el joven le contestó, “Porque estoy aquí por no poder pagar una multa. Y a ti, por qué te llaman “El Capaz”?”.

Cuando el mayor de los dos presos se disponía a contestar los cascabeles de las cañas comenzaron a sonar, así que los dos hombres se levantaron raudos y entre risa y lágrimas comenzaron a faenar, dándole al tira y afloja como dos maestros. Y así casi seguido, durante dos o tres veces más.

Cuando contaban con tres peces cada uno, comprobaron que se les acababa el tiempo y que había que volver antes de la cena y el último recuento, así que desandando el camino que habían recorrido dos horas antes y usando la misma gatera que para salir, entraron de nuevo en el recinto con los pescados escondidos entre sus ropas. Pescados que le regalaron al cocinero del centro penitenciario para que se los sirviera de cena, pero viendo éste que eran mucho más sabrosos que los que tocaban en el menú, los envolvió en papel de periódico de hace ocho días (como todos los periódicos que hay en la cárcel), y se los llevó para degustarlos con su familia.

Los protagonistas de la historia llegaron a su módulo sin que nadie notara ni media, henchidos de felicidad y a tope de adrenalina para lo que les quedaba de condena.

Queridas autoridades penitenciarias, no busquen ustedes el agujero del muro, tal agujero solo existe en mi cabeza y cada día lo noto más grande, no busquen ustedes al contacto que les ayudó, el único contacto que les puede ayudar es el contacto con el exterior y con sus seres queridos, y aquí es bastante escaso. No busquen ustedes a “El Multa”, ya estará en la calle con su condena cumplida, pensando que si alguna vez más está sin trabajo y no puede pagar una multa, robará para hacerlo con tal de no volver a prisión, ¡bendita reinserción!.

Y a “El Capaz”… por “El Capaz” no se preocupen, seguro que sigue aquí, pero tranquilos, yo le conozco bien, le llaman así porque es capaz de cualquier cosa, cualquier cosa menos cometer un delito, ni hacer daño a nadie jamás.

Por El Lobo Txapela