DESCANSA EN PAZ por BENDRISS

No hubo tregua ¿y ahora qué? Se fue y no se despidió. Me fui y solo dije adiós. Allí, donde tú estás, allí desde donde me observas, es allí donde vamos a terminar.

Se te acabó la vida, la mía acaba de empezar. Quisiera quitar tiempo de mi vida y podértelo entregar. Solo por navegar contigo en tu barca una vez más.

Los remos siguen en su sitio, encadenados a tu humilde embarcación pesquera. Yo sigo encadenado a mi condena y como un ancla es el lastre de soportar la espera.

Dije que volvería, lo juré por encima de todo. Dijiste que me esperarías, pero te llevó y me quedé solo. Bendíceme desde allí donde estés, yo rezaré por ti todas las noches.

Dios te acoja en su seno,  protégeme de mis males y de los ajenos, y reza por mi pronta libertad. Tarde o temprano nos volveremos a encontrar.

El infierno me espera, lucharé por no acabar allí. Lucharé contra mis demonios para acabar junto a ti.

Por Bendriss

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LA FRAGILIDAD DEL SER HUMANO por D.R.A.

La fragilidad del ser humano se alimenta de nuestras emociones, ¿Quién somos? ¿de dónde venimos?, ¿por qué estamos aquí? Resumiendo, ¿qué es el significado de la vida? Una de las preguntas de la humanidad, creadora de grandes inseguridades, en su consecuencia nos infunde miedo, que a su vez nos aferra a tener fe en algo o alguien que no sabemos qué es. Todo ello se convierte en un nudo de sentimientos que rueda como una madeja de lana en las manos de un felino. En retrospectiva, ¿de dónde somos? ¿ de dónde venimos? Es absurdo para mi entender. Ya lo cantó Siniestro Total en un single, que a tono de humor o broma no tomaron en cuenta. Sin embargo, a mí me parece una de las canciones más inteligentes del pop rock español: eso me lleva a varios razonamientos.

La igualdad de los seres humanos, la naturaleza de las personas, hace que compitan por los mismos recursos. El poder, la gloria, el reconocimiento, y en su resultado, la felicidad. Se basa en la capacidad de desear y el último objetivo es garantizar la capacidad de realización de los deseos futuros, garantizar el ejercicio de esa capacidad de deseos y su consecuencia, la felicidad en esta vida, aunque esa misma es un ínfimo progreso de los deseos de un objetivo a otro y la inclinación general de la humanidad por el afán de poder.

La guerra como estado originario y el Estado, como respuesta civilizatoria.

Nos encontramos inmersos en una lucha constante por conseguir nuestros objetivos, tememos que otro no los arrebate. Persiguiendo nuestro objetivo vulneramos las normas de convivencia y el reconocimiento de los justo y lo injusto.

Las tres causas de la discordia inscritas en la naturaleza humana son: la competencia, la desconfianza, la gloria y, en definitiva, la sociedad y el Estado son la respuesta clave que nos ha permitido sobrevivir. Pero si algo es digno de buscar, según la esencia del ser humano, es la verdad, la belleza y el bien.

Buscamos la verdad porque queremos conocer las cosas como son, no como otros las inventan. Buscamos la belleza porque se basa en orden y armonía, buscamos el bien por todo aquello que satisface una de nuestras necesidades de orden superior, es un bien para el ser humano la existencia de un universo para todos y que ese universo pueda entenderse.

No es absurdo que el universo existe por sí mismo, sin depender de mi psicología, religión o cultura, y considerando la ciencia como valor universal, aunque yo no voy a vivir eternamente y sí me molesta que el universo siga existiendo eternamente o expandiéndose sin mí; pienso o quiero pensar que mis recuerdos quedarán en esa cuarta dimensión llamada tiempo donde allí viviré libre eternamente ligado al universo.

Por D.R.A.


REFLEXIÓN DE UN PRESO por A.I.L.

Yo soy un preso. En esta situación me hace explotar en mi ser más profundo. Es difícil creer cuando uno se siente abandonado por la sociedad, la angustia, la desilusión y amargura de esta situación. Yo no soy inocente aunque pocas personas quieres escucharnos y creen en nosotros como personas.

Soy un preso, encausado y condenado pero también existen víctimas de las injusticias cometidas por nosotros de todo el mal que hemos hecho.

Sin embargo, todas las personas no nos perdonan y nos siguen marcando en la sociedad como delincuentes. Es terrible la carca que sella a los que ni siquiera respeta a los inocentes; porque aquí entre nosotros también hay inocentes, pobres víctimas, las familias que también sufren nuestra condena.

No me gustaría perder mi dignidad humana por el hecho de estar en la cárcel, no quiero renunciar a ser persona. Quiero creer que al menos los condenados serán capaces de comprender mis lágrimas, la rabia detrás de estas rejas, miro a la sociedad que me excluye de la capacidad de reinsertarnos y rehacer nuestras vidas según el modelo que nos ofrecen en la vida.

Esperando, sedientos de la libertad de la que nos privan estos muros y barrotes que nos anulan. Ojala todos los que aquí nos encontramos para que juntos consigamos reinsertarnos en sociedad y dignificar nuestras vidas.

Por A.I.L.


FÁBRICA DE INDEPENDENTISTAS CATALANES por M.G.B.B.

Antes de los recortes al nuevo Estatuto de Autonomía de hace 4 ó 5 años, los independentistas eran en Catalunya un porcentaje pequeño de la sociedad (Esquerra Republicana, la CUP y poco más), siendo, la mayoría, simplemente catalanistas y, unos pocos, solo españolistas.

Excepto estos últimos todos somos bilingües y tolerantes, respetando siempre la lengua de los recién llegados e incluso de aquellos que reniegan de la nuestra a pesar de vivir en Catalunya.

El nuevo Estatuto, similar al que tienen otras autonomías, hacía justicia a reivindicaciones históricas, equilibrando además un poco las balanzas fiscales con respecto a lo aportado al Estado español y lo devuelto por éste.

Fue aprobado en el Parlament catalá por más de un 85% de los votos de los diputados (una sobrada mayoría absoluta), y en Madrid también por una amplia mayoría.

Sin embargo, el Tribunal Constitucional, a instancias del PP, lo rechazó, creando en Catalunya una gran frustración y sentimiento de no ser queridos por España.

Somos una comunidad autónoma que aporta como la que más, y por el contrario de las que menos recibe (que menos le devuelven), y aún así tenemos que escuchar a diario desde el Gobierno central que somos insolidarios, tacaños y, ahora, además, radicales y descerebrados. Antigua estrategia que se utiliza para demonizarnos y conseguir así votos nacionalistas españoles.

¡Esto sí crea división social, pero en Catalunya no lo creen ni los más anticatalanistas!.

Tras quedarnos sin el nuevo Estatuto salimos a la calle más de dos millones de personas para manifestar pacífica y democráticamente nuestro descontento, mostrando al mundo una imagen ejemplar en la manera de reivindicar nuestros derechos y libertades que reclamamos desde siempre como pueblo que somos con una lengua, costumbres e historia propios, y sin pedir nada que no sea nuestro o que no hayamos ganado con nuestro trabajo.

De seis millones de habitantes, más de dos desfilaron por las calles de Barcelona, admirando a todos aquellos que lo vieron por televisión desde cualquier lugar del mundo.

Todos menos a los que iba dirigido, y que lejos de leer el mensaje se han dedicado a intentar minimizar la inmensidad proporcional que esta manifestación significó, manipulando medios de comunicación para engañar y confundir a los españoles que no puede entender lo que realmente pasa en Catalunya por falta de una información neutral.

El temor del Gobierno Central a este movimiento social capaz de juntar a más del 30% de la población en una sola manifestación, algo nunca visto en Europa ni en el mundo, provocó una reacción contraria con más recortes e impugnaciones de las leyes y/o resoluciones aprobadas en el Parlament catalá, lo que a su vez creó un sentimiento de indignación generalizado en Catalunya provocando un gran incremento de los independentistas hasta llegar a la mayoría y situación actual.

El Gobierno central actuaba como una gran fábrica de independentistas catalanes, y todos sus movimiento posteriores han seguido la misma línea hasta llegar a las incomprensibles cargas policiales que nos recordaron a otros tiempos más grises.

Hacer creer a los españoles que somos cuatro descerebrados radicales los que pedimos ahora la independencia, es una falacia, un engaño a la sociedad, y una necedad de políticos incompetentes.

Catalunya clama justicia y equidad, y la independencia es el fruto del “no a todo”.

Los cuatro descerebrados somos una mayoría formada por los herederos de los inmigrantes y los que venimos de muchas generaciones de familias catalanas.

Sí, en los años 60 llegaron a Catalunya, más de un millón de inmigrantes venidos principalmente de Andalucía. Muchos de ellos se casaron con catalanas y catalanes y pronto florecieron y se convirtieron en buenos empresarios, profesionales y trabajadores, formando parte del tejido industrial, comercial y social catalán, haciendo suyas nuestras costumbres, tradiciones y lengua, y llegando incluso a la presidencia de la Generalitat como fue el caso del President José Montilla.

Hoy, los nietos de esos inmigrantes, llenan las manifestaciones independentistas, y se sienten y los sentimos igual de catalanes que los que más, a pesar de las mentiras que hemos de escuchar en este sentido desde el Gobierno central.

Y no hay radicalización ninguna en las escuelas, eso es otra falacia de unos pocos que menosprecian nuestra lengua e identidad propias y quieren hablar solo en castellano.

La fábrica de independentistas catalanes hace que la mayoría de los llegados desde diferentes partes de España acaben pidiendo una República Catalana.

Deberían preguntarse por qué y no esconder esta realidad social en Catalunya que no tiene vuelta atrás. Independencia o un estatuto digno y justo.

Por M.G.B.B.


BENDITO SEA TU NOMBRE por M.R.

A finales de 1.808 el general Napoleón Bonaparte terminó de preparar su plan más ambicioso: la conquista de Rusia.

La más alta y distinguida jerarquía del ejército francés asesoró al futuro Emperador.

Un proyecto militar tan ambicioso como complejo como nunca había visto el hombre, no podía contemplar ningún error, ni mucho menos fracasar. Napoleón tenía claro que si quería dominar Europa tenía que someter al gigante ruso.

La clave era salir de Francia en pleno invierno, para tres meses después llegar a las lindes del Zar cuando comenzara la primavera. El principal enemigo de los galos era el frío tan descomunal que asolaba esa zona del continente.

Así, el 4 de enero de 1.809 partió de París un contingente poderoso, 500.000 soldados de infantería pie, 1.000 unidades de caballería, 500 médicos militares, 250 enfermeras voluntarias (aunque se apuntaron más de 400) y 80.000 miembros de la Reserva, encargados de la logística. Más 300 fuerzas de mando.

Este relato se postra ante todas estas personas que pusieron su vida en un ideal. Este relato se rinde a todos los soldados de todas las guerras. Personas que por su vocación dejaron unas vidas, unas tierras y unas familias para servir a su país.

Esta pequeña historia resume las últimas horas de un soldado hecho preso.

La marcha del inmenso ejército francés no contó con apenas incidentes. Cada territorio invadido, no suponía más que un centenar de bajas. Estaba siendo todo un paseo militar. Napoleón se sentía la reencarnación de Alejandro Mago.

Pero al llegar a la ciudad polaca de Gorlice se desató el infierno.

“Recuerdo que salían combatientes por todas partes y en cantidad infinita, por cada uno que derribamos aparecían tres. Parecían ajenos al dolor y al frío. Estaban como endemoniados. Mi regimiento de 1.000 soldados quedó aislado de los demás. Las municiones se iban agotando, así como nuestros víveres y nuestras fuerzas, son embargo ellos parecían multiplicarse en número y el ferocidad. La derrota en Gorlice ya era evidente.

Mi memoria plasmó un cuadro de fuego, sangre, destrucción, gritos, muerte y un puñado de soldados franceses huyendo hacia su propio sacrificio. Me negué a huir y a morir de aquella manera.

Aquella luna grande, hermosa, pura y plateada me vio erguirme, agarrar mi bayoneta y salir corriendo mientras aullaba como un lobo. No pensaba morir solo. Una serie de explosiones de cañón estallaron muy cerca de mí. El calor infernal y la metralla no consiguieron detenerme . VI aquel miliciano ruso cerca de mí, asustado y sorprendido. Un movimiento después, mi bayoneta se hundía en su estómago. Su mirada fue mía y su sangre bañó mis manos. Después silencio y oscuridad.

Ahora estoy esperando en mi fría celda, cuando la campana comienza a repicar. Me vienen recuerdos de mi vida pasada, mi hermosa y joven mujer, mi pequeño hijo, el coro angelical de la iglesia de mi pequeño pueblo, el asado de cordero que preparaba mi madre o las partidas de ajedrez con mi padre, pero ya no puedo hacer nada, porque a las 05:00 de esta gélida madrugada ellos me llevarán a la horca. Las arenas de mi reloj se escurren rápido…

Entonces la pasada y oxidada puerta se abre. Dos soldados con cara de estatua custodian a un viejo cura. Después de leerme unos pocos Salmos, susurra: “Bendito sea tu nombre. Amén”.

Y mis últimos pensamientos acuden con pena pero sin miedo, “Si hay un Dios ¿por qué ha permitido todo esto y por qué me deja morir? y ¿cómo será que la vida no es más que una extraña ilusión?”

Este texto está basado en la canción “Mellowed Sy thy name” de Iron Maiden


TIEMPO por G.E.N.

El tiempo es el dinero más valioso e invisible que Dios deposita en la cuenta invisible de cada ser vivo, desde el primer segundo en que llegamos al mundo. Es imposible saber cuánto tiempo tiene cada uno en su cuenta.

El tiempo es “dinero invisible” con el que pagamos por cada segundo la renta de la vida y cuando la vida se agota, se nos acaba el tiempo.

El tiempo es más precioso y más valioso que el oro y los diamantes, porque no se puede comprar con el dinero físico, ni se vende en los mercados. El tiempo no se puede guardar en un banco para luego retirarlo ni se puede congelar en el frigorífico para luego usarlo.

Cuando nos invitan a una cena gratis o al cine gratis, no es completamente gratuito, porque lo pagamos con nuestro dinero invisible: el tiempo. Cuando estamos felices y riego, y cuando estamos tristes y llorando, lo estamos pagando con nuestro dinero invisible: el tiempo. Cuando estamos haciendo algo valioso y cuando no hacemos nada, lo estamos pagando también con el tiempo.

El tiempo es una fortuna. Los ricos no tienen más que los pobres, ni los pobres tienen más que los ricos, los sabios no tienen más que los necios, ni los necios que los sabios, los fuertes no tienen más que los débiles, ni los débiles que los fuertes. El captor no tienen más que su capturado, ni el capturado que su captor, porque nadie sabe cuánto tiene, ni cuánto le queda en esa cuenta invisible del dinero más preciado: el tiempo.

Este dinero precioso, valioso y único, no sirve para nada si el que lo tiene no lo utiliza bien, porque se va y nunca se recupera. Podemos perder la libertad, nuestras casas y riquezas, pero nuestro dinero invisible: el tiempo, está siempre en nuestra cuenta para que lo gastemos como mejor nos parezca.

G.E.N.


ME LLAMO “N” por M.R.

Hola. Me llamo “N”, bueno, mejor dicho, mi nombre empieza por N. No os digo el nombre, por dos motivos: el primero es que el cómo me llame es indiferente al contenido de este relato, y el segundo es que soy muy tímida y muy reservada y me da mucha vergüenza que gente desconocida sepa cómo me llamo. Espero que me entendáis.

Una vez dicho esto, quiero compartir con nosotros cómo veo a mi padre y a su vez haceros un pequeño resumen de mi vida.

Nací el 7 de marzo de 2002 (año capicúa y cifra bonita) en una prestigiosa clínica de Madrid, la cual no voy  a citar porque no me ha pagado por su publicidad.

Mi madre tuvo un embarazo casi perfecto, pongo casi porque la perfección no existe. No tuvo mareos, ni vómitos, ni engordó 20 kg. Hicimos una buena simbiosis mi madre y yo. Mi padre piensa que yo era como una bombilla para ella, es decir, la iluminaba desde dentro, hasta el punto de que mi padre también piensa que esos nueve meses fueron en los que mi madre mejor estuvo. Y es que una, vale lo que vale…

Mi padre, que va de duro, pues le encantan las películas de acción, de guerra y de terror, y además es rockero, en el fondo es un flojeras, pues ve sangre o una operación y se viene abajo, hizo un esfuerzo voluntario y sobresaliente y estuve presente en mi alumbramiento y fue la primera persona que me abrazó.

A los tres meses, fue con él también con quien mantuve mi primera conversación. Obviamente, no pasó del  manido “agó” y “agó”, por ambas partes, pero el pobre se emocionó.

Aquel verano, el de 2002, por lo visto fue el más caluroso de los últimos 75 años y mi madre sufrió una buena gastroenteritis y deshidratación, y otra vez mi padre tuvo que ocuparse – lo mejor que pudo – de nosotras dos.

Lo que hasta ahora os he regalado ha llegado a mi conocimiento oralmente, pues evidentemente era muy pequeña. Dicen los expertos que una persona normal empieza a guardar recuerdos a partir de los dos años, así que mis recuerdos sobre él deben partir de ese periodo de mi vida.

Recuerdo que jugaba mucho conmigo: a veces pintábamos, a veces jugábamos con peluches y otras con coches y muñecas. Tenía la delicadeza de poner siempre música clásica. Nos pasábamos horas y horas en mi habitación o en el salón.

Nos dimos juntos muchos paseos. Cuando había un tramo de escaleras, o una pendiente que subir, o simplemente él consideraba que yo podía estar cansada, me cogía a hombros. En esos ratos en los que me llevaba alta me sentía super segura, era como ir en un gran camión. Nada me podía pasar. Entonces no sé por qué me cantaba una y otra vez una canción de rock que se llamaba “Doctor, doctor”.

Pasé unos años muy felices. En casa aparentemente había paz y armonía. Empecé a ir al colegio, nos íbamos de vacaciones los tres a la playa, a veces con mis abuelos maternos. Como yo misma decía, mi abuela era la que mejor me daba de comer, mi madre la que mejor me vestía y mi papá el que mejor me cuidaba.

Yo pensaba que iba a ser para siempre así. Plena felicidad. Mi padre me dejaba en el colegio por las mañanas con un beso y un abrazo y mi madre me recogía por las tardes con la merienda.

Mi padre no era como el resto de padres. Nunca me regañó. Me explicaba las cosas muy bien. No me gritaba, dialogaba. Pegarme, ni loco. Yo le sentía muy cercano. Dulce, sonriente, comprensivo, fuerte, protector, ¿infantil? Puede. Me hacía reír continuamente.

… pero yo no sabía que mi madre y él ya no se querían.

Que quedaba poco para que mi mundo perfecto se desmoronara. Quiero ser justa y no culpar a uno de los dos. Pero el golpe fue muy duro. Me acuerdo perfectamente del día que se fue.

Había estado los tres en el Parque de Atracciones. Era verano. Cuando llegamos a casa, hablaron algo, como siempre sin gritar y él cogió una maleta, metió su ropa y se marchó. Así de fácil, frío, inexplicable y rápido. Yo no entendía nada.

Después ya nada fue lo mismo. Mi felicidad plena se convirtió en aceptación de la realidad. Las navidades ya fueron frías, las vacaciones perdieron brillo y las fiestas de mi cumpleaños color.

Los dos aun queriéndome mucho y volcándose en mí como siempre, me habían hecho mucho daño. Intentaban explicarme que esa nueva situación era mejor para mí. ¿mejor? ¿en serio? Yo no podía aceptarlo. Fue al cabo de varios años. Cuando adquirí madurez, cuando comprendí el concepto de “daños colaterales”.

Mamá y papá. Os quiero mucho. Gracias por todo lo que habéis hecho por mí.

M.R.