LA POBREZA ES LA SOMBRA DE LA RIQUEZA por A.T.G.

La pobreza ha existido siempre, nos acompaña como la sombra al cuerpo, ahora depende de nosotros mismos, si queremos que se refleje por nuestra posición en esta vida o quedarnos en la inmutable oscuridad, parados, de brazos cruzados, sin luchar por nuestros hermanos y hermanas que sufren diariamente a nuestro alrededor, pues andamos por la calle viendo pasar hambre, penurias a la gente que nos rodea, sin inmutarnos, y nos quedamos ciegos diciéndonos “todo va bien”, mientras el pobre, moribundo y famélico lo único que nos pide es que abramos los ojos, miremos a nuestra izquierda y derecha y nos dignemos a cambiar esta situación.

Quizás el comunismo nos dio pautas de cómo cambiar y no supimos entenderlo bien, pues al final solo unos pocos eran ricos cuando todos l deberíamos ser, y ahora sabemos que donde todo el mundo es igual, donde todos somos ricos o todos somos pobres es un mundo utópico, pero está claro que aquí y ahora nosotros tenemos la manera de solucionarlo. Todos nos queremos sentir ricos siendo pobres, pero ser pobre se tiene que llevar dentro de nuestros corazones. Cuando el poder o su búsqueda no sea una cualidad de la naturaleza del hombre, entonces y solo entonces, seguro que el fin de la pobreza humana llegará.

Todos somos iguales ante Dios y ante los ojos de otro igual.

A.T.G.

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JUEGO DE NIÑOS por M.R.

El célebre filósofo griego Platón, pasó a la historia por la teoría de las ideas. Someramente, él explicaba la existencia de dos mundos, el mundo de las Ideas y el mundo de los Objetos. En el primero, residían los conceptos perfectos, puros y plenos de todo lo que el hombre conoce y en el segundo, las proyecciones imperfectas de estas realidades perfectas.

Tiene a colación este pequeño prólogo metafísico para intentar explicaros que el amor que yo sentía por mi hermana procedía directamente del mundo de las Ideas. Un amor perfecto, pero…

Soy dos años menor que mi hermana. De pequeños pasábamos muchos ratos juntos, jugando a miles de cosas. Durante un par de años aproximadamente, ella se inventó un juego que le encantaba pero que a mí no tanto. Imagínese que ella, con sus 7 años estuviera jugando a las muñecas y yo con 5 a los coches, en nuestra habitación y, de repente, ella exclamaba asustada: “¡qué vienen los zombis! ¡métete en el armario! Y yo, presuroso y aterrado la obedecía.

Claramente, para mí no era un juego, aquello era real. Real como la vida misma.

Y ahí me tienen dentro de un armario, solo y a oscura, desorientado en lo que al paso del tiempo se refiere.

Del otro lado de la puerta, mi hermana rascaba con sus uñas la madera, mientras susurraba cosas incoherentes.

Yo, muerto de miedo, intentaba razonar lo siguiente: “aquí dentro tengo mucho miedo, y podría salir fácilmente si empujara la puerta pero ¿qué hay fuera? ¿cuántos zombis habrá? ¿qué han hecho con Inma?

Cuando el rechinar de uñas y las voces se apagaban, esperaba un tiempo prudencial y salía del armario. Y todo estaba absolutamente normal. Recuerdo que muchos días, mi hermana estaba en el salón pintando o recortando papeles de colores, y yo me emocionaba por el amor que la tenía, pues yo estaba convencido de que ella había despistado a los zombis, y probablemente había peleado contra ellos para que me dejaran tranquilo. Para mí, Inma era mi salvadora.

Tardé años en darme cuenta de que aquel juego infantil era una verdadera tortura muy cruel. Nunca hablé con nadie de estas experiencias traumatizantes, ni siquiera con ella.

Quien lea o escuche este relato verídico, y sean padres de niños pequeños, por favor, sepan a qué juegan ellos, pues hay juegos y juegos.

M.R.


COMPARACIONES ENTRE EL SISTEMA PENITENCIARIO DE PERÚ Y ESPAÑA por I.M.L.

Un preso veterano español, mientras yo estaba preso en Perú, me dijo: “que el sistema penitenciario de un país decía como era ese país”.

Una vida en u penal peruano no vale nada si no tienes dinero. Cualquier enfermedad curable en España como por ejemplo una hepatitis, TBC, una infección estomacal, en Perú si no tienes dinero no te tratan, quiero decir, que “te mueres”. Ojo, esto no quiere decir que el estado no lo subvencione, lo que pasa es que como los penales son “dirigidos” por un preso, este se toma la libertad de lucrarse de dichos medicamentos.

En un pena peruano la seguridad no existe. Si no tienes dinero estás expuesto a sufrir palizas, humillaciones, castigos injustificados, e incluso vejaciones sexuales. Nada más ser detenido y notificado que vas a prisión te roban todo. Y, una vez llegas al penal, te encuentras con que a una persona que es un preso, igual que tú, le tienes que pagar X cantidad por ingresar a dormir a ese módulo.

El dinero en Perú es el principio y el fin de todo. Allí no existe la tarjeta de peculio que es personal. Allí tú tienes tu dinero en metálico con el que principalmente pagas tu comida y si es que tienes vicios, tus vicios. Todo te cuesta dinero (tu cama 1500 dólares, tu mueble para guardar tu ropa 1000 dólares, tu espacio para tender tu ropa, la lavandería, ir a trabajar… ). Este último caso es curiosa, tienes que pagar por trabajar todos los meses 15 dólares.

La higiene es pésima, solo dan el agua dos veces al día y no es agua corriente, es agua almacenada en unos tanques (no potable). Es la misma agua con el que cocinan. El módulo apenas tiene 8 duchas compartidas sin presión para un volumen de 1100 internos (8 duchas y 8 aseos).

La dieta en una cárcel de Perú es: por la mañana para desayunar tres panes, dos aceitunas y emoliente o té. A mediodía (12:30) arroz, menestra (cantidad de un tupper de 500ml). Por la noche (18:30) para la cena, agua hervida con pasta. No hay comedor, si no has comprando una silla no te sientas y si no tienes tupper, no comes.

Valgan estos pequeños ejemplos para que la gente lo piense bien antes de cometer los errores que nosotros hemos cometido.

I.M.L. 


TODO ES ABSOLUTAMENTE NUEVO PARA ELLOS por Francisco Javier

Al que ellos mismos, sin darse casi cuenta, han puesto para que coja las riendas el tiempo que estén privados de libertad. A José Manuel, que somos de la misma edad, (año y medio o dos), es lo que me separa del mayor de los cuatro chiquillos que se conocieron en el barrio donde viven nuestros padres. Y claro, al cabecilla de esta cuadrilla.

 

Les tocó entrar a la cárcel, cuando todavía no llegaban a nuestros oídos las condiciones en las que se vivían los años o meses que el juez te mantenía privado de libertad. Por eso me tocó ser como si fuese el hermano mayor, aunque yo sabía, que lo mismo sin mí, ellos saldrían adelante. Dentro de la cárcel, los amigos de la calle, también iban a estar unidos como lo llevaban haciendo desde que se conocieron jugando o escapándose en el horario del recreo para fumar esos primeros cigarros, o como ahora recuerdo, cuando decidíamos, casi siempre por mayoría, no ir tal día al colegio y luego venir por el camino, que estuvimos recorriendo casi una década, hasta que tiramos los libros y ya, le dijimos a nuestra madre que no íbamos más, porque siempre decían lo mismo. Así al final, uno detrás de otro, fuimos abandonando, hasta que nos levantábamos por las mañanas sobre las 10:00 para primero, irnos a fumar, para no ser vistos por nuestros viejos o vecinos cercanos a nuestros familiares, o los amigos de mi padre. Que podían contarles que su hijo junto a tres o cuatro habían cogido en el mercado un monedero o un bolso a una señora que estaba comprando en tal tienda.

Estábamos en la calle con toda la mañana para pensar en cuál sería la gamberrada del día y luego ese mismo, casi juego, para entrar o salir con algo, solo por ver quién de nosotros sacaba lo más grande, que valiese más, en fin… la niñez.

Pero después de crecer, no en altura sino en edad, los aburrimientos se pasaban en un sitio en concreto y allí decidir dónde íbamos a ir ese día a robarle a algún niño su bicicleta y lo poco que llevara. Todo era absolutamente nuevo para nosotros, hasta que llegó la edad en la que te hacían ir a la cárcel por robar un monedero en el rastrillo del barrio, o entrar por detrás de la barra de un bar… Ahora has crecido, y el dinero que antes te llenaba y duraba, ya no vale nada.

Francisco Javier


FLORES por M.R.

Flores: forma plural del sustantivo flor.

Flor: Brote de muchas plantas formado por hojas de colores del que se formará el fruto. Relativo a la virginidad. Piropo.

En la literatura el término “flor” se ha usado en infinitas ocasiones para hacer referencia a la mujer. Es más, nombres de flores han pasado a ser nombres propios como Rosa, Margarita u Hortensia. Buscando más analogías entre las flores y las mujeres, ambas son símbolos y ejemplos de hermosura y belleza. Las dos son la base de la reproducción en su reino. Las dos despiertan emociones y sensaciones. Ambas tienen mecanismos de defensa contra enemigos, pueden herir, y hasta engullir.

En mi vida ha habido muchas e importantes flores; algunas de ellas me han marcado para siempre. En bastantes etapas de mi vida he estado rodeado de ellas.

En el hogar en el que nací y en el que estuve hasta mi mayoría de edad, la figura femenina era tiránicamente predominante. Mi padre no estuvo nunca y mi abuelo poco, pues era médico de urgencias y pasaba poco tiempo en el domicilio. Así que crecí con mi abuela (gran matriarca), su hija mayor (su férrea lugarteniente), su hija menor, o sea mi madre, y mi hermana. Yo desde pequeño he sido muy independiente y solitario, y siempre me costó grandes esfuerzos desembarazarme de sus presionantes y/o asfixiantes presencias. Para muestra un botón. Siendo pequeño, quizá 3 o 4 años, y ante la insistencia de mi hermana en organizarme mis sesiones de juego yo decía: “tú juega con lo tuyo que yo ya juego con lo mío”.

Estas cuatro flores, quiera o no me marcaron. Todas tenían una personalidad muy vehemente, y siendo yo el único varón, y el pequeño de la casa lo pasé, digamos que, complicado. Lo podría llamar “amor mal dirigido”. Años después, mi primera novia, a la postre ex esposa y madre de mi flor favorita, me marcó también para siempre. Esta flor tenía la característica de ponerme de todos los colores: rojo, amarillo, verde, morado, blanco, negro… en fin.

He tenido flores amigas, flores romances, flores jefas. He disfrutado de sus elixires, de sus fragancias y de sus tactos, pero también como todos, he padecido los pinchazos de sus espinas, el escozor de hojas, e incluso sus mordiscos, si se trataba de una planta carnívora, hermosa como pocas, peor letal como ninguna.

Y antes de despedirme, un recordatorio para la flor más fea y más jodida, y quizá más fuerte: el cardo.

M.R.


EMPATIZAR por M.R.

Empatizar: acción de tener empatía. Empatía: identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo de otro.

Hace un par de meses asistí a un curso de habilidades sociales. Muy interesante. Se habló de inteligencia emocional, escucha activa, emisores y receptores de mensajes, y de empatía. De los primeros conceptos me considero buen ejecutor de su significado, pero la empatía…

Un par de semanas atrás, estaba en el trabajo y vino un agente externo a entregar unos documentos. Cuando se marchó, la vi recoger sus carpetas, ponerse el abrigo, y caminar hacia la salida. Entonces, de pronto, una pregunta me vino a la cabeza: ¿dónde va ahora?, a la que siguió una cadena de interrogantes más ¿tendrá familia? ¿qué problemas o preocupaciones la abruman? ¿Qué tal está de salud?

Entré en un estado emocional, que fue relativamente nuevo para mí, pues si esto es empatía, hasta la fecha solo lo había desarrollado con mi hija.

Durante estos días, me he cuestionado varias veces por qué experimenté esta súbita preocupación por esta persona con la que hablo más bien poco.

Íntimamente pienso, que no tener empatía con los demás es de ser egoísta o quizá egocéntrico, pues solo nos interesa lo que nos afecta. Si esto es correcto soy una persona altamente egoísta, pues de los cientos de personas que he conocido hasta ahora, solo por una tuve empatía. Me parece terrible. Creo que roza ser mala persona.

Entiendo que tener empatía es preocuparse de los demás, ponerse en su situación. Saber que siente, que le preocupa o cómo se siente. Creo que es una habilidad social muy bonita, que muy poca gente desarrolla y encima a todos nos gustaría que la sociedad empatizara con nosotros.

Voy a lazar una tontería de proporciones monumentales: si hubiese sido más empático, me hubiese ido mucho mejor. Hubiese sabido gestionar

M.R.


NAVIDAD por I.M.L.

Todo empieza el día 22 con el sorteo de la Lotería Nacional. Apenas quedan tres días para Navidad y dos para Noche Buena y las calles ya se aprecian más vacías. El que más y el que menos lleva un número del sorteo y espera ansioso que con suerte los niños de San Ildefonso canten su número, obligando esta acción a pasar toda la mañana pendiente del televisor o de la radio.

A unos pocos afortunados les cambia la vida desde el momento en que se dan cuenta que su número es uno de los tres premios gordos. ¿por qué será, que sea cual sea la cantidad que te toca, todo el mundo dice que la usará para tapar agujeros? Cuando verdaderamente lo que ronda nuestra cabeza es darnos algún “caprichito”.

Apenas 48 horas después, vísperas de navidad, muchas familias se unen para cenar la noches del 24.

Si pudiésemos mirar por un agujerito como pasan las Navidades las familias “católicas”, nos daríamos cuenta de que el dinero no da la felicidad.

Podríamos ver desde una familia humilde compartir un sencillo plato casero en medio de alegría y bullicio en la que no echan en falta nada más. Conformándose con el simple hecho de estar unidos. A una familia acaudalada no tan extensa como la primera, en la que lo que más resalta es la ostentación en la mesa, con costosos alimentos, pero en medio de una fría hipocresía y rostros con una sonrisa pintada.

La primera familia al terminar la cena podrá con suerte disfrutar de algún regalo en el que el costo de este mismo no sea lo primordial, si no el propio detalle. Mientras que la segunda familia seguramente disfrutará de unos regalos más costosos siendo estos de última tecnología pero con otro clima reflejándose en sus caras expresiones de “ya lo sabía” dando por hecho que de ninguna manera se quedarían sin regalo.

La navidad es un fiel ejemplo de la sociedad pocos colectivos le dan a esta fiesta su verdadera significado.

Unas noches en las que creyentes y no creyentes celebran la noche en la que Dios hecho humano vino al mundo una noche para ellos de máxima alegría y demostración de preceptos religiosos, nada parecido a lo que el mundo actual nos ofrece hoy. Puro consumo.

I.M.L.