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BUSCANDO EL ESTRIBILLO por TIBU

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Querido Antonio,

No encuentro ninguna razón, aunque las tenga todas, para escribir precisamente hoy (13-11-15). No sé tampoco dónde mandarte esta carta, porque ni siquiera estoy seguro del remitente.

Es de suponer que el otro Antonio ya te habrá contado de mi, allá donde estéis, y espero que me hayáis dedicado unos minutos. Lo que no te habrá dicho, porque él tampoco lo sabe, es que estoy preso, aunque tú y yo ya lo estuvimos muchas veces, pero en esta ocasión es una verdad física.

Conociéndote, sé que te darán igual los motivos, y conociéndote, se que te gustaría estar conmigo.

Y ha sido hoy precisamente, escuchando una de nuestras canciones, que me he sentido más libre que nunca, a pesar de los muros, que hoy no son más altos que todos los que escalamos juntos tantas veces.

Y mientras escuchaba nuestra canción he vuelto a vernos a los dos, igual que entonces, viajando hacia ninguna parte, como el viento. He recordado nuestros años de vino y rosas, equilibristas desequilibrados, en los que compartíamos lo que nos pasaba con cuatro acordes, y nos entendíamos sin palabras. Fueron tiempos en los que músicos y ladrones nos subíamos a bordo de un barco con rumbo a ninguna parte, eternamente desafinados.

Querido Antonio, me acuerdo de ti siempre y nunca, y hoy precisamente que me he parado a escribirte después de tanto tiempo que hace que la ciudad no dejó de llorarte, Manolo, que también ha sobrevivido al desconcierto y que, al igual que tu y yo, siente la primavera en septiembre, me ha guiñado un ojo desde algún sitio, de manera cómplice, como siempre, y solo sabemos los tres el por qué.

Precisamente hoy, viernes trece, ya sabes lo supersticioso que soy, me he imaginado a los cuatro: el otro Antonio, Manolo, tu y yo, despertando otra vez a los vecinos, borrachos de melodías, gritando una y otra vez el maldito estribillo, que nunca acabábamos de encontrar.

Querido Antonio, precisamente hoy, me he sentido muy afortunado. Por el hecho compartido entre nosotros, de coincidir en el mundo con millones de sueños rotos que se van escapando por todas las ventanas de las ciudades mientras vuelven a la monotonía y saber que nuestros sueños, en gran parte al menos, se cumplieron y a día de hoy se siguen cumpliendo, a pesar de que no estés y yo, ya te lo he contado antes, me encuentre preso.

Querido Antonio, es posible que, después de tanto tiempo de sequía, vuelva a componer, aunque no sé si es demasiado tarde para regresar, pero eso ya me lo dirán los otros, los que opinan. Nadie mejor que nosotros sabe que, en nuestro mundo, si lo haces bien te sacan a hombros pero, si lo haces mal, a tu noche la tienes que mandar a que la laven. Es lo que hay.

No me olvido que tú me enseñaste, de la manera más cruda posible, que el exceso conduce al defecto, y el defecto al exceso, y tu cálido recuerdo, hará que, de una puta vez, aparezca el maldito estribillo.

Sabes que siempre te querré, yo también lo sé de ti.

P.D.: Dile al otro Antonio que han cerrado el Penta, cuando nos volvamos a ver abriremos una sucursal. Un beso.

 Tibu 


A MI AMIGO JOAQUÍN por J.R.G.

500.-Amigos

Sé que es muy diferente

en la cárcel cumplir años

pero yo quiero decirte

aunque sea de este modo

que por encima de todo

yo quiero felicitarte

Sí, no hay grande fiesta

ni pasteles, ni regalos

pero yo quiero decirte

aunque seamos chicos malos,

que la vida tanto cuesta

y la tristeza sí existe

y nuestra existencia nos viste

con un manto de fiesta

regalitos de los dioses

y si el caballo da coces

porque ya nada nos cuesta

nos ponemos a dar voces

mandamos todo a la mierda.

J.R.G.


PARA MI FAMILIA por J.F.N.S.

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Para mi familia Arellano Céspedes… diréis, ¿cómo que su familia?, ¿si no tienen sus apellidos?. Pues así es, mi familia: Albert, Edu, Encarna, Javi, sin olvidarme de mi tía. Gracias por hacerme sentir persona y por sentir que se me quiere y se me protege.

Yo daría mi vida sin dudarlo por cualquier de vosotros.

Albert, eres el hermano que en realidad nunca he tenido por circunstancias de la vida, te quiero y no veo el momento de que podamos estar todos juntos.

Yo hago todo lo que tengo que hacer para estar pronto con vosotros, os quiero familia y este es mi particular homenaje.

J.F.N.S.


¿QUÉ ES UN AMIGO DE VERDAD? Por SAMOYEDO

amigos

Este artículo lo voy a dividir en dos partes, para contar lo que es un amigo de verdad en prisión y el amigo de verdad fuera de la misma.

Sí señores, yo he tenido y tengo amigos de verdad que conocí en la prisión, algunos siguen estando y espero como buen amigo sea por poco tiempo.

Aquí he conocido a mucha gente, pero en especial a una, mi amigo (Paco). A Paco lo conocí en el módulo y comenzamos a hablar, me contaba desde su niñez hasta su vida actual, cuando se enamoró, etc. Cosas que más que un amigo hace un padre y por eso te apodé el amigo que fue hermano y padre a la vez. Nada más enterase de que mi madre estaba sola en casa, quiso poner a una persona para atenderla, cuando mi hermana menor se quedó embarazada puso a su disposición a un gran médico de prestigio por si se le complicaban las cosas.

Salió de la cárcel y en todo momento me escribía y luchaba junto con mi abogado por salir en libertad. Hablaba con mis padres y hermanas. Cogió mi mercedes c250 turbo diésel que tenía yo en la calle desde hacía más de un año y se lo llevó lo reparó, lo pintó, y lo dejó guardado en una nave a espera que tu fuera a por él cuando salga.

Este hombre ha venido a verme desde Valladolid un sábado y a continuación ha vuelto de nuevo a su ciudad. Ha ayudado a amigas mías, ha dado trabajo y lo más importante es que toda su familia habla conmigo por teléfono, hasta su padre y parece que me conocieran de toda la vida. ¿Decidme si eso no es un amigo?

Paco es inmensamente rico e importante y yo soy una persona normal y corriente que no le hago falta en nada si él quisiera, pero estuve a su lado apoyándole, consolándole en un dolor y lo sigo haciendo y lo haré al igual que mi abogado, que me lo facilitó él.

Mi madre dice que son parte de nuestra familia y yo estoy orgulloso de tenerlos dentro de ella.

De los de fuera ¿Qué puedo decir? Beatriz, Carmen, Aurora, Pilar, Gisela, Cristina, Oso, Laly, etc. me apoyan, vienen, se preocupan y tengo su apoyo. Algunos de ellos vinieron aquí y actuaron para todos nosotros pues se sienten cada uno como yo en esta situación. Ahora vendrán otros amigos a hacer una obra de teatro y creo que eso dice mucho todos ellos.

No me interesan vendedores de humor, ni de interés, me interesan personas nobles de la clase que sean, humildes y de buen corazón. Aseguro que tengo amigos, he ayudado a muchos y no lo voy a contar aquí, me lo llevo dentro de mi corazón para toda mi vida.

Sé que tendré al igual enemigos pero esos no me importan, ni me quitan el sueño, perdono de corazón a quien lo fue y me hizo daño al igual que pudo perdón a los que yo se lo haya producido y aquí estoy para hacer nuevos y buenos amigos, aquí y fuera de aquí.

Nunca sabes las vueltas que da la vida y de quién puedes necesitar. Hay que tener amigos hasta en este infierno, así llevarás tu condena mejor y valorarás mucho más todo al salir. Las pequeñas cosas son las que nos hacen grandes.

Dedicado a los que quieren y valoran por como soy, sin interés, tan solo por nuestra sana amistad. A Paco y familia, Luis Alberto, Nizar, Marcelo, Salva, Teo, leo, Nagua, Módulo 12 y prisión en general, pues no cuesta nada una sonrisa o una mera dedicación para hacer que alguien se sienta bien. Un abrazo a todos ellos.

Por Samoyedo


LAS DESPEDIDAS NUNCA FUERON BUENAS por I.G.G.

AMIGOS

Todos sabemos lo difícil que es, el que una persona querida se nos vaya de nuestro entorno y mucho más, si para mí, esa persona ha dejado huella; pues no todos los que pasan por nuestras vidas lo hacen. Este compañero en especial, para mí (y creo que para muchos), ha dejado más que huella.

Es una persona a la que siempre se la va a echar de menos, tanto por sus risas, por su música, por sus escritos, y por un sinfín de cosas que no tendría suficiente papel para escribirlas. Nos ha hecho reír, nos ha hecho llorar, en fin, todo lo que suele hacer una bella persona.

Por eso compañero, al igual que tú has dejado huella en mí, quiero que te lleves, aparte de mi recuerdo y de algunas cosas más, toda mi amistad, cosa que no le entrego a cualquiera. Pero tú no eres un cualquiera, eres mi amigo “El Punki” y te deseo de todo corazón que vayas donde vayas, la suerte por una puta vez en la vida se ponga de tu lado.

No solo vengo a darte la despedida como amigo, sino como colaborador de la Revista y de muchas cosas más, por eso y ahora hablo por todos los compañeros de la Revista, te deseo y te deseamos que todo en esta puta vida te vaya bonito.

P.D.: Recuerda, no todo el mundo deja huella en las personas, como has hecho tú. Suerte camarada y gracias por tus canciones.

Por I.G.G.  


PAREJA DE HECHO por F.J.L.M

2014-01-12 16.53.10

El tiempo pasa generalmente despacio, a veces muy despacio y alguna vez desesperadamente despacio. Pero pasa. Y así, día tras día, sigues siendo lo primero que veo cada mañana al levantarme. Ahí estás, en el corcho de la pared de la celda. Junto a un par de fotos familiares, también está tu foto. Cuando llegué aquí hace un año, algún compañero que era más veterano que yo en aquel momento, me dijo que pasados unos meses dejaría de seguir pensando en “afuera” y de comparar lo que hacía en cada momento con lo que estaría haciendo fuera.

¿Y sabes una cosa viejo amigo? Que cada vez que te veo, yo sigo pensando en lo que tú y yo estaríamos haciendo juntos en ese instante, pateándonos Madrid o lo que nos diera la gana y tanto tiempo como mejor nos pareciera.

Ya fueran bares, parques, terrazas o chiringuitos, nada se nos resistía y menos aún pasábamos desapercibidos. Debo confesar que en mi vida no ha sido muy habitual que me miraran con “ojitos” hasta que empezó a pasarme saliendo contigo. Je je je ¡vivir para ver!, porque, dicho sea de paso, tu belleza salta a la vista pero en mi caso… ¡pues no!. Y era muy fácil adivinar entre las miradas inquisidoras de quienes nos observaban, cómo la mayoría de ellas y ellos se preguntaban cómo era posible que un tipo tan insultantemente normal y vulgar como yo, se paseara por ahí con una preciosidad tan espectacular como tú.

¡Ay que la envidia es muy mala!

En fin, recordarlo ahora me hace sonreír igual que entonces y aunque no te negaré que me pellizca la nostalgia, puedes estar bien seguro de que nos queda mucha cuerda y mucha guerra por dar. Aunque esto no debe hacerse aquí en prisión, te prometo que volveremos a enredar y trastear juntos antes de que nos demos cuenta. Volveremos a compartir una vida que para mí, disfrutada teniéndote cerca, es habitualmente maravillosa y muy divertida.

Porque aunque tú solo tengas cinco años y vivas en una residencia, y yo tenga cuarenta y siete y esté encarcelado en un centro de máxima seguridad, quiero decir públicamente y sin avergonzarme de ello que TE QUIERO UN HUEVO pedazo de animal y que TE EXTRAÑO aún más. Ya ves, así es la vida: no he encontrado mejor ocasión para salir del armario que mientras estoy encarcelado.

Te digo todo esto porque es lo que siento y porque me da igual que te llames DOGO, que seas el Gran Danés más bonito que ha parido madre, que jamás vayas a leer estas líneas y que tampoco las fueras a entender si te las leyera yo.

Por eso eres tan perfecto, porque no necesitas saber para estar.

Nos vemos pronto socio. Hasta entonces, cuídate.

Por F.J.L.M.


LA FUGA DE “EL CAPAZ” por EL LOBO TXAPELA

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Voy a contarles el relato de la fuga más honrada de la historia de las cárceles.

Fue protagonizada por dos tipos que se conocieron en prisión, coincidieron en el mismo módulo y comenzaron a empatizar el uno con el otro sin saber muy bien por qué.

El caso es que “El Multa” y “El Capaz”, así se les solía llamar en el patio, se hicieron amiguetes, o amigotes, o como se diga lo que se hacen dos hombres que se cogen aprecio en un sitio como este.

Poco después trazaron un plan perfecto, y con ayuda de un contacto de fuera de su bloque se fugaron por un agujero que había en uno de los muros que daban al exterior, cerca de una de las juntas de dilatación.

Nada más salir, comenzaron a reptar como dos lagartijas huyendo de un chiquillo, y sin darse cuenta estaban a la altura de la carretera, cruzaron con extrema precaución de no ser vistos ni atropellados y en un santiamén estaban en la orilla del pantano.

“El Multa”, calladito como nunca en su vida, seguía a su compañero expectante, ya que éste le había comentado que cuando era libre frecuentaba ese lugar para pescar, y que en las inmediaciones de aquel embalse guardaba en un escondrijo aparejos suficientes para los dos. Y así fue que de pronto “El Capaz” le gritó en voz baja, (en la cárcel aprendes a gritar en voz baja). “Aquí, aquí Multa! ¡Aquí está el tema!”. A la vez que sacaba bajo unas retamas un par de cañas y una caja roja, de esas del año de la polka, de las que se usan para llevar anzuelos, plomillos, cucharillas y rápalas, y yo que sé cuántas cosas más.

Cuando hubieron encontrado cebo, montado y tirado las cañas, se sentaron en un par de piedras y tras un instante de silencio en aquella humilde libertad, “El Capaz” le preguntó al “Multa”: “Oye chaval!, ¿a ti por qué te llaman “El Multa”?”. A lo que el joven le contestó, “Porque estoy aquí por no poder pagar una multa. Y a ti, por qué te llaman “El Capaz”?”.

Cuando el mayor de los dos presos se disponía a contestar los cascabeles de las cañas comenzaron a sonar, así que los dos hombres se levantaron raudos y entre risa y lágrimas comenzaron a faenar, dándole al tira y afloja como dos maestros. Y así casi seguido, durante dos o tres veces más.

Cuando contaban con tres peces cada uno, comprobaron que se les acababa el tiempo y que había que volver antes de la cena y el último recuento, así que desandando el camino que habían recorrido dos horas antes y usando la misma gatera que para salir, entraron de nuevo en el recinto con los pescados escondidos entre sus ropas. Pescados que le regalaron al cocinero del centro penitenciario para que se los sirviera de cena, pero viendo éste que eran mucho más sabrosos que los que tocaban en el menú, los envolvió en papel de periódico de hace ocho días (como todos los periódicos que hay en la cárcel), y se los llevó para degustarlos con su familia.

Los protagonistas de la historia llegaron a su módulo sin que nadie notara ni media, henchidos de felicidad y a tope de adrenalina para lo que les quedaba de condena.

Queridas autoridades penitenciarias, no busquen ustedes el agujero del muro, tal agujero solo existe en mi cabeza y cada día lo noto más grande, no busquen ustedes al contacto que les ayudó, el único contacto que les puede ayudar es el contacto con el exterior y con sus seres queridos, y aquí es bastante escaso. No busquen ustedes a “El Multa”, ya estará en la calle con su condena cumplida, pensando que si alguna vez más está sin trabajo y no puede pagar una multa, robará para hacerlo con tal de no volver a prisión, ¡bendita reinserción!.

Y a “El Capaz”… por “El Capaz” no se preocupen, seguro que sigue aquí, pero tranquilos, yo le conozco bien, le llaman así porque es capaz de cualquier cosa, cualquier cosa menos cometer un delito, ni hacer daño a nadie jamás.

Por El Lobo Txapela