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LOS NIÑOS DEL ISLAM por I.M.A.

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Esto se está escapando de las manos, es lo que pensé ante las imágenes de los nuevos atentados de Daesh en Bruselas. Y la verdad, el tema empieza a acojonar.

En el transcurso de la semana pasada, como consecuencia de las fiestas de Semana Santa, en esta “nuestra comunidad”, la actividad ha sido nula, así que me he tragado una veintena de tertulias y otro tanto de informativos sobre este tema. Esto de los yihadistas da para mucho. U da para mucho en Europa porque en Pakistán parece que no. Los muertos europeos son más “VIP” o cool que los pakistaníes.

Pues bien, he recolectado cientos de opiniones, las he introducido en la coctelera de mi departamento de limpieza mental de juicios y prejuicios y una vez bien mezcladas, no agitadas (igual que los Martinis de James Bond) y ¡voilá!, conclusión. Esto que está ocurriendo no es una guerra, tampoco es la venganza contra occidente, ni una Yihad. Esto es una locura colectiva, una seria enfermedad, cuyo origen data de una educación implantada a una sociedad, basada en la manipulación de las enseñanzas del profeta Mahoma ergo Alá, para implantar regímenes totalitarios y gozar del control absoluto de las diferentes sociedades.

Las islamistas establecidos en Europa, expresan y defienden que los musulmanes son gente de paz, que nada tienen que ver con los terroristas de Daesh, que el Corán es la palabra de Dios revelada a Mahoma por medio de Gabriel, el arcángel de la revelación, y que sus ciento catorce suras, son mensajes basados en el amor, en la solidaridad y en la justicia divina.

No tengo claro si frases tan emblemáticas como “dale de hostias a tu mujer si se porta mal”, sean atribuibles a lo divino y a la justicia, pero ellos sabrán.

Si hacemos un rápido análisis sobre el mapa del Islam, el noventa y ocho por ciento de la población musulmana está establecida en el norte de África y Oriente Próximo, Turquía, regiones de la antigua Unión Soviética y Asia Central, iraníes, afganos, Pakistán, India y Bangla Desh, y comunidades del sureste asiático como Malasia, Indonesia y Filipinas; podemos denunciar que todas estas regiones, sin excepción alguna, carecen de los más mínimos y fundamentales derechos humanos. Nacer en estos países supone ser educado en un entorno tóxico y con unos aditivos enormemente dañinos, que en el futuro de la persona revelarán secuelas emocionales muy complejas.

Los niños crecen bajo una cultura y una educación basada en el odio encubierto, o lo que es peor, disfrazado de bondad.

Se les enseña que la venganza no es solo un derecho sino una honra. Que la justicia es implacable y que el que la hace la paga, pero la paga de verdad.

Aprenden que al que roba se le corta la mano con una espada, eso sí, en presencia de un médico, no sea que el condenado se pueda desangrar, a la segunda se le decapita públicamente.

Ellos sabes desde muy pequeños que si su mamá tiene un desliz, la enterrarán viva, dejarán únicamente visible su cabeza y la matarán a pedradas. Ellos, en un segundo turno, después de que su papá tire la primera piedra, procederán de la misma forma hasta que la cabeza de su mamá esté reventada y rodeada de un gran charco de sangre. Dentro de la misma educación estaría el apartado de los homosexuales; a estos hay que ahorcarlos suspendiéndoles en puentes o grúas y exhibir sus cuerpos inertes durante varios días como espectáculo ejemplarizante para la población.

Los niños musulmanes observan todas las mañanas salir a sus madres a la calle con su cuerpo y rostros totalmente cubiertos, porque el musulmán piensa que la emancipación de la mujer, tal y como se concibe en Occidente, es responsable de la desintegración de la familia y de una moral sexual permisiva.

Eso sí, el hombre puede vivir en la poligamia y los de mayor poder adquisitivo levantarse las mejores prostitutas de Marbella, perder sumas impúdicas de dinero en el casino y como no pueden comer cerdo, terminar con las langostas de todos los acuarios de los restaurantes de Puerto Banús. Esto no son suposiciones, es algo que yo he presenciado en innumerables ocasiones y durante muchos años.

Estos episodios de una violencia extrema, de un machismo incomprensible, de homofobia, no solo ocurren en países como Pakistán o Irán. En Arabia Saudí o Emiratos Árabes, en ciudades como Dubai, actualmente la cuna del modernismo arquitectónico, donde por ejemplo Occidente celebra el mundial de Fórmula 1, también utilizan las espadas, las grúas y las piedras. Son países con la renta per cápita más elevadas del mundo.

Todo este sin sentido, es lo que los niños presencian y viven desde muy corta edad. En muchos casos, también esta formación va acompañada de tiros y bombas. ¿Cómo podemos explicar a alguien que durante toda su infancia y adolescencia ha vivido en estas condiciones, que no está bien matar belgas?

Dejen descansar en paz a Mahoma, eduquen a sus hijos en el amor, en el cariño, en libertad, en el respeto, expliquen a esos niños que la vida es el obsequio más preciado del mundo que así puede que consigan con el tiempo, el cierre de la fábrica de Yihadistas. Los F18 Hornet de la US Navy no van a resolver nada, de esto estoy seguro.

I.M.A.

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OTRA VEZ LA SINRAZÓN por E.F.B.

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Una vez más, desde este “blog”, nos sumamos a las condolencias por las víctimas de los atentados sucedidos en Bélgica y que son fruto del eterno conflicto de la sinrazón.

Queremos ser tajantes a la hora de decir que no entendemos ni aprobamos ningún tipo de violencia; mucho menos, aquellas formas de ésta que atentan contra la propia vida o la libertad.

Por desgracia, la historia ofrece datos suficientes que invitan a pensar que las confrontaciones impulsadas en nombre de religión son, algo así como una guerra de nunca acabar. Parece claro que el reclutamiento yihadista triunfa entre sectores importantes de la población mundial.

Como circunstancia añadida al grave problema que esto supone, sigue pareciendo que el juego político no se lleva a cabo con la decencia deseable, y en esa tesitura, se difumina cualquier probabilidad de solución.

A los comunes nos queda la esperanza de hacer equiparables, la posibilidad de que estalle una bomba en el metro; con que una maceta caiga sobre alguien desde un balcón. Así, por lo menos, nos resignamos a pensar que somos números para el sorteo de las desdichas cuyas papeletas recibimos por doquier.

Porque, en todo caso somos eso, comunes; que si tuviésemos en nuestra mano: el conocimiento necesario, las herramientas y el poder, no tardaríamos en poner sobre la mesa lo que hubiese que poner para atajar tanto mal.

Es cierto que pensamos que la cuestión entraña enorme dificultad; pero no entendemos los desaciertos de los que tienen peso y representación en la desprestigiada Comunidad Internacional. Muchas veces nos preguntamos que ¡para qué sirve la ONU!, ¡para qué tanta y tan inútil institución!, si no es para solucionar problemas de hambre, de guerras e inmigración: ¿cuál es su verdadera razón de ser?.

Es posible que se utilice como un templo de mercadeo parecido a aquel en el que cogió un gran cabrero Jesús. Lo que pasa, es que dos mil dieciséis años más tarde del acontecimiento bíblico; parece mentira que, la humanidad noi haya aprendido la lección.

Con la modernidad ha cambiado el escenario, pero la moneda que impera, sigue siendo un descontrolado egoísmo, que tiene en las armas y el petróleo su más importante valor.

No nos podemos creer que estos tres elementos: incapacidad, ineficacia e ineptitud, formen parte de la maquinaria de funcionamiento de grandes y antiguos estados con gran tradición democrática; construidos a fuerza de sangre y dolor. Más nos inclinamos a pensar, que los escaños del poder están ocupados por descendientes de aquella generación de víboras que habitó Jerusalén. Por el bien de todos, esperamos que no sea necesaria la llegada de un “enviado” de cualquier nueva religión que pudiese ser malinterpretada: como hacen los yihadistas o como hizo la inquisición.

Entre tanto, bueno será que los mortales no incurramos en los errores que forman el caldo de cultivo de esta creciente discordia internacional. Cuandoi alguien desee formar parte de algún grupo ideológico, religioso o de cualquier otra condición; no estará de más documentarse bebiendo de mil fuentes. Hay que saber distinguir lo limpio de lo sucio sin dudar. No se deben confundir términos como “yihadista” con “migrante” o “refugiado”; tampoco debe haber problemas para distinguir “racismo” y “xenofobia” con “patria” y “libertad”.

Está demostrado, que el sometimiento incondicional a doctrinas que fomentan el odio y el separatismo conducen a caminos de sufrimiento innecesario.

Al final, todos somos perdedores en potencia y víctimas del fanatismo de pensamiento radical.

¡Descansen en paz los muertos, sin excepción!.

E.F.B.