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FÁBRICA DE INDEPENDENTISTAS CATALANES por M.G.B.B.

Antes de los recortes al nuevo Estatuto de Autonomía de hace 4 ó 5 años, los independentistas eran en Catalunya un porcentaje pequeño de la sociedad (Esquerra Republicana, la CUP y poco más), siendo, la mayoría, simplemente catalanistas y, unos pocos, solo españolistas.

Excepto estos últimos todos somos bilingües y tolerantes, respetando siempre la lengua de los recién llegados e incluso de aquellos que reniegan de la nuestra a pesar de vivir en Catalunya.

El nuevo Estatuto, similar al que tienen otras autonomías, hacía justicia a reivindicaciones históricas, equilibrando además un poco las balanzas fiscales con respecto a lo aportado al Estado español y lo devuelto por éste.

Fue aprobado en el Parlament catalá por más de un 85% de los votos de los diputados (una sobrada mayoría absoluta), y en Madrid también por una amplia mayoría.

Sin embargo, el Tribunal Constitucional, a instancias del PP, lo rechazó, creando en Catalunya una gran frustración y sentimiento de no ser queridos por España.

Somos una comunidad autónoma que aporta como la que más, y por el contrario de las que menos recibe (que menos le devuelven), y aún así tenemos que escuchar a diario desde el Gobierno central que somos insolidarios, tacaños y, ahora, además, radicales y descerebrados. Antigua estrategia que se utiliza para demonizarnos y conseguir así votos nacionalistas españoles.

¡Esto sí crea división social, pero en Catalunya no lo creen ni los más anticatalanistas!.

Tras quedarnos sin el nuevo Estatuto salimos a la calle más de dos millones de personas para manifestar pacífica y democráticamente nuestro descontento, mostrando al mundo una imagen ejemplar en la manera de reivindicar nuestros derechos y libertades que reclamamos desde siempre como pueblo que somos con una lengua, costumbres e historia propios, y sin pedir nada que no sea nuestro o que no hayamos ganado con nuestro trabajo.

De seis millones de habitantes, más de dos desfilaron por las calles de Barcelona, admirando a todos aquellos que lo vieron por televisión desde cualquier lugar del mundo.

Todos menos a los que iba dirigido, y que lejos de leer el mensaje se han dedicado a intentar minimizar la inmensidad proporcional que esta manifestación significó, manipulando medios de comunicación para engañar y confundir a los españoles que no puede entender lo que realmente pasa en Catalunya por falta de una información neutral.

El temor del Gobierno Central a este movimiento social capaz de juntar a más del 30% de la población en una sola manifestación, algo nunca visto en Europa ni en el mundo, provocó una reacción contraria con más recortes e impugnaciones de las leyes y/o resoluciones aprobadas en el Parlament catalá, lo que a su vez creó un sentimiento de indignación generalizado en Catalunya provocando un gran incremento de los independentistas hasta llegar a la mayoría y situación actual.

El Gobierno central actuaba como una gran fábrica de independentistas catalanes, y todos sus movimiento posteriores han seguido la misma línea hasta llegar a las incomprensibles cargas policiales que nos recordaron a otros tiempos más grises.

Hacer creer a los españoles que somos cuatro descerebrados radicales los que pedimos ahora la independencia, es una falacia, un engaño a la sociedad, y una necedad de políticos incompetentes.

Catalunya clama justicia y equidad, y la independencia es el fruto del “no a todo”.

Los cuatro descerebrados somos una mayoría formada por los herederos de los inmigrantes y los que venimos de muchas generaciones de familias catalanas.

Sí, en los años 60 llegaron a Catalunya, más de un millón de inmigrantes venidos principalmente de Andalucía. Muchos de ellos se casaron con catalanas y catalanes y pronto florecieron y se convirtieron en buenos empresarios, profesionales y trabajadores, formando parte del tejido industrial, comercial y social catalán, haciendo suyas nuestras costumbres, tradiciones y lengua, y llegando incluso a la presidencia de la Generalitat como fue el caso del President José Montilla.

Hoy, los nietos de esos inmigrantes, llenan las manifestaciones independentistas, y se sienten y los sentimos igual de catalanes que los que más, a pesar de las mentiras que hemos de escuchar en este sentido desde el Gobierno central.

Y no hay radicalización ninguna en las escuelas, eso es otra falacia de unos pocos que menosprecian nuestra lengua e identidad propias y quieren hablar solo en castellano.

La fábrica de independentistas catalanes hace que la mayoría de los llegados desde diferentes partes de España acaben pidiendo una República Catalana.

Deberían preguntarse por qué y no esconder esta realidad social en Catalunya que no tiene vuelta atrás. Independencia o un estatuto digno y justo.

Por M.G.B.B.

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