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CADENA PERPETUA por E.V.M.

El tema de esta exposición, es el título de una película. Para todos aquellos que la habéis visto, quizá recordéis inmediatamente esta pregunta: “Y tú por qué estás aquí?

Es muy normal aquí en prisión, es lo primero que te preguntan al entrar. Pero yo quiero hacer otra pregunta que invita a la reflexión ¿para qué estoy yo aquí?

Pues personalmente pienso que la primera pregunta, muchos la contestan sin pensar más, solo en el hecho que lo trajo hasta aquí. Sobre la primer pregunta poco podemos hacer ya. En cambio, la segunda pregunta implica mucho más en nosotros mismos, la acción en mi y hacia los demás presos.

El trabajo en sí mismo, significa poder identificar esos errores que producen dolor, tanto a nosotros mismos como aquellos que nos rodean. Tenemos que identificar comportamientos nocivos, que solo tuercen nuestros pasos en el caminar por la vida.

Yo, personalmente, desde mi celda 116 del Módulo 12, trato cada día de aclarar en mi mente el sentido de todo, en especial el hecho de, para qué estoy aquí. Descubro que hay cosas que no sabía y que suceden en circunstancias como estas, en prisión.

Desde la libertad, nunca tuve un pensamiento de lo que sería este lugar, estar preso, sin la tan anhelada libertad. Pero tras estos muros de hormigón fríos, grises, altos y con rejas, voy descubriendo aspectos de mí que antes no veía.

El primero, es compartir un pequeño habitáculo llamado en la jerga carcelaria: “chabolo”, donde dos personas que nunca se conocieron tienen que compartir juntos. Es un reto y un desafío, hacer cambios en uno mismo para tener una buena convivencia con el compañero.

Segundo, aprendes de la soledad aunque haya más personas cerca. Controlar tu tristeza y lágrimas, sin saber qué mano te ayudará o qué palabra de ánimo recibirás.

Estoy sorprendido de comprobar lo que la amistad significa en un lugar como este. Ayudar a otros internos en la medida de mis posibilidades, tomar esta nueva situación con calma, un alto o punto de reflexión en la vida para poder ser mejores seres humanos estando en libertad.

Creo que de la segunda pregunta planteada aquí antes, para todos, yo ya estoy dando respuesta en una pequeña parte de todo lo que implica y seguro estoy que muchos también responderéis de forma positiva a esta reflexión.

Cuando otra vez me pregunten ¿por qué estoy aquí?, responderé: para aprender… nunca olvidemos que “un santo no es sino un pecador que perdura intentándolo de nuevo”.

E.V.M.

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LOS CRISTALES DEL AMOR por I.M.A.

Hoy es sábado, el día que nos toca reunirnos con nuestras familias a través de un vidrio.

Un sábado más que a las familias les toca pagar una parte de nuestra condena. No sé exactamente en qué proporción, familia tanto, nosotros tanto, ni idea. Pero a pesar de que cada caso es diferente, de lo que no me cabe la menor duda es que la de ellos es muy grande, por lo general superior a la nuestra.

Cada vez que llego al locutorio, me resulta difícil no sentir compasión y cierta dosis de empatía en el momento que veo como esas mujeres, cargadas con niños, acuden puntualmente al encuentro de sus maridos o parejas. Generalmente, esos alevines corren por el pasillo para llegar rápido a la cabina donde se encuentra su padre. Ellos saben que el tiempo del que disponen para compartir es poco y pasa rápido. Cada semana soy testigo de estos encuentros y cada semana pienso en la valentía y el coraje de estas mujeres. Son madres que en su mayoría están solas, sin ninguna ayuda, trabajando como mulas para poder tirar de un carro de dimensiones extraordinarias, con un único objetivo: sacar a sus hijos adelante. Pero nadie se acuerda de ellas.

Se presentan aquí con la esperanza de que la pesadilla que están viviendo pueda algún día terminar, y con ese deseo constante de poder ver pronto a sus maridos entrar por la puerta de casa.

Acabo de recorrer ciento cincuenta metros del módulo al locutorio, y he llegado empapado. Llueve mucho. Inmediatamente me viene la imagen de esas mujeres caminando desde la marquesina de la parada del autobús hasta la entrada de la prisión, muchas de ellas con algún bebé en brazos. La distancia que ellas recorren no se asemeja a mis ciento cincuenta metros, sino que es un trayecto que con toda probabilidad alcanza el kilómetro, no lo he medido, pero parece una larga caminata. Y es que el horario del autobús que llega hasta la entrada de la prisión, por surrealista que parezca, no siempre coincide con los horarios de las comunicaciones. Un poquito más de condena para las familias parece ser que sacia la sed de un sistema ejecutor. Una sociedad que de forma incesante aclama venganza.

Teléfono en mano, estoy hablando con los míos y escucho como un interno, a voz en grito, reclama a su mujer una serie de exigencias recriminando una retahíla de estupideces. Todo ello, en presencia de dos niños, de sus hijos.

Como no podía ser de otra forma, este tipo de individuos necesitan culpabilizar a las familias, de esta forma ellos consiguen temporalmente liberarse del peso de sus propios hierros. El dolor que originan no es importante, lo importante es que ellos, egoístas y vampiros emocionales, consigan arrastrar a los demás al terreno de sus frustraciones. El modo y el como no tienen ninguna relevancia.

Escucho un golpe en el cristal. Es el momento en el que el recluso desahoga toda su ira contra ella. Uno de los niños comienza a llorar y ante la escena se me encoje el corazón y siento odio, mucho odio contra ese animal.

En este preciso instante tengo deseos de reventarle una silla en la cabeza, pero hay razones para no hacerlo, la primera: están sus hijos y ya han visto demasiado, la segunda: me meten un parte, lo que me dejaría sin permisos, previo inminente cambio de módulo. La tercera, que es la que me conduce a la calma, yo no soy así, no hago esas cosas, no parto sillas en la cabeza de nadie, jamás lo he hecho y este lugar no va a conseguir, ni siquiera en esta lamentable situación, cambiar mis valores, esos que mis padres me transmitieron cuando yo era un niño.

Me hago algunas preguntas: ¿estos energúmenos tienen consciencia de que sus familias, sin comerlo ni beberlo han sido igualmente condenadas? ¿son tan necios para no poder entender el hecho de que el venir aquí para compartir un tiempo con ellos se traduce en un acto de cariño y amor?

En otras ocasiones he tenido que presenciar como muchos padres utilizaban los cuarenta minutos de comunicación única y exclusivamente para regañar y gritar a sus hijos.

Esto me producía mucha pena. Son tan ignorantes e inconsciente que no son capaces de intuir que lo único que ellos quieren es recibir una sonrisa y un beso por el cristal, un “estoy bien, estad tranquilos porque papá os quiere mucho y pronto estará de nuevo con vosotros”.

Gritos y gritos, este es el país de los gritos. Vayas donde vayas, España grita y aquí más y más feo.

Por eso ya no miro otros cristales, permanezco concentrado en mi conversación. Es una forma como otra cualquier de protección emocional.

Las condenas más severas están detrás de esos cristales, están aquistadas en esos niños que necesitan un padre en casa, en esas mujeres que se han visto recluidas en una prisión mucho más dura que la nuestra

¿Tan difícil es poder compartir 45 minutos con la gente que nos quiere con un mínimo de respeto, de cariño y de comprensión?.

Para todas esas mujeres y esos niños que están pagando durísimas condenas por nuestra culpa, mi más enorme reconocimiento, cariño, apoyo y respeto.

I.M.A.


CORAZÓN ENCADENADO por J.M.V.

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Imaginar que este mundo en el que vivimos fuera perfecto, que todos los seres vivos, vivieran en paz y armonía.

Imaginar que sin distinción de razas, ni credos, ni religiones, que los hombres y las mujeres fueran tratados de la misma forma, que no hubiera abusos tanto sociales como humanos, que las leyes fueran justas, que la reinserción laboral fuera real, que los derechos de los menores fueran siempre la primera ley que impera, que la asistencia médica no hiciera distinción entre españoles y extranjeros, que la base principal de la vida fuera el amor entre todos los miembros de la humanidad.

Imaginad que no hubiera cárceles, porque no habría delitos, imaginad que no existiera la droga; así no habrían tanto sufrimiento, no habría tantas y tantas familias rotas por esa maldita sustancia que nos encadena a un mundo de esclavitud eterna,.

Imaginad que yo fuera un buen escritor, así podría plasmar mucho mejor lo que realmente os quiero decir, imaginaos que yo me puedo perdonar por llevar a mi querida y amada mujer (julia) por el infierno de tenerme en prisión, de verdad os digo que imaginéis lo que supone para vuestras esposas, hijos, madres, abuelos, ver a su amor entre rejas, amigos, eso sí es una maldita condena, y no la nuestra.

Dedico estas letras a todas las familias y en especial querida mía a ti, siempre te he querido y siempre te querré.

Por J.M.V.


¿CUÁNTO DURA UNA CONDENA Y QUIÉN LA PAGA? Por EL LOBO TXAPELA

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¿Cuánto dura una condena? Enseguida se le enciende la bombilla a todo el mundo y así mismo se comienza a ironizar; “hombre…, pues lo que ponga en el auto ¿no?, si pone un año, un año si pone diez, diez. Efectivamente, así es sobre el papel, ese papel que lo aguanta todo. Pero ¿Cuál puede ser la realidad?

En algunos casos una pena de un año dura cero días, ya que un año para un condenado sin antecedentes, sin mácula y que un juez así lo considere, no es tiempo suficiente según ley vigente para que el susodicho de con sus huesos en prisión.

En otros casos todo se vuelve muy diferente. Una condena de tiempo “x” será un buen ejemplo. Supongamos una condena de tiempo “x”, de la cual tu abogado te aconseja su apelación, sales de la vista y en ese instante comienza tu condena, el hombre que conduce de regreso a casa, ya no es el mismo hombre que atravesó la puerta del juzgado esta mañana con una pizca de esperanza.

Llegas ante tu familia y comienzas a calibrar a qué miembros de ella les puedes contar y a cuales no, aquellos a quienes informes cumplen condena contigo desde ese mismo momento. Aquí empieza el periplo de idas y venidas en tu mente y en tus decisiones, el sufrimiento, la condena al fin y al cabo.

En algún caso que conozco hasta cuatro años de esta pseudocondena de la que les hablo, hasta entrar en prisión. Cuatro años en los que puede pasar de todo. Uno madruga, se prepara para ir a su trabajo y recorre las camas de su  casa besando la frente de los suyos y diciendo por dentro, señor “qué he hecho?”. Mira hacia los enfermos sintiendo una gran pena al saber que en cualquier momento uno estará entre rejas y o podrá atenderles, mira a los pequeñitos pensando que dentro de no sabe cuánto tiempo, no hasta cuando no podrá cuidarlos, educarlos y mantenerlos. Mira a sus adolescentes y piensa; “la que les dejo, ¡tan jóvenes!”.

Estos últimos son los que pasarán a encargarse de todo cuando te vayas y a los que has decidido; que sí puedes informar del contratiempo, así que en el momento que se lo dices comienzan a pagar contigo. Ellos, con sus cerebros sin terminar, lloran al pensar la que les ha caído, tú con el tuyo anulado por las circunstancias pasas a no gestionar bien tus sentimientos y por ende tus actos, y en esos cuatro años de los que hablaba es fácil que todavía cometa uno algún error más, llevado por la desidia, por la desesperación y por la incertidumbre.

Así hasta que llega el día, ya solo queda contárselo a todos o casi todos, eso ya a criterio de cada cual, algunos en su día optamos por dejar fuera a los pequeñitos, o en otros casos a los demasiado mayores o a los enfermos.

De todos modos ¿qué cuenta echamos ahora? ¿cómo sumamos esto?, y por otro lado ¿quién o quienes cumplen la condena?. Preguntas delicadas de contestar, pero reales, con respuestas dolorosas para todos, los condenados y los fríamente llamados daños colaterales.

Primero que he evitado narrar detalles de mi caso personal, ya que considero que se me ha entendido perfectamente sin necesidad de dejar al lector con el alma en un puño. Entonces… ¿cuánto dura una condena? ¿quién o quienes la pagan?.

Por El Lobo Txapela


DE PROCESIÓN A LA PRISIÓN por Cucho (Colaboración desde el exterior)

la cruz reflexión

Estos días de procesiones pensando despacio lo que en el fondo es, simplificando muchísimo y sin querer ser irreverente ni ofensivo con nadie, me he dado cuenta que es la historia de un preso hace 2000 años.

Dios  quiso nacer en la forma más humilde y morir entre los que más sufren, fracasados de la sociedad, esto no ha cambiado tanto para los presos , solo se ha sofisticado  y encima quiere la sociedad pedirle perdón teniendo otros 60.000 Jesús en sus cárceles.

Mientras esperaba entre paso y paso en una de las pesadas procesiones de Valladolid  pensé, pobre hombre si llega a caer ahora, e imagine la entrada de un Dios hecho hombre en la prisión, que locura.

Comenzaría entrando por ingresos donde le ducharían, le darían el mono blanco, le requisarían los objetos, (por ejemplo, si tenía una cruz, se la quitarían),  pasaría por el educador  y luego por el psicólogo, coño podéis imaginar lo que sucedería cuando le dijese al psicólogo que era el hijo de Dios y que su reino no era de este mundo, o cuando dijese al trabajador social que su trabajo es difundir la palabra de su padre por el mundo y salvar almas.

Bueno, ya estaría enfilado, le dirían de todo y como era primerizo le mandarían al 4 seguro y como no sabrían como calificarle le pondrían vigilancia antisuicidios, psicológica, de todo, pobre. Podéis imaginar el cachondeo del  4 después de haber dicho eso de que era hijo de Dios en ingresos.

Como ya llega penado saldría del 4 pronto a un módulo hombre, digo yo que de los tranquilos y todo estaría más o menos controlado hasta que llegase la primera reunión con la psicóloga cuando le preguntase que si era hijo de Dios y que si se arrepiente de su delito, ahí ya la cagamos, que si Vd.  se ríe e mí, que si Vd. con esa actitud no se puede reinsertar, que si Vd. se comerá la condena, bueno un rosario terminando por un, fuera.

Y con el educador que le diría aquello de que como tiene una condena larga intentaré buscarle un trabajo, cuando le diga que tiene ya un trabajo, algo así como cambiar el mundo, eso puede ser la bomba, pero nada comparado cuando le llame si ya le llama la trabajadora social y el buen Jesús con su sinceridad y paciencia la explica que es hijo de José y María , que fue concebido por obra y gracia de Dios y del Espíritu Santo, bueno que terminaría poniendo en la ficha: familia desestructurada, sin apego, etc.

Pero bueno como de la cárcel no pueden echarte y la libertad no se la darían, pues el buen Jesús andaría predicando su verdad por los módulos en que estuviese, es decir andaría por el patio contando que era inocente que su padre es Dios, etc. (suena de algo).

Seguro que con el paso de un poco tiempo tendría discípulos, y otro problema pues un día le llamaría el jefe de seguridad y le diría que tenía una banda y que él era el jefe y ala, denuncia en el juzgado de Colmenar por banda organizada dentro de prisión, y sin mirar más le condenarían a otros ocho años de cárcel, en el mejor de los casos le cambiarían de modulo, la psicóloga de turno haría una asamblea en el módulo y prohibiría que  el buen Jesús asesorase a otros presos , o le mandarían al chopano aislado con la etiqueta de loco y peligroso.

Pero Jesús es bueno y viendo lo efectivo que es la enfermería, se pondría con su infinito poder a curar a compañeros con dolencias importantes, como al pobre hombre que por un glaucoma detectado (solo digo detectado) en prisión se ha quedado ciego, o tal vez al que permanece en prisión habiendo quedado postrado en una silla de ruedas, o a alguno de los que han perdido el juicio y deambulan como zombis por la enfermería sin saber ni siquiera quienes son ni dónde están.

Y ya tiene otro follón, pues le acusarían de intrusismo profesional,  alguno de los humanos doctores le denunciaría al colegio de médicos, y ya está montada, otra vez al juzgado de Colmenar otra condena, otros seis años por practicar la medicina sin estar colegiado.

Como Jesús intenta respetar las leyes humanas, dar a Dios lo que es de Dios y al Cesar (el presidente) lo que es del Cesar, no podría predicar la palabra de su padre, ni quitar el dolor de sus compañeros, pues intentaría por ejemplo luchar por la igualdad en la prisión.

Digo yo que comenzaría por los salarios de los trabajos de la prisión, talleres, lavandería, economatos, ofis, ya sabéis, y vuelta a empezar otra vez los de seguridad, que si te quito las visitas, que si cambio de modulo, que si aislamiento, que a la otra vez al juzgado de Colmenar y otros doce años por sedición.

Aún con su infinita paciencia  y viendo el lugar donde se encontraría y lo que podía hacer digo yo que intentaría transformar algunas actitudes de algunos de los funcionarios (la verdad que pocos) les hablaría con educación, paciencia y respeto, pero corrigiéndoles cuando se confundiesen, fueran injustos, tratasen con desprecio a sus semejantes, etc. Bueno, pues vuelta al calvario, partes, cambio de modulo, aislamiento, y otra vez al juzgado de Colmenar ahora 5 años por faltar el respeto y desobediencia.

Imagino que llegados a este punto el buen Jesús solo, hundido, humillado , tal vez pensaría que en estos 2000 años los hombres solo han cambiado los castigos para refinarlos, que la sociedad ha perfeccionado los métodos de control para que nada cambie, para aislar y ocultar sus fracasos, pues cada preso es un fracaso de la sociedad, que no tienen miramiento alguno y no les importa el sufrimiento que ellos causan , etc., y aunque es una salvajada, tal vez, solo tal vez, creer que había más humanidad en la cruz que en lo que es el actual sistema.

Fuera para todos compañeros


MALDITO DINERO por F.E.E.

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Hasta las flores del campo

están llorando de pena,

no se puede explicar

la causa de mi condena.

Nunca fui un delincuente

un ladrón, ni un asesino

solo el maldito dinero

me desvió del camino.

Hoy lloro como un chiquillo

con los brazos hacia el cielo,

mis lágrimas de amargura

apenas tienen consuelo.

Quisiera pedir perdón

pero no tengo derecho

solo cumplir la condena

que el delito ya está hecho.

Y quiero pedir perdón

a ella esposa de mi alma

que siga pensando en mi

y que no pierda la calma.

Por F.E.E.