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SOLAMENTE ME SIENTO SOLO EN SOLEDAD DESDE QUE TÚ NO ESTÁS por A.T.G

Lloro en el silencio, sueño que vienes a mí, me dices que me quieres y ¿viene después? Melancolía que se sufre por tu ausencia, donde solía haber risas solo hay desesperación, desgarrando su maltrecho corazón, derramando lágrimas de amor.

Lágrimas de amor que distintas son al resto, son lágrimas que dejan huella en el corazón, cuando recorren tus mejillas dejan un rastro de dolor, lágrimas de amor que distintas son al resto, lágrimas que con el tiempo van curando las heridas del sentimiento.

Las heridas del sentimiento, re hacen sentir pequeño y no miento, que el mundo se te viene encima y caes en un profundo llanto son consuelo alguno, es como un día oscuro de tormenta, que hace que me arrepienta y me pregunte ¿por qué aquel día te conocería? Yo pienso que fue el destino, aunque por ti paloma mía, yo perdería la cabeza, y en esta hora fría, solo me queda tu recuerdo.

Solo me queda tu recuerdo, ahora me miras desde el cielo, y aunque sonrío al ver nacer el sol, después de todo sé que yaces en un lugar mejor, siempre estarás en mi pensamiento y dentro de mi ser y con la cabeza bien alta te pido perdón, pues si algún día te he fallado no ha sido mi intención.

No ha sido mi intención, recuerdo perfectamente aquel día en tu salón, insistí que vivieras y me dijiste que no, me duele la tripa mañana me encontraré mejor, pásalo bien con tus amigos disfruta del momento, salí por la puerta sin mirar atrás, sin saber que estaba cerca tu final.

Sin saber que estaba cerca tu final, ahora me pregunto por qué no tome otra decisión, quedándome a tu lado como lo estás tú en mi corazón, ahora he aprendido la lección, solo hay cinco cosas que no vuelven atrás: la oportunidad perdida, la palabra dicha o escrita, y el tiempo, la muerte o la vida y esta maldita decisión.

A.T.G.


LOS CRISTALES DEL AMOR por I.M.A.

Hoy es sábado, el día que nos toca reunirnos con nuestras familias a través de un vidrio.

Un sábado más que a las familias les toca pagar una parte de nuestra condena. No sé exactamente en qué proporción, familia tanto, nosotros tanto, ni idea. Pero a pesar de que cada caso es diferente, de lo que no me cabe la menor duda es que la de ellos es muy grande, por lo general superior a la nuestra.

Cada vez que llego al locutorio, me resulta difícil no sentir compasión y cierta dosis de empatía en el momento que veo como esas mujeres, cargadas con niños, acuden puntualmente al encuentro de sus maridos o parejas. Generalmente, esos alevines corren por el pasillo para llegar rápido a la cabina donde se encuentra su padre. Ellos saben que el tiempo del que disponen para compartir es poco y pasa rápido. Cada semana soy testigo de estos encuentros y cada semana pienso en la valentía y el coraje de estas mujeres. Son madres que en su mayoría están solas, sin ninguna ayuda, trabajando como mulas para poder tirar de un carro de dimensiones extraordinarias, con un único objetivo: sacar a sus hijos adelante. Pero nadie se acuerda de ellas.

Se presentan aquí con la esperanza de que la pesadilla que están viviendo pueda algún día terminar, y con ese deseo constante de poder ver pronto a sus maridos entrar por la puerta de casa.

Acabo de recorrer ciento cincuenta metros del módulo al locutorio, y he llegado empapado. Llueve mucho. Inmediatamente me viene la imagen de esas mujeres caminando desde la marquesina de la parada del autobús hasta la entrada de la prisión, muchas de ellas con algún bebé en brazos. La distancia que ellas recorren no se asemeja a mis ciento cincuenta metros, sino que es un trayecto que con toda probabilidad alcanza el kilómetro, no lo he medido, pero parece una larga caminata. Y es que el horario del autobús que llega hasta la entrada de la prisión, por surrealista que parezca, no siempre coincide con los horarios de las comunicaciones. Un poquito más de condena para las familias parece ser que sacia la sed de un sistema ejecutor. Una sociedad que de forma incesante aclama venganza.

Teléfono en mano, estoy hablando con los míos y escucho como un interno, a voz en grito, reclama a su mujer una serie de exigencias recriminando una retahíla de estupideces. Todo ello, en presencia de dos niños, de sus hijos.

Como no podía ser de otra forma, este tipo de individuos necesitan culpabilizar a las familias, de esta forma ellos consiguen temporalmente liberarse del peso de sus propios hierros. El dolor que originan no es importante, lo importante es que ellos, egoístas y vampiros emocionales, consigan arrastrar a los demás al terreno de sus frustraciones. El modo y el como no tienen ninguna relevancia.

Escucho un golpe en el cristal. Es el momento en el que el recluso desahoga toda su ira contra ella. Uno de los niños comienza a llorar y ante la escena se me encoje el corazón y siento odio, mucho odio contra ese animal.

En este preciso instante tengo deseos de reventarle una silla en la cabeza, pero hay razones para no hacerlo, la primera: están sus hijos y ya han visto demasiado, la segunda: me meten un parte, lo que me dejaría sin permisos, previo inminente cambio de módulo. La tercera, que es la que me conduce a la calma, yo no soy así, no hago esas cosas, no parto sillas en la cabeza de nadie, jamás lo he hecho y este lugar no va a conseguir, ni siquiera en esta lamentable situación, cambiar mis valores, esos que mis padres me transmitieron cuando yo era un niño.

Me hago algunas preguntas: ¿estos energúmenos tienen consciencia de que sus familias, sin comerlo ni beberlo han sido igualmente condenadas? ¿son tan necios para no poder entender el hecho de que el venir aquí para compartir un tiempo con ellos se traduce en un acto de cariño y amor?

En otras ocasiones he tenido que presenciar como muchos padres utilizaban los cuarenta minutos de comunicación única y exclusivamente para regañar y gritar a sus hijos.

Esto me producía mucha pena. Son tan ignorantes e inconsciente que no son capaces de intuir que lo único que ellos quieren es recibir una sonrisa y un beso por el cristal, un “estoy bien, estad tranquilos porque papá os quiere mucho y pronto estará de nuevo con vosotros”.

Gritos y gritos, este es el país de los gritos. Vayas donde vayas, España grita y aquí más y más feo.

Por eso ya no miro otros cristales, permanezco concentrado en mi conversación. Es una forma como otra cualquier de protección emocional.

Las condenas más severas están detrás de esos cristales, están aquistadas en esos niños que necesitan un padre en casa, en esas mujeres que se han visto recluidas en una prisión mucho más dura que la nuestra

¿Tan difícil es poder compartir 45 minutos con la gente que nos quiere con un mínimo de respeto, de cariño y de comprensión?.

Para todas esas mujeres y esos niños que están pagando durísimas condenas por nuestra culpa, mi más enorme reconocimiento, cariño, apoyo y respeto.

I.M.A.


ILUSTRACIÓN 2 por M.P.R.C.

 

M.P.R.C.


RIESGOS por P.B.

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Reírse es arriesgarse a parecer tonto

llorar es arriesgarse a parecer sentimental

ponerse al alcance de otr@ es arriesgarse a exponer el verdadero yo

plantear las ideas y los sueños a los demás es exponerse a perderlo

amar es arriesgar a no ser amad@

vivir es arriesgarse a morir

tener esperanza es arriesgarse a sentirse desesperad@

intentar algo es arriesgarse al fracaso.

Pero un@ tiene que correr riesgos,

porque el mayor riesgo de la vida es no arriesgar nada.

Puedes evitar el sufrimiento y la pena,

pero no podrás aprender, sentir, cambiar, crecer, amar, vivir…

encadenad@s a sus actitudes son esclav@s,

han perdido el derecho a su libertad:

“Sólo la personas que se arriesga es LIBRE”.

P.B.


LA ESCLERÓTICA BLANCA MÁS HUMANOS NOS HACE por F.L.N.

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La tierra ya tenía una larga historia de miles de millones de años, cuando la actividad de diferentes organismos con ciertos elementos a favor, hicieron posible la formación de la vida. Aparecieron luego diversas especies de las que una de la más singular, el género humano.

Hará relativamente poco, unos 10.000 años tan solo, que empezará a comportarse de manera extremadamente peculiar. Si todas desde siempre se adaptaban a su entorno, a pesar de sus cíclicos cambios constantes, nuestra particular especie adaptará, más bien, dicho entorno a su beneficio, modificándolo todo cuanto pudo. Así cuando cada especie dejaba su inevitable huella de su paso por el planeta; esta última dejará grandes y profundas heridas, que haciendo caso a la ley de Murphy, es cuestión de tiempo que se infecten.

Dramatismos a parte, nuestra rareza viene de lejos, tanto para bien como para mal, pero el caso es que la especie prosperó: salvó incontables obstáculos, superó situaciones adversas y sobrevivió a desconcertantes trasformaciones que podían parecer hasta carentes de lógica.

Cambiamos los enormes y afilados colmillo iniciales, al estilo de Drácula, por otros de menor tamaño, más apropiado para los besos. Perdimos masa muscular y ósea, pero ganamos un cerebro más grande y complejo, aunque sin el manual de uso (nobody is perfect).

Con todo y con eso, somos el único animal capaz de juntar la punta del pulgar con la de cualquier otro dedo de la misma mano. También hemos inventado el pensamiento, sentimiento y humor, gracias al complejo y gran cerebro que aún no sabemos usar casi. Además de la imaginación, emoción y conciencia que son aún de monopolio humano. Es que somos la hostia, se podría decir, resulta que es gracias, en gran parte, a esta mirada perfilada en blanco, un rasgo que solo los humanos tenemos de serie.

Varios estudios apuntan que la clave verdadera de nuestra prosperidad y supervivencia reside en la esclerótica en tono claro, nada menos que “el blanco de nuestros ojos”.

Dicen que la especie fue prosperando según fortalecía las colaboraciones, los vínculos e incluso las dependencias, primero entre distintos miembros, luego entre grupos de varios individuos para finalmente construir grandes y prósperas sociedades bien organizadas, como las que conocemos hoy.

Si la colaboración y organización social, o sea, el bien común, fue la base de nuestra prosperidad; los ojos fueron y son una herramienta esencial en el funcionamiento social del ser humano. Y la esclerótica refuerza esta función, haciendo de ellos aún más eficaz. Una ventana a la mente de su portador, ideal para compartir intenciones. Facilita crear el obligado ambiente de confianza necesario para poner en común las cabezas, interconectar los cerebros e intercambiar más que informaciones.

Si un cerebro ya es extraordinario, la suma y colaboración entre varios; aún más asombrosa será con toda seguridad además se sabe que un cerebro es mucho más eficaz que cualquier otro músculo del cuerpo con su fuerza bruta.

Volviendo a la mirada y los ojos, veremos que en la capacidad de dirigir la mirada en una dirección y la cabeza en otra o mover la mirada sin girar la cabeza; casi nos supera el camaleón, que mira con cada ojo en una dirección diferente, si no fuera porque tiene mayor importancia lo nuestro. Que una vez más, gracias a la esclerótica podemos advertir a los demás dónde miramos y a más distancia; detalle muy interesante, cuando la cooperación tiene una mayor relevancia para la supervivencia de la especie.

También recibimos señales hormonales, como la oxitocina que modula nuestras respuestas ante las miradas de otros, a través de ella.

Un experimento reciente, reunió a un grupo de personas desconocidas entre sí; enfrentados por parejas, tan dispares que solo se asemejaban por el blanco de los ojos, literalmente dicho. Les bastó con unos pocos segundos, mirándose a los ojos para que estallara una tormenta de emociones muy contagiosas. Ningún participante pudo librarse de esas fuertes reacciones causadas por alegría, pena, amor, repulsión, miedo, cólera y otras no identificadas, sin necesidad de mediar palabra.

Investigadores de la Universidad de Amsterdam, observaron que tanto los chimpancés como los humanos, imitan el tamaño de la pupila de su interlocutor y la esclerótica sirve para reforzar el efecto de este tipo de interacciones.

Se pudo desarrollar esta función como mecanismo de defensa, dicen H. Kobayashi y S. Khoshima, los primeros en profundizar en el estudio de la esclerótica y suyos son muchas de las teorías aquí vertidas. “Somos capaces de detectar el miedo en los ojos de nuestros congéneres”, explican, “incluso cuando no hay amenaza aparente o consciente: una clara ventaja para la rápida identificación del riesgo”, concluyen.

A diferencia de las señales vocales, la comunicación visual tiene además la conveniencia de ser silenciosa, ideal cuando existe la posibilidad de ser detectados por presas u otros depredadores.

Pero quizá su función más importante hay que buscarla desde el punto d vista de la empatía en general, característica que mejor nos define como “aquel que se compadece de las desgracias de sus semejante, persona tolerante y comprensiva al actuar y juzgar a los demás”, es decir, humano, tal y como lo define la RAE.

Es exactamente lo que soy o debería ser, pero también es lo que veo o debería ver al mirarme a los ojos; a no ser que tengas la esclerótica de otro color.

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F.L.N.


LAS DUDAS por A.Z.E.

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Todo este tiempo que me decías,

Momentos que aprendemos cosas de la vida,

Quédate a mi lado me convencías,

Y ahora que he aprendido no te quiero en mi vida,

Las casualidades no existían

No eran de dos, sino mentiras

Míranos dónde hemos llegado,

Lo que hemos perdido,

Lo que hemos cambiado.

Quiero que sepas que no duermo,

Tú me has desvelado, no ha sido un sueño,

Qué voy a hacer en este día,

Si me abandonas en nuestra cita,

Oh!, por favor, paséame, llévame donde quieras,

Pero respétame. Son pocos minutos los que nos quedan

Pasar tiempo contigo mereció la pena,

Qué maldición, que delicadeza

Verbo, adjetivo,

Vivo, tengo estrella,

Como mujer te he convencido,

Pero como hombre no me doy por aludido.

A.Z.E.


REFLEXIÓN por el LOBO TXAPELA

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La quietud, de la quietud de lo inerte.

El silencio del silencio,

o quizá el sonido del silencio.

La analgesia inútil ante cualquier dolor,

ante el dolor del dolor.

La más absoluta soledad,

la indefensión, la impotencia,

El abandono de uno mismo.

las conversaciones con el diablo,

el pacto con él,

las conversaciones sin terminar,

el pacto sin firmar.

La no intimidad,

la distorsión de la realidad,

la alteración de conciencia

más barata del mundo,

no hace falta ni un céntimo de euro

para flipar, para flipar como nunca

y todo esto cabe en seis metros cuadrados.

Por el Lobo Txapela