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EJEMPLARIZAR por E.F.H.

Empezamos con la creencia que algunos tienen de la palabra “ejemplarizar”.

La creencia de algunos es pensar que “ejemplarizar” es lanzar mensajes a los individuos intimidatorios, amedrentadores, arreándole en todo el morro a todo aquel que sea un díscolo.

Pero realmente lo que significa es “dar ejemplo” que es verdaderamente lo difícil, pues esto se logra a través del comportamiento y no por las medidas correctoras que sean totalmente inadecuadas.

En esto influye bastante la ausencia de educación, y la falta de respeto de los que dan las órdenes y de los ejecutores.

Es justo que conozcamos que no se trata de elementos asilados, pues en caso todas las áreas de poder e instituciones los encontramos. Forman parte de un conjunto o una tendencia muy extendida. Cuya dedicación es hacerse un huevo y una clientela, para darle un aspecto nuevo a lo que ya es muy viejo: que es el trincar y amedrentar.

Somos lo que nosotros mismos hemos hecho de nosotros. Queremos o no somos una democracia representativa, así que no nos podemos sorprender que nos representen todos ellos, unos y otros: los decentes, también los corruptos y cerdos de ambos sexos. Así que no nos podemos sorprender.

Desde hace muchos siglos la picaresca española ha tenido su fama, y seguimos siendo el cultivo de pícaros y otras excelencias, donde otros siempre han estado y seguirán estando en la desesperación y la desgracia.

Lo que nos encontramos es una gran falta de respeto por las instituciones. Aun sabiendo que son muy imperfectas, y por mucho corrupto, defraudador… que lleva toda su vida prácticamente poniendo el huevo en los escaños o en puestos de gran responsabilidad o cambiando de puesto en puesto; por tener que pagarle o granjearle incondicionalmente las deudas políticas contraídas.

El degradarlas más, es una ofensa bien grave a los ciudadanos que creen o creían en las instituciones. Lo que están haciendo es que cada día vaya aumentando el número de incrédulos con respecto a las instituciones y la clase política.

Ejemplarizar implica, dar ejemplo.

E.F.H.

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MENUDO PÁJARO ESTÁS HECHO por E.F.H.

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Me asombro muchísimo cuando en las redes sociales veo con frecuencia una frase: “menudo pájaro estás hecho”.

Me imagino de dónde provienen esas frases tan inteligentes. De personas cobardes que no se identifican y que ellos, son verdaderamente esos grandes pájaros: urracas, destructivas y carroñeras, grajos, por el color que tienen por dentro, águilas carroñeras, hienas siempre sonrientes.

Si piensas un poco y te quedas un rato meditando, te darás cuenta que a lo mejor esas frase se te puede aplicar perfectamente a ti, ¡sin duda puede aplicarse a tu persona! Te explico el por qué, hazte esta pregunta:

¿Has defraudado o evadido impuestos?

¿Has trabajado en negro?

¿No has dado de alta a tus trabajadores o no el tiempo que les correspondía?

¿Has pagado lo que debes?

¿Cuándo has estado trabajando, has cumplido con tus obligaciones?

¿Has vendido ganado, unos en “A” y otros en “B”?

¿Vendes productos en B?

¿Te has beneficiado, engañando en los PAC, cambiando el ganado de una finca a otra o por tráfico de influencias?

¿Has mentido como un verdadero bellaco?

Podríamos seguir enumerando una gran cantidad de incidencias más.

Todos tenemos que entender que mientras nuestros corazones son capaces del amor y la compasión, también están llenos de engaño, falsedad, y traición. Debemos saberlo y guardarnos.

¿Se acuerdan del gigante Goliat, con quien se peleó el pastorcito David? Goliat pensó que era invencible, jamás había perdido una lucha, al erguirse se acobardaban. Era una cosa seria y fea, el mandón de los filisteos.

Pensamos que somos fuertes o tan poderosos o tan sabios que no necesitamos de nadie y de nada. El orgullo infecta, desfila los logros y nos convence que somos los más importantes o los todopoderosos. Vemos a los que están a nuestro alrededor y pensamos que “somos mejores que ellos”.

Cuando estos pensamientos entran a la mente, el orgullo se ha arraigado.

Los creyentes sabemos que Dios odia el orgullo. El primer paso en quitarnos el orgullo es admitir que somos orgullosos. Esto es difícil, pero una prueba sencilla puede confirmar si estás infectado. Si piensas que no eres orgulloso, entonces probablemente, sí lo eres.

Examina tu vida cuidadosamente ¿eres un nuevo rico o antiguo, que te has convertido en un orgulloso presumido y arrogante? Admitirlo es el primer paso hacia la sanidad.

Cuando nuestras acciones cantan un nuevo canto, otros se van a dar cuenta y van a querer acompañarnos. En vez de tacañería, cántales bondad, en lugar de egoísmo, comienza a compartir. La gente se va a dar cuenta.

Después de que se de cuenta de nuestra nueva canción, tenemos que estar dispuestos y saber cómo compartir con ellos de donde viene ese canto… del amor. Esto se debe compartir con todos los que escuchen. ¡Del corazón mana la vida!

Un manantial es la fuente del agua que fluye a un pozo. Se debe mantener puro. Si una fábrica tira desperdicios químicos en el suelo y esos se filtran en la fuente original de agua el manantial está contaminado. Los desperdicios químicos contaminarán el pozo entero y dañará a todos los que usen el agua del pozo.

Es igual con nuestros corazones. Si nuestros corazones, la fuente de todos nuestros pensamientos, palabras y acciones, se envenenan, odas nuestras vidas están contaminadas.

Todos sentirán los efectos de ese veneno, que expulsan a las redes sociales, verdaderos corazones envenenados por el orgullo, la malicia, la avaricia, la especulación, la mala conciencia…

Hay que abandonar la “doble moral” y los golpes de pecho y dejar ya de ser tan fariseos.

E.F.H.


DECÍDELO TÚ por TIBU

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Cuando el protagonista de Hamlet, mientras sostiene entre sus manos una calavera, pronuncia la famosa frase “ser o no ser, ese es el dilema”, realmente deja abierto el dilema entre la libre elección de lo más íntimo del ser humano: ¡la capacidad de elegir entre seguir viviendo, o no!. La eutanasia. También podríamos hablar de suicidio. En mi caso prefiero la primera de las dos palabras, me parece la menos agresiva.

En la cuna de la civilización actual, Grecia, ya se contemplaba su uso, símbolo de la libertad suprema de la voluntad individual, incluso había formas de llevarla a cabo destinadas exclusivamente a las clases altas.

En la época romana, a Séneca se le concedió el privilegio de morir a través de la ingesta de veneno, asistido por su personal de servicio.

En culturas consideradas como ejemplo de sabiduría incluso el suicidio era considerado como el único acto supremo que podía lavar la deshonra. En el Japón medieval si tus actos habían provocado una deshonra que resultaba insoportable el único acto capaz de devolverte la vergüenza perdida era el sepuku. Entre los samuráis incluso el asistir al suicida ritual cortándole la cabeza para ayudarle en la voluntaria muerte era un raro privilegio, considerado un honor. Hoy día, a pesar de estar prohibido, la vieja tradición del sepuku sigue siendo la causa de varios cientos de muertes al año.

Y este acto final, totalmente volitivo, en la sociedad moderna está prohibido. Alegan razones morales y/o religiosas que suelen ser lo normal. Pero realmente creo que la vida, la de cada uno, solamente debe pertenecerle a cada uno, y ello conlleva la singular decisión de continuarla hasta que la naturaleza decida, o terminar con ella en el tiempo y la forma que cada uno desee, libremente, sin necesidad de dar explicación alguna. No conozco a nadie a quien le hayan pedido permiso previamente para nacer, para otorgarle la vida y precisamente por eso, porque nos han obligado a estar aquí, el ser humano debería ser libre para regresar a donde vino.

En la actualidad existen algunos países de los que llaman desarrollados, como Suiza, por ejemplo, en los que el que quiera, de manera libre y singular puede optar por una eutanasia química, que no conlleva convulsiones, ni estertores, ni dolor alguno.

Créame amigo, por mucho que te hayan contado, naces solo y mueres solo, todo lo demás está por ver.

Y no quiero que se me malinterprete, no tengo de momento intención alguna de abandonar este mundo, siempre y cuando mis funciones físicas y mentales trabajen normalmente, solo trato de defender una opción que creo que debería ser legal y libre.

“Puesto que la muerte es tan difícil de sobrellevar, el agotamiento de las fuerzas nos va preparando el terreno” (Schopenhauer).

Y si me paro a pensar en esas raras ironías de la humanidad, saco la conclusión de que uno de los grandes suicidas de la historia fue Cristo, según los cristianos, el propio Dios. Tuvo siemore la opción de salvarse, no obstante su poder en teoría era infinito, pero por las razones que fuesen decidió morir. Y que yo sepa nadie le ha condenado por ello. A partir del cristianismo comenzó la represión. Existen dos medios empleados en la represión: la fuerza física en forma de penalidades legales, o la coacción moral de la opinión pública. Todo ello bajo la excusa que justifica tales actos con el único fin de evitar que el individuo en cuestión, miembro de una supuesta sociedad civilizada, perjudique a los demás.

Sinceramente, aparte de a los limpiadores, forenses y enterradores, no veo a quien pueda perjudicar la eutanasia, y no me vengan con cuestiones morales de familia, amigos, etc. precisamente ellos deben ser los primeros que lo entiendan, cuando no lo apoyen.

Salud y  rock and roll.

Tibu


REMORDIMIENTO por TONY (colaboración desde CP Estremera)

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El remordimiento, y en ello suelen coincidir casi todos los moralistas, es un sentimiento sumamente indeseable. Si has obrado mal, arrepiéntete, enmienda tus equivocaciones en lo posible y esfuérzate por comportate mejor la próxima vez. Pero en ningún caso debes llevar a cambo una morosa meditación sobre tus faltas. Darse revolcones sobre una charca de fango no es la mejor manera de limpiarse.

También todos tenemos moral, yo tengo mi moral, y muchas de las reglas de mi moral son las mismas que las de la ética normal, o como poco análogas a ella. El remordimiento, por ejemplo, para mí es tan indeseable como lo son los errores que lo fomentaron en relación con mis malas acciones. En un futuro, mi maldad debe ser reconocida por mí mismo y, en lo posible, tratare de evitarla. Arrepentirme de los errores cometidos hace veinte años, intentar enmendar un acto fallido para darle la idoneidad que no logré en su momento, perder los  años de madurez en el intento de corregir los pecados que cometí y legados por aquella persona ajena que fue uno mismo en mi juventud, todo ello, sin duda, es vano y fútil. Mis defectos como persona son más que considerables, para poder corregirlos debería volver atrás en el tiempo, como el hombre que ahora soy, como otra personas que soy, y probablemente hubiese soslayado no sólo algunas faltas cometidas, sino también algunos de los méritos que poseyera originalmente. Aún así, resistiéndome a la tentación de revolcarme en los remordimientos, prefiero dejar tal como está lo bueno y malo de mi imperfecto pasado y tratar de concentrar mis esfuerzos en no volver a equivocarme y tratar de crecer como persona, a pesar de que quizás por variadas circunstancias, a menudo pienso que ya es demasiado tarde, que mi tiempo se agotó para tal propósito.

Otras, sin embargo, creo que merece la pena, al menos enmendar como poco los defectos más graves para quienes me rodean y para mí mismo.

Quizá existan, se me presente u ofrezcan múltiples alternativas, pero claras solo soy capaz de ver dos con cierta seguridad: llevar una vida insensata basada en una utopía o por el contrario que esa vida sea más humana, asumiendo mis errores en muchos aspectos, pero en otros casi la siento igual de extravagante y anormal.

Tony


SEPULCRO BLANQUEADO por J.R.G.

biblia

Mirando hacia el cielo

poseedor de Dios

pisando la tierra

y mirando hacia abajo

con biblia en la mano

juzgando a tu hermano

colocando leyes

enviado del Creador.

Cubriendo tu culpa

sepulcro blanqueado

oveja que tose

caga y mea igual,

mirando a los otros

los ves como lobos

viviendo tu farsa

y sin caridad.

Y miras la biblia

para comparar

sintiéndote grade

y pensándote más.

Todas magdalenas

o hijos de Adán

que van a tu lado

pecadores más

son malditos del Diablo

hijos de Satanás.

J.R.G.

 


PERSPECTIVAS DEL YO por TIBU

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Cuando hablamos de nosotros mismos ordinariamente, hablamos de ”yo”. Decimos “yo hice esto” o “yo pienso esto”, de manera singular, pero todo es un error. El hombre es un ser plural. Ese “yo” único no existe, más bien hay cientos de miles “yoes” en cada uno de nosotros, pero no podemos reconocer la pluralidad de nuestro ser sino a través de la observación y el estudio.

Realmente vivimos con solo una parte mínima de nuestras funciones y nuestras fuerzas, funcionando como máquinas, al desconocer la naturaleza y funciones de nuestro mecanismo. Somos máquinas.

Todas nuestras acciones funcionan con el objeto de lograr la menor resistencia ante la presión de las circunstancias exteriores, lo que nos lleva a usar una parte mínima de nosotros mismos. ¿podemos controlar nuestras emociones? No. Podemos tratar de suprimirlas o sustituir una emoción por otra, pero no podemos controlarlas. Más al contrario, ellas nos controlan a nosotros.

En ese vano intento de controlarlas podemos hacer que nuestro “yo” intelectual decida hacer algo. Pero cuando llega el momento de llevarlo a cabo, podemos encontrarnos haciendo exactamente lo contrario. Si las circunstancias son favorables, quizá el resultado sea el deseado, pero a poco que sean desfavorables haremos todo lo que ellas, las circunstancias, nos indiquen.

En definitiva, no controlamos las acciones, somos máquinas y las circunstancias exteriores gobiernan nuestras acciones sin tener en cuenta nuestros deseos. Y no podemos controlar nuestras acciones porque estamos divididos. Dentro de nosotros hay dos partes: una fuerte u otra débil, y conviven en direcciones opuestas, si la fuerte crece la débil lo hará también, y se convertirá en una fuerza negativa, a menos que aprendamos a controlarla.

Si supiésemos detener nuestras acciones ya la cosa sería distinta. Solamente cuando se alcanza cierto nivel de ser, se puede controlar cada parte nuestra; pero tal como somos ahora, si siquiera podemos hacer lo que decidimos.

De tal manera, un mentiroso no mejora al volverse veraz, porque es la misma cosa. Al principio, dice mentiras mecánicamente porque no puede decir la verdad; después dirá la verdad mecánicamente porque ahora le resulta más fácil. La verdad y la mentira solo tienen valor con nosotros mismos si podemos controlarlas. Tal como somos no podemos ser morales, porque somos mecánicos. La moralidad es relativa, subjetiva, contradictoria y mecánica. Dependiendo si actúa el “yo físico”, el “yo emocional”, o el “yo intelectual”, existirá una norma moral yo otra. En cada hombre la máquina está dividida en tres centros.

Parémonos a pensar: ¿qué tipo de yo es el que está trabajando en este momento?, ¿pertenece a mi centro intelectual, emocional o al motor?. Probablemente encontraremos que es muy diferente a lo que imaginamos, pero es seguro que será uno de ellos.

Si pudiéramos controlar todas las fuerzas que controlan nuestros centros, entonces podríamos ser morales. Actuamos mecánicamente en todo lo que hacemos y las máquinas no pueden ser morales. Nos preguntaremos, ¿cómo podemos alcanzar el control de nosotros mismos?. Pues claro que no, solo podemos modificarnos un poco. Pero con ayuda de afuera, podemos hacerlo en mayor medida.

El esoterismo dice que la Humanidad consiste en dos círculos: uno grande exterior, que abarca a todos los seres humanos, y otro pequeño, situado en el centro del grande, limitado a personas instruidas y con comprensión. La instrucción verdadera, la única que puede cambiarnos solo puede venir de este centro, pero por nosotros mismos no podemos cambiarnos, esto solo puede venir desde afuera.

El hombre moderno de nuestra era ya de por sí tiene un gran acopio de conocimiento, pero ese conocimiento está basado en percepciones sensoriales, como las de los niños. Con el desarrollo de nuestro ser, podemos encontrar un estado más elevado de conciencia. El cambio del conocimiento proviene del cambio del ser. El conocimiento en sí mismo no es nada. En primer lugar debemos tener el conocimiento de sí, y con su ayuda aprenderemos a cambiarnos, si es que queremos cambiar.

Hay varios estados de conciencia:

  1. El sueño, en el cual nuestra máquina sigue trabajando pero a muy baja presión.
  2. El estado despierto, que es en el que estamos ahora.

Estos son los estados que conoce el hombre normal y corriente.

  1. La conciencia de sí. Es el momento en que el hombre se da cuenta tanto de sí mismo, como de su máquina. Ese estado lo tenemos por destellos, únicamente por destellos. Hay momentos en los que nos damos cuenta no solo de lo que se está haciendo sino también de uno mismo haciéndolo. La conciencia de sí es cuando nos damos cuenta completa y constantemente del “yo” y de lo que está haciendo, y de cuál “yo” se trata.

Ahora bien, se debe observar la máquina cuando está trabajndo. Si se observa en un estado pasivo es más fácil pero es inútil.

Hay más estados más allá del tercer estado de conciencia, pero no hay necesidad de hablar de ello ahora.

De esta observación de sí concluiríamos que:

  1. Que no somos uno.
  2. Que no tenemos control sobre nosotros mismos. No controlamos nuestro propio mecanismo.
  3. No nos recordamos a nosotros mismos. Si pienso: “yo estoy leyendo un libro” y no me doy cuenta qué “yo” está leyendo, es inútil. Solamente cuando sea consciente de qué “yo” está leyendo, es un recuerdo de sí.

Ante todo lo expuesto habría que hacer una elección: tratar de volverse completamente mecánico o completamente consciente. Esta es la bifurcación de los caminos de la cual hablan todas las enseñanzas místicas. Busque en su corazón lo que más desea y si es capaz de hacerlo sabrá qué hacer.

“Dios y microbio son el mismo sistema, la única diferencia está en el número de centros” (Gurdjieff)

Por Tibu


LA MADRE DE HIPÓCRATES por J.R.G.

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Este primer artículo va dedicado a Hipócrates, su juramente y los que lo han tomado (y no se acuerdan).

El galeno ostenta unas gafas grácilmente colgadas en la punta de su nariz. No sé cómo se llama porque es difícil saber algo de alguien que ni siquiera te mira a la cara. Con la vista puesta en un papel gira la cabeza para observar a la enfermera! Y no le interesan las ojeras en los rostros de los presos.

Bien pudiera usar una grabadora para reproducir las preguntas que le hace a todos sus pacientes: “¿qué tiene? ¿se toma las pastillas? ¿algo más?”, pero es posible que no perciba el mismo placer que al formularlas y mirar de reojo al preso (eureka) para rematar con un: ¿usted entiende? ¿lo entiende? ¿entiende?.

“Su apnea del sueño no es una urgencia, no puedo guiarme por el testimonio de su compañero de celda, así me diga que usted se ahoga por la noche, ¿entiende? ¿lo entiende?”.

No máquina, no pastillas, no hay nada. Episodios de apnea muy seguidos, mi compañero experto en contar los segundos de mi ahogo despertándome cada vez que pasan 40 segundos de búsqueda del aire vital.

De que me quejo. Juan recibió un pelotazo en una pierna; le han dicho que lo operan en 15 días y tienes las varices reventadas, mientras tanto (como dice él) “va al pedo, ché”.

¿Al gilipollas de Hipócrates que no tuvo madre en la cárcel cómo se le ocurrió semejante entelequia que no se pone nunca en práctica?.

Mientras tanto espero con ansias los escasos minutos con mi galeno favorito y esperando sus preguntas de cojón, perdón, cajón.

Atentamente: El paciente (nombre asignado a un huevón que debe tener paciencia).

Por J.R.G.