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FLORES por M.R.

Flores: forma plural del sustantivo flor.

Flor: Brote de muchas plantas formado por hojas de colores del que se formará el fruto. Relativo a la virginidad. Piropo.

En la literatura el término “flor” se ha usado en infinitas ocasiones para hacer referencia a la mujer. Es más, nombres de flores han pasado a ser nombres propios como Rosa, Margarita u Hortensia. Buscando más analogías entre las flores y las mujeres, ambas son símbolos y ejemplos de hermosura y belleza. Las dos son la base de la reproducción en su reino. Las dos despiertan emociones y sensaciones. Ambas tienen mecanismos de defensa contra enemigos, pueden herir, y hasta engullir.

En mi vida ha habido muchas e importantes flores; algunas de ellas me han marcado para siempre. En bastantes etapas de mi vida he estado rodeado de ellas.

En el hogar en el que nací y en el que estuve hasta mi mayoría de edad, la figura femenina era tiránicamente predominante. Mi padre no estuvo nunca y mi abuelo poco, pues era médico de urgencias y pasaba poco tiempo en el domicilio. Así que crecí con mi abuela (gran matriarca), su hija mayor (su férrea lugarteniente), su hija menor, o sea mi madre, y mi hermana. Yo desde pequeño he sido muy independiente y solitario, y siempre me costó grandes esfuerzos desembarazarme de sus presionantes y/o asfixiantes presencias. Para muestra un botón. Siendo pequeño, quizá 3 o 4 años, y ante la insistencia de mi hermana en organizarme mis sesiones de juego yo decía: “tú juega con lo tuyo que yo ya juego con lo mío”.

Estas cuatro flores, quiera o no me marcaron. Todas tenían una personalidad muy vehemente, y siendo yo el único varón, y el pequeño de la casa lo pasé, digamos que, complicado. Lo podría llamar “amor mal dirigido”. Años después, mi primera novia, a la postre ex esposa y madre de mi flor favorita, me marcó también para siempre. Esta flor tenía la característica de ponerme de todos los colores: rojo, amarillo, verde, morado, blanco, negro… en fin.

He tenido flores amigas, flores romances, flores jefas. He disfrutado de sus elixires, de sus fragancias y de sus tactos, pero también como todos, he padecido los pinchazos de sus espinas, el escozor de hojas, e incluso sus mordiscos, si se trataba de una planta carnívora, hermosa como pocas, peor letal como ninguna.

Y antes de despedirme, un recordatorio para la flor más fea y más jodida, y quizá más fuerte: el cardo.

M.R.

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NAVIDAD por I.M.L.

Todo empieza el día 22 con el sorteo de la Lotería Nacional. Apenas quedan tres días para Navidad y dos para Noche Buena y las calles ya se aprecian más vacías. El que más y el que menos lleva un número del sorteo y espera ansioso que con suerte los niños de San Ildefonso canten su número, obligando esta acción a pasar toda la mañana pendiente del televisor o de la radio.

A unos pocos afortunados les cambia la vida desde el momento en que se dan cuenta que su número es uno de los tres premios gordos. ¿por qué será, que sea cual sea la cantidad que te toca, todo el mundo dice que la usará para tapar agujeros? Cuando verdaderamente lo que ronda nuestra cabeza es darnos algún “caprichito”.

Apenas 48 horas después, vísperas de navidad, muchas familias se unen para cenar la noches del 24.

Si pudiésemos mirar por un agujerito como pasan las Navidades las familias “católicas”, nos daríamos cuenta de que el dinero no da la felicidad.

Podríamos ver desde una familia humilde compartir un sencillo plato casero en medio de alegría y bullicio en la que no echan en falta nada más. Conformándose con el simple hecho de estar unidos. A una familia acaudalada no tan extensa como la primera, en la que lo que más resalta es la ostentación en la mesa, con costosos alimentos, pero en medio de una fría hipocresía y rostros con una sonrisa pintada.

La primera familia al terminar la cena podrá con suerte disfrutar de algún regalo en el que el costo de este mismo no sea lo primordial, si no el propio detalle. Mientras que la segunda familia seguramente disfrutará de unos regalos más costosos siendo estos de última tecnología pero con otro clima reflejándose en sus caras expresiones de “ya lo sabía” dando por hecho que de ninguna manera se quedarían sin regalo.

La navidad es un fiel ejemplo de la sociedad pocos colectivos le dan a esta fiesta su verdadera significado.

Unas noches en las que creyentes y no creyentes celebran la noche en la que Dios hecho humano vino al mundo una noche para ellos de máxima alegría y demostración de preceptos religiosos, nada parecido a lo que el mundo actual nos ofrece hoy. Puro consumo.

I.M.L.


DESCANSA EN PAZ por BENDRISS

No hubo tregua ¿y ahora qué? Se fue y no se despidió. Me fui y solo dije adiós. Allí, donde tú estás, allí desde donde me observas, es allí donde vamos a terminar.

Se te acabó la vida, la mía acaba de empezar. Quisiera quitar tiempo de mi vida y podértelo entregar. Solo por navegar contigo en tu barca una vez más.

Los remos siguen en su sitio, encadenados a tu humilde embarcación pesquera. Yo sigo encadenado a mi condena y como un ancla es el lastre de soportar la espera.

Dije que volvería, lo juré por encima de todo. Dijiste que me esperarías, pero te llevó y me quedé solo. Bendíceme desde allí donde estés, yo rezaré por ti todas las noches.

Dios te acoja en su seno,  protégeme de mis males y de los ajenos, y reza por mi pronta libertad. Tarde o temprano nos volveremos a encontrar.

El infierno me espera, lucharé por no acabar allí. Lucharé contra mis demonios para acabar junto a ti.

Por Bendriss


ME LLAMO “N” por M.R.

Hola. Me llamo “N”, bueno, mejor dicho, mi nombre empieza por N. No os digo el nombre, por dos motivos: el primero es que el cómo me llame es indiferente al contenido de este relato, y el segundo es que soy muy tímida y muy reservada y me da mucha vergüenza que gente desconocida sepa cómo me llamo. Espero que me entendáis.

Una vez dicho esto, quiero compartir con nosotros cómo veo a mi padre y a su vez haceros un pequeño resumen de mi vida.

Nací el 7 de marzo de 2002 (año capicúa y cifra bonita) en una prestigiosa clínica de Madrid, la cual no voy  a citar porque no me ha pagado por su publicidad.

Mi madre tuvo un embarazo casi perfecto, pongo casi porque la perfección no existe. No tuvo mareos, ni vómitos, ni engordó 20 kg. Hicimos una buena simbiosis mi madre y yo. Mi padre piensa que yo era como una bombilla para ella, es decir, la iluminaba desde dentro, hasta el punto de que mi padre también piensa que esos nueve meses fueron en los que mi madre mejor estuvo. Y es que una, vale lo que vale…

Mi padre, que va de duro, pues le encantan las películas de acción, de guerra y de terror, y además es rockero, en el fondo es un flojeras, pues ve sangre o una operación y se viene abajo, hizo un esfuerzo voluntario y sobresaliente y estuve presente en mi alumbramiento y fue la primera persona que me abrazó.

A los tres meses, fue con él también con quien mantuve mi primera conversación. Obviamente, no pasó del  manido “agó” y “agó”, por ambas partes, pero el pobre se emocionó.

Aquel verano, el de 2002, por lo visto fue el más caluroso de los últimos 75 años y mi madre sufrió una buena gastroenteritis y deshidratación, y otra vez mi padre tuvo que ocuparse – lo mejor que pudo – de nosotras dos.

Lo que hasta ahora os he regalado ha llegado a mi conocimiento oralmente, pues evidentemente era muy pequeña. Dicen los expertos que una persona normal empieza a guardar recuerdos a partir de los dos años, así que mis recuerdos sobre él deben partir de ese periodo de mi vida.

Recuerdo que jugaba mucho conmigo: a veces pintábamos, a veces jugábamos con peluches y otras con coches y muñecas. Tenía la delicadeza de poner siempre música clásica. Nos pasábamos horas y horas en mi habitación o en el salón.

Nos dimos juntos muchos paseos. Cuando había un tramo de escaleras, o una pendiente que subir, o simplemente él consideraba que yo podía estar cansada, me cogía a hombros. En esos ratos en los que me llevaba alta me sentía super segura, era como ir en un gran camión. Nada me podía pasar. Entonces no sé por qué me cantaba una y otra vez una canción de rock que se llamaba “Doctor, doctor”.

Pasé unos años muy felices. En casa aparentemente había paz y armonía. Empecé a ir al colegio, nos íbamos de vacaciones los tres a la playa, a veces con mis abuelos maternos. Como yo misma decía, mi abuela era la que mejor me daba de comer, mi madre la que mejor me vestía y mi papá el que mejor me cuidaba.

Yo pensaba que iba a ser para siempre así. Plena felicidad. Mi padre me dejaba en el colegio por las mañanas con un beso y un abrazo y mi madre me recogía por las tardes con la merienda.

Mi padre no era como el resto de padres. Nunca me regañó. Me explicaba las cosas muy bien. No me gritaba, dialogaba. Pegarme, ni loco. Yo le sentía muy cercano. Dulce, sonriente, comprensivo, fuerte, protector, ¿infantil? Puede. Me hacía reír continuamente.

… pero yo no sabía que mi madre y él ya no se querían.

Que quedaba poco para que mi mundo perfecto se desmoronara. Quiero ser justa y no culpar a uno de los dos. Pero el golpe fue muy duro. Me acuerdo perfectamente del día que se fue.

Había estado los tres en el Parque de Atracciones. Era verano. Cuando llegamos a casa, hablaron algo, como siempre sin gritar y él cogió una maleta, metió su ropa y se marchó. Así de fácil, frío, inexplicable y rápido. Yo no entendía nada.

Después ya nada fue lo mismo. Mi felicidad plena se convirtió en aceptación de la realidad. Las navidades ya fueron frías, las vacaciones perdieron brillo y las fiestas de mi cumpleaños color.

Los dos aun queriéndome mucho y volcándose en mí como siempre, me habían hecho mucho daño. Intentaban explicarme que esa nueva situación era mejor para mí. ¿mejor? ¿en serio? Yo no podía aceptarlo. Fue al cabo de varios años. Cuando adquirí madurez, cuando comprendí el concepto de “daños colaterales”.

Mamá y papá. Os quiero mucho. Gracias por todo lo que habéis hecho por mí.

M.R.


INSPIRACIONES MELANCÓLICAS por N.A.C.

Desde mi “perlacha” (ventana)…

Pienso que cuando hecho un vistazo a mi pasado consigo, en ocasiones, entender mejor mi presente. Solo que también, a la vez, vislumbro un futuro nada halagüeño, poco esperanzador.

Cierto que no resulta divertido en absoluto, más bien desmoralizante; pero sirve al menos para confirmarme los porqués, al mismo tiempo que me reafirma el cómo y cuál es el porvenir a evitar para poder lograr el deseado.

Quizás más alegre y divertido sea cambiar de prisma, inventarme un pasado y presente diferentes para así visualizar un futuro más colorido y prometedor. Como dijo aquel: “de ilusión también se vive”, pero creo que poco o nada me aportaría el entusiasmo con una vida basada en hechos irreales; o sea en un presente y pasado de mentira aunque sean tan verosímiles, igual de falsa será esa ilusión.

Así pues, con el fin de ordenar todas esas ideas sueltas, así como la posibilidad de releerlas en algún otro momento de inspiración y melancolía, que aquí tengo a menudo, las recojo sobre el papel, como en esta ocasión.

Ahora bien, al acceder a compartirlas, más que por exhibicionismo, que lo parece, la experiencia de ver publicada por primera vez de tu pluma, la firma propia; me inspira más dedicarle unas líneas a mi madre (como cada 19 de marzo de hace hoy 9 años), que a ella sí la hará mucha ilusión.

Si además cada uno saca sus propias conclusiones, comparta o no mis reflexiones me daré por satisfecha completamente y más que superadas mis expectativas estarán.

SIEMPRE PIENSO EN TI…

Madrid, 19/03 tal día como hoy la encontraron muerta en un cajero. Tenía tan solo 40 años.

¡A mi madre!

Si al persistir en la mente de quien te quiere, permanece viva de alguna manera; puedo garantizarte que mientras yo viva, tú nunca estarás muerta. Porque me muero para que viva para siempre tu memoria entre todos aquellos que te hemos querido.

Eras perfectamente imperfecta, por eso eres y serás siempre mi preferida.

Sin previo aviso, te fuiste dejando en mí un vacío enorme, hoy, 9 años después, sigue evidente la consecuencia de tu ausencia.

Madre, amiga, confidente, consejera, protectora y amén de funciones más que tu sola ejerciste conmigo y de las que nada puedo reprocharte. Solo puedo darte las gracias y rendirte mi homenaje cada vez que tenga la ocasión.

Si alguien me ha querido de verdad tal como soy, solo fuiste tú. Por ello hago lo posible para que estés siempre orgullosa de mí, aunque no siempre lo consiga.

Espero y deseo que por fin logres alcanzar la paz y descanso que te mereces, aunque sea con un coste tan alto.

R.I.P.

N.A.C.

 


MADRE NO HAY MÁS QUE UNA por J.E.F.

Se dice que en el mundo madre no hay más que una y ese dicho tiene mucha razón porque amores se pueden tener muchos, querer se puede querer a muchas personas, pero lo que no es nuca superable para mí, es el amor de una madre sobre su hijo. Ese amor es tan infinito y ciego como el universo.

Una madre siempre está para su hijo, en los momentos buenos y en los momentos malos. Una madre siempre tiene una comprensión para una mala actitud que su hijo tenga. No significa eso que una madre acepte todo cuanto haga su hijo, pero sí que siempre sabe perdonar y no tiene rencor ni resentimiento para su hijo.

A muchos les faltará su madre por cosas de la vida, otros quizá no tengan contacto con ella por malas decisiones tomadas en el pasado, pero al estar en un lugar como este, es que muchos nos damos cuenta de que ella está ahí y si no está es porque nosotros no dejamos que se acerque o que retome la relación con nosotros.

Nadie es perfecto, pero hay que pensar que ellas no nos trajeron a este mundo para que les diéramos quebraderos de cabeza, ni problemas. Ellas nos dieron la vida para saber disfrutar de ella, y si se quitaron parte de la suya par nuestro cuidado es por eso que creo que nosotros deberíamos pararnos a pensar de vez en cuando y devolverles esos cuidados y momentos de bienestar que ellas nos dieron cuando fuimos niños.

Porque si no fuese por ese ser llamado mujer, nosotros nunca hubiésemos existido, por eso hay que dar las gracias por existir y ser como son con nosotros, a todas las mujeres de este mundo, y tratarlas con respeto, porque son todo en nuestras vidas.

J.E.F.

 


LOS CRISTALES DEL AMOR por I.M.A.

Hoy es sábado, el día que nos toca reunirnos con nuestras familias a través de un vidrio.

Un sábado más que a las familias les toca pagar una parte de nuestra condena. No sé exactamente en qué proporción, familia tanto, nosotros tanto, ni idea. Pero a pesar de que cada caso es diferente, de lo que no me cabe la menor duda es que la de ellos es muy grande, por lo general superior a la nuestra.

Cada vez que llego al locutorio, me resulta difícil no sentir compasión y cierta dosis de empatía en el momento que veo como esas mujeres, cargadas con niños, acuden puntualmente al encuentro de sus maridos o parejas. Generalmente, esos alevines corren por el pasillo para llegar rápido a la cabina donde se encuentra su padre. Ellos saben que el tiempo del que disponen para compartir es poco y pasa rápido. Cada semana soy testigo de estos encuentros y cada semana pienso en la valentía y el coraje de estas mujeres. Son madres que en su mayoría están solas, sin ninguna ayuda, trabajando como mulas para poder tirar de un carro de dimensiones extraordinarias, con un único objetivo: sacar a sus hijos adelante. Pero nadie se acuerda de ellas.

Se presentan aquí con la esperanza de que la pesadilla que están viviendo pueda algún día terminar, y con ese deseo constante de poder ver pronto a sus maridos entrar por la puerta de casa.

Acabo de recorrer ciento cincuenta metros del módulo al locutorio, y he llegado empapado. Llueve mucho. Inmediatamente me viene la imagen de esas mujeres caminando desde la marquesina de la parada del autobús hasta la entrada de la prisión, muchas de ellas con algún bebé en brazos. La distancia que ellas recorren no se asemeja a mis ciento cincuenta metros, sino que es un trayecto que con toda probabilidad alcanza el kilómetro, no lo he medido, pero parece una larga caminata. Y es que el horario del autobús que llega hasta la entrada de la prisión, por surrealista que parezca, no siempre coincide con los horarios de las comunicaciones. Un poquito más de condena para las familias parece ser que sacia la sed de un sistema ejecutor. Una sociedad que de forma incesante aclama venganza.

Teléfono en mano, estoy hablando con los míos y escucho como un interno, a voz en grito, reclama a su mujer una serie de exigencias recriminando una retahíla de estupideces. Todo ello, en presencia de dos niños, de sus hijos.

Como no podía ser de otra forma, este tipo de individuos necesitan culpabilizar a las familias, de esta forma ellos consiguen temporalmente liberarse del peso de sus propios hierros. El dolor que originan no es importante, lo importante es que ellos, egoístas y vampiros emocionales, consigan arrastrar a los demás al terreno de sus frustraciones. El modo y el como no tienen ninguna relevancia.

Escucho un golpe en el cristal. Es el momento en el que el recluso desahoga toda su ira contra ella. Uno de los niños comienza a llorar y ante la escena se me encoje el corazón y siento odio, mucho odio contra ese animal.

En este preciso instante tengo deseos de reventarle una silla en la cabeza, pero hay razones para no hacerlo, la primera: están sus hijos y ya han visto demasiado, la segunda: me meten un parte, lo que me dejaría sin permisos, previo inminente cambio de módulo. La tercera, que es la que me conduce a la calma, yo no soy así, no hago esas cosas, no parto sillas en la cabeza de nadie, jamás lo he hecho y este lugar no va a conseguir, ni siquiera en esta lamentable situación, cambiar mis valores, esos que mis padres me transmitieron cuando yo era un niño.

Me hago algunas preguntas: ¿estos energúmenos tienen consciencia de que sus familias, sin comerlo ni beberlo han sido igualmente condenadas? ¿son tan necios para no poder entender el hecho de que el venir aquí para compartir un tiempo con ellos se traduce en un acto de cariño y amor?

En otras ocasiones he tenido que presenciar como muchos padres utilizaban los cuarenta minutos de comunicación única y exclusivamente para regañar y gritar a sus hijos.

Esto me producía mucha pena. Son tan ignorantes e inconsciente que no son capaces de intuir que lo único que ellos quieren es recibir una sonrisa y un beso por el cristal, un “estoy bien, estad tranquilos porque papá os quiere mucho y pronto estará de nuevo con vosotros”.

Gritos y gritos, este es el país de los gritos. Vayas donde vayas, España grita y aquí más y más feo.

Por eso ya no miro otros cristales, permanezco concentrado en mi conversación. Es una forma como otra cualquier de protección emocional.

Las condenas más severas están detrás de esos cristales, están aquistadas en esos niños que necesitan un padre en casa, en esas mujeres que se han visto recluidas en una prisión mucho más dura que la nuestra

¿Tan difícil es poder compartir 45 minutos con la gente que nos quiere con un mínimo de respeto, de cariño y de comprensión?.

Para todas esas mujeres y esos niños que están pagando durísimas condenas por nuestra culpa, mi más enorme reconocimiento, cariño, apoyo y respeto.

I.M.A.