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EL CAMINO A LA SEGURIDAD por EL NANO

Antes de esta situación de crisis, muchos de nosotros nos preguntábamos por la viabilidad de una sociedad en la que cada vez nos encontramos más aislados en nuestra vida física. Hay que tener en cuenta como muestran las inversiones sobre la inteligencia emocional, que nuestras emociones son relacionales, se generan en la interacción con los demás, y con nosotros mismos, con nuestros sueños y nuestras experiencias pasadas.

Más aislamiento social conlleva, más inestabilidad emocional. Esto hace que me pregunte ¿por qué la gente que entra en prisión no se integra en la sociedad? No se les reeduca o se les reforma y siguen delinquiendo y muchos vuelven a delinquir y cometen los mismos errores del pasado? ¿por qué no se hacen tareas pías para reformar dicho carácter antisocial? Unos por temas de drogas, otros porque se creen Vito Corleone, otros tienen delitos muy graves como una muerte o algo peor, pero creo que todos tendrán que reeducarse para salir de aquí y no volver jamás.

Podían demostrarnos y enseñarnos cinco medidas básicas para nuestro bienestar. Felicidad, salud corporal, propósito en la vida (objetivo vital), resistencia a la depresión, y perseguirlo en sí mismo como algo deseable, esto tiene la capacidad de configurar nuestro comportamiento y nuestra forma de vivir, nuestra personalidad a lo largo del tiempo, tendríamos que quitarnos la idea de la cabeza del dinero fácil que a muchos de nosotros nos ha llevado de cabeza a esta situación. Un comportamiento repetido, una práctica habitual, requiere de nuestro interés y cuidado para lograrla, tiene que ser importante para nosotros, tiene que ser significativa para nosotros. Las prácticas cotidianas de la generosidad que son repetidas a lo largo del tiempo respondiendo a nuestro comportamiento intelectual, tienen la capacidad de reformarnos de diferentes formas que incrementan nuestra felicidad vital.

El apoyo mutuo está inserto en los genes de todos los animales sociales que cooperan para realizar lo que uno no puede hacer solo. Podríamos participar en más actividades en las que nos podamos relacionar todos como iguales ayudándonos los unos a los otros, fomentando el compañerismo y la generosidad, para apoyar la reinserción o el cambio de mentalidad que tienen muchas de las personas que están en prisión y o consiguen dicha reinserción social. Aunque yo pienso que querer es poder.

Eso me hace reflexionar mucho y un día leí que la religión (o como a mí me gusta llamarlo ) la filosofía Budista dice así: es una religión muy sencilla que se basa en ser bondadosos los unos con los otros. Así de fácil es.

Por eso quería añadir una conversación del Dalai Lama con un tibetano. Le torturaron muchos años en la cárcel, al preguntarle si alguna vez había sentido miedo le respondió: “sí me daba miedo una sola cosa. Dejar de sentir compasión por los chinos”. El perdón le sirvió a Lapon-La mientras estuvo en prisión. Al perdonar a los chinos, su experiencia con ellos no empeoró. No sufrió demasiado mental ni emocionalmente. Sabía que no podía huir, así que pensó que era mejor aceptar la realidad que dejarse traumatizar por ella. Esta última frase a mí personalmente me ayudó mucho y espero que a otros les pueda servir para aceptar la realidad e intentar por todos los medios cambiar y no volver a realizar jamás los mismos errores y así nunca más llegar otra vez a estar en esta situación. Hay muchos que no saben perdonar, que echan la culpa a terceros por su situación pero lo principal que tienen que saber y comprender que lo primero que tienen que hacer es perdonarse a sí mismos para estar en paz y poder seguir su vida dignamente y poder seguir su camino.

El Nano

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CURIOSIDADES ESTOICAS por TIBU

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Lucio Anneo Séneca, – político, filósofo, poeta – nació en Córdoba hace unos dos mil años, llegó a ser reconocido como el más brillante orador y poeta romano de su tiempo, un escritor de éxito, un destacado político y el más importante de los filósofos latinos hasta San Agustín.

Durante más de un lustro, como “amicus principis”, el antiguo preceptor de Nerón gobernó de hecho el Imperio Romano. Tuvo admiradores y amigos, y también enemigos que acabaron con su vida.

Acusado falsamente de conspirar contra el Emperador, fue condenado a muerte por éste. Séneca se quitó la vida con la ayuda de sus criados y su médico un día de abril. Como curiosidad histórica hay que notar que el suicido era el modo de ejecución de la sentencia capital que ofrecía a los personajes distinguidos la “clemencia” del príncipe en aquellos años de Imperio.

Este artículo no pretende ser ni una biografía del genial estoico y ni mucho menos una crítica a su obra. Hay algunos detalles sobre su vida y su familia que resultan curiosos y sobre los que la historia ha escrito más bien poco. Vamos a ello:

Hagamos referencia a Saulo de Tarso, San Pablo, y veremos donde confluyen los caminos de ambos. Pablo empezó predicando cada Sabbat en las sinagogas de Corinto, en donde intentaba demostrar con ayuda de las Escrituras que Jesús era el salvador anunciando. De paso, Pablo maldecía la ralea de los judíos y les amenazaba con abrir una escuela rival en la casa de un griego contigo a la sinagoga. Furiosos, los judíos fueron a quejarse ante la autoridad romana que desestimó su denuncia diciéndolos: “Si se trata de un delito o un crimen, aceptaría vuestra denuncia. Pero se trata de desacuerdos sobre palabras, nombres, sobre vuestra propia Ley. Arreglaos entre vosotros, yo no me inmiscuyo”. El dignatario romano que pronunció dichas palabras se llamaba Galión.

De este suceso Saulo nunca escribió palabra alguna. Quien sí lo hizo, y trató al procónsul Galión como un héroe en su relato fue Lucas, San Lucas, compañero de viaje de Saulo de Tarso. Ahora bien, lo que Lucas no dice, seguramente porque lo desconocía, es que Galión, se basa enteramente en el ejercicio de la virtud y la paz del alma que proporciona.  Sus palabras clave son abstención, el retiro, la quietud. La felicidad consiste en ponerse al margen.

Hay que ejercitarse en esta práctica todos los días, en todo momento, liberarse del poder de los afectos, no lamentar, no esperar, no prever, distinguir lo que depende de nosotros de lo que no, si tu hijo se muere convencerse de que no se puede hacer nada.

Séneca era un caballero español que había hecho una carrera fulgurante en Roma, lo cual dice mucho sobre la integración en el Imperio: pasaba por ser la encarnación del espíritu romano y nadie habría pensado nunca que era español, del mismo modo que nadie pensará que San Agustín era argelino. Hombre de letras, autor literario de éxito, gran vulgarizador del estoicismo, era también un cortesano dominado por la ambición. Podría afirmarse que era un avispado hombre de negocios que utilizó sus prebendas y sus redes para convertirse por sí solo en una especie de banco privado y amasar una fortuna valorada en torno a los 360 millones de sestercios, que equivaldría a decir lo mismo en euros. Obviamente todo el mundo conocía las riquezas del filósofo y, de manera lógica, muchos se tomaban a guasa sus elogios sentenciosos al desapego, la frugalidad y el método que aconsejaba para ejercitarse en la pobreza: una vez por semana comer un pan tosco y dormir en el suelo.

Para defenderse de estas críticas, que acabaron convirtiéndose en una conjura y consiguientemente con su vida, primero decía que nunca había pretendido ser un sabio consumado, sino que, a su ritmo, solamente se esfuerza en llegar a serlo. Que al hablar de la virtud no se pone como ejemplo y que al hablar de los vicios piensa ante todo en los suyos, ¡y, además, a la mierda! (sic) nadie ha dicho que el sabio deba rechazar los dones de la fortuna. ¿qué hay de malo en comer en una vajilla de oro si por medio de la meditación te aseguras de que la comida sabe igual de bien en una zafia escudilla?.

No obstante las críticas, merecidas o no, que recibió, Séneca ha dejado un gran legado de escritos magistrales que se han mantenido muy vivos hasta el día de hoy. Ahí van algunos ejemplos:

“Preguntas cuál es el límite conveniente a los riquezas? Primero tener lo necesario, luego lo suficiente”.

“Recógele en tu interior cuanto te sea posible; habla con los que han de hacerte mejor; acoge a aquellos a los que tú puedes mejorar. Tales acciones se realizan a un tiempo y los hombres, enseñando, aprenden”.

“No es feliz quien no piensa que lo es”.

“Ea! Este es mi último día; caso de no serlo, está más cerca del último”.

“Morimos cada día; cada día, en efecto, se nos arrebata una parte de la vida y aún en su mismo periodo de crecimiento decrece la vida. Perdimos la infancia, luego la puericia, después la adolescencia. Todo el tiempo que ha transcurrido hasta ayer, se nos fue; este mismo día, en que vivimos lo repartimos con la muerte. Como a la clepsidra no la vacía la última gota de agua, sino todas las que antes se han escurrido, así la última hora, en la que dejamos de existir, no causa ella la muerte, sino que solamente la consuma. Entonces llegamos al final, pero ya hacía tiempo que nos íbamos acercando”.

Por Tibu


DEPRISA, DEPRISA por TIBU

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El hombre, el ser humano, está “condenado a ser libre”. Condenado, porque no se ha creado a sí mismo, y libre, porque una vez aquí es responsable de sus actos. De esta somera exposición nos surgen múltiples preguntas acerca del “ser”.

Partamos de la afirmación de que “somos” ya que nuestras percepciones así nos lo dicen, o dicho de otra manera, una vez admitimos nuestra existencia como algo real, surge el concepto de “ser ahí”. Entonces el “ser ahí” existe. El “ser ahí” es, además de un concepto, un ente que en cada caso soy yo mismo. Pues bien, es forzoso que esta determinación del ser del “ser ahí” se comprenda cobre la estructura del “ser en el mundo”. El punto de partida de la analítica del “ser ahí” está en la interpretación y comprensión de esta estructura. El fenómeno indicado con esta expresión permite que se le mire bajo tres puntos:

  • El “en el mundo”; aquí nace el conocimiento de preguntar por la estructura ontológica del “mundo” y de definir la idea de mundanidad como tal. Hay que empezar por poner la vista el “ser en el mundo” por el lado estructural “mundo”. ¿Qué puede decir describir “el mundo” como fenómeno?. Permitir ver los “entes” que se muestras dentro del mundo. El primer paso será entonces una enumeración de lo que haya en el mundo. Los entes de dentro del mundo son las cosas, cosas naturales y cosas dotadas de valor. El hecho de “ser cosas” es el problema. El ser de éstas, es la naturaleza en cuanto tal, el tema primario. Ese carácter del ser de las cosas naturales, de las sustancias, en la que todo se funda, es la sustancialidad. Mundo, si se emplea como concepto óntico, significa la totalidad de los entes que pueden “ser ante los ojos”, dentro del mundo. Si Mundo puede ser el nombre de toda la región que abarque una multiplicidad de entes; por ejemplo, el significado de mundo, al hablar del mundo matemático, será la región de los posibles objetos de la matemática. El mundo personal de cada uno sería el “mundo público del nosotros”, el mundo circundante peculiar y más cercano o doméstico de cada quien, o dicho de otra manera, “el mundo más inmediato”, al que llamaré “intramundo”. Popularmente podríamos aplicarle la expresión “andar por el mundo”, en relación a la circundaneidad de cada mundo singular.

  • El ente que es, en cada caso, en el modo del “ser en el mundo”, lo que se busca es aquello por lo que preguntamos al decir ¿quién?. Esta forma de ser se funda en el modo del cotidiano “ser en sí mismo”, lo que hace visible lo que podemos llamar “el sujeto de lo cotidiano”, el “uno”. El “uno” es inmediatamente y de forma regular poseído por su mundo.
  • El “ser en”. En este sentido se trata de la forma de ser de un ente que es “en otro”, como el agua en el vaso o el vestido en el armario. Esta “relación de ser” es susceptible de ampliación, por ejemplo, el banco está en el aula, el aula en la Universidad, la Universidad está en la ciudad, etc., etc. hasta llegar a decir que el banco está en el espacio cósmico. Este postulado podrías desarrollarse en la teoría de las octavas, expuesta en otro escrito anterior. Al final, desembocamos en la afirmación taxativa de que el tamaño no existe como tal, es relativo, o, como decías Hermes Trimegisto “como es arriba es abajo”.

Resumiendo lo anteriormente expuesto de una manera más “cotidiana”, podríamos decir que cada persona en su intramundo se crea a partir de las decisiones que, de manera singular, adopta en determinados momentos de su existencia. Y es precisamente la adopción de esas decisiones y sus consecuencias lo que determina el intramundo particular y a la vez universal de cada sujeto. Hablamos obviamente de aquellas decisiones trascendentes que marcan de una manera trascendental la existencia del individuo. Si partimos de la base de que por el hecho de estar condenados a ser libres, desde nuestro nacimiento todos estamos iniciando el camino desde el Km cero, toda nuestra existencia vendrá de una manera u otra a determinarse por la consecuencia de nuestras decisiones tomadas libremente. Es obvio que el fumador lo es porque en algún memento de su vida decide serlo, o el aventurero recorre el Amazonas por iniciativa propia, etc, etc.

El mundo actual en el que vivimos interfiere de manera directa en nuestro intramundo, al igual que el mundo circundante a cada cual casi siempre condiciona nuestra conducta individual. De manera clara el extracto social y cultural a partir del cual comienza a desarrollarse cada intramundo proporcionará las condiciones precisas para que cada uno adopte aquellas decisiones que conformarán su vida. Es obvio que el mundo moral, espiritual, que de alguna manera conformó los inicios de la humanidad ha perdido la batalla ante el consumo, el capitalismo caníbal y el poder más crudo. Sería lógico pensar pues que alguien nacido en un entorno social desprovisto de cultura, o de su afición y aprecio por ella y de los desapegos morales que conlleva tal carencia, podrá contemplar la delincuencia como un medio de sustentación que alimente el intramundo que, en un determinado momento, creó, como reflejo de la oferta que una y otra vez recibe de la sociedad actual.

De todas maneras, estos pensamientos gratuitos que estoy exponiendo aquí no me ayudan mucho a comprender por qué un compañero que conocí en la prisión, después de tres años interno, sale por fin en tercer grado, prometiendo a todos, y supongo que a sí mismo, que su vida iba a cambiar, que había comprendido que su camino debía ser otro, y un mes apenas más tarde, vuelve a entrar en prisión…

Deprisa, deprisa.

Por Tibu


EL LIBRETO DE LA CONCIENCIA por I.M.A.

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En 1842 Giuseppe Verdi estrenaba la ópera Nabucco en la Scala de Milán.

Verdi, había perdido a sus dos hijos y a su mujer durante los años anteriores a cumplir los veintisiete. Como consecuencia de tan trágicos episodios, el genial compositor se sumergió en una gran depresión abandonando por completo la composición y limitando su rutina a una habitación de donde solo salía para ir a almorzar a un pequeño restaurante ubicado a pocos metros de su casa.

Su vida, carecía de sentido y la horrible pérdida que había sufrido, le tenía inmerso en el más profundo sentimiento de culpabilidad.

Sucedió un día que mientras Verdi se encontraba en el restaurante, entró por la puerta Bartolomeo Merell, director de la Scala de Milán, tomó asiento en la mesa del músico y sin demora trató de entregarle el libreto de Nabucco. Verdi lo rechazó. Merell insistió e insistió, pero la negativa del maestro fue inapelable.

Bartolomeo mientras se despedía y sin que Giuseppe se percatara, introdujo el libreto en uno de los bolsillos del abrigo del músico y cuando llegó a su casa, al despojarse de la prenda, el libreto cayó al suelo quedando abierto por una de las páginas. En esta página observó un verso y como si de un mensaje en clave se tratara, le llamó enormemente la atención. Tanto le sorprendió que fue lo que en él provocó recuperar de nuevo su fuerza e inspiración. Inmediatamente comenzó a trabajar con la que sería una de las óperas más importantes en la historia de la música.

Tras unos meses se iniciaron los ensayos en la Scala de Milán. Tan impactante era la música creada para aquel libreto, que hubo que cerrar el auditorio para evitar la entrada masiva de las gentes de los alrededores. Era una música diferente a lo creado con anterioridad. Verdi era un compositor belcantista por excelencia, pero a partir de Nabucco, el romanticismo del Siglo XIX da un giro en las armonías, son composiciones muy potentes, de una fuerza extraordinaria y además, en el caso de Nabucco, se produce algo realmente vanguardista, los grandes protagonistas en las óperas, tenores y sopranos, pasan a un segundo plano, dejando el peso de la obra a los coros y a los barítonos. En la actualidad, a los grandes barítonos del circuito operístico mundial se les piropea con el sobrenombre de “Barítono Verdiano”.

Para el estreno de Nabucco, Giuseppe Verdi contrata para el papel de Abigail a la soprano Guiseppina, quien desgarra sus cuerdas vocales en las violentas subidas de décimas que se producen en los agudos finales de las arias del segundo y cuarto acto de la ópera. Quedando musicalmente inválida, Verdi se hace cargo de los cuidados de la cantante y termina por contraer matrimonio con ella.

Nabucco fue un éxito sin precedentes y una referencia para posteriores compositores como Giacomo Puccini o Richard Wagner. De hecho los coros de Nabucco fueron fruto de inspiración e influencia de algunos trabajos de Wagner, como por ejemplo la obertura de Tannhauseer.

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Esta historia extraída de la vida de Giuseppe Verdi, no hace sino confirmar que las pérdidas son las que limpian nuestra mente egótica, que a la vez, producen, una rendición espiritual y nos trasladan hacia el éxito, entendiendo éxito no como el acontecimiento de futuro donde el fin justifica los medios o como el mundo lo define en cuanto al logro de conseguir unos objetivos con el consiguiente reconocimiento social, sino como el hacer infundido con la calidad intemporal del ser.

Es del todo probable que si el compositor no hubiese sufrido la muerte de su familia, nunca habría compuesto Nabucco. Porque Nabucco nace como consecuencia de la rendición espiritual del músico en unas circunstancias concretas y que se producen en un instante determinado. En el momento que debía de ser.

En mayor o menor medida todos los que estamos en prisión hemos sufrido pérdidas, unos económicas, otros familiares, sociales, emocionales, etc. La pregunta es: ¿debemos entender e interiorizar estas pérdidas como un fracaso, una desgracia, un drama, o por el contrario como una oportunidad, una prueba a superar para recuperar nuestro ser y a partir de ahí construir y alcanzar nuestro éxito?. La vida te facilita la experiencia que sea más útil para evolucionar tu conciencia. ¿Y cómo se sabe cuál es?, fácil: la que vives en este preciso instante.

El escritor y maestro espiritual Deprak Chopra habla del “ser”, del “yo” real como el mago que todos llevamos dentro. Ese mago que cuando estamos en conexión con él, como si de la lámpara de Aladino se tratase, crea las condiciones para que nuestros deseos sean concedidos.

Soy de la teoría de que  el delito poco tiene que ver con la entrada en prisión, más bien la justificación y herramienta para poder acceder a la prueba, acceder a la rendición espiritual. De ahí que no todo el que comete delito está en prisión ni todo aquel que está en prisión ha cometido delito.

Si analizamos esta historia, se crean los siguientes episodios: Verdi pierde a su familia (nuestras pérdidas), deja de componer (nuestros fracasos y frustración), se aísla en su habitación (nuestra celda emocional), entra en una rutina depresiva, llena de culpas y rechaza el libreto (resistencias), cae el libro al suelo (rendición), el libro queda abierto por una página donde se encuentra un verso que cambia al músico (reconciliación con el ser y atención al presente), reaparece la creatividad e inspiración, crea obras maestras (permite actuar al mago).

A veces renunciar a las cosas, aceptar las pérdidas, rendirse, tomar conciencia de la situación en presente, es un acto mucho más poderos que defenderlas, justificarlas o aferrarse a ellas, ya que con ello estamos generando el vacío absoluto para regenerar nuestras vidas.

La prisión se puede afrontar de varias maneras, con sentimientos de culpa, de fracaso, de vergüenza y frustración, creando una auténtica obra teatral mental y dramática o como una prueba que la vida nos proporciona para que una vez superada, volvamos a nuestro auténtico “yo”, a nuestro “ser” real en el camino hacia la prosperidad.

De nuestra elección depende nuestro futuro, en realidad todo recorrido de la vida consiste en el paso que estás dando en estos momentos y el resultado en el futuro dependerá de la calidad del mismo. Solo existe ese paso y por eso es tan importante prestarle atención.

I.M.A. 


A IMAGEN Y SEMEJANZA ¿DE QUIÉN? por TIBU

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A finales de los 70, Riddley Scott, dirigió Blade Runner, película que transcurre en un futuro no demasiado lejano y que recrea una particular visión de cómo podrá ser la Humanidad. El hombre, en una incesante búsqueda de ser, a imagen y semejanza de Dios, logra crear humanoides que en el film reciben el nombre de replicantes, facturados como si de seres humanos se tratasen, con el fin de sustituir a las personas en sus tareas. Hay androides cuya función es la guerra, otros van destinados al trabajo, al sexo, al show, etc.

La película dibuja un ambiente entre sórdido y futurista en un hipotético Los Ángeles, que se debate entre ambientes de polución, con calles humeantes, publicidad por doquier, una rara mezcla étnica dominante, y los edificios que se resisten a caer, pugnando por mantenerse erguidos entre la humedad, la dejadez y la decadencia más absoluta.

Para que este ejército de “semihumanos” no se les escape de las manos, se crea un grupo de policías especiales, los blade runners, especializados en la localización y desactivación de aquellos replicantes que, por diferentes motivos, se hayan hecho díscolos y puedan significar un peligro o un estorbo en la decadente y futurista sociedad.

La multinacional que diseña, crea y comercializa los modernos sirvientes se llama “Tyrell Corporation”. De sus entrañas salen por millares los nuevos seres que, a imagen y semejanza de su nuevo Dios, el Hombre, poblarán la Tierra y los nuevos mundos interestelares que la Humanidad ha ido conquistando. La sede de esta multinacional en el largometraje está representada por una pirámide futurista, y en la planta más alta se ubica el despacho de su presidente, quien como si de Dios se hablase, todo lo ve y marca los designios de los androides y vela por el cumplimiento de los fines para los que se les ha creado, que no son otros que servir al hombre.

Un grupo de esos “replicantes” tienen un defecto de fabricación; justo ese grupo son de una serie llamada Nexus, creada con funciones bélicas y para operaciones especiales. Esa “pequeña tara” les hace salirse del patrón para que fueron creados, que por supuesto incluye la obediencia ciega a su creador, y se dan cuenta de que tienen fecha de caducidad (al igual que los hombres) desde el día de su creación. Ellos, los rebeldes Nexus, quieren ser humanos, de hecho en su apariencia lo son, pero para poder serlo al completo, necesitan tener recuerdos, necesitan un pasado. Para ello, buscan y coleccionan fotos familiares de cualquier persona, y ellos mismos se autoengañan y se ven de niños formando parte de una familia imaginaria (en su primera comunión, en el día de su graduación, etc.). Pero con todo y con eso no están conformes y realmente lo que pretenden es tener una conversación con su Creador, el presidente de Tyrel Corporation, para preguntarle el por qué de su existencia, el por qué de su fin, quieren despejar las dudas que les surgen acerca de su propio “ser”.

No quiero desvelar el final para aquellos que no hayan visto la película, considerada como “de culto” por los cinéfilos, solamente añadiré que Nexus 6, el jefe de los rebeldes, consigue acceder a su creador, y ante la carencia de respuestas a sus preguntas, le mata. A su manera, mata a Dios.

El film tiene dos versiones, una más comercial, que es la más conocida y la que gustó a la productora, y otra, que es la visión personal del director, a mi gusto mucho mejor. La música, inmejorable, corrió a cargo de Vangelis, es una auténtica obra maestra. También hay dos versiones, una por película. Ambas son magistrales.

El genial director ahonda con su trabajo en aquello que el ser humano, desde que tiene uso de razón y hasta nuestros días, ha intentado conocer: nuestro origen, y el propio sentido de nuestra existencia. Al fin y al cabo, a quien no le gustaría tener delante a su creador, ¿quién no quisiera hacerle alguna pregunta?.

Toda pregunta es un buscar. Todo buscar tiene su dirección previa que le viene de lo buscado. Las preguntas de los humanoides buscan en la mismas dirección que los humanos.

Con frecuencia oímos a los maestros de todos los credos lamentarse de la dificultad de mantener en el espíritu de los creyentes una concepción viva de la verdad que nominalmente reconocen. Todos los idiomas y todas las literaturas recogen escritos que versan sobre su propia verosimilitud acerca de la creación y su procedencia divina.

Dostoievsky escribe: “si Dios no existiera, todo estaría permitido”. En efecto, todo está permitido si es que Dios no existe y en consecuencia, el hombre está abandonado, porque no encuentra ni dentro, ni fuera de sí una posibilidad de aferrarse. Dicho de otro modo, no hay determinismo, el hombre es libre. Entonces si, por otra parte, Dios no existe, no encontramos frente a nosotros valores y órdenes que legitimen nuestra conducta. Según los existencialistas, el hombre está condenado a ser libre. Condenando, porque no se ha creado a sí mismo, y, sin embargo, libre, porque una vez arrojado al mundo es responsable de todo lo que hace. Piensan pues, que el hombre sin ningún apoyo ni socorro, está destinado a cada instante a inventar al hombre. Entonces, el hombre intenta replegarse sobre sí mismo y encontrar en sí mismo el fundamento del juicio, es decir, el discernimiento de lo verdadero y lo falso. Pero no es culpa suya si incluso ahí no encuentra nada. Nada, sino finitud y mortalidad. A partir de ahí, de la ausencia de respuestas, surge el proceso de la separación del concepto religioso de la conciencia.

Para los seres humanos, “condenados a ser libres por el hecho de nacer”, al igual que para los replicantes, no existen respuestas, solo direcciones mudas y sordas hacia donde hacerlas.

Y la vida, la de cada uno, se parece a una nubecilla sombría que el viento empuja a su antojo.

Shopenhauer define así la vida: “la vida se asemeja a un pago hecho en monedas, que hay que contar pieza a pieza, y del cual es forzoso dar recibo; las monedas son nuestros días y el recibo, la muerte. El tiempo es quien, al final, publica la sentencia de la naturaleza contra todos los seres, deshuyéndolos”.

Tibu  


PERSPECTIVAS DEL YO por TIBU

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Cuando hablamos de nosotros mismos ordinariamente, hablamos de ”yo”. Decimos “yo hice esto” o “yo pienso esto”, de manera singular, pero todo es un error. El hombre es un ser plural. Ese “yo” único no existe, más bien hay cientos de miles “yoes” en cada uno de nosotros, pero no podemos reconocer la pluralidad de nuestro ser sino a través de la observación y el estudio.

Realmente vivimos con solo una parte mínima de nuestras funciones y nuestras fuerzas, funcionando como máquinas, al desconocer la naturaleza y funciones de nuestro mecanismo. Somos máquinas.

Todas nuestras acciones funcionan con el objeto de lograr la menor resistencia ante la presión de las circunstancias exteriores, lo que nos lleva a usar una parte mínima de nosotros mismos. ¿podemos controlar nuestras emociones? No. Podemos tratar de suprimirlas o sustituir una emoción por otra, pero no podemos controlarlas. Más al contrario, ellas nos controlan a nosotros.

En ese vano intento de controlarlas podemos hacer que nuestro “yo” intelectual decida hacer algo. Pero cuando llega el momento de llevarlo a cabo, podemos encontrarnos haciendo exactamente lo contrario. Si las circunstancias son favorables, quizá el resultado sea el deseado, pero a poco que sean desfavorables haremos todo lo que ellas, las circunstancias, nos indiquen.

En definitiva, no controlamos las acciones, somos máquinas y las circunstancias exteriores gobiernan nuestras acciones sin tener en cuenta nuestros deseos. Y no podemos controlar nuestras acciones porque estamos divididos. Dentro de nosotros hay dos partes: una fuerte u otra débil, y conviven en direcciones opuestas, si la fuerte crece la débil lo hará también, y se convertirá en una fuerza negativa, a menos que aprendamos a controlarla.

Si supiésemos detener nuestras acciones ya la cosa sería distinta. Solamente cuando se alcanza cierto nivel de ser, se puede controlar cada parte nuestra; pero tal como somos ahora, si siquiera podemos hacer lo que decidimos.

De tal manera, un mentiroso no mejora al volverse veraz, porque es la misma cosa. Al principio, dice mentiras mecánicamente porque no puede decir la verdad; después dirá la verdad mecánicamente porque ahora le resulta más fácil. La verdad y la mentira solo tienen valor con nosotros mismos si podemos controlarlas. Tal como somos no podemos ser morales, porque somos mecánicos. La moralidad es relativa, subjetiva, contradictoria y mecánica. Dependiendo si actúa el “yo físico”, el “yo emocional”, o el “yo intelectual”, existirá una norma moral yo otra. En cada hombre la máquina está dividida en tres centros.

Parémonos a pensar: ¿qué tipo de yo es el que está trabajando en este momento?, ¿pertenece a mi centro intelectual, emocional o al motor?. Probablemente encontraremos que es muy diferente a lo que imaginamos, pero es seguro que será uno de ellos.

Si pudiéramos controlar todas las fuerzas que controlan nuestros centros, entonces podríamos ser morales. Actuamos mecánicamente en todo lo que hacemos y las máquinas no pueden ser morales. Nos preguntaremos, ¿cómo podemos alcanzar el control de nosotros mismos?. Pues claro que no, solo podemos modificarnos un poco. Pero con ayuda de afuera, podemos hacerlo en mayor medida.

El esoterismo dice que la Humanidad consiste en dos círculos: uno grande exterior, que abarca a todos los seres humanos, y otro pequeño, situado en el centro del grande, limitado a personas instruidas y con comprensión. La instrucción verdadera, la única que puede cambiarnos solo puede venir de este centro, pero por nosotros mismos no podemos cambiarnos, esto solo puede venir desde afuera.

El hombre moderno de nuestra era ya de por sí tiene un gran acopio de conocimiento, pero ese conocimiento está basado en percepciones sensoriales, como las de los niños. Con el desarrollo de nuestro ser, podemos encontrar un estado más elevado de conciencia. El cambio del conocimiento proviene del cambio del ser. El conocimiento en sí mismo no es nada. En primer lugar debemos tener el conocimiento de sí, y con su ayuda aprenderemos a cambiarnos, si es que queremos cambiar.

Hay varios estados de conciencia:

  1. El sueño, en el cual nuestra máquina sigue trabajando pero a muy baja presión.
  2. El estado despierto, que es en el que estamos ahora.

Estos son los estados que conoce el hombre normal y corriente.

  1. La conciencia de sí. Es el momento en que el hombre se da cuenta tanto de sí mismo, como de su máquina. Ese estado lo tenemos por destellos, únicamente por destellos. Hay momentos en los que nos damos cuenta no solo de lo que se está haciendo sino también de uno mismo haciéndolo. La conciencia de sí es cuando nos damos cuenta completa y constantemente del “yo” y de lo que está haciendo, y de cuál “yo” se trata.

Ahora bien, se debe observar la máquina cuando está trabajndo. Si se observa en un estado pasivo es más fácil pero es inútil.

Hay más estados más allá del tercer estado de conciencia, pero no hay necesidad de hablar de ello ahora.

De esta observación de sí concluiríamos que:

  1. Que no somos uno.
  2. Que no tenemos control sobre nosotros mismos. No controlamos nuestro propio mecanismo.
  3. No nos recordamos a nosotros mismos. Si pienso: “yo estoy leyendo un libro” y no me doy cuenta qué “yo” está leyendo, es inútil. Solamente cuando sea consciente de qué “yo” está leyendo, es un recuerdo de sí.

Ante todo lo expuesto habría que hacer una elección: tratar de volverse completamente mecánico o completamente consciente. Esta es la bifurcación de los caminos de la cual hablan todas las enseñanzas místicas. Busque en su corazón lo que más desea y si es capaz de hacerlo sabrá qué hacer.

“Dios y microbio son el mismo sistema, la única diferencia está en el número de centros” (Gurdjieff)

Por Tibu


QUÉ ES LA FELICIDAD por A.B.A.

Felicidad

¡Amor!, me responden. Pero el amor no da y nunca ha dado la felicidad. Todo lo contrario, siempre es una angustia, un campo de batalla, muchas noches en vela, preguntándonos si estamos haciendo lo correcto. EL verdadero amor está hecho de éxtasis y agonía.

He buscado la felicidad durante mucho tiempo de mi vida; ahora lo que quiero es alegría; la alegría es como el sexo: empieza y acaba. Yo quiero placer. Quiero estar contento ¿pero felicidad? Ya no caigo en esa trampa…

Por A.B.A.