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MADRE NO HAY MÁS QUE UNA por J.E.F.

Se dice que en el mundo madre no hay más que una y ese dicho tiene mucha razón porque amores se pueden tener muchos, querer se puede querer a muchas personas, pero lo que no es nuca superable para mí, es el amor de una madre sobre su hijo. Ese amor es tan infinito y ciego como el universo.

Una madre siempre está para su hijo, en los momentos buenos y en los momentos malos. Una madre siempre tiene una comprensión para una mala actitud que su hijo tenga. No significa eso que una madre acepte todo cuanto haga su hijo, pero sí que siempre sabe perdonar y no tiene rencor ni resentimiento para su hijo.

A muchos les faltará su madre por cosas de la vida, otros quizá no tengan contacto con ella por malas decisiones tomadas en el pasado, pero al estar en un lugar como este, es que muchos nos damos cuenta de que ella está ahí y si no está es porque nosotros no dejamos que se acerque o que retome la relación con nosotros.

Nadie es perfecto, pero hay que pensar que ellas no nos trajeron a este mundo para que les diéramos quebraderos de cabeza, ni problemas. Ellas nos dieron la vida para saber disfrutar de ella, y si se quitaron parte de la suya par nuestro cuidado es por eso que creo que nosotros deberíamos pararnos a pensar de vez en cuando y devolverles esos cuidados y momentos de bienestar que ellas nos dieron cuando fuimos niños.

Porque si no fuese por ese ser llamado mujer, nosotros nunca hubiésemos existido, por eso hay que dar las gracias por existir y ser como son con nosotros, a todas las mujeres de este mundo, y tratarlas con respeto, porque son todo en nuestras vidas.

J.E.F.

 


CARTA A MIS PADRES por J.B.J.

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Cuando el tiempo con su inevitable guadaña

Os arrebató la vida,

Maldije a Dios y maldije al mundo,

Pues nunca esta uno preparado

Para ese fatal desenlace.

Pero un día, cuando a lágrima viva os lloraba,

Mis ojos enrojecidos se cerraron,

Entonces lo entendí.

Cuando miré dentro de mí,

Aparecisteis otra vez y me hicisteis recordar

Que el amor de aquellos que un día

La vida me dieron, nunca marcha.

Su pierdo el camino sé que ahí estáis,

Si pierdo la cordura vuestro amor seguirá conmigo.

Solo me encontraba, hasta que aprendí

A leer mi corazón.

Lejos queda ese niño enfermo

Que tantas noches os quitó,

Que tantos disgustos de adolescente os dio

Y que tanto dolor de adulto os arrojó.

Pero ahora, que por fin en mi vida la luz

Y la razón guían mi alma y mi corazón,

Cerca os tengo otra vez y por fin

En abrazo eterno os llevo junto a mí.

J.B.J.


ACERCÁNDOME A LA LIBERTAD por E.F.B.

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Vendría a ser como la apertura mínima de una cápsula con espacio suficiente para que sólo puedas salir tú de la misma y lo que contigo en la cabeza te quieras llevar. Cualquier cosa que metas en la bolsa que te acompaña, carece de importancia sustancial. ¡Qué sé yo! Alguna prenda de ropa para vestir “lo externo”, si además te queda bien y revitaliza el espíritu juvenil que no debe de perder un cincuentón, tampoco te tiene que importar que la coquetería sea “pecado de vanidad”.

Al fin y al cabo no vive como en sociedad idílica cuyos individuos nos caractericemos, precisamente, por actuar con naturalidad, ni existen entre nosotros grandes reyes de la sencillez. Sin duda, una torpeza de defectuosa humanidad.

Quizá me equivoque al arrancar con esta parrafada filosófica, dando por hecho que “lo profundo” es asunto de interés. Quizá no me he dado cuenta, por intencionalidad de ser leído, que lo que “más vende” suele tener gran carga de superficialidad. Sin embargo, y como quiera que lo que me gusta es escribir, ¿por qué no habría de hacerlo hoy desde la intimidad? Es mi deseo, soy un activo participante del Blog Nómadas y con ello hago un uso legítimo de la oportunidad.

Hablaba de “cápsula” en el encabezamiento, porque tras cinco años de estar encerrado en prisión, se me ha otorgado la confianza para que “sin cadenas” salga de mi cautiverio con el objetivo de “sondear” cómo sería la vida en libertad tras tanto tiempo sin probarla. Setenta y dos horas en un océano temporal inconmensurable por necesidad. ¡Que nadie se alarme porque van a soltar a un preso!, por lo común y salvo escasas – aunque notables algunas – excepciones, la “oveja” suele volver al redil para cumplimentar la deuda social adquirida por el acto reprobable que originó la especial situación. En mi caso ya es pretérito, y esa breve aunque intensa oxigenación, es el detonante de estas letras que escribo al regreso, desde mi celda en Soto del Real.

Cuando salí realicé un ejercicio mental que me permitía obtener una perspectiva secuencial y fotográfica sobre mí mismo analizando aquellos “primeros pasos” fuera de los muros del penal. ¡Una auténtica locura! Una borrachera de sensaciones que se antojan indescriptibles y entre las que me pierdo por caminos muy dispares cuando las intento verbalizar. ¿Os imagináis a un mono de esos pequeñitos al que se le abre la jaula en el zoo y se encuentra ante sí la inmensidad? Pues, salvando las pertinentes distancias entre el primate y mi persona, uno de ellos parecía yo. Torpe, angustiado, expectante, ansioso, analista, tocón. Atorado en un abismo de cien mil preguntas en tiempo récord- Vigilante, orgulloso, sumiso a la vez que altivo. Todo junto y desordenado envuelto en una burbuja ignorada hasta la fecha; una dimensión distinta a lo conocido. ¿Quizá como un vagabundo que con resignación anhela un punto donde sosegarse?, ¿un excomulgado en vías de reconversión que alberga la esperanza de ser perdonado o de encontrar refugio en religión distinta? ¿un apátrida de lo social que pisa territorio extranjero o flota en una tierra de nadie, porque ni se quiere sentir de la cárcel ni se puede sentir de la libertad?-

Bien pudiera parecer que exagero o dramatizo en demasía, pero muchos son quienes podrían dar fe de que poco es cuanto aquí vengo a contar… y sin embargo fui, estuve y volví con ilusiones, que se bañan en la sensibilidad oculta tras la coraza de un “criminal de temporada” que parece haberse dado cuenta del valor de lo que se tiene y de la superioridad que puede llegar a ostentar lo sencillo y la sencillez.

Pero nada de esto hubiese sido posible – seguramente – sin el elemento fundamental que mantiene firme a un preso durante una larguísima condena: LA FAMILIA…

Por eso quiero aprovechar estas líneas para traducir a palabras una mínima parte de lo que siento en el corazón.

Al sumar los años de cárcel, con los que anduve por mundos de delincuencia y marginalidad, tengo que hablar de “diecimuchos” desde que protagonicé mi desaparición de un plano social de “normalidad” a principios del 2000. El traumático abandono de una familia al completo que inmerecidamente recibiría el peor pago de sufrimiento de parte de uno de los suyos. Una dramática decisión que resultó del dilema impuesto por la situación excepcional de la que era mi vida. Tener que elegir entre que me creyesen muerto o que viesen los terribles efectos derivados de una gravísima drogadicción, hizo que optase por la primera, utilizando con torpeza la técnica de la avestruz. Una decisión del todo errónea por haber dejado de ser el soberano de mi voluntad, entregada entonces a un asesino tóxico y cruel.

¡Tantos años más tarde!, esa humilde familia descompuesta por significativas pérdidas y a la que no acompañé en sus peores momentos… ahí estaba, firme, acompañándome a mí. Sin un reproche de sus bocas, sin un mal gesto, arropándome y consolándome en un duelo, como si del mismo yo fuese el único acreedor… un acto sencillo que te muestra cuál es la verdadera cima del “poder”.

Pudiera ser que el relato de la historia de un permiso penitenciario, con la particularidad y vivencia de cada uno, requiriese de amplia literatura para todo aquel o aquella a quien pudiese interesar. Esta es la narrativa más simple que de mis tres días puedo escribir. Me quedo corto, pinceladas a grandes rasgos de lo que parece imposible narrar. Pero no debo ni quiero dejar que vuele esta oportunidad de expresar mi gratitud. ¡Gracias!, a esa madre, a ese hijo, a ese hermano, que me ha “regalado” un sobrino precioso. A esos tíos y tías, primas y primos, tan especiales que me han mostrado el valor de una familia. A esos vecinos tan viejitos y entrañables que con su cariño me han devuelto buena parte de la niñez. También a esos pocos amigos a quienes creí perdidos de mi vida para siempre, y ahora me ayudan a volver a sonreír; aunque tenga que ser con lágrimas en los ojos de la más pura felicidad.

Seguiré esperando en mi celda y con forzada paciencia a que lleguen nuevos días de permiso para volver a revivir tales sensaciones. Acaso, también, otras amargas de las que la propia vida a nadie exime; pero que sea entre mi familia y en mi hábitat natural. Necesito apurar momentos para sentirme como ese mono al que suelta de su jaula. ¡O mejor!, para sentirme como una persona “normal”.

E.F.B.


MADRE DIVINA por J.R.G. (Poemas por encargo nº 4)

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Madre divina,

Vientre bendito

Con un sacrificio

Nunca escrito

Y el manto de amor

Que te viste

___

Aquí tienes a tu hijo

Haciéndote un homenaje;

Sé que pasó

Un mal pasaje

En esta vida que existo.

___

Quiero que me perdones

Por el dolor causado

Aunque aún no he reparado

A tu amor

Tremendo ultraje

Quiero salir de este impase

Para volver a tu lado.

___

Y ser nuevo, diferente

De un error, recuperado

Y que te vea la gente

Orgullosa, a mi lado

___

Volver quiero

Yo a mi casa

Mi familia,

Tu legado

Para cubrirles de besos

Por ser tan afortunado.

J.R.G.


VALORES por R.V.D.

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Tenías razón Padre, cuando siendo pequeños nos decías que serían nuestras conductas y comportamientos los que marcarían el futuro… un futuro que me pareció próximo en aquellos momentos. Pues nunca creí ser un necio, y yo también me daba cuenta.

Así, cuando un compañero de la escuela compraba un billete de diez viajes para viajar en el metro, yo prefería saltar. Cuando hacían planes en la clase del instituto, yo los hacía en la puerta, culminando en el parque o en una bodega.

Si dos amigos se ponían a discutir con otros, yo les soltaba un guantazo directamente, y esas conductas se iban repitiendo en todos los ámbitos, ya fuera en los trabajos… que estuve en bastantes,  solo el tiempo suficiente para prescindir de él, si me levantaban la voz, o no veía un buen trato… tardaba poco en mandarlos a la mierda.

Así, poco a poco, con confianza y sin mucho miedo, me fui adentrando en el terreno de las drogas, primero probándolas y luego tratándolas…

Como no sabía, ni quería robar. Me introduje en esa espiral, la del tráfico, algo que en principio no vi tan mal, ya que pisaba esos terrenos, sin perder valores importantes que creía controlar… no engañaba, me sentía honrado, me veía leal y honesto, me creía generoso y lucía agradecimiento, sin dejar que me pisaran, con la cabeza alta y los cojones por delante… los mismos que me trajeron donde estoy, en prisión.

Ya llevo unos añitos y cuestiono los motivos… no los valores, esos valores que dejan paso a uno que empuja más que los demás, el deber, pues sí, ahora debo.  Debo algo que nunca debí… debo tiempo.

Tiempo para mi mujer que es la flor más agradable y necesaria que se pudo cruzar en mi camino, tiempo al regalo que son mis dos hijos… el objetivo de mi vida, a los que se lo debo todo.

Ahora, esos valores que me ayudaron a vivir en aquel mundo, son necesarios para éste… para hacer las cosas bien… para que cuando mis hijos sientan que son honrados, honestos, se vean legales y se crean con valor y coraje… se acuerden de sus padres y les ayude a vivir, de la mejor manera posible… en libertad.

Por R.V.D.


LA NIÑA, NO VIENE por J.M.V.

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Esta niña

Que no viene

Esta niña

Que no llega

Y tu madre

Diciéndome

¡ay, calla!

Que venga

Cuando quiera.

Lorenita

Hija mía

Te he sentido

Tan cerca.

Este pobre corazón

Siente por ti

Algo especial

Difícil de explicar.

Solo el amor

De tu padre

Se lo puede imaginar

Y solo tú

Desvelas mi sueño.

Esta niña

Que no viene

Esta niña

Que no llega

Y tu madre

Diciéndome

¡ay, calla!

Que venga

Cuando quiera.

No es fácil

Ser padre

Ni ser hijo

Tampoco,

Cada cual

En su momento

Mira bien

Lo que te digo.

Esta niña

Que no viene

Esta niña

Que no llega

Y tu madre

Diciéndome

¡ay, calla!

Que venga

Cuando quiera.

No hace

Mucho tiempo

Yo estaba

En tu lugar

Y me decía

Mi abuelo:

“cuando seas padre

Ya lo contarás”

Así que hija mía,

Hoy me toca a mí.

Mañana sabrás bien

Lo que tendrás

Que decir.

Esta niña

Que no viene

Esta niña

Que no llega

Y tu madre

Diciéndome

¡ay, calla!

Que venga

Cuando quiera.

No seas

muy dura

con quien

te dijo,

pues niña de mi alma

yo no lo fui

contigo.

Esta niña

Que no viene

Esta niña

Que no llega

Y tu madre

Diciéndome

¡ay, calla!

Que venga

Cuando quiera.

Por J.M.V.


FELIZ DÍA MAMÁ por EL LOBO TXAPELA

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Querida madre, en estos largos meses que llevamos separados, que no lejos el uno del otro, y digo no lejos porque puedes jurar que mi corazón está junto al tuyo en todo momento, te decía que en estos meses seguramente nos lo hemos dicho todo.

No lo hemos dicho por carta, a través del telefonillo que nunca funciona mientras nos miramos cada uno a un lado del cristal, con palabras y con la mirada. Tú con tu bella mirada de abuela entrañable y yo con la mía, una mirada que seguro cada vez se pare más a la de un lobo enjaulado, un lobo apartado de su manada, de sus cachorros, un animal que sabe que el ecuador de su vida ya pasó con bastante y no sabe si podrá soportar cuerdo el resto de su encierro.

Por esto madre, hoy en el día más grande, en tu día, en el día de la madre, motivo de celebración para vosotras y de llanto añadido y amargo para nosotros los presos, quiero decirte algo más.

Quiero que sepas que lloré sin consuelo el día que comprendí por qué repartías tantas veces lo poco que había, entre mi hermano y yo, dejando tu plato vacío, para decirnos después con la voz más dulce y la sonrisa más rota del mundo, que no tenías hambre, sí tenías hambre madre, solo que no había para todos.

También sé que sufrías sobremanera trabajando tanto para sacarnos adelante, pero luego nos lo contabas tan bonito que aprendí a amar y respetar mi trabajo. Los abuelos me vivieron lo suficiente para que pudiera comprobar que fuiste la mejor hija y la dedicación y el amor que pones en tus hermanos me confirma que eres la mejor de ellos.

Así eres tú; la mejor hija, la mejor hermana, la mejor abuela, la mejor madre, la mejor en todo.

Que comprendo que ahora te duela todo, te has pasado más de treinta años diciéndonos que no te dolía nada, aunque tuvieras la sensación de que los perros se te comían por dentro.

Ya sé por qué soy incapaz de odiar a nadie, lo aprendí de ti madre, que  te sobraron motivos para odiar a la suerte, a la vida misma, al hombre que amabas y sin embargo lo sigues respetando hasta el día de hoy, otros más de treinta años después de la separación y de la mala vida que te daba. No creas que no sé que diciéndote todo esto no te digo nada para lo que tú te mereces, eres la mejor madre del mundo, y yo tuve la fortuna de que me tocaras en el reparto. Formas parte de mi tesoro, y contigo y con quienes tú ya sabes, me he convertido en el hombre más rico del mundo, preso, pero inmensamente rico y afortunado.

Madre querida, tus puertas, tus brazos, tu monedero y tu corazón siempre permanecieron abiertos, y yo ingrato de mi solo he sabido pagarte convirtiéndome en un número más de esta prisión que tantas pegas y registros te pone cuando vienes a verme, perdónales madre, ellos no saben que eres la mujer más buena y honrada del universo, ellos no entienden que tú no tienes la culpa de haber tenido un hijo como yo.

Te pido madre que cuides de mi pequeña y de todos, y te pido esto con la seguridad de que así ellos aprenderán de ti como deben criar a sus hijos, a tus bisnietos, pequeñines que le pido a Dios cada día, que puedas conocer a pesar de tu quebradiza salud.

Y si los dioses no me conceden esta petición, yo mismo, si vivo, me encargaré de contarles quien eras, ¡perdón!, de contarles quién eres, por qué mientras vivas en mi corazón no te habrás ido nunca, y cuando yo me vaya vivirás en el corazón de mis hijos y así sucesivamente.

Después de esta promesa tengo que contarte un secreto madre, nunca tuve envidia por las veces que mirabas más para el lado de mi hermano que para el mío, sé que miraste en cada momento para el lado que más necesitaba de tus ojos. Pero por el contrario te digo, que siempre envidié de mis amigos que se fueron para siempre, a los que su madre les dio el último adiós, pues a ellos madre, la suya les duró toda la vida.

Una vez, más te pido perdón, y una vez más te digo que con el amor que te tengo se podrían llenar los corazones de toda la humanidad, te quiero mamá, feliz día de la madre.

Por El Lobo Txapela