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LOS CRISTALES DEL AMOR por I.M.A.

Hoy es sábado, el día que nos toca reunirnos con nuestras familias a través de un vidrio.

Un sábado más que a las familias les toca pagar una parte de nuestra condena. No sé exactamente en qué proporción, familia tanto, nosotros tanto, ni idea. Pero a pesar de que cada caso es diferente, de lo que no me cabe la menor duda es que la de ellos es muy grande, por lo general superior a la nuestra.

Cada vez que llego al locutorio, me resulta difícil no sentir compasión y cierta dosis de empatía en el momento que veo como esas mujeres, cargadas con niños, acuden puntualmente al encuentro de sus maridos o parejas. Generalmente, esos alevines corren por el pasillo para llegar rápido a la cabina donde se encuentra su padre. Ellos saben que el tiempo del que disponen para compartir es poco y pasa rápido. Cada semana soy testigo de estos encuentros y cada semana pienso en la valentía y el coraje de estas mujeres. Son madres que en su mayoría están solas, sin ninguna ayuda, trabajando como mulas para poder tirar de un carro de dimensiones extraordinarias, con un único objetivo: sacar a sus hijos adelante. Pero nadie se acuerda de ellas.

Se presentan aquí con la esperanza de que la pesadilla que están viviendo pueda algún día terminar, y con ese deseo constante de poder ver pronto a sus maridos entrar por la puerta de casa.

Acabo de recorrer ciento cincuenta metros del módulo al locutorio, y he llegado empapado. Llueve mucho. Inmediatamente me viene la imagen de esas mujeres caminando desde la marquesina de la parada del autobús hasta la entrada de la prisión, muchas de ellas con algún bebé en brazos. La distancia que ellas recorren no se asemeja a mis ciento cincuenta metros, sino que es un trayecto que con toda probabilidad alcanza el kilómetro, no lo he medido, pero parece una larga caminata. Y es que el horario del autobús que llega hasta la entrada de la prisión, por surrealista que parezca, no siempre coincide con los horarios de las comunicaciones. Un poquito más de condena para las familias parece ser que sacia la sed de un sistema ejecutor. Una sociedad que de forma incesante aclama venganza.

Teléfono en mano, estoy hablando con los míos y escucho como un interno, a voz en grito, reclama a su mujer una serie de exigencias recriminando una retahíla de estupideces. Todo ello, en presencia de dos niños, de sus hijos.

Como no podía ser de otra forma, este tipo de individuos necesitan culpabilizar a las familias, de esta forma ellos consiguen temporalmente liberarse del peso de sus propios hierros. El dolor que originan no es importante, lo importante es que ellos, egoístas y vampiros emocionales, consigan arrastrar a los demás al terreno de sus frustraciones. El modo y el como no tienen ninguna relevancia.

Escucho un golpe en el cristal. Es el momento en el que el recluso desahoga toda su ira contra ella. Uno de los niños comienza a llorar y ante la escena se me encoje el corazón y siento odio, mucho odio contra ese animal.

En este preciso instante tengo deseos de reventarle una silla en la cabeza, pero hay razones para no hacerlo, la primera: están sus hijos y ya han visto demasiado, la segunda: me meten un parte, lo que me dejaría sin permisos, previo inminente cambio de módulo. La tercera, que es la que me conduce a la calma, yo no soy así, no hago esas cosas, no parto sillas en la cabeza de nadie, jamás lo he hecho y este lugar no va a conseguir, ni siquiera en esta lamentable situación, cambiar mis valores, esos que mis padres me transmitieron cuando yo era un niño.

Me hago algunas preguntas: ¿estos energúmenos tienen consciencia de que sus familias, sin comerlo ni beberlo han sido igualmente condenadas? ¿son tan necios para no poder entender el hecho de que el venir aquí para compartir un tiempo con ellos se traduce en un acto de cariño y amor?

En otras ocasiones he tenido que presenciar como muchos padres utilizaban los cuarenta minutos de comunicación única y exclusivamente para regañar y gritar a sus hijos.

Esto me producía mucha pena. Son tan ignorantes e inconsciente que no son capaces de intuir que lo único que ellos quieren es recibir una sonrisa y un beso por el cristal, un “estoy bien, estad tranquilos porque papá os quiere mucho y pronto estará de nuevo con vosotros”.

Gritos y gritos, este es el país de los gritos. Vayas donde vayas, España grita y aquí más y más feo.

Por eso ya no miro otros cristales, permanezco concentrado en mi conversación. Es una forma como otra cualquier de protección emocional.

Las condenas más severas están detrás de esos cristales, están aquistadas en esos niños que necesitan un padre en casa, en esas mujeres que se han visto recluidas en una prisión mucho más dura que la nuestra

¿Tan difícil es poder compartir 45 minutos con la gente que nos quiere con un mínimo de respeto, de cariño y de comprensión?.

Para todas esas mujeres y esos niños que están pagando durísimas condenas por nuestra culpa, mi más enorme reconocimiento, cariño, apoyo y respeto.

I.M.A.

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LA FAMILIA EN LA ACTUALIDAD – RETOS por E.F.H.

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Esperamos mirando el contexto socio-cultural que nos rodea y en el cambio antropológico y cultural actual; esto influye en todos y cada uno de los aspectos de la vida, por ello se necesita un análisis diversificado capaz de tomar las formas positivas de la libertad individual.

El individualismo exasperado, representa un creciente peligro que desnaturaliza las relaciones familiares y el final es considerar a cada componente de la familia como un islote, haciendo prevalecer en muchos casos, la idea de un sujeto que se construye según sus propios deseos, un todo absoluto.

Uno de los mayores desafíos para las familias de nuestro tiempo es muy a menudo, la soledad, que destruye y provoca una sensación generalizada de impotencia con relación a la realidad socio-económica que muchas veces termina por aplastarlos.

Esto es debido a la creciente precariedad laboral que es vivida como una verdadera pesadilla, o por motivo de los impuestos demasiado pesados, con lo cual, no anima  a los jóvenes ni a emanciparse, ni al matrimonio.

Por ello, cada vez más se va difundiendo ampliamente la praxis de la convivencia antes del matrimonio o también de la convivencia no orientada a asumir un vínculo matrimonial.

El número de divorcios es creciente y no es para nada raro es caso de opciones determinadas únicamente por factores de orden económico.

La condición de la mujer todavía tiene necesidad de ser defendida y promovida ya que se registran no pocas situaciones de violencia en el interior de las familias.

Los niños son objeto con mucha frecuencia, de disputas entre padres, y los hijos son las verdaderas víctimas de los daños y perjuicios familiares.

También las sociedades afectadas por la violencia a causa de la guerra, del terrorismo, o de la presencia de la criminalidad organizada, hay muchas situaciones familiares deterioradas.

Las migraciones, además representan otro signo de los tiempos para afrontar y comprender, con toda la carga de consecuencias sobre la vida familiar.

En la actualidad, el mundo en general parece valorizar una afectividad sin límites de la cual se quieren estudiar todos sus componentes, incluso los más complejos.

Es muy actual, la cuestión de la fragilidad afectiva: una afectividad narcisista, inestable, y cambiante que no ayuda siempre, como algunos piensan, a alcanzar una mayor madurez.

Fijándonos en este contexto, las parejas son a veces inciertas, dudosas, y luchan por encontrar modos para crecer.

Las crisis de la pareja, hace desestabilizar la familia y puede llegar a través de las separaciones y los divorcios a producir serias consecuencias para los adultos, los hijos y la sociedad, debilitando al individuo y los lazos sociales.

En cuanto a la disminución demográfica, corremos el riesgo, con el paso del tiempo, de llegar a un empobrecimiento económico y una pérdida de esperanza en el futuro.

E.F.H.


VALORES por R.V.D.

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Tenías razón Padre, cuando siendo pequeños nos decías que serían nuestras conductas y comportamientos los que marcarían el futuro… un futuro que me pareció próximo en aquellos momentos. Pues nunca creí ser un necio, y yo también me daba cuenta.

Así, cuando un compañero de la escuela compraba un billete de diez viajes para viajar en el metro, yo prefería saltar. Cuando hacían planes en la clase del instituto, yo los hacía en la puerta, culminando en el parque o en una bodega.

Si dos amigos se ponían a discutir con otros, yo les soltaba un guantazo directamente, y esas conductas se iban repitiendo en todos los ámbitos, ya fuera en los trabajos… que estuve en bastantes,  solo el tiempo suficiente para prescindir de él, si me levantaban la voz, o no veía un buen trato… tardaba poco en mandarlos a la mierda.

Así, poco a poco, con confianza y sin mucho miedo, me fui adentrando en el terreno de las drogas, primero probándolas y luego tratándolas…

Como no sabía, ni quería robar. Me introduje en esa espiral, la del tráfico, algo que en principio no vi tan mal, ya que pisaba esos terrenos, sin perder valores importantes que creía controlar… no engañaba, me sentía honrado, me veía leal y honesto, me creía generoso y lucía agradecimiento, sin dejar que me pisaran, con la cabeza alta y los cojones por delante… los mismos que me trajeron donde estoy, en prisión.

Ya llevo unos añitos y cuestiono los motivos… no los valores, esos valores que dejan paso a uno que empuja más que los demás, el deber, pues sí, ahora debo.  Debo algo que nunca debí… debo tiempo.

Tiempo para mi mujer que es la flor más agradable y necesaria que se pudo cruzar en mi camino, tiempo al regalo que son mis dos hijos… el objetivo de mi vida, a los que se lo debo todo.

Ahora, esos valores que me ayudaron a vivir en aquel mundo, son necesarios para éste… para hacer las cosas bien… para que cuando mis hijos sientan que son honrados, honestos, se vean legales y se crean con valor y coraje… se acuerden de sus padres y les ayude a vivir, de la mejor manera posible… en libertad.

Por R.V.D.


CARTA DESDE LA CÁRCEL A MIS QUERIDOS HIJOS por GUARRANÁ

Signature --- Image by © Royalty-Free/Corbis

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Ya sabéis donde estoy. Han pasado 6 meses de aquel día que nunca jamás olvidaremos. Parecía un día cualquiera, pero se convirtió en la pesadilla que cambió nuestras vidas. Un cambio radical.

¿Quién puede creer que su madre está en la cárcel?. Es difícil describir la vida aquí.

Como en cada lugar en este mundo, así y en la prisión hay intrigas, chismes, broncas, odio y rabia. La gran diferencia es que aquí somos una sociedad cerrada. No puedes escapar, ni cambiar el sitio o la gente. Debes enfrentarte, mientras los días pasan con un sinfín de asuntos importantes. Por un lado las funcionarias llaman por la megafonía para innumerables tareas, por otro, las presas echan instancias para todo, escriben cartas, practican deportes, leen y también están ocupadas con los talleres ocupacionales.

Y no debes dejarte llevar por la corriente. Puedes utilizar el tiempo al máximo para comprender y conocerte a fondo a ti mismo.

Es una etapa horrible, que debemos aceptar, entender y aprender. Aprender mucho. Una lección dura ¡un desafío!.

Tenemos que aprender que todo lo que nos rodea influye sobre nosotros, pues nosotros, solo nosotros, somos responsables de lo que hacemos y no es necesario que juzguemos, porque un día también seremos juzgados.

Por Guarraná


DAÑOS COLATERALES por J.M.V

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Pensando últimamente he caído en la cuenta de lo frágiles que somos los seres humanos, el mínimo cambio en tu monotonía puede quebrantar todo lo que somos y de repente lo que creíamos importante pasa a un segundo plano. Es curioso cómo te puede cambiar la vida, es entrar en prisión, y más cuando como en mi caso es la primera vez a mis 47 años, yo que creí tener el control de todo en mi vida, mi trabajo, mi casa, mi esposa y mis hijos.

Porque más allá de la condena que nos han impuesto a cada uno, justa o injusta, está la condena de daños colaterales, la de nuestras mujeres, la de nuestro hijo. ¿Cómo les explicas a tus hijos que tienes que ir a prisión? Si ellos saben que jamás faltaste a la ley.

Cómo te despides de tu mujer, alguien que es todo para ti, alguien con la que llevas compartiendo toda tu vida; es desgarrador cómo te abrazan diciéndote en lágrimas y desesperación, cómo les dejas sumidos  en la soledad más absoluta, viendo esa distancia entre tu mujer y tú, y no amigos míos, no es distancia física de la que os hablo, sino la distancia que sientes dentro de tu corazón. Algo se desgarra en ti, quieres morir, no puedes con tu vida, sé que muchos de vosotros os identificaréis con lo que os cuento, otros quizá no, yo solo os quiero hacer sentir lo que yo sentí hace más o menos un año. Si eso denota en mi la debilidad de mi carácter pues sí, me confiese débil.

Me sorprendo cada día más de mi mismo, este tiempo en prisión me ha hecho replantearme mi vida, ¿quizá de eso se trata no creéis?

Por J.M.V.


ALGARABÍA por el LOBO TXAPELA

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Como ya saben los que me leen, soy un preso. Verán, llevo mucho tiempo callando algo referente a lo que más echo de menos aquí en Palacio. Quizá no lo había mencionado antes por miedo a que tuviera malas interpretaciones, o simplemente porque no se lo escuché a nadie con anterioridad, pues bien, echo dolorosamente de menos a los niños.

Estoy seguro de que cuando yo pase el peor trance de mi vida, incluso momentos antes de abandonar ésta, lo único que será capaz de arrancarme una sonrisa es la simple visión de un niño, no será necesario que me haga una gracia o nada parecido, la simple visión pura del infante conseguirá dibujar esa mueca en mi rostro.

Echo de menos sus carreras de acá para allá, que a nosotros nos parecen sin sentido, pero que para ellos son parte fundamental de su aventura, de piratas, de pistoleros, de alienígenas, de lo que toque en ese momento.

Recuerdo con mucho cariño sus sonrisas limpias, tan limpias que salen de sus corazoncitos, y no de sus entrañas, como las nuestras, negras, falsas, dañinas, y forzadas en muchos casos.

Para mí, las sonrisas de los niños son música de cascabel.

Echo de menos sus caritas jugando a ser mayor, si te acercas y les escuchas te partes de risa, pero a su vez aprendes mucho, aprendes que en sus interpretaciones de seres adultos no hay rencor, no hay injusticias, no hay crueldad, esa crueldad que la historia del mundo nos ha enseñado que se recompensa con poder.

La recompensa más ansiada por los niños es la presencia cercana de sus padres y madre, simplemente.

No hay nada que cure de manera más eficiente el dolor de cabeza de los ancianos, que la algarabía de sus nietos gritando y corriendo hacia sus brazos para después comerse a besos a esos abuelitos a los que quieren tanto.

¿A cambio de qué? Pues a cambio de nada, en el mejor de los casos, a cambio de una onza de chocolate y un cachillo de pan. ¿Y nosotros? ¿qué queremos nosotros cuando nos acercamos a los abuelos?. Algún beneficio, o que como hoy en nuestros días y en nuestro país, nos saquen adelante, en algunos casos no hay otro remedio.

Otro niño al que también echo mucho de menos es al mío, al niño que siempre llevé dentro, aquí no lo puedo dejar salir, la cárcel no es lugar para niños.

El regazo tierno de un niño cuando se hace “el mayor” delante de su papá, porque lo ve abatido, y lo abraza y lo recoge haciéndose el fuerte, es el lugar más bonito donde puede descansar por un momento la mente cansada de un padre hundido y agotado que sabe que por haber cometido un error en el pasado tendrá que prescindir del cascabel de la rosa de sus hijos, de su llanto limpio y reparador, de esa algarabía no pactada que surge espontánea cuando se juntan dos o más de esos “locos bajitos” que yo tanto echo de menos.

Pero como decía antes, la cárcel no es lugar para niños, así que niños estudiad mucho, obedeced a vuestros mayores y no hagáis, en un futuro, cosas malas que puedan haceros ir a la cárcel, y vosotros mayores haced mucho caso de vuestros niños, y no hagáis cosas malas que os hagan tener que recordarlos sin más que un papel y un bolígrafo, sin rastro de ellos por ninguna parte, sin recrear vuestro oído con sus vocecillas, sin poder ser cómplices de sus juegos, y sin poderles brindar la oportunidad de que nos arranquen una sonrisa, cosa que aquí nos hace mucho bien y que los niños conseguirían en un abrir y cerrar de celda.

Dedicado a mi sobrino Aitor y a todos los niños del mundo.

Por El Lobo Txapela

 


HOLA PAPÁ por R.V.D.

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Hola Papá, te escribimos esta carta, para pedirte cosas y hacerte pensar. Han pasados estas navidades, y contando con los deditos son tres, las que te echamos en falta… pero que sepas que nos comimos todas las uvas y por cada uva un deseos, con la primera desee que salieras pronto, con la segunda, que salieras pronto, con la tercera, que salieras pronto, y así con las 12 uvas… Ahora viene nuestro cumpleaños y también te echamos en falta… y el deseo sigue siendo el mismo.

Sabemos que cuando vamos a verte, la pregunta al despedirnos siempre es, cuando sales más días. Diana dice que saldrás 40 días, yo que 200 y tú, que todavía queda un poco pero que saldrás.

El abuelo nos cuenta, que los errores que uno paga con su vida encerrado, tienen que servir de ejemplo para los suyos, que un padre lo hace para sus hijos no cometan los mismos errores. Y eso nos queda claro. Papá, pero queremos que te quede claro a ti, para que no nos vuelvas a dejar solos con mamá, que aunque puede con nosotros, con su trabajo y contigo, no es justo para ella… así que no nos sigas enseñando con tus errores. Papá, preferimos que nos enseñes cuando los errores los comentamos nosotros.

El otro día en clase, la seño nos invitó a que habláramos de nuestros padres… yo fui el primero que levantó la mano y hablé. “Dinos Julen”: “Yo quiero hablar de mi padre, que está en la cárcel…”, los demás me preguntaron por qué,  Julen, “por qué?”.  “Pues porque llevaba droga o la vendió, algo de eso…”. La profesora me llamó y me dijo que cuando quisiera hablar algo de mi padre se lo contara a ella primero. Yo le dije que a ninguno nos gusta que estés ahí, pero que nos habéis enseñado que la verdad es la verdad y que con la verdad se va a todos los sitios. Y a todos los sitios queremos ir nosotros, bueno a todos no, Papá… a la cárcel no, que sabemos que se pasa mal, que te separan a la fuerza y nosotros no queremos que nos vuelvan a separar.

Así que no sufras, que estamos bien, ah! Y mamá sigue enamorada de ti, siempre nos dice lo gran padre que eres y lo mucho que la quieres a ella y a nosotros… ah, y ten cuidado allí dentro papá, que el abuelo un día nos dijo que había que tener cuidado para no ir a la cárcel, pero que más cuidado hacía falta para poder salir…

Perdónanos cuando te llamamos abuelo, pero la costumbre de pasar mucho tiempo con él, y además se parece a ti… y cuando vamos a verte para tocarte, siempre dice que te demos un abrazo suyo… y llora un poco, diciendo que solo un padre sabe cómo se quiere a los hijos, y que te quiere hagas lo que hagas y pase lo que pase.

Bueno papá, que no pases pena y salgas pronto, recuerda que los primeros meses que íbamos, pedías juguetes para nosotros y no queremos acabar yendo y pidiendo juguetes para ti… vale papi?, prométenos que cuando salgas, no volverás a entrar vale y si no puedes, dinos que harás todo lo posible.

No te enfades porque a Julen el abuelo le va a comprar una tablet para su cumpleaños, que los niños de ahora sabemos utilizar esas cosas, pero no te preocupes que seguimos siendo niños y bajando como tú quieres a jugar con los demás.

Aquí te esperamos ilusionados con esas cosas que dices que vamos a hacer cuando estés fuera… dijiste que por cada penalti que te metiéramos nos comprarías un regalo… y en verdad que sepas que el mejor regalo, es jugar contigo.

Te queremos papá

Por R.V.D.