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SALVAJE HUMANIDAD por E.F.B.

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Tengo que confesarlo: a medida que me hago más mayor, se incrementan en mi persona los índices de sensibilidad que contribuyen al sufrimiento. Cada día me noto más afectado por comportamientos de mis congéneres que, indiscutiblemente, nacen de una soberana estupidez; y lo que es peor, viendo cómo actúa una considerable parte del grupo, temo, que en algún momento yo mismo pueda ser uno de los actores en la comparsa de la gilipollez; si es que no lo soy ya.

Cuando veo esas imágenes de “ultras” de los equipos de fútbol europeos faltando al respeto a todo el que se pone por delante, destrozando el mobiliario urbano de ciudades en las que van dejando su vandálica huella y a las que, además, imprimen en su memoria una falsa imagen de lo que significan sus países de procedencia, no puedo por menos que verme invadido de incomprensión.

Soy un seguidor insaciable de los documentales sobre naturaleza, y deben ser miles, los de animales salvajes que colecciono con interés en los archivos de mi mente. He visto escenas escalofriantes de cuando, por ejemplo: el predador le da alcance a su presa extenuada y con dolorosos ataques va inutilizando las defensas de su víctima, clavando sus fauces en la carne vida que desgarra sin piedad. O las peleas feroces entre leones por asuntos territoriales en los que la supervivencia juega el papel fundamental. Es apasionante entender las motivaciones, que mueven a estos animales – que no hacen nada porque sí- a convertirse en “asesinos” justificados por la propia ley natural.

Sin embargo, las variantes del comportamiento humano parecen cada vez más inescrutables; cada vez se entienden menos los motivos por los que actúan algunas “jaurías” de bípedos pertenecientes al grupo de la humanidad.

Casi siempre intento mostrar respeto hacia cualquiera que se piense o actúe de modo diferente a como lo pueda hacer yo, entre otras cosas porque no soy dueño ni tan siquiera accionista de la verdad universal. No me considero tampoco discriminatorio con quienes defienden actos o ideas distintas a las mías, a pesar de aparentar contradicción cuando me esclavizan mis propias palabras, sobre todo en reuniones acaloradas en las que meto mucho la pata al esgrimir mi poco cuidado lenguaje coloquial. Pero se me hace cuesta arriba respetar a quienes, en el siglo XXI, aún pretenden imponer sus criterios a fuerza de brutalidad.

La raza humana destaca sobremanera por ser transmisora del conocimiento conquistado a través de milenios, y que sirve –o debería servir- para determinar la grandeza de una especie en cuyas acciones se encontrarían las claves del imprescindible equilibrio natural. Sin embargo, no paramos de comportarnos como unos “bichos” maquiavélicos, destructores y dañinos hasta el “no va más”. Para las religiones que contemplan finales apocalípticas, sin duda, el hombre representa la semilla indiscutible de una segura consecución.

Ya sé que este tipo de discursos es muy antiguo, como también sé que sigo ignorando cuál es la solución. Pero no dejo de sobrecogerme ante sucesos como la reciente “matanza de Orlando”, el drama continuo de molles de refugiados que huyendo de la muerte se ven atrapados por la misma sin piedad, las peleas entre “hinchas” del fútbol antes y después de la sana competición; por no extenderme en lo que sería la “enciclopedia de desaciertos humanos” jamás escrita y cuyas páginas viajarían más allá de la eternidad.

En definitiva, supongo que deberé seguir indagando en uno de los mayores misterios de la historia de la vida en la tierra. Desde luego no voy a renunciar a ver los telediarios porque soy de los que necesitan saber cómo está el mundo, pero la opción de los documentales sobre animales salvajes estará antes en mi lista de favoritos; decimos de ellos que son menos inteligentes que nosotros, pero, a veces, cuando me miran – sobre todo el caso del león – sus ojos parecieran transmitir el siguiente mensaje: “eso está por ver”.

Así que seguiré intentando aprender del resto de especies inferiores por si sucediese que tanta elevación interaminal afecta a la presión sanguínea y es por eso que no somos como deberíamos ser. Quién sabe si en el mundo de las fieras hallo iluminación a tan desazonadora oscuridad. Porque de verdad, no comprendo hacia dónde camina… ¿cuáles son los designios de mi propia raza? Y no solo es que no lo comprenda, además, me pregunto: ¿existe una manera humana de poderlo comprender?.

E.F.B.  


LOS NIÑOS DEL ISLAM por I.M.A.

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Esto se está escapando de las manos, es lo que pensé ante las imágenes de los nuevos atentados de Daesh en Bruselas. Y la verdad, el tema empieza a acojonar.

En el transcurso de la semana pasada, como consecuencia de las fiestas de Semana Santa, en esta “nuestra comunidad”, la actividad ha sido nula, así que me he tragado una veintena de tertulias y otro tanto de informativos sobre este tema. Esto de los yihadistas da para mucho. U da para mucho en Europa porque en Pakistán parece que no. Los muertos europeos son más “VIP” o cool que los pakistaníes.

Pues bien, he recolectado cientos de opiniones, las he introducido en la coctelera de mi departamento de limpieza mental de juicios y prejuicios y una vez bien mezcladas, no agitadas (igual que los Martinis de James Bond) y ¡voilá!, conclusión. Esto que está ocurriendo no es una guerra, tampoco es la venganza contra occidente, ni una Yihad. Esto es una locura colectiva, una seria enfermedad, cuyo origen data de una educación implantada a una sociedad, basada en la manipulación de las enseñanzas del profeta Mahoma ergo Alá, para implantar regímenes totalitarios y gozar del control absoluto de las diferentes sociedades.

Las islamistas establecidos en Europa, expresan y defienden que los musulmanes son gente de paz, que nada tienen que ver con los terroristas de Daesh, que el Corán es la palabra de Dios revelada a Mahoma por medio de Gabriel, el arcángel de la revelación, y que sus ciento catorce suras, son mensajes basados en el amor, en la solidaridad y en la justicia divina.

No tengo claro si frases tan emblemáticas como “dale de hostias a tu mujer si se porta mal”, sean atribuibles a lo divino y a la justicia, pero ellos sabrán.

Si hacemos un rápido análisis sobre el mapa del Islam, el noventa y ocho por ciento de la población musulmana está establecida en el norte de África y Oriente Próximo, Turquía, regiones de la antigua Unión Soviética y Asia Central, iraníes, afganos, Pakistán, India y Bangla Desh, y comunidades del sureste asiático como Malasia, Indonesia y Filipinas; podemos denunciar que todas estas regiones, sin excepción alguna, carecen de los más mínimos y fundamentales derechos humanos. Nacer en estos países supone ser educado en un entorno tóxico y con unos aditivos enormemente dañinos, que en el futuro de la persona revelarán secuelas emocionales muy complejas.

Los niños crecen bajo una cultura y una educación basada en el odio encubierto, o lo que es peor, disfrazado de bondad.

Se les enseña que la venganza no es solo un derecho sino una honra. Que la justicia es implacable y que el que la hace la paga, pero la paga de verdad.

Aprenden que al que roba se le corta la mano con una espada, eso sí, en presencia de un médico, no sea que el condenado se pueda desangrar, a la segunda se le decapita públicamente.

Ellos sabes desde muy pequeños que si su mamá tiene un desliz, la enterrarán viva, dejarán únicamente visible su cabeza y la matarán a pedradas. Ellos, en un segundo turno, después de que su papá tire la primera piedra, procederán de la misma forma hasta que la cabeza de su mamá esté reventada y rodeada de un gran charco de sangre. Dentro de la misma educación estaría el apartado de los homosexuales; a estos hay que ahorcarlos suspendiéndoles en puentes o grúas y exhibir sus cuerpos inertes durante varios días como espectáculo ejemplarizante para la población.

Los niños musulmanes observan todas las mañanas salir a sus madres a la calle con su cuerpo y rostros totalmente cubiertos, porque el musulmán piensa que la emancipación de la mujer, tal y como se concibe en Occidente, es responsable de la desintegración de la familia y de una moral sexual permisiva.

Eso sí, el hombre puede vivir en la poligamia y los de mayor poder adquisitivo levantarse las mejores prostitutas de Marbella, perder sumas impúdicas de dinero en el casino y como no pueden comer cerdo, terminar con las langostas de todos los acuarios de los restaurantes de Puerto Banús. Esto no son suposiciones, es algo que yo he presenciado en innumerables ocasiones y durante muchos años.

Estos episodios de una violencia extrema, de un machismo incomprensible, de homofobia, no solo ocurren en países como Pakistán o Irán. En Arabia Saudí o Emiratos Árabes, en ciudades como Dubai, actualmente la cuna del modernismo arquitectónico, donde por ejemplo Occidente celebra el mundial de Fórmula 1, también utilizan las espadas, las grúas y las piedras. Son países con la renta per cápita más elevadas del mundo.

Todo este sin sentido, es lo que los niños presencian y viven desde muy corta edad. En muchos casos, también esta formación va acompañada de tiros y bombas. ¿Cómo podemos explicar a alguien que durante toda su infancia y adolescencia ha vivido en estas condiciones, que no está bien matar belgas?

Dejen descansar en paz a Mahoma, eduquen a sus hijos en el amor, en el cariño, en libertad, en el respeto, expliquen a esos niños que la vida es el obsequio más preciado del mundo que así puede que consigan con el tiempo, el cierre de la fábrica de Yihadistas. Los F18 Hornet de la US Navy no van a resolver nada, de esto estoy seguro.

I.M.A.


SIRIA FASHION WEEK por TIBU

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Decía Groucho Marx “partiendo de la nada hemos llegado a las más altas cumbres de la ignorancia”. Algún día, no muy lejano espero, en los colegios se estudiará a este moderno genio de la filosofía.

Me parecía mentira el otro día, a mis 56 años cumplidos y muy vividos, redescubrir que la estupidez humana no conoce límites. Las noticias de todos los canales de TV y los periódicos dedican montones ingentes de sus carísimos espacios a la “Madrid Fashion Week”, en donde, a un coste elevadísimo, los “grandes diseñadores” de la moda española hacen desfilar a un montón de delgadísimos e impersonales jovenzuelos y jovenzuelas vestidos de todas aquellas insensateces inservibles que sus privilegiadas mentes creativas son capaces de imaginar.

Valga de muestra el Sr. David Delfín, que presenta una colección completa hecha en gran parte con bufandas de la selección española de fútbol que, en las puertas de cualquier estadio, se venden a 15 euros. Excuso decir el precio de cada vestido/abrigo/camisa/bufanda de “diseño exclusivo” de este moderno y talentosísimo creador. Ágata Ruiz de la Prada viste a un robot con cara de pantalla de ordenador, le pone ruedas y… hala! A desfilar y a crear tendencia. Y solo son dos ejemplos. Permanezco atónito viendo semejante dislate y pienso: “alguien conoce a una sola persona que quiera gastarse un pastón en un vestido-bufanda de la selección española o en vestir un ordenador con ruedas?”, por no hablar del resto de las propuestas… no tengo palabras.

A reglón seguido, con mucha menos importancia, nos enseñan unas imágenes de una playa en Lesbos, en la que, además del ya tristemente acostumbrado grupo de migrantes desnutridos, con hipotermia y niños que no miran a ninguna parte, por hace tiempo ya perdieron la mirada, aparece un enorme montón obsceno de chalecos salvavidas, de un color naranja tan fuerte que parece gritar: “basta ya!”. Y, con ese mismo humor negro, o en este caso debería decir naranja, que he heredado de Groucho, pienso que si estos “grandes talentos del diseño y la creación” lo ve, lo mismo en la próxima “Fashion Week” vemos desfilar a los delgadísimos zombies/modelos equipados de chalecos salvavidas anaranjados, que parecen estar tan de moda. Y, si se me permite dar un paso más y con todo respeto, lo mismo todas las empresas de ropa low cost, están preparando ya una colección a bajo precio. Teniendo en cuenta que, a día de hoy, se calculan en más de ocho millones las personas que han tenido que irse de su casa, los beneficios serían enormes. Incluso, esos grandes “popes” de la moda mundial que, a un coste multimillonario visten a las starlettes en la ceremonia de los Oscar, hacen alguno con cristales de Swarosky, hilo de oro, etc. valorado en varios miles de euros, que muchas de las señoras “de bien”, seguidoras impertérritas de la alta costura, estarían encantadas de vestir para ir a la última.

Pero, puestos a soñar, aunque sean pesadillas, podemos dar un triple salto mortal con tirabuzón a la gilipollez humana (perdón por decir humana) y trasladarnos a los montones de cajeros automáticos, bancos y demás refugios esparcidos por todo el mundo capitalista, podríamos imaginar esos mismos cartones miserables que, de manera precaria, protegen del frío a los sintecho de toda la tierra en todas las grandes ciudades en donde se les mira de soslayo, como si fuesen pentimentos de alguna malograda obra de arte contemporáneo, algunos creativos de corte moderno, intelectuales de temporada la mayoría, podrían crear unos cartones de diseño y se podría de moda en los hogares “civilizados” dormir al calor de tan creativa idea.

Bueno y parafraseando a grandes genios, en este caso permítanme que lo haga con una frase de un Nobel, el Sr. Cela: “Mandan cojones!”.

La humanidad, que en algún momento de la historia mereció tal calificativo, dedica millones de dólares a fabricar móviles de nueva generación que hacen de todo, robots que obedecerán sin rechistar el más nimio deseo de su dueño, coches que andan solos, menús de 2.000 euros, y todo un nutrido grupo de disparates, pero apenas dedica un mínimo porcentaje de algún presupuesto perdido a paliar las necesidades más primarias de otros humanos, los sin rostro, los pentimentos de la macabra pintura. Me pierdo en tristísimos pensamientos, me acuerdo de Gandhi, de Martin Luter King y de Lennon y, de alguna manera me alegro de que estén muertos, no creo que pudieran resistir vivir en este estercolero. Y, esos mismos tristes pensamientos me regresan a mi realidad, a la cárcel, en donde vivimos lo delincuentes, y me pregunto “están todos los que son y son todos los que están?”. Y vuelvo a parafrasear a célebres pensadores: “ayer tuve un sueño”, y me responde otro “la vida es sueño, y los sueños, sueños son”. Al final, como los sueños son libres y gratuitos, seguiré soñando y pensando que otro mundo es posible.

Salud y rock and roll!!.

P.D.: En memoria de George Martin, contribuiste con tu música a hacer de éste un mundo mejor. Te dejo el mejor de los sonidos, el inmenso silencio de “A Day in the Life”. Gracias hermano.

Tibu


ACOGIMIENTO A TRAVÉS DEL BIEN Y LA FELICIDAD por M.A.I.S.

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La Navidad despierta en nosotros sentimientos que parecen estar aletargados el resto del año. Pero en esta época cual temprana primavera parece brotar en nosotros una “espontanea” ola de: bondad, empatía y solidaridad, incluso recordamos más acentuadamente a aquellos que ya no están, y fugazmente pensamos en aquellos que sufren “soledad” y la falta de “acogimiento”.

Sócrates y su discípulo Platón pensaban que el Ser Humano es bueno por naturaleza y de ahí su inclinación a procurar el Bien a sus semejantes. Hoy día identificamos como dos de las principales metas a lograr: la Libertad y la Felicidad, no dejando de lado la ansiada idea o sensación de “sentirnos acogidos” por los demás.

Los psicólogos y sociólogos argumentan que, las personas que suelen ser más felices son aquellas que han encontrado el verdadero sentido y contenido a la vida. Estas personas desean el Bien a sus semejantes, al igual que les desean el ser capaces de reconocer y desechar las acciones equivocadas, los engaños y las efímeras modas y deseos propios de las actuales sociedades de consumo, pensando que una vez eliminados estos hábitos podrán encontrar la verdadera razón de vivir, esa razón que lleva aparejada; la Seguridad, Felicidad, Serenidad, “Independencia”, resolución y “acogimiento”

Hemos de tener claro que la seguridad y la felicidad que se fundamentan en persona so cosas externas no suelen perdurar en el tiempo, pues la mayoría de las veces carecen de consistencia. Muchas veces se apodera de nosotros el miedo al “fracaso”, el cual incide en nuestro estado de ánimo y entonces buscamos a personas en las que proyectamos nuestros deseos, ya que pensamos que ellas tienen aquello que nosotros pensamos o creemos no poseer. Puede que así podamos sentir un “alivio” al aproximarnos a estar personas clasificadas por nosotros como “ideales” y en algunas ocasiones nos sentiremos “acogidos”. Pero la realidad es otra, lo que sucede es que la vida marca que; el hombre solo atrae lo que él mismo es, y no lo que quiere atraer o lograr, ya que, igual atrae a igual. Es así que pasado un tiempo el Ser Humano tiene que admitir que sus deseos e ilusiones no le hacen sentirse “acogido” por esa o esas personas y entonces se cansa de ellas.

Realmente lo que ha sucedido es que es ella la que se ha hartado de sí misma, porque no ha logrado de los otros, lo que equivocadamente habrá proyectado en ellos.

En el transcurrir de la vida pasaremos por etapas de mayor o menos duración en las que nos sentimos o estamos solos. Nos asaltarán; la incertidumbre y el miedo al desconocer cómo será nuestra vida en lo sucesivo. De vez en cuando, pensaremos en el pasado, y esos recuerdos nos traerán – en ocasiones- amargura, pues nos habíamos imaginado esta vida como algo totalmente diferente. Las expectativas no se han cumplido, y en lugar de sentirnos plenos nos embarga el vacío y nos sentimos “presos” de esta infeliz sensación al pensar que hemos “fracasado”.

Pocas personas pueden decir; “yo he logrado sentirme siempre acogido”, pues mayoritariamente en este mundo nunca llegaremos a sentirnos acogidos por siempre. ¿pero por qué sucede esto? ¡Porque somos de este mundo!. El estar solo es uno de los indicadores de que en la Tierra solo estamos como huéspedes y de que en nuestra existencia y en la de aquellos que nos rodean todo es finito.

Tal y como Platón define en su símil del “Carro tirado por dos caballos”, solo el alma es inmortal, pues es ella identificada como la Razón, la encargada de gobernar el carro; el armazón, lo material, es el cuerpo humano, y los dos caballos; en uno su función es la temperamental y la función del otro es la instintiva. Tanto las funciones de los caballos – personalidad humana – así como el armazón del carro, son mortales y únicamente la Razón (el Alma) es inmortal. Pues ésta siempre forma parte del mundo de los humanos, aunque unos la utilicen en mayor o menor medida que otros.

Por ello, mientras nuestra vida se desarrolla, la debemos considerar como una oportunidad para sintonizarnos a tiempo con la vida que nos ha tocado vivir. Tenemos que aprender y practicar el encontrarnos a nosotros mismos, sabiendo que no estamos solos. Somos muchos los que hemos de vivir en una misma época. Podemos ser felices y más libres si vivimos de manera que le vaya bien a todos, ya que una de las metas de nuestra vida podría resumirse en el siguiente razonamiento: “Yo soy feliz cuando aquellos que me rodean son felices”. Si logramos vivir estando convencidos de que podemos lograr hacer el Bien a cuantos nos sea posible, podremos ser más libres y felices.

¿Acaso no es cierto que en Navidad mayoritariamente somos más felices, nos sentimos más empáticos y en la medida en que podemos tratamos que los demás también lo sean?. Si haciendo esto en Navidad somos más felices, ¿por qué no lo practicamos todo el año?.

Esto demuestra que Sócrates y Platón tenían razón cuando afirmaban que el hombre es bueno por naturaleza, y que haciendo el bien a sus semejantes se puede ser más libre y feliz. Por ello no reduzcamos nuestra felicidad a esos pequeños periodos navideños. Aun desde un punto de vista egoísta, si resulta que somos más libres y felices haciendo el Bien a los demás, pues seamos egoístas y tratemos de ser más felices a costa de hacer el Bien a los demás.

Por M.A.I.S.


DEPRISA, DEPRISA por TIBU

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El hombre, el ser humano, está “condenado a ser libre”. Condenado, porque no se ha creado a sí mismo, y libre, porque una vez aquí es responsable de sus actos. De esta somera exposición nos surgen múltiples preguntas acerca del “ser”.

Partamos de la afirmación de que “somos” ya que nuestras percepciones así nos lo dicen, o dicho de otra manera, una vez admitimos nuestra existencia como algo real, surge el concepto de “ser ahí”. Entonces el “ser ahí” existe. El “ser ahí” es, además de un concepto, un ente que en cada caso soy yo mismo. Pues bien, es forzoso que esta determinación del ser del “ser ahí” se comprenda cobre la estructura del “ser en el mundo”. El punto de partida de la analítica del “ser ahí” está en la interpretación y comprensión de esta estructura. El fenómeno indicado con esta expresión permite que se le mire bajo tres puntos:

  • El “en el mundo”; aquí nace el conocimiento de preguntar por la estructura ontológica del “mundo” y de definir la idea de mundanidad como tal. Hay que empezar por poner la vista el “ser en el mundo” por el lado estructural “mundo”. ¿Qué puede decir describir “el mundo” como fenómeno?. Permitir ver los “entes” que se muestras dentro del mundo. El primer paso será entonces una enumeración de lo que haya en el mundo. Los entes de dentro del mundo son las cosas, cosas naturales y cosas dotadas de valor. El hecho de “ser cosas” es el problema. El ser de éstas, es la naturaleza en cuanto tal, el tema primario. Ese carácter del ser de las cosas naturales, de las sustancias, en la que todo se funda, es la sustancialidad. Mundo, si se emplea como concepto óntico, significa la totalidad de los entes que pueden “ser ante los ojos”, dentro del mundo. Si Mundo puede ser el nombre de toda la región que abarque una multiplicidad de entes; por ejemplo, el significado de mundo, al hablar del mundo matemático, será la región de los posibles objetos de la matemática. El mundo personal de cada uno sería el “mundo público del nosotros”, el mundo circundante peculiar y más cercano o doméstico de cada quien, o dicho de otra manera, “el mundo más inmediato”, al que llamaré “intramundo”. Popularmente podríamos aplicarle la expresión “andar por el mundo”, en relación a la circundaneidad de cada mundo singular.

  • El ente que es, en cada caso, en el modo del “ser en el mundo”, lo que se busca es aquello por lo que preguntamos al decir ¿quién?. Esta forma de ser se funda en el modo del cotidiano “ser en sí mismo”, lo que hace visible lo que podemos llamar “el sujeto de lo cotidiano”, el “uno”. El “uno” es inmediatamente y de forma regular poseído por su mundo.
  • El “ser en”. En este sentido se trata de la forma de ser de un ente que es “en otro”, como el agua en el vaso o el vestido en el armario. Esta “relación de ser” es susceptible de ampliación, por ejemplo, el banco está en el aula, el aula en la Universidad, la Universidad está en la ciudad, etc., etc. hasta llegar a decir que el banco está en el espacio cósmico. Este postulado podrías desarrollarse en la teoría de las octavas, expuesta en otro escrito anterior. Al final, desembocamos en la afirmación taxativa de que el tamaño no existe como tal, es relativo, o, como decías Hermes Trimegisto “como es arriba es abajo”.

Resumiendo lo anteriormente expuesto de una manera más “cotidiana”, podríamos decir que cada persona en su intramundo se crea a partir de las decisiones que, de manera singular, adopta en determinados momentos de su existencia. Y es precisamente la adopción de esas decisiones y sus consecuencias lo que determina el intramundo particular y a la vez universal de cada sujeto. Hablamos obviamente de aquellas decisiones trascendentes que marcan de una manera trascendental la existencia del individuo. Si partimos de la base de que por el hecho de estar condenados a ser libres, desde nuestro nacimiento todos estamos iniciando el camino desde el Km cero, toda nuestra existencia vendrá de una manera u otra a determinarse por la consecuencia de nuestras decisiones tomadas libremente. Es obvio que el fumador lo es porque en algún memento de su vida decide serlo, o el aventurero recorre el Amazonas por iniciativa propia, etc, etc.

El mundo actual en el que vivimos interfiere de manera directa en nuestro intramundo, al igual que el mundo circundante a cada cual casi siempre condiciona nuestra conducta individual. De manera clara el extracto social y cultural a partir del cual comienza a desarrollarse cada intramundo proporcionará las condiciones precisas para que cada uno adopte aquellas decisiones que conformarán su vida. Es obvio que el mundo moral, espiritual, que de alguna manera conformó los inicios de la humanidad ha perdido la batalla ante el consumo, el capitalismo caníbal y el poder más crudo. Sería lógico pensar pues que alguien nacido en un entorno social desprovisto de cultura, o de su afición y aprecio por ella y de los desapegos morales que conlleva tal carencia, podrá contemplar la delincuencia como un medio de sustentación que alimente el intramundo que, en un determinado momento, creó, como reflejo de la oferta que una y otra vez recibe de la sociedad actual.

De todas maneras, estos pensamientos gratuitos que estoy exponiendo aquí no me ayudan mucho a comprender por qué un compañero que conocí en la prisión, después de tres años interno, sale por fin en tercer grado, prometiendo a todos, y supongo que a sí mismo, que su vida iba a cambiar, que había comprendido que su camino debía ser otro, y un mes apenas más tarde, vuelve a entrar en prisión…

Deprisa, deprisa.

Por Tibu


SOBRE EL ARTE por TIBU

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Según el diccionario de la RAE, el arte es: 1. Virtud e industria para hacer algo. 2. Acto mediante el cual imita o expresa el hombre lo material o lo invisible, y crea copiando o fantaseando. 3. Conjunto de reglas para hacer bien algo. 4. Cautela, maña, astucia. 5. Aparato para pescar. 6. Lógica, física, o metafísica.

Max Scheler, creador del evolucionismo místico, sostiene que el hombre no es más que el portavoz del Universo, y que la obra creadora más pura, el arte, no se opone a la naturaleza, sino que la continúa y la supera. La idea del arte como imitación de la naturaleza es la más antigua de cuantas se han utilizado para su definición y procede de Platón y Aristóteles. Para Platón la idea de Belleza es la idea suprema, que se identifica con la idea de Bien. La pintura, la poesía, la escultura, son artes de imitación, pero no la idea pura, sino de las apariencias naturales que son su reflejo. Aristóteles reduce el Arte a mímesis o imitación. En las teorías renacentistas, las de Leonardo Da Vinci entre otros, el artista es casi un dios, que en lugar de imitar a la naturaleza, la conoce según principios creados por la mente humana. El punto de partida del pensamiento idealista se encuentra en Kant, quien se opuso a la idea de imitación, pues para él, el arte bello es la obra del genio. Hegel, considera que el propósito del arte es manifestar la verdad bajo la forma de representación sensible.

El arte no es necesariamente creativo. Para el ser humano el arte no es una meta sino un medio. El arte antiguo tiene cierto contenido interior. En tiempos antiguos el arte cumplía el propósito que ahora ocupan los libros: guardar y transmitir cierto conocimiento. Antiguamente no se escribían libros, el conocimiento se expresaba mediante obras de arte. De hecho, si sabemos interpretarlo, en ese arte antiguo encontraremos muchas ideas, incluyendo la música como arte por supuesto, y los hombres de aquella época tenían ese concepto del arte.

Cuando vemos danzar, vemos la forma exterior: belleza y técnica. Pero si conseguimos sobrepasar esa somera visión, observaremos que, entre otras, el propósito de la danza es el estudio. Algunos movimientos llevan implícitos cierta evidencia en ellos mismos, un conocimiento definido, o ideas religiosas y filosóficas.

Por tanto, los movimientos tienen dos fines: el estudio y el desarrollo. Como en todo en la humanidad hay que diferenciar occidente y oriente. El arte occidental contiene mucho de externo, a veces incluso filosofía. A diferencia de éste, el oriental es preciso, matemático, sin manipulaciones. Es una forma de escritura.

Pasa lo mismo con las ceremonias religiosas. Al principio tenían significado y quienes las ejecutaban lo comprendían. Poco a poco ese significado se olvidó y las ceremonias se volvieron mecánicas. Con el arte sucede lo mismo.

Estamos bajo ciertas leyes y no podemos resistirnos a las influencias externas. Imaginaremos resistíamos a las influencias externas. Imaginemos que llegamos a una monasterio. Aún a pesar de no ser religiosos, e incluso ateos, lo que allí tocan y cantan nos evoca el deseo de orar. Este arte objetivo está basado en leyes, mientras que la música moderna es enteramente subjetiva.

El conocimiento de estas leyes es necesario: matemáticas y física.

En oriente tienen la misma octava que en occidente, de do a do. La diferencia es que aquí, en Occidente dividimos la octava en siente, mientras que allá, en Oriente, tienen diferentes divisiones: en 48, 7, 4, 23, 30, etc. Pero la ley es común para ambos: de do a do, la octava. Cada nota a su vez contiene siete. A oído más sensible, mayor número de divisiones.

En occidente se usan cuartos de tono porque nuestros instrumentos, salvo el violín, viola, cello, y contrabajo, no tienen divisiones menores. En Oriente usan hasta séptimos de tono.

Volviendo a la octava, el resultado es que el do siempre regresa. El hombre está también construido con arreglo a dicha Ley. Sirve como un aparato hecho para el desarrollo de esta ley. Yo me alimento, pero la naturaleza me ha hecho para cierto propósito: debo evolucionar. Yo no como para mí mismo, sino para un propósito exterior. Como pan y también ingiero aire e impresiones. Es la Ley de la octava. Si tomamos cualquier nota puede llegar a ser un do. El do puede llegar hasta re y mi sin ayuda, pero para llegar al fa necesita de una ayuda externa. Esta ayuda externa ayuda al do a cruzar un lugar difícil. Después de esto no necesita de ayuda hasta llegar si, pero no puede ir más lejos por sí mismo. Nuestra meta es ayudar a que se complete la octava. Si, es el punto más elevado en la vida normal ordinaria, y es la materia desde la cual se puede construir un nuevo cuerpo.

Cada do es en sí mismo una octava entera. Hay muchos instrumentos musicales que de este do, pueden producir siete notas. Cada una de estas siete notas es un do. Cada mitad tiene siete unidades en sí misma y cada una, al ser dividida, resulta en otras siete unidades.

Como expuse en el comienzo, la esencia de la Ley Universal, de la que emana todo conocimiento, son física y matemáticas. La ley de las octavas por tanto tiene su origen en ambas.  Los antiguos herméticos defendían dos leyes: 1. “Como es arriba es abajo” y 2. “Todo vibra”.

Es curioso que el origen, el desarrollo y el fin de todo esté oculto en do, re mi, fa sol, la si, jajajajaj.

Tibu 


VIENE GENTE por E.F.B.

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El espectáculo de 2015 está protagonizado, sobre todo por sirios, que huyen de su país y de la bestia negra de una guerra, dirigida por desalmados genocidas que parecen ignorar lo que, en un conflicto bélico, significa la población civil. Lejos de respetarla y mantenerla al margen de la contienda que debería ser en exclusiva militar, el pueblo de Siria está siendo masacrado en el holocausto  más terrible del joven siglo XXI.

Al otro lado del escenario, los actores principales son poderosos gobernantes de la comunidad internacional, que ven como la vieja Europa (revestida de moderna) puede perder el control. Es como el juego tonto de la pelota que nadie quiere tener, con la particularidad de que se trata de personas desesperadas a las que, solo la muerte es capaz de frenar.

Sin embargo, aunque algo tarde, los cabecillas europeos han decidido realizar un reparto de refugiados por distintos países de la Unión. Pero es motivo de vergüenza, que dicha iniciativa, no tuviese un origen genuino en los despachos, y sí partiese de la calle en forma de grito popular. Una vez más para la historia, el pueblo alecciona a los que se supone instruidos para gobernar.

Este sería un momento propicio para que nuestros representantes institucionales demostrasen talla política, proporcional a la grave situación que supone este éxodo de los que legítimamente huyen del terror. Lo que pasa es que afloran torpes-insensibles (mala combinación), que, en lugar de empujar el carro del auxilio humanitario, se dedican a poner piedras en el camino de la libertad.

No es de recibo que se lance ningún tipo de alerta pública en el sentido de que entre las gentes que buscan refugio, pueda o no haber terroristas entrando en Europa con intenciones de matar. Porque no es momento de sembrar más inquietudes, sino de curar a los heridos, quitarles el hambre y allá donde estén a salvo, permitirles descansar. Las cuestiones de seguridad, ya se andarán.

¡A ver si empezamos a medir con una sola vara!, está visto que los grandes males que afectan a la tierra son el grupo de una doble moral contagiosa que antepone materiales a la razón, y poder a humanidad.

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Claro que se pueden colar yihadistas entre los que buscan auxilio, pero… ¡da lo mismo!, si en cualquier caso ya están entre nosotros. ¡O a caso no sabéis de nadie que desde los despachos europeos negocien con las mismas armas que luego nos habrán de matar?. ¡Basta ya de hipocresías!, basta ya de insultos y de engaños ilimitados que atentan contra la lógica y la razón, porque esa es otra forma de terror.

La Comunidad Internacional brilla por su ineptitud ante esta crisis, o lo que sería peor, es el cooperador necesario en este grave crimen contra la humanidad.

Para qué tantos convenios, leyes, reglamentos que por no ser aplicados no sirven para nada. Para qué anteriores guerras que deberían sentar el precedente de lo que no tiene que ser. Para qué tantas horas en despachos impecables con sueldos públicos, si luego tienen que ser el pueblo el que abra sus casas y tome la iniciativa de aliviar el dolor.

¿Hay algún culpable entre los poderosos?… ¡no claro!.

Sé que me voy un poco del hilo y en absoluto es comparable, pero me viene al recuerdo un crimen literario muy antiguo en el que la víctima no fue asesinada por nadie, fue un pueblo, ¡Fuenteovejuna mató al gobernador!

Por E.F.B.