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LAS REFLEXIONES DE LOS PÁJAROS por M.R.D.C.

M.R.D.C.


ACERCÁNDOME A LA LIBERTAD por E.F.B.

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Vendría a ser como la apertura mínima de una cápsula con espacio suficiente para que sólo puedas salir tú de la misma y lo que contigo en la cabeza te quieras llevar. Cualquier cosa que metas en la bolsa que te acompaña, carece de importancia sustancial. ¡Qué sé yo! Alguna prenda de ropa para vestir “lo externo”, si además te queda bien y revitaliza el espíritu juvenil que no debe de perder un cincuentón, tampoco te tiene que importar que la coquetería sea “pecado de vanidad”.

Al fin y al cabo no vive como en sociedad idílica cuyos individuos nos caractericemos, precisamente, por actuar con naturalidad, ni existen entre nosotros grandes reyes de la sencillez. Sin duda, una torpeza de defectuosa humanidad.

Quizá me equivoque al arrancar con esta parrafada filosófica, dando por hecho que “lo profundo” es asunto de interés. Quizá no me he dado cuenta, por intencionalidad de ser leído, que lo que “más vende” suele tener gran carga de superficialidad. Sin embargo, y como quiera que lo que me gusta es escribir, ¿por qué no habría de hacerlo hoy desde la intimidad? Es mi deseo, soy un activo participante del Blog Nómadas y con ello hago un uso legítimo de la oportunidad.

Hablaba de “cápsula” en el encabezamiento, porque tras cinco años de estar encerrado en prisión, se me ha otorgado la confianza para que “sin cadenas” salga de mi cautiverio con el objetivo de “sondear” cómo sería la vida en libertad tras tanto tiempo sin probarla. Setenta y dos horas en un océano temporal inconmensurable por necesidad. ¡Que nadie se alarme porque van a soltar a un preso!, por lo común y salvo escasas – aunque notables algunas – excepciones, la “oveja” suele volver al redil para cumplimentar la deuda social adquirida por el acto reprobable que originó la especial situación. En mi caso ya es pretérito, y esa breve aunque intensa oxigenación, es el detonante de estas letras que escribo al regreso, desde mi celda en Soto del Real.

Cuando salí realicé un ejercicio mental que me permitía obtener una perspectiva secuencial y fotográfica sobre mí mismo analizando aquellos “primeros pasos” fuera de los muros del penal. ¡Una auténtica locura! Una borrachera de sensaciones que se antojan indescriptibles y entre las que me pierdo por caminos muy dispares cuando las intento verbalizar. ¿Os imagináis a un mono de esos pequeñitos al que se le abre la jaula en el zoo y se encuentra ante sí la inmensidad? Pues, salvando las pertinentes distancias entre el primate y mi persona, uno de ellos parecía yo. Torpe, angustiado, expectante, ansioso, analista, tocón. Atorado en un abismo de cien mil preguntas en tiempo récord- Vigilante, orgulloso, sumiso a la vez que altivo. Todo junto y desordenado envuelto en una burbuja ignorada hasta la fecha; una dimensión distinta a lo conocido. ¿Quizá como un vagabundo que con resignación anhela un punto donde sosegarse?, ¿un excomulgado en vías de reconversión que alberga la esperanza de ser perdonado o de encontrar refugio en religión distinta? ¿un apátrida de lo social que pisa territorio extranjero o flota en una tierra de nadie, porque ni se quiere sentir de la cárcel ni se puede sentir de la libertad?-

Bien pudiera parecer que exagero o dramatizo en demasía, pero muchos son quienes podrían dar fe de que poco es cuanto aquí vengo a contar… y sin embargo fui, estuve y volví con ilusiones, que se bañan en la sensibilidad oculta tras la coraza de un “criminal de temporada” que parece haberse dado cuenta del valor de lo que se tiene y de la superioridad que puede llegar a ostentar lo sencillo y la sencillez.

Pero nada de esto hubiese sido posible – seguramente – sin el elemento fundamental que mantiene firme a un preso durante una larguísima condena: LA FAMILIA…

Por eso quiero aprovechar estas líneas para traducir a palabras una mínima parte de lo que siento en el corazón.

Al sumar los años de cárcel, con los que anduve por mundos de delincuencia y marginalidad, tengo que hablar de “diecimuchos” desde que protagonicé mi desaparición de un plano social de “normalidad” a principios del 2000. El traumático abandono de una familia al completo que inmerecidamente recibiría el peor pago de sufrimiento de parte de uno de los suyos. Una dramática decisión que resultó del dilema impuesto por la situación excepcional de la que era mi vida. Tener que elegir entre que me creyesen muerto o que viesen los terribles efectos derivados de una gravísima drogadicción, hizo que optase por la primera, utilizando con torpeza la técnica de la avestruz. Una decisión del todo errónea por haber dejado de ser el soberano de mi voluntad, entregada entonces a un asesino tóxico y cruel.

¡Tantos años más tarde!, esa humilde familia descompuesta por significativas pérdidas y a la que no acompañé en sus peores momentos… ahí estaba, firme, acompañándome a mí. Sin un reproche de sus bocas, sin un mal gesto, arropándome y consolándome en un duelo, como si del mismo yo fuese el único acreedor… un acto sencillo que te muestra cuál es la verdadera cima del “poder”.

Pudiera ser que el relato de la historia de un permiso penitenciario, con la particularidad y vivencia de cada uno, requiriese de amplia literatura para todo aquel o aquella a quien pudiese interesar. Esta es la narrativa más simple que de mis tres días puedo escribir. Me quedo corto, pinceladas a grandes rasgos de lo que parece imposible narrar. Pero no debo ni quiero dejar que vuele esta oportunidad de expresar mi gratitud. ¡Gracias!, a esa madre, a ese hijo, a ese hermano, que me ha “regalado” un sobrino precioso. A esos tíos y tías, primas y primos, tan especiales que me han mostrado el valor de una familia. A esos vecinos tan viejitos y entrañables que con su cariño me han devuelto buena parte de la niñez. También a esos pocos amigos a quienes creí perdidos de mi vida para siempre, y ahora me ayudan a volver a sonreír; aunque tenga que ser con lágrimas en los ojos de la más pura felicidad.

Seguiré esperando en mi celda y con forzada paciencia a que lleguen nuevos días de permiso para volver a revivir tales sensaciones. Acaso, también, otras amargas de las que la propia vida a nadie exime; pero que sea entre mi familia y en mi hábitat natural. Necesito apurar momentos para sentirme como ese mono al que suelta de su jaula. ¡O mejor!, para sentirme como una persona “normal”.

E.F.B.


PENSAMIENTOS DE VIDA por A.H.D.L. (Colaboración C.P. Villanubla)

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A pesar de tantos inconsolables e interminables años de estar privado de libertad, hoy más que nunca pienso, la libertad es un estado interior, esta reflexión me motivo a crear dos frases:

“No existen muros, barrotes o alambradas que pueda arrebatar nuestra libertad interior”.

“Pueden hacer prisionero tu cuerpo, pero jamás tus sentimientos, tus sueños y esperanzas”.

Escribió Elena Wolf: “no hay cerradura ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente”. Quiero compartir con mis lectores y compañeros de Nómadas una correspondencia persona que ha sido enviada por un fiel e incondicional amiga que me alentó para “no rendirme” en mis peores momentos.

Es un viejo poema escrito por Walt Whitman escritor y poeta norteamericano en el siglo XIX pero sus palabras son de una evidente vigencia actual, futura y de eterna sabiduría de vida:

 

No te rindas, aun estás a tiempo

De alcanzar y comenzar de nuevo, aceptar tus sombras,

Enterrar tus miedos, liberar el lastre, retomar el vuelo.

No te rindas que la vida es eso,

Continuar el viaje, perseguir tus sueños

Destrabar el tiempo, correr los escombros y destapar el cielo.

No te rindas, por favor no cedas,

Aunque el frio queme, aunque el miedo muerda, aunque el sol se esconda,

Y se calle el viento, aun hay fuego en tu alma, aun hay vida en tus sueños.

Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo,

Porque lo has querido y porque te quiero.

Porque existe el vino y el amor, es cierto.

Porque no hay heridas que no cure el tiempo.

Abrir las puertas, quitar los cerrojos,

Abandonar las murallas que te protegieron,

Vivir la vida y aceptar el reto, recuperar la risa, ensayar el canto,

Bajar la guardia y extender las manos,

Desplegar las alas e intentar de nuevo,

Celebrar la vida y retomar los cielos.

No te rindas, por favor no cedas,

Aunque el frio queme, aunque el miedo muerda, aunque el sol se ponga,

Y se calle el viento, aun hay fuego en tu alma, aun hay vida en tus sueños.

Porque cada día es comienzo nuevo.

Porque esta es la hora y el mejor momento,

Porque no estás solo, porque yo, te quiero.

A.H.D.L.


DECÍDELO TÚ por TIBU

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Cuando el protagonista de Hamlet, mientras sostiene entre sus manos una calavera, pronuncia la famosa frase “ser o no ser, ese es el dilema”, realmente deja abierto el dilema entre la libre elección de lo más íntimo del ser humano: ¡la capacidad de elegir entre seguir viviendo, o no!. La eutanasia. También podríamos hablar de suicidio. En mi caso prefiero la primera de las dos palabras, me parece la menos agresiva.

En la cuna de la civilización actual, Grecia, ya se contemplaba su uso, símbolo de la libertad suprema de la voluntad individual, incluso había formas de llevarla a cabo destinadas exclusivamente a las clases altas.

En la época romana, a Séneca se le concedió el privilegio de morir a través de la ingesta de veneno, asistido por su personal de servicio.

En culturas consideradas como ejemplo de sabiduría incluso el suicidio era considerado como el único acto supremo que podía lavar la deshonra. En el Japón medieval si tus actos habían provocado una deshonra que resultaba insoportable el único acto capaz de devolverte la vergüenza perdida era el sepuku. Entre los samuráis incluso el asistir al suicida ritual cortándole la cabeza para ayudarle en la voluntaria muerte era un raro privilegio, considerado un honor. Hoy día, a pesar de estar prohibido, la vieja tradición del sepuku sigue siendo la causa de varios cientos de muertes al año.

Y este acto final, totalmente volitivo, en la sociedad moderna está prohibido. Alegan razones morales y/o religiosas que suelen ser lo normal. Pero realmente creo que la vida, la de cada uno, solamente debe pertenecerle a cada uno, y ello conlleva la singular decisión de continuarla hasta que la naturaleza decida, o terminar con ella en el tiempo y la forma que cada uno desee, libremente, sin necesidad de dar explicación alguna. No conozco a nadie a quien le hayan pedido permiso previamente para nacer, para otorgarle la vida y precisamente por eso, porque nos han obligado a estar aquí, el ser humano debería ser libre para regresar a donde vino.

En la actualidad existen algunos países de los que llaman desarrollados, como Suiza, por ejemplo, en los que el que quiera, de manera libre y singular puede optar por una eutanasia química, que no conlleva convulsiones, ni estertores, ni dolor alguno.

Créame amigo, por mucho que te hayan contado, naces solo y mueres solo, todo lo demás está por ver.

Y no quiero que se me malinterprete, no tengo de momento intención alguna de abandonar este mundo, siempre y cuando mis funciones físicas y mentales trabajen normalmente, solo trato de defender una opción que creo que debería ser legal y libre.

“Puesto que la muerte es tan difícil de sobrellevar, el agotamiento de las fuerzas nos va preparando el terreno” (Schopenhauer).

Y si me paro a pensar en esas raras ironías de la humanidad, saco la conclusión de que uno de los grandes suicidas de la historia fue Cristo, según los cristianos, el propio Dios. Tuvo siemore la opción de salvarse, no obstante su poder en teoría era infinito, pero por las razones que fuesen decidió morir. Y que yo sepa nadie le ha condenado por ello. A partir del cristianismo comenzó la represión. Existen dos medios empleados en la represión: la fuerza física en forma de penalidades legales, o la coacción moral de la opinión pública. Todo ello bajo la excusa que justifica tales actos con el único fin de evitar que el individuo en cuestión, miembro de una supuesta sociedad civilizada, perjudique a los demás.

Sinceramente, aparte de a los limpiadores, forenses y enterradores, no veo a quien pueda perjudicar la eutanasia, y no me vengan con cuestiones morales de familia, amigos, etc. precisamente ellos deben ser los primeros que lo entiendan, cuando no lo apoyen.

Salud y  rock and roll.

Tibu


A VECES EN PRISIÓN… por J.A.M.

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A veces en prisión te encuentras de muchas maneras, de muchas posiciones, de repente puedes tener todo y de golpe y porrazo por un fallo te quitan todo. El esfuerzo que has hecho durante ese tiempo parece no haber valido para nada, pero no queda otra forma que seguir luchando para algo… por tu libertad.

Libertad… que palabra, nunca pensé que podría mover tanto sentimiento cuando no se tiene, pero si de algo estoy seguro es que aquí no se queda nadie, por muy larga que sea tu condena, al final saldremos. A vece, hablo por mí mismo, tengo días alegres a pesar de estar preso y hay día en que estoy  triste, extrañas mucho a la familia, en especial a mi madre y pienso: “Dios mío, dónde me he tenido que ver metido para darme cuenta de lo que es la vida, de que las decisiones que tomas afectan a todo tu entorno”… y de eso antes no me daba cuenta, o no lo quería ver. Pero cada día que pasa sé que en parte todo esto te hace más fuerte en todos los sentidos, te hace valorar más las cosas a las que antes ni si siquiera dabas ningún valor.

La cárcel está llena de luchadores y de personas que se han dado por vencidos en la lucha diaria. Yo me considero un luchador, porque no me rindo por nada del mundo, no dejaré de hacerlo si me caigo o estoy cansado y derrotado; me levantaré y seguiré luchando, con mi escudo y con mi espada… y aunque los pies me pesen, seguiré caminando, porque todas las luchas se acaban y si se quiere, se puede salir victorioso.

Tu libertad, es también salir por aquella puerta por la que entraste y recordar siempre lo que éramos antes de entrar, lo que somos ahora, para afrontar lo que seremos en un futuro.

J.A.M.


LIBERTAD INDIVIDUAL: CONDICIONADA-MENTE-DELIMITADA por M.A.I.S.

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Debemos tener claro qué implica y significa la “libertad”. A diferencia de los animales, que según algunos, únicamente obedecen a sus instintos, a los humanos, se nos presuponen las capacidades de; actuar, decidir, obrar, o no hacerlo. El Ser Humano, es una realidad individual y compleja, tanto física, como psicológica y suele necesitar de varios términos para definir un mismo concepto. Por ello, en esta reflexión intentaré vislumbrar si la que yo considero “libertad pura”, es una realidad existente, o si por el contrario, tan solo es un estado, al que el hombre, únicamente puede acariciar con la esperanza de aproximarse lo más posible, pero que difícilmente podrá lograr perfecta y totalmente.

Por libertad individual entendemos, el estado en que un Ser Humano no se halla sujeto a coacción por parte de otro u otros, que puede decidir, elegir, obrar o no hacerlo, pero todo ello sin ningún tipo de determinación. No debemos confundir la “libertad individual” con “libertades de.. o para…”, representadas también en los “derechos de… y para…”, igualmente de muy dudosa eficacia y cumplimiento, ejemplo: “los Derechos Humanos”. La libertad pura, es una, puede variar en grado, pero no en clase. De hecho, a mi modo de entender, la variabilidad en clase de algunas “libertades y derechos” mengua el grado de libertad individual, la cual exige que cada persona tenga varias opciones de elección sobre un mismo asunto, cuantas más tenga, tanto más libre será la sociedad en la que ésta vive. Por el contrario, si los poderes socio-económicos, políticos y comerciales, actúan delimitando las posibilidades de elección, esta sociedad será de muy bajo, por no decir nulo, nivel de libertad individual.

Al vivir en sociedad, adoptamos normas morales, costumbres sociales y culturales, además de asumir las existentes en las microsociedades en las que diariamente nos desenvolvemos; trabajo, amigos y familias. Aunque no somos conscientes de ello, en ocasiones, “decidimos”, “elegimos” y “actuamos” creyendo hacerlo libremente, pero en realidad esas elecciones, decisiones y actuaciones obedecen a la interacción entre individuos pertenecientes a una sociedades excesivamente intervenida por los poderes citados con anterioridad.

No ayuda mucho la variabilidad que sufren las supuestas libertades paralelas. En primer lugar las “libertades de expresión y de pensamiento” según las cuales el individuo podrá expresarse libremente sin sufrir restricciones o sanción alguna, salvo incumplimiento de las leyes fijadas en cada Estado. En segundo lugar las “libertades y derechos de no ser acosado física o moralmente y para no ser manipulado por medios que escapen a nuestro control consciente, (propaganda, nuevas tecnologías, publicidad, etc.).

En el caso de las primeras, algunas veces, las expresiones y peticiones formuladas por uno o varios individuos, aun no siendo punitivas de delito o sanción legal, sí son penalizadas por algunos colectivos, a veces de forma muy dañina, para quienes las expresan. Ejemplo, el reciente caso de una familia residente en Cataluña, que al expresar su deseo y derecho a que sus hijos reciban  en el porcentaje fijado por el gobierno central, la educación en español, han sido denostados, han tenido que matricular a sus hijos en otro colegio y su negocio se ha ido a la ruina. En ello, han participado diferentes agrupaciones catalanistas que han contado con la colaboración de algunos medios periodísticos afines al independentismo catalán.

Respecto de las segundas, puede afirmarse que muchas empresas pertenecientes a los sectores de la comunicación y la publicidad, reiteradamente vulneran estas supuestas “libertades” y “derechos”. Es conocido, que anualmente destinan decenas de millones de euros a financiar estudios psicológicos para crear y modificar la opinión, presionando y activando los mecanismos cerebrales encargados de regular los deseos e impulsos conscientes e inconscientes de los individuos que conforman las pasas sociales, orientándoles hacia los objetivos por ellos seleccionados y ofrecidos: publicidad engañosa, creación de falsas necesidades y conductas excesivamente impulsivas.

La libertad pura, es un deseo, fuente de felicidad y un valor imprescindible que hay que conquistar cada día, más que una realidad definitiva. Es fundamental saber diferenciar lo que nos hace “libres” de aquello que nos esclaviza. Para ello se ha de ejercitar el autodominio, la racionalidad y la responsabilidad, buscando el bien y la felicidad común, además de la igualdad de trato para todos, con independencia de las preferencias, costumbres, y conductas, siempre y cuando, claro está, no se vulneren leyes, ni se perjudique la libertad de los demás.

Ser libre, no es solo tener derecho a decidir, obrar, elegir o no hacerlo. Muy a menudo reivindicamos nuestra libertad, pero no aceptamos ser responsables de nuestros actos y sus consecuencias pues tenemos una percepción egoísta de este concepto, y solemos querer creer que la libertad es particular, de cada uno, y por ello podemos usarla como nos venga en gana, pues de no ser así, no sería libertad.

Si aplicamos a éste concepto su verdadero significado y alcance, hemos de tener claro que ello exige asumir la responsabilidad. Por eso, no todos la quieren, muchos ni tan siquiera quieren saber para qué sirve, pues dicen vivir más “tranquilos y felices”, teniendo una vida programada, en la que son otros los que ejercen la responsabilidad de obrar y decidir. Pero no es lo mismo sentirse feliz y libre, que serlo realmente. Eludir no nos libera de todo aquello que se produzca frito de nuestra dejación de la responsabilidad, ya sean las consecuencias; beneficiosas o perjudiciales para nosotros o para los que nos rodean.

Con todo lo expresado, únicamente puedo extraer que: responsabilidad, libertad y felicidad, son conceptos que inexorablemente marchan juntos. Difícilmente podremos encontrar una persona, la cual, consideremos responsable y “libre”, y que sea infeliz. Por tanto, personalmente pienso que:

“Se ha de querer ser feliz, haciendo responsablemente. Para tener y hacer, lo que se quiere, con responsable libertad, logrando así, la felicidad”.

Cuestión igualmente difícil, esto de la felicidad, ¿qué es? ¿cómo se logra? Bueno, esto… es otra reflexión que está por llegar.

M.A.I.S.


¿TAXI, ESTÁ LIBRE?, por J.R.G.

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… Así nos dijo Dani, el director de la revista: “ahora escribamos sobre la palabra libertad”.

  • ¿la libertad?, le pregunté.
  • Sí, la libertad, enfatizó.

… Y comenzaron aquellas sensaciones en las que bajas las musas y me meten en la cabeza sus inspiraciones.

Recordé como hace cerca de veinte años, tuve sueños repetitivos en los que saltaba de una alta montaña y volaba cortando el viento con mi cuerpo y acariciando las nubes con los brazos abiertos veía la ciudad como si fuese una maqueta de algún arquitecto. Volaba sin resquicios de temor y abrazado por una inmensa sensación de libertad.

Años más tarde y leyendo los libros del monje tibetano Lobsan Rampa, comprendí que había hecho “viajes astrales”: me desdoble.

De tal forma que se quitaron los “dobleces”, esa sensación de plenitud extracorpórea no puedo comprarla con nada más, me sentí LIBRE.

Algo similar vivió con una Eva con la que cometimos el pecado menos original de todos los pecados, comiéndonos los frutos del árbol en el que aprendimos a cosechar una gama de sensaciones que parecieron borrarme las arrugas de la vida, me sentí LIBRE.

Allí en Andorra, fumándome un puro kilométrico y sorbiendo de una copa enorme el elegante coñac como perfume en caja de terciopelo, experimenté un enorme placer acrecentado por el sonido del fuego ardiendo en una chimenea de una casa medio enterrada en la nieve; me sentí LIBRE.

Placer inmenso experimenté durante varios años mientras gozaba de algo que decían era mi trabajo: perseguir noticias con un camarógrafo sudado tanto como yo, corriendo entre el barro, ensopados por la lluvia y a la caza del mejor plano y el testimonio más contundente; me sentí LIBRE.

Mientras tanto la vida y algunos habitantes de este planeta encadenado, han intentado borrar un difumino una sonrisa de experiencias que me procesiona por dentro, pero aún el día que “cuelgue los guayos”, allí a donde vaya me estaré burlando de la palabra LIBERTAD. Es como una prostituta vieja, teticaída y más tocada que el Himno Nacional.

Ella ha perdido significado por ser caballo de batalla de políticos con discursos desgastados, jueces mal dormidos, abogados deshumanizados, campañas publicitarias para vender seguros de no vida, coches que pronto volarán, yogures milagrosos, agencias de malos viajes, etc, etc.

En el diccionario de la falacia LIBERTAD comparte espacio con vocablos como AMOR, AMISTAD, LEALTAD, FIDELIDAD, INTEGRIDAD, etc.

Querido Dani, LIBRE es aquel aviso que alumbra sobre los taxis, no es la palabra que me prometen que seré, simplemente porque he volado, he fumado, he bebido mi coñac, me he calentado con chimeneas, le he quitado la calentura a Eva y he corrido bajo la lluvia con un camarógrafo a mis espaldas.

¡Taxi!, ¿está libre?

Señor taxista no ponga el taxímetro y partamos la diferencia.

J.R.G.