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REPÚBLICA DE SOTO DEL REAL por G.E.N.

Bienvenido a la República de Soto del Real, donde nadie es extremadamente rico y nadie es extremadamente pobre. Donde los ricos y los pobres del mundo exterior desayunan, comen y cenan el mismo menú en el mismo restaurante llamado “Mesón el Comedor”.

 

Donde ropas de marca, zapatos de marca, bolsas de marca, perfumes de marca y todas las cosas de marca dejan de tener sentido. Donde toda la gente de todas las nacionalidades del mundo exterior tienen el mismo carnet de identificación e ingresas sus dineros en el mismo banco y tienen la misma tarjeta de crédito que se llama “catumba” y cobran la misma cantidad cada semana. Donde los chequeos médicos y suministros de medicamentos son los mismos para los ricos y los pobres (y encima gratis). Donde las ropas, sábanas y mantas de los ricos y pobres se lavan en la misma lavandería; donde asuntos con sentido y sin sentido son importantes para los sabios y los necios. Donde los ricos y los pobres tienen y usan los mismos vehículos que se llaman “piecedes Benz”.

 

Donde los ricos y los pobres, los vagos y los ágiles, los sabios y los necios se meten en sus camas al mismo tiempo y se despiertan a la misma hora. Donde los políticos corruptos, los narcotraficantes y todo tipo de delincuentes y algunos inocentes tienen el mismo apartamento llamado “chabolo“.

 

Donde fascismo, racismo, machismo, terrorismo y todas las palabras malas terminadas en “ismo” son del pasado. Donde las mascotas (palomas y aves) son de todos y para todos y tienen más libertad que sus dueños. Donde las armas de sus policías y soldados son sus guantes y las balas sus manos.

 

Donde las crisis, las hipotecas, los rumores de destrucción masiva y mínima no tienen su sitio. Donde prostitución, corrupción, elección e inmigración son cosas del pasado.

Dios bendice a esta República, la tierra de justicia e igualdad, donde todos sus ciudadanos tienen el mismo objetivo y esperanza que es la libertad.

G.E.N.

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MI HIJO ÍCARO por M.R.

Cuenta la leyenda que el dios Minos encerró a Dédalo y a su hijo Ícaro en la torre más alta de Creta.

“Han pasado ya más de diez inviernos y es el momento en el que mi espíritu me pide que cuente lo que ocurrió en realidad. Ya soy muy viejo, me canso pronto, mi pulso no es firme y mi vista muy deficiente. Mi corazón es muy débil y sé que pronto se detendrá.

Minos el Todopoderoso me regaló una mente excepcional, un cuerpo sano y una mujer hermosa y buena, que además de darme un hijo, me amó y me respetó hasta el último de sus días.

Pero un día, mi dios se enojó conmigo y me encerró a mí y a mi hijo Ícaro en la Torre del Abandono, la atalaya más alta jamás creada por el hombre. A ella acuden, cada siete puestas de sol, un grupo de soldados a traernos comida y agua.

Este monumento a la soledad y a la desesperación está construido sobre un amasijo de rocas al borde del mar. Minos tuvo la maldad de mandar quitar el techo de la torre, pero fue benévolo al acceder a mi único deseo, una mesa, pergaminos de estudio y cientos de velas para poder escribir y leer.

Siento un hondo penar por mi hijo y por mi mujer Elena. En su momento idee un plan para escapar los dos de aquí. El hombre no nació para estar encerrado.

Veía a Ícaro languidecer jornada tras jornada. Estaba triste y abatido. Yo no le podía decir aún que teníamos una posibilidad de escapar; era una locura, pero teníamos que intentarlo. Le pedí que fuera juntando las plumas de las aves que sobrevolaban nuestro encierro. Le dije que cuando tuviéramos muchas nos haríamos un catre bien cómodo. Él, joven e inexperto, me obedecía y yo trabajaba por las noches…

Finalmente, llegó el día en el que decidí poner en ejecución el plan tan sumamente arriesgado que tracé al principio de nuestro cautiverio; tras 159 veces de ver la luna dominar el vasto firmamento y tras 159 sesiones de exhaustivo y afanoso trabajo ya solo me quedaba una cosa: mostrarle a Ícaro las dos parejas de alas que había fabricado noche a noche. Con la cera de las velas fui conjuntando miles de plumas y dándoles forma de alas. Saldríamos de aquella fortaleza volando como gaviotas; buscaríamos volando la libertad que nos fue arrebatada.

Minos es infinito, eterno y omnipresente, pero Minos también descansa. Sus ojos divinos se cierran, y en esos periodos que no ve, el hombre se ve capaz de afrontar lo prohibido.

Le expliqué el plan a Ícaro, pidiéndole por favor y reiteradamente que lo siguiera a la perfección. Que no se separara de mí ni un palmo.

No teníamos que volar, tan sólo planear hasta poder llegar al mar y de allí dejarnos llevar por la corriente y que ésta nos aproximara a la tan deseada costa. Quizá Minos premiaría nuestro coraje y nuestra audacia. Íbamos a intentar escapar sin hacer daño a ningún ser vivo, ni hombre ni animal.

Así, yo fui el primero en saltar. Las alas, jugando con el viento, me alejaron de la pared de la torre y de las rocas de abajo. Mi conjunto corporal fue descendiendo suave y gradualmente en dirección a la espuma que formaban las bellas olas de aquella alfombra marina.

Miré hacia arriba, buscando con mi vista a Ícaro. Los hijos del Sol ya empezaban a mostrar su fulgor y su calor. Le vi saltar, pero no planeó. Agitó sus vigorosos brazos con fuerza. Comenzó a volar, comenzó a elevarse. Le oí que gritaba: “Mira padre, puedo volar!!”. Desafió al Dios Minos, y fue castigado. Al acercarse al Sol, la cera de sus alas se derritió, y cayó; cayó presa de su loca euforia. No quise ver como su cuerpo joven y lleno de vida se estrellaba contra las piedras.

Así terminó mi triste historia.

Aprendan de la prudencia y de los consejos de sus seres queridos”.

Este relato está basado en la canción “Flight of Icarus” de Iron Maiden.

M.R.


CADENA PERPETUA por E.V.M.

El tema de esta exposición, es el título de una película. Para todos aquellos que la habéis visto, quizá recordéis inmediatamente esta pregunta: “Y tú por qué estás aquí?

Es muy normal aquí en prisión, es lo primero que te preguntan al entrar. Pero yo quiero hacer otra pregunta que invita a la reflexión ¿para qué estoy yo aquí?

Pues personalmente pienso que la primera pregunta, muchos la contestan sin pensar más, solo en el hecho que lo trajo hasta aquí. Sobre la primer pregunta poco podemos hacer ya. En cambio, la segunda pregunta implica mucho más en nosotros mismos, la acción en mi y hacia los demás presos.

El trabajo en sí mismo, significa poder identificar esos errores que producen dolor, tanto a nosotros mismos como aquellos que nos rodean. Tenemos que identificar comportamientos nocivos, que solo tuercen nuestros pasos en el caminar por la vida.

Yo, personalmente, desde mi celda 116 del Módulo 12, trato cada día de aclarar en mi mente el sentido de todo, en especial el hecho de, para qué estoy aquí. Descubro que hay cosas que no sabía y que suceden en circunstancias como estas, en prisión.

Desde la libertad, nunca tuve un pensamiento de lo que sería este lugar, estar preso, sin la tan anhelada libertad. Pero tras estos muros de hormigón fríos, grises, altos y con rejas, voy descubriendo aspectos de mí que antes no veía.

El primero, es compartir un pequeño habitáculo llamado en la jerga carcelaria: “chabolo”, donde dos personas que nunca se conocieron tienen que compartir juntos. Es un reto y un desafío, hacer cambios en uno mismo para tener una buena convivencia con el compañero.

Segundo, aprendes de la soledad aunque haya más personas cerca. Controlar tu tristeza y lágrimas, sin saber qué mano te ayudará o qué palabra de ánimo recibirás.

Estoy sorprendido de comprobar lo que la amistad significa en un lugar como este. Ayudar a otros internos en la medida de mis posibilidades, tomar esta nueva situación con calma, un alto o punto de reflexión en la vida para poder ser mejores seres humanos estando en libertad.

Creo que de la segunda pregunta planteada aquí antes, para todos, yo ya estoy dando respuesta en una pequeña parte de todo lo que implica y seguro estoy que muchos también responderéis de forma positiva a esta reflexión.

Cuando otra vez me pregunten ¿por qué estoy aquí?, responderé: para aprender… nunca olvidemos que “un santo no es sino un pecador que perdura intentándolo de nuevo”.

E.V.M.


LAS REFLEXIONES DE LOS PÁJAROS por M.R.D.C.

M.R.D.C.


ACERCÁNDOME A LA LIBERTAD por E.F.B.

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Vendría a ser como la apertura mínima de una cápsula con espacio suficiente para que sólo puedas salir tú de la misma y lo que contigo en la cabeza te quieras llevar. Cualquier cosa que metas en la bolsa que te acompaña, carece de importancia sustancial. ¡Qué sé yo! Alguna prenda de ropa para vestir “lo externo”, si además te queda bien y revitaliza el espíritu juvenil que no debe de perder un cincuentón, tampoco te tiene que importar que la coquetería sea “pecado de vanidad”.

Al fin y al cabo no vive como en sociedad idílica cuyos individuos nos caractericemos, precisamente, por actuar con naturalidad, ni existen entre nosotros grandes reyes de la sencillez. Sin duda, una torpeza de defectuosa humanidad.

Quizá me equivoque al arrancar con esta parrafada filosófica, dando por hecho que “lo profundo” es asunto de interés. Quizá no me he dado cuenta, por intencionalidad de ser leído, que lo que “más vende” suele tener gran carga de superficialidad. Sin embargo, y como quiera que lo que me gusta es escribir, ¿por qué no habría de hacerlo hoy desde la intimidad? Es mi deseo, soy un activo participante del Blog Nómadas y con ello hago un uso legítimo de la oportunidad.

Hablaba de “cápsula” en el encabezamiento, porque tras cinco años de estar encerrado en prisión, se me ha otorgado la confianza para que “sin cadenas” salga de mi cautiverio con el objetivo de “sondear” cómo sería la vida en libertad tras tanto tiempo sin probarla. Setenta y dos horas en un océano temporal inconmensurable por necesidad. ¡Que nadie se alarme porque van a soltar a un preso!, por lo común y salvo escasas – aunque notables algunas – excepciones, la “oveja” suele volver al redil para cumplimentar la deuda social adquirida por el acto reprobable que originó la especial situación. En mi caso ya es pretérito, y esa breve aunque intensa oxigenación, es el detonante de estas letras que escribo al regreso, desde mi celda en Soto del Real.

Cuando salí realicé un ejercicio mental que me permitía obtener una perspectiva secuencial y fotográfica sobre mí mismo analizando aquellos “primeros pasos” fuera de los muros del penal. ¡Una auténtica locura! Una borrachera de sensaciones que se antojan indescriptibles y entre las que me pierdo por caminos muy dispares cuando las intento verbalizar. ¿Os imagináis a un mono de esos pequeñitos al que se le abre la jaula en el zoo y se encuentra ante sí la inmensidad? Pues, salvando las pertinentes distancias entre el primate y mi persona, uno de ellos parecía yo. Torpe, angustiado, expectante, ansioso, analista, tocón. Atorado en un abismo de cien mil preguntas en tiempo récord- Vigilante, orgulloso, sumiso a la vez que altivo. Todo junto y desordenado envuelto en una burbuja ignorada hasta la fecha; una dimensión distinta a lo conocido. ¿Quizá como un vagabundo que con resignación anhela un punto donde sosegarse?, ¿un excomulgado en vías de reconversión que alberga la esperanza de ser perdonado o de encontrar refugio en religión distinta? ¿un apátrida de lo social que pisa territorio extranjero o flota en una tierra de nadie, porque ni se quiere sentir de la cárcel ni se puede sentir de la libertad?-

Bien pudiera parecer que exagero o dramatizo en demasía, pero muchos son quienes podrían dar fe de que poco es cuanto aquí vengo a contar… y sin embargo fui, estuve y volví con ilusiones, que se bañan en la sensibilidad oculta tras la coraza de un “criminal de temporada” que parece haberse dado cuenta del valor de lo que se tiene y de la superioridad que puede llegar a ostentar lo sencillo y la sencillez.

Pero nada de esto hubiese sido posible – seguramente – sin el elemento fundamental que mantiene firme a un preso durante una larguísima condena: LA FAMILIA…

Por eso quiero aprovechar estas líneas para traducir a palabras una mínima parte de lo que siento en el corazón.

Al sumar los años de cárcel, con los que anduve por mundos de delincuencia y marginalidad, tengo que hablar de “diecimuchos” desde que protagonicé mi desaparición de un plano social de “normalidad” a principios del 2000. El traumático abandono de una familia al completo que inmerecidamente recibiría el peor pago de sufrimiento de parte de uno de los suyos. Una dramática decisión que resultó del dilema impuesto por la situación excepcional de la que era mi vida. Tener que elegir entre que me creyesen muerto o que viesen los terribles efectos derivados de una gravísima drogadicción, hizo que optase por la primera, utilizando con torpeza la técnica de la avestruz. Una decisión del todo errónea por haber dejado de ser el soberano de mi voluntad, entregada entonces a un asesino tóxico y cruel.

¡Tantos años más tarde!, esa humilde familia descompuesta por significativas pérdidas y a la que no acompañé en sus peores momentos… ahí estaba, firme, acompañándome a mí. Sin un reproche de sus bocas, sin un mal gesto, arropándome y consolándome en un duelo, como si del mismo yo fuese el único acreedor… un acto sencillo que te muestra cuál es la verdadera cima del “poder”.

Pudiera ser que el relato de la historia de un permiso penitenciario, con la particularidad y vivencia de cada uno, requiriese de amplia literatura para todo aquel o aquella a quien pudiese interesar. Esta es la narrativa más simple que de mis tres días puedo escribir. Me quedo corto, pinceladas a grandes rasgos de lo que parece imposible narrar. Pero no debo ni quiero dejar que vuele esta oportunidad de expresar mi gratitud. ¡Gracias!, a esa madre, a ese hijo, a ese hermano, que me ha “regalado” un sobrino precioso. A esos tíos y tías, primas y primos, tan especiales que me han mostrado el valor de una familia. A esos vecinos tan viejitos y entrañables que con su cariño me han devuelto buena parte de la niñez. También a esos pocos amigos a quienes creí perdidos de mi vida para siempre, y ahora me ayudan a volver a sonreír; aunque tenga que ser con lágrimas en los ojos de la más pura felicidad.

Seguiré esperando en mi celda y con forzada paciencia a que lleguen nuevos días de permiso para volver a revivir tales sensaciones. Acaso, también, otras amargas de las que la propia vida a nadie exime; pero que sea entre mi familia y en mi hábitat natural. Necesito apurar momentos para sentirme como ese mono al que suelta de su jaula. ¡O mejor!, para sentirme como una persona “normal”.

E.F.B.


PENSAMIENTOS DE VIDA por A.H.D.L. (Colaboración C.P. Villanubla)

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A pesar de tantos inconsolables e interminables años de estar privado de libertad, hoy más que nunca pienso, la libertad es un estado interior, esta reflexión me motivo a crear dos frases:

“No existen muros, barrotes o alambradas que pueda arrebatar nuestra libertad interior”.

“Pueden hacer prisionero tu cuerpo, pero jamás tus sentimientos, tus sueños y esperanzas”.

Escribió Elena Wolf: “no hay cerradura ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente”. Quiero compartir con mis lectores y compañeros de Nómadas una correspondencia persona que ha sido enviada por un fiel e incondicional amiga que me alentó para “no rendirme” en mis peores momentos.

Es un viejo poema escrito por Walt Whitman escritor y poeta norteamericano en el siglo XIX pero sus palabras son de una evidente vigencia actual, futura y de eterna sabiduría de vida:

 

No te rindas, aun estás a tiempo

De alcanzar y comenzar de nuevo, aceptar tus sombras,

Enterrar tus miedos, liberar el lastre, retomar el vuelo.

No te rindas que la vida es eso,

Continuar el viaje, perseguir tus sueños

Destrabar el tiempo, correr los escombros y destapar el cielo.

No te rindas, por favor no cedas,

Aunque el frio queme, aunque el miedo muerda, aunque el sol se esconda,

Y se calle el viento, aun hay fuego en tu alma, aun hay vida en tus sueños.

Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo,

Porque lo has querido y porque te quiero.

Porque existe el vino y el amor, es cierto.

Porque no hay heridas que no cure el tiempo.

Abrir las puertas, quitar los cerrojos,

Abandonar las murallas que te protegieron,

Vivir la vida y aceptar el reto, recuperar la risa, ensayar el canto,

Bajar la guardia y extender las manos,

Desplegar las alas e intentar de nuevo,

Celebrar la vida y retomar los cielos.

No te rindas, por favor no cedas,

Aunque el frio queme, aunque el miedo muerda, aunque el sol se ponga,

Y se calle el viento, aun hay fuego en tu alma, aun hay vida en tus sueños.

Porque cada día es comienzo nuevo.

Porque esta es la hora y el mejor momento,

Porque no estás solo, porque yo, te quiero.

A.H.D.L.


DECÍDELO TÚ por TIBU

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Cuando el protagonista de Hamlet, mientras sostiene entre sus manos una calavera, pronuncia la famosa frase “ser o no ser, ese es el dilema”, realmente deja abierto el dilema entre la libre elección de lo más íntimo del ser humano: ¡la capacidad de elegir entre seguir viviendo, o no!. La eutanasia. También podríamos hablar de suicidio. En mi caso prefiero la primera de las dos palabras, me parece la menos agresiva.

En la cuna de la civilización actual, Grecia, ya se contemplaba su uso, símbolo de la libertad suprema de la voluntad individual, incluso había formas de llevarla a cabo destinadas exclusivamente a las clases altas.

En la época romana, a Séneca se le concedió el privilegio de morir a través de la ingesta de veneno, asistido por su personal de servicio.

En culturas consideradas como ejemplo de sabiduría incluso el suicidio era considerado como el único acto supremo que podía lavar la deshonra. En el Japón medieval si tus actos habían provocado una deshonra que resultaba insoportable el único acto capaz de devolverte la vergüenza perdida era el sepuku. Entre los samuráis incluso el asistir al suicida ritual cortándole la cabeza para ayudarle en la voluntaria muerte era un raro privilegio, considerado un honor. Hoy día, a pesar de estar prohibido, la vieja tradición del sepuku sigue siendo la causa de varios cientos de muertes al año.

Y este acto final, totalmente volitivo, en la sociedad moderna está prohibido. Alegan razones morales y/o religiosas que suelen ser lo normal. Pero realmente creo que la vida, la de cada uno, solamente debe pertenecerle a cada uno, y ello conlleva la singular decisión de continuarla hasta que la naturaleza decida, o terminar con ella en el tiempo y la forma que cada uno desee, libremente, sin necesidad de dar explicación alguna. No conozco a nadie a quien le hayan pedido permiso previamente para nacer, para otorgarle la vida y precisamente por eso, porque nos han obligado a estar aquí, el ser humano debería ser libre para regresar a donde vino.

En la actualidad existen algunos países de los que llaman desarrollados, como Suiza, por ejemplo, en los que el que quiera, de manera libre y singular puede optar por una eutanasia química, que no conlleva convulsiones, ni estertores, ni dolor alguno.

Créame amigo, por mucho que te hayan contado, naces solo y mueres solo, todo lo demás está por ver.

Y no quiero que se me malinterprete, no tengo de momento intención alguna de abandonar este mundo, siempre y cuando mis funciones físicas y mentales trabajen normalmente, solo trato de defender una opción que creo que debería ser legal y libre.

“Puesto que la muerte es tan difícil de sobrellevar, el agotamiento de las fuerzas nos va preparando el terreno” (Schopenhauer).

Y si me paro a pensar en esas raras ironías de la humanidad, saco la conclusión de que uno de los grandes suicidas de la historia fue Cristo, según los cristianos, el propio Dios. Tuvo siemore la opción de salvarse, no obstante su poder en teoría era infinito, pero por las razones que fuesen decidió morir. Y que yo sepa nadie le ha condenado por ello. A partir del cristianismo comenzó la represión. Existen dos medios empleados en la represión: la fuerza física en forma de penalidades legales, o la coacción moral de la opinión pública. Todo ello bajo la excusa que justifica tales actos con el único fin de evitar que el individuo en cuestión, miembro de una supuesta sociedad civilizada, perjudique a los demás.

Sinceramente, aparte de a los limpiadores, forenses y enterradores, no veo a quien pueda perjudicar la eutanasia, y no me vengan con cuestiones morales de familia, amigos, etc. precisamente ellos deben ser los primeros que lo entiendan, cuando no lo apoyen.

Salud y  rock and roll.

Tibu