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MAMÁ por M.R.

 

Ya casi van a hacer 7 años desde que et marchaste. Casi 7 años que te fuiste a descansar. Y casi 7 años que me dejaste solo.

Esta carta que te escribo hoy va a ser muy dura para mí, pues te voy a decir cosas que, tristemente, nunca te dije en vida, pero algo dentro de mí me impulsa a hacerlo. No sé si es cargo de conciencia, el resultado de miles de horas de reflexión o la llegada de mi madurez personal.

Tú y yo sabemos cuan compleja fue nuestra relación. Amor, odio, distanciamientos, acercamientos, armonía, silencios, risas, tensión, complicidad… ese tipo de relación que sólo pueden tener una madre y un hijo; pero nuestra relación fue muy especial incluso antes de nacer yo.

Me acuerdo cuando me contabas el embarazo tan complicado que tuviste (padeciste) a causa entre otras cosas de los disgustos que te proporcionaba mi padre, de tu delicadeza natural, y de aquella infección severísima de vesícula que sufriste y te tuvieron que extirpar, tres meses antes de nacer yo. Por lo visto, médicos, amigos y familiares susurraban su convencimiento de que tan solo 1 de los 2, o ninguno conseguiría sobrevivir a aquella situación.

Y a la vista está que ambos luchamos por cerrar bocas y demostrar que la VIDA siempre combate a la muerte y que tú y yo llevábamos en la sangre un gen especial de supervivencia. Nunca te lo dije, y nunca es tarde si es para bien, así que en este momento y delante de testigos quiero darte las gracias por pelear por mí, y también te quiero decir lo que muy pocas veces te dije: te quise, te quiero y siempre te querré.

También me hablabas de Salvador, mi hermano mayor que nunca llegó a nacer; él no tuvo mi fortaleza o quizá mi coraje, pero él está en mi corazón. Mi hermano mayor. Quizá si él hubiese nacido, igual el que no hubiese sido engendrado hubiese sido yo.

Desde que te marchaste a descansar para siempre, he pensado mucho en ti. Sufriste mucho; fuiste una persona incomprendida. Tu corazón era fuerte y de oro. Tu familia (yo incluido) te dio la espalda, tu entorno te excluyó, y “pobre mamá”, te refugiaste en las pastillas y el alcohol, sin dar gritos, hacer aspavientos o llamar la atención. Solo querías “no sufrir” y nadie te entendió.

Si supieras lo mal que me siento por no haberte comprendido. Por no haberte acompañado, haber sido más cariñoso, por no decirte frases bonitas… los últimos años de tu vida solo te proporcioné disgustos, mentiras, frío, abandono y dolor.

En estos 7 años de tu partida, te he extrañado mucho, he llorado tu ausencia y he aprendido a conocerte. Igual tarde, sí, lo reconozco, pero tener clara y presente tu verdadera dimensión me enorgullece. No hubiese querido tener otra madre, tenías que ser tú y tú fuiste

Tú nunca me abandonaste, no criticaste. Me amabas y me respetabas. En silencio. Con tu presencia y tu comportamiento, que no he valorado hasta hoy.

Mamá, estés donde estés, haz tuyo este sentido y sincero homenaje de respeto y amor. Descansa, perdóname y sígueme cuidando. Te quiero.

P.D.: Amigos, os pido por favor que respetéis, valoréis, queráis y cuidéis a vuestras madres. Decidle de vez en cuando que la queréis. No hagáis como yo y valoradlas con justicia y amor, mientras estén con vosotros. Un abrazo.

M.R.

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INSPIRACIONES MELANCÓLICAS por N.A.C.

Desde mi “perlacha” (ventana)…

Pienso que cuando hecho un vistazo a mi pasado consigo, en ocasiones, entender mejor mi presente. Solo que también, a la vez, vislumbro un futuro nada halagüeño, poco esperanzador.

Cierto que no resulta divertido en absoluto, más bien desmoralizante; pero sirve al menos para confirmarme los porqués, al mismo tiempo que me reafirma el cómo y cuál es el porvenir a evitar para poder lograr el deseado.

Quizás más alegre y divertido sea cambiar de prisma, inventarme un pasado y presente diferentes para así visualizar un futuro más colorido y prometedor. Como dijo aquel: “de ilusión también se vive”, pero creo que poco o nada me aportaría el entusiasmo con una vida basada en hechos irreales; o sea en un presente y pasado de mentira aunque sean tan verosímiles, igual de falsa será esa ilusión.

Así pues, con el fin de ordenar todas esas ideas sueltas, así como la posibilidad de releerlas en algún otro momento de inspiración y melancolía, que aquí tengo a menudo, las recojo sobre el papel, como en esta ocasión.

Ahora bien, al acceder a compartirlas, más que por exhibicionismo, que lo parece, la experiencia de ver publicada por primera vez de tu pluma, la firma propia; me inspira más dedicarle unas líneas a mi madre (como cada 19 de marzo de hace hoy 9 años), que a ella sí la hará mucha ilusión.

Si además cada uno saca sus propias conclusiones, comparta o no mis reflexiones me daré por satisfecha completamente y más que superadas mis expectativas estarán.

SIEMPRE PIENSO EN TI…

Madrid, 19/03 tal día como hoy la encontraron muerta en un cajero. Tenía tan solo 40 años.

¡A mi madre!

Si al persistir en la mente de quien te quiere, permanece viva de alguna manera; puedo garantizarte que mientras yo viva, tú nunca estarás muerta. Porque me muero para que viva para siempre tu memoria entre todos aquellos que te hemos querido.

Eras perfectamente imperfecta, por eso eres y serás siempre mi preferida.

Sin previo aviso, te fuiste dejando en mí un vacío enorme, hoy, 9 años después, sigue evidente la consecuencia de tu ausencia.

Madre, amiga, confidente, consejera, protectora y amén de funciones más que tu sola ejerciste conmigo y de las que nada puedo reprocharte. Solo puedo darte las gracias y rendirte mi homenaje cada vez que tenga la ocasión.

Si alguien me ha querido de verdad tal como soy, solo fuiste tú. Por ello hago lo posible para que estés siempre orgullosa de mí, aunque no siempre lo consiga.

Espero y deseo que por fin logres alcanzar la paz y descanso que te mereces, aunque sea con un coste tan alto.

R.I.P.

N.A.C.

 


MADRE NO HAY MÁS QUE UNA por J.E.F.

Se dice que en el mundo madre no hay más que una y ese dicho tiene mucha razón porque amores se pueden tener muchos, querer se puede querer a muchas personas, pero lo que no es nuca superable para mí, es el amor de una madre sobre su hijo. Ese amor es tan infinito y ciego como el universo.

Una madre siempre está para su hijo, en los momentos buenos y en los momentos malos. Una madre siempre tiene una comprensión para una mala actitud que su hijo tenga. No significa eso que una madre acepte todo cuanto haga su hijo, pero sí que siempre sabe perdonar y no tiene rencor ni resentimiento para su hijo.

A muchos les faltará su madre por cosas de la vida, otros quizá no tengan contacto con ella por malas decisiones tomadas en el pasado, pero al estar en un lugar como este, es que muchos nos damos cuenta de que ella está ahí y si no está es porque nosotros no dejamos que se acerque o que retome la relación con nosotros.

Nadie es perfecto, pero hay que pensar que ellas no nos trajeron a este mundo para que les diéramos quebraderos de cabeza, ni problemas. Ellas nos dieron la vida para saber disfrutar de ella, y si se quitaron parte de la suya par nuestro cuidado es por eso que creo que nosotros deberíamos pararnos a pensar de vez en cuando y devolverles esos cuidados y momentos de bienestar que ellas nos dieron cuando fuimos niños.

Porque si no fuese por ese ser llamado mujer, nosotros nunca hubiésemos existido, por eso hay que dar las gracias por existir y ser como son con nosotros, a todas las mujeres de este mundo, y tratarlas con respeto, porque son todo en nuestras vidas.

J.E.F.

 


LOS CRISTALES DEL AMOR por I.M.A.

Hoy es sábado, el día que nos toca reunirnos con nuestras familias a través de un vidrio.

Un sábado más que a las familias les toca pagar una parte de nuestra condena. No sé exactamente en qué proporción, familia tanto, nosotros tanto, ni idea. Pero a pesar de que cada caso es diferente, de lo que no me cabe la menor duda es que la de ellos es muy grande, por lo general superior a la nuestra.

Cada vez que llego al locutorio, me resulta difícil no sentir compasión y cierta dosis de empatía en el momento que veo como esas mujeres, cargadas con niños, acuden puntualmente al encuentro de sus maridos o parejas. Generalmente, esos alevines corren por el pasillo para llegar rápido a la cabina donde se encuentra su padre. Ellos saben que el tiempo del que disponen para compartir es poco y pasa rápido. Cada semana soy testigo de estos encuentros y cada semana pienso en la valentía y el coraje de estas mujeres. Son madres que en su mayoría están solas, sin ninguna ayuda, trabajando como mulas para poder tirar de un carro de dimensiones extraordinarias, con un único objetivo: sacar a sus hijos adelante. Pero nadie se acuerda de ellas.

Se presentan aquí con la esperanza de que la pesadilla que están viviendo pueda algún día terminar, y con ese deseo constante de poder ver pronto a sus maridos entrar por la puerta de casa.

Acabo de recorrer ciento cincuenta metros del módulo al locutorio, y he llegado empapado. Llueve mucho. Inmediatamente me viene la imagen de esas mujeres caminando desde la marquesina de la parada del autobús hasta la entrada de la prisión, muchas de ellas con algún bebé en brazos. La distancia que ellas recorren no se asemeja a mis ciento cincuenta metros, sino que es un trayecto que con toda probabilidad alcanza el kilómetro, no lo he medido, pero parece una larga caminata. Y es que el horario del autobús que llega hasta la entrada de la prisión, por surrealista que parezca, no siempre coincide con los horarios de las comunicaciones. Un poquito más de condena para las familias parece ser que sacia la sed de un sistema ejecutor. Una sociedad que de forma incesante aclama venganza.

Teléfono en mano, estoy hablando con los míos y escucho como un interno, a voz en grito, reclama a su mujer una serie de exigencias recriminando una retahíla de estupideces. Todo ello, en presencia de dos niños, de sus hijos.

Como no podía ser de otra forma, este tipo de individuos necesitan culpabilizar a las familias, de esta forma ellos consiguen temporalmente liberarse del peso de sus propios hierros. El dolor que originan no es importante, lo importante es que ellos, egoístas y vampiros emocionales, consigan arrastrar a los demás al terreno de sus frustraciones. El modo y el como no tienen ninguna relevancia.

Escucho un golpe en el cristal. Es el momento en el que el recluso desahoga toda su ira contra ella. Uno de los niños comienza a llorar y ante la escena se me encoje el corazón y siento odio, mucho odio contra ese animal.

En este preciso instante tengo deseos de reventarle una silla en la cabeza, pero hay razones para no hacerlo, la primera: están sus hijos y ya han visto demasiado, la segunda: me meten un parte, lo que me dejaría sin permisos, previo inminente cambio de módulo. La tercera, que es la que me conduce a la calma, yo no soy así, no hago esas cosas, no parto sillas en la cabeza de nadie, jamás lo he hecho y este lugar no va a conseguir, ni siquiera en esta lamentable situación, cambiar mis valores, esos que mis padres me transmitieron cuando yo era un niño.

Me hago algunas preguntas: ¿estos energúmenos tienen consciencia de que sus familias, sin comerlo ni beberlo han sido igualmente condenadas? ¿son tan necios para no poder entender el hecho de que el venir aquí para compartir un tiempo con ellos se traduce en un acto de cariño y amor?

En otras ocasiones he tenido que presenciar como muchos padres utilizaban los cuarenta minutos de comunicación única y exclusivamente para regañar y gritar a sus hijos.

Esto me producía mucha pena. Son tan ignorantes e inconsciente que no son capaces de intuir que lo único que ellos quieren es recibir una sonrisa y un beso por el cristal, un “estoy bien, estad tranquilos porque papá os quiere mucho y pronto estará de nuevo con vosotros”.

Gritos y gritos, este es el país de los gritos. Vayas donde vayas, España grita y aquí más y más feo.

Por eso ya no miro otros cristales, permanezco concentrado en mi conversación. Es una forma como otra cualquier de protección emocional.

Las condenas más severas están detrás de esos cristales, están aquistadas en esos niños que necesitan un padre en casa, en esas mujeres que se han visto recluidas en una prisión mucho más dura que la nuestra

¿Tan difícil es poder compartir 45 minutos con la gente que nos quiere con un mínimo de respeto, de cariño y de comprensión?.

Para todas esas mujeres y esos niños que están pagando durísimas condenas por nuestra culpa, mi más enorme reconocimiento, cariño, apoyo y respeto.

I.M.A.


CARTA A MIS PADRES por J.B.J.

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Cuando el tiempo con su inevitable guadaña

Os arrebató la vida,

Maldije a Dios y maldije al mundo,

Pues nunca esta uno preparado

Para ese fatal desenlace.

Pero un día, cuando a lágrima viva os lloraba,

Mis ojos enrojecidos se cerraron,

Entonces lo entendí.

Cuando miré dentro de mí,

Aparecisteis otra vez y me hicisteis recordar

Que el amor de aquellos que un día

La vida me dieron, nunca marcha.

Su pierdo el camino sé que ahí estáis,

Si pierdo la cordura vuestro amor seguirá conmigo.

Solo me encontraba, hasta que aprendí

A leer mi corazón.

Lejos queda ese niño enfermo

Que tantas noches os quitó,

Que tantos disgustos de adolescente os dio

Y que tanto dolor de adulto os arrojó.

Pero ahora, que por fin en mi vida la luz

Y la razón guían mi alma y mi corazón,

Cerca os tengo otra vez y por fin

En abrazo eterno os llevo junto a mí.

J.B.J.


ACERCÁNDOME A LA LIBERTAD por E.F.B.

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Vendría a ser como la apertura mínima de una cápsula con espacio suficiente para que sólo puedas salir tú de la misma y lo que contigo en la cabeza te quieras llevar. Cualquier cosa que metas en la bolsa que te acompaña, carece de importancia sustancial. ¡Qué sé yo! Alguna prenda de ropa para vestir “lo externo”, si además te queda bien y revitaliza el espíritu juvenil que no debe de perder un cincuentón, tampoco te tiene que importar que la coquetería sea “pecado de vanidad”.

Al fin y al cabo no vive como en sociedad idílica cuyos individuos nos caractericemos, precisamente, por actuar con naturalidad, ni existen entre nosotros grandes reyes de la sencillez. Sin duda, una torpeza de defectuosa humanidad.

Quizá me equivoque al arrancar con esta parrafada filosófica, dando por hecho que “lo profundo” es asunto de interés. Quizá no me he dado cuenta, por intencionalidad de ser leído, que lo que “más vende” suele tener gran carga de superficialidad. Sin embargo, y como quiera que lo que me gusta es escribir, ¿por qué no habría de hacerlo hoy desde la intimidad? Es mi deseo, soy un activo participante del Blog Nómadas y con ello hago un uso legítimo de la oportunidad.

Hablaba de “cápsula” en el encabezamiento, porque tras cinco años de estar encerrado en prisión, se me ha otorgado la confianza para que “sin cadenas” salga de mi cautiverio con el objetivo de “sondear” cómo sería la vida en libertad tras tanto tiempo sin probarla. Setenta y dos horas en un océano temporal inconmensurable por necesidad. ¡Que nadie se alarme porque van a soltar a un preso!, por lo común y salvo escasas – aunque notables algunas – excepciones, la “oveja” suele volver al redil para cumplimentar la deuda social adquirida por el acto reprobable que originó la especial situación. En mi caso ya es pretérito, y esa breve aunque intensa oxigenación, es el detonante de estas letras que escribo al regreso, desde mi celda en Soto del Real.

Cuando salí realicé un ejercicio mental que me permitía obtener una perspectiva secuencial y fotográfica sobre mí mismo analizando aquellos “primeros pasos” fuera de los muros del penal. ¡Una auténtica locura! Una borrachera de sensaciones que se antojan indescriptibles y entre las que me pierdo por caminos muy dispares cuando las intento verbalizar. ¿Os imagináis a un mono de esos pequeñitos al que se le abre la jaula en el zoo y se encuentra ante sí la inmensidad? Pues, salvando las pertinentes distancias entre el primate y mi persona, uno de ellos parecía yo. Torpe, angustiado, expectante, ansioso, analista, tocón. Atorado en un abismo de cien mil preguntas en tiempo récord- Vigilante, orgulloso, sumiso a la vez que altivo. Todo junto y desordenado envuelto en una burbuja ignorada hasta la fecha; una dimensión distinta a lo conocido. ¿Quizá como un vagabundo que con resignación anhela un punto donde sosegarse?, ¿un excomulgado en vías de reconversión que alberga la esperanza de ser perdonado o de encontrar refugio en religión distinta? ¿un apátrida de lo social que pisa territorio extranjero o flota en una tierra de nadie, porque ni se quiere sentir de la cárcel ni se puede sentir de la libertad?-

Bien pudiera parecer que exagero o dramatizo en demasía, pero muchos son quienes podrían dar fe de que poco es cuanto aquí vengo a contar… y sin embargo fui, estuve y volví con ilusiones, que se bañan en la sensibilidad oculta tras la coraza de un “criminal de temporada” que parece haberse dado cuenta del valor de lo que se tiene y de la superioridad que puede llegar a ostentar lo sencillo y la sencillez.

Pero nada de esto hubiese sido posible – seguramente – sin el elemento fundamental que mantiene firme a un preso durante una larguísima condena: LA FAMILIA…

Por eso quiero aprovechar estas líneas para traducir a palabras una mínima parte de lo que siento en el corazón.

Al sumar los años de cárcel, con los que anduve por mundos de delincuencia y marginalidad, tengo que hablar de “diecimuchos” desde que protagonicé mi desaparición de un plano social de “normalidad” a principios del 2000. El traumático abandono de una familia al completo que inmerecidamente recibiría el peor pago de sufrimiento de parte de uno de los suyos. Una dramática decisión que resultó del dilema impuesto por la situación excepcional de la que era mi vida. Tener que elegir entre que me creyesen muerto o que viesen los terribles efectos derivados de una gravísima drogadicción, hizo que optase por la primera, utilizando con torpeza la técnica de la avestruz. Una decisión del todo errónea por haber dejado de ser el soberano de mi voluntad, entregada entonces a un asesino tóxico y cruel.

¡Tantos años más tarde!, esa humilde familia descompuesta por significativas pérdidas y a la que no acompañé en sus peores momentos… ahí estaba, firme, acompañándome a mí. Sin un reproche de sus bocas, sin un mal gesto, arropándome y consolándome en un duelo, como si del mismo yo fuese el único acreedor… un acto sencillo que te muestra cuál es la verdadera cima del “poder”.

Pudiera ser que el relato de la historia de un permiso penitenciario, con la particularidad y vivencia de cada uno, requiriese de amplia literatura para todo aquel o aquella a quien pudiese interesar. Esta es la narrativa más simple que de mis tres días puedo escribir. Me quedo corto, pinceladas a grandes rasgos de lo que parece imposible narrar. Pero no debo ni quiero dejar que vuele esta oportunidad de expresar mi gratitud. ¡Gracias!, a esa madre, a ese hijo, a ese hermano, que me ha “regalado” un sobrino precioso. A esos tíos y tías, primas y primos, tan especiales que me han mostrado el valor de una familia. A esos vecinos tan viejitos y entrañables que con su cariño me han devuelto buena parte de la niñez. También a esos pocos amigos a quienes creí perdidos de mi vida para siempre, y ahora me ayudan a volver a sonreír; aunque tenga que ser con lágrimas en los ojos de la más pura felicidad.

Seguiré esperando en mi celda y con forzada paciencia a que lleguen nuevos días de permiso para volver a revivir tales sensaciones. Acaso, también, otras amargas de las que la propia vida a nadie exime; pero que sea entre mi familia y en mi hábitat natural. Necesito apurar momentos para sentirme como ese mono al que suelta de su jaula. ¡O mejor!, para sentirme como una persona “normal”.

E.F.B.


DIEZ MANDAMIENTOS por S.T.L.

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Esto es por si mañana me voy, por su mañana no estoy, aquí te dejo mi herencia: lo primero que quiero decirte mi nena, es que aunque esté lejos mami Sandra estará contigo suceda lo que suceda, y estaré siempre disponible para escuchar tus penas y limpiar tus lágrimas si la tristeza te golpea. Lo segundo princesa es que aprendas a ser sincera y si tienes que mentir sea porque no hay otra manera.

Tercero: que luches por tus derechos tu vida y lo que deseas, aunque tengas que enfrentarte a la gente que más tú quieras. Pero quiero que sepas,  que la familias es como una estrella, como Dios que brilla en ti aunque notes que se aleja. Que no hay doctrina ni enseñanza mi hija, no existe escuela más grande, que el amor, eso apréndelo mi nena. Lo cuarto que quiero decirte mi niña, es que seas valiente y si cien veces tropiezas, cien veces levantes la frente, no hay perfección nos equivocamos siempre y aunque parezca increíble de los errores se aprende.

La quinta: debes estar lista, que no te venza el fracaso ni la frustración si la confusión trata de hacerte pedazos y en los momentos difíciles cuando la crisis te esté ahogando busca dentro de tu que yo guiaré tus pasos. Lo sexto: aprende del respeto que eso no lo valoramos y los padres muchas veces de maltrato lo disfrazamos, si se te impone disciplina todo se hace por algo ya entenderás que si tú lloras las dos lloramos.

Séptimo: no te dejes arrastrar por la competencia cuando no tengas lo que otros tienen, no te deprimas ten fuerza, entre lo material y lo espiritual existe una diferencia, yo te lo explicaré, pero es tuya la decisión correcta. Octavo: que a papá y a mamá siempre los vas a querer, algún día te explicaré por qué no pude estar yo también, mami Sandra arrastra muchas cadenas y algún día lo vas a comprender.

Noveno: no tengas miedo en enfrentarte a la vida, apóyate en tu autoestima y en la enseñanza divina, siempre protege a los tuyos con paz y sabiduría y reacciona como una fiera como tu madre si alguien te humilla. Décimo: que me prometas con todo tu corazón que a una cosa no renunciarás hija mía, y es al amor. Ojalá Peter Pan te lleve a volar por los cielos.

(Todo lo que hacemos, cada decisión que tomamos es importante y afecta a las personas que nos rodean y al resto de nuestra vida de millones de formas diferentes aunque a primera vista sea imperceptible).

S.T.L.