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MUJER por M.A.O.T.

En muchas ocasiones las comparaciones son injustas, odiosas y hasta innecesarias, pero hay veces en las que debemos comparar para lograr tener una idea del valor de lo que se compara. Lo complicado viene cuando lo que tenemos delante es absolutamente incomparable y la magnitud de su belleza, para algunos, va más allá de lo comprensible. Estoy hablando, como es fácil deducir, de la mujer.

La mujer, ese maravilloso ser que hemos admirado desde el inicio de los tiempos, llegando a divinizarlas incluso, como a la milenaria Diosa Ishtar, diosa del amor y la guerra, la mayor divinidad del panteón mesopotámico, cuna de la civilización, o a la diosa Arinna, la diosa del sol.

No es de extrañar pues, que el hombre sitúe a la mujer en lo más alto del Olimpo. Nos han maravillado más aún si cabe, desde que en la edad de hierro los collares, pendientes, pulseras y vestidos que el tela hizo posibles, convirtieran a la mujer en el agradable espectáculo que sin variaciones esenciales, nos deleita hoy. No alcanzó tanto el hombre… aunque aún sin todos estos adornos, la mujer no deja de ser la gran musa de artistas, con sus delicadas y ondulantes líneas y que sin importar en absoluto las diferencias anatómicas de unas u otras, han inspirado a pintores, escultores, escritores y músicos.

Las figuras esbeltas de Botticelli hasta las voluptuosas féminas del pintor Botero, nos recuerdan que un único requisito para alcanzar una belleza sin igual, es el de ser mujer. De ahí que intentando observar desde lo que tenemos más a mano, hasta los límites mismos del universo conocido, me atrevo a afirmar sin temor a que ningún hombre me desmienta, que haya algo, ni flores, no hermosos rayos de sol al atardecer, ni coloridos arcoíris sobre imponentes cataratas, ni gráciles colibríes, ni bellas lunas llenas, ni estrellas o siquiera galaxias enteras, más hermoso, con todas sus imperfecciones inclusive, que el regalo que Dios nos ha dado, a nosotros los afortunados hombres, la mujer.

M.A.O.T.


IGUALDAD por F.I.R.

“IGUALDAD”. La actual discriminación sobre las mujeres es un hecho ante el cual cabe preguntarse ¿cómo una situación que es bien conocida, tanto por los organismos internacionales, los gobiernos, la opinión pública, como por las propias mujeres, se mantienen e incluso se agrava?.

Ha habido tantos debates y manifestaciones, se han escrito tantos panfletos y libros, se han buscando las causas tantas veces en sectores parciales, que este tema parece un complicado rompecabezas al que es necesario dar el orden adecuado:

a) Stop contra la discriminación contra la mujer. Hay que tener en cuenta que gracias a ellas estamos nosotros en el mundo. Sin mujeres estaría el mundo vacío, no existirían generaciones de seres humanos, nosotros no estaríamos aquí.

b) La mujer tiene el mismo derecho que el hombre dentro o fuera del matrimonio. Falta entender a los hombres que la mujer está y tiene derechos iguales. En 1972 la Asamblea General de la ONU proclamó el año 1975 como “año internacional de la mujer”.

c) La Conferencia Mundial sobre la mujer celebrada en Méjico constituyó el inicio de importantes actuaciones: 1976-1985 quedó fijado como el “decenio de las naciones unidas para la mujer”.

Del 14 al 31 de julio de 1980 la Conferencia Mundial tuvo lugar en Copenhaguen (145 países) de la que España también formó parte, uniéndose al voto contra la discriminación contra las mujeres que fue aprobado con un 68%.

Digo yo, Stop contra la violencia, Stop contra la discriminación a la mujer. Todos somos iguales con independencia del sexo, el color, la nacionalidad, etc.

Falta respetarnos profundamente y de manera igualitaria en todo. Stop machismo, y ninguna mujer más víctima de discriminación y de violencia. Hay que tener en cuenta que todos tenemos derecho a la vida, la libertad y la seguridad y tampoco debemos olvidarnos de los pactos internacionales civiles y políticos que apuestan porque todas las personas son iguales ante la Ley y tienen derecho a una idéntica protección legal y que la libertad es un derecho fundamental para todos los seres humanos.

F.I.R.


APRENDER A OLVIDAR por Y.M.H.

Que idiota fui al pensar que tiempo me iba a hacer olvidar todo lo que viví a tu lado. Ahora el pesar me pesa por haberte dejado marchar a ti, con quien aprendí a amar y a ser valorado.

Que ingenuo mi corazón al decir: fácil será borrar de tus pensamientos el extraño pero completo y placentero sentimiento que sentí, que al hacerte ir me dejó marcado. Al irse, dejó abierta la herida que había sanado y cerrado, al enseñarme a ser amado.

Qué desalmados mis pensamientos al decir: mi corazón podrá soportar el desagarro de haber abandonado al ser que completó el mío, pues formaba parte de mí.

Y ahora, desangrado pero vivo, vivo soportando el dolor de su recuerdo y esperando a que cicatrice la herida que en el alma me hice al desterrar al olvido lo único que me hizo ser feliz.

Y lamentándome seguiría noche y día, pero al dejar escribir a mi conciencia lo que en mis pensamientos pasaba, lo que en mi corazón rondaba y lo que mi alma desangrada guardaba, siento que puedo decir: te he olvidado. Aunque me siga acordado de tu pelo entre mis dedos, aunque no olvide tu cuerpo entre mis brazos, aunque siga imaginando el recuerdo de la imagen de tus ojos en los míos reflejados, aunque siga sintiendo el olor de cuerpo desnudo y mojado/sudado, puedo decir que te he olvidado

Y.M.H.


ESCORPIONES NEGROS (LETRA PARA CANCIÓN) por J.J.H.R. y E.F.B.

Sabes que sin mí ella no es nada

Y por eso te aprovechas

Quieres destrozar mi morada

Andas por calles estrechas.

Luchas porque pierda las fuerzas

Sueltas escorpiones negros

Del natural sacas malezas

Que matan con su veneno.

No te sirve cruzar tijeras

Alma y corazón son fieros

No hallarás poder ni maneras

Es mucho lo que la quiero.

Rojo fuego y magia negra

Quieres destrozar mi vida

Luz de luna y madre tierra

Para descargar tu ira.

Del jardín de la hermosura

Nació la mujer quiero

Déjala que es mi locura

Y si me falta me muero.

Fuerte dolor tiene mi canto

El viento trae aire nuevo

Se acabarán horas de llanto

Tu mal será mi consuelo.

No me dirás que no te advertí

Conmigo juegas con fuego

La maldición que va contra mí

Tendrás que sufrirla luego.

Agua pura, amor que siento

Agua de la que ahora bebo

Y para ti queda el tormento

Juega con tu escorpión negro.

Rojo fuego y magia negra

Quieres destrozar mi vida

Luz de luna y madre tierra

Para descargar tu ira.

Del jardín de la hermosura

Nació la mujer quiero

Déjala que es mi locura

Y si me falta me muero.

J.J.H.R. y E.F.B.


LA FAMILIA EN LA ACTUALIDAD – RETOS por E.F.H.

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Esperamos mirando el contexto socio-cultural que nos rodea y en el cambio antropológico y cultural actual; esto influye en todos y cada uno de los aspectos de la vida, por ello se necesita un análisis diversificado capaz de tomar las formas positivas de la libertad individual.

El individualismo exasperado, representa un creciente peligro que desnaturaliza las relaciones familiares y el final es considerar a cada componente de la familia como un islote, haciendo prevalecer en muchos casos, la idea de un sujeto que se construye según sus propios deseos, un todo absoluto.

Uno de los mayores desafíos para las familias de nuestro tiempo es muy a menudo, la soledad, que destruye y provoca una sensación generalizada de impotencia con relación a la realidad socio-económica que muchas veces termina por aplastarlos.

Esto es debido a la creciente precariedad laboral que es vivida como una verdadera pesadilla, o por motivo de los impuestos demasiado pesados, con lo cual, no anima  a los jóvenes ni a emanciparse, ni al matrimonio.

Por ello, cada vez más se va difundiendo ampliamente la praxis de la convivencia antes del matrimonio o también de la convivencia no orientada a asumir un vínculo matrimonial.

El número de divorcios es creciente y no es para nada raro es caso de opciones determinadas únicamente por factores de orden económico.

La condición de la mujer todavía tiene necesidad de ser defendida y promovida ya que se registran no pocas situaciones de violencia en el interior de las familias.

Los niños son objeto con mucha frecuencia, de disputas entre padres, y los hijos son las verdaderas víctimas de los daños y perjuicios familiares.

También las sociedades afectadas por la violencia a causa de la guerra, del terrorismo, o de la presencia de la criminalidad organizada, hay muchas situaciones familiares deterioradas.

Las migraciones, además representan otro signo de los tiempos para afrontar y comprender, con toda la carga de consecuencias sobre la vida familiar.

En la actualidad, el mundo en general parece valorizar una afectividad sin límites de la cual se quieren estudiar todos sus componentes, incluso los más complejos.

Es muy actual, la cuestión de la fragilidad afectiva: una afectividad narcisista, inestable, y cambiante que no ayuda siempre, como algunos piensan, a alcanzar una mayor madurez.

Fijándonos en este contexto, las parejas son a veces inciertas, dudosas, y luchan por encontrar modos para crecer.

Las crisis de la pareja, hace desestabilizar la familia y puede llegar a través de las separaciones y los divorcios a producir serias consecuencias para los adultos, los hijos y la sociedad, debilitando al individuo y los lazos sociales.

En cuanto a la disminución demográfica, corremos el riesgo, con el paso del tiempo, de llegar a un empobrecimiento económico y una pérdida de esperanza en el futuro.

E.F.H.


LA MUJER COMO OBJETO SEXUAL por M.A.I.S.

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El pasado 21 de enero, y con motivo de la toma de posesión del gobierno de los Estados Unidos por Donald Trump, se celebraron en ese país varias manifestaciones en las que se protestaba, entre otras cosas, contra la sexista visión que tan deplorable sujeto tiene de la mujer, de la cual, entre otras “lindezas” tiende a definirla como un “objeto sexual”. Visión esta, que con el mayor respeto para ambos, tal vez, le sea inspirada al contemplar a su propia esposa.

Pues bien, aquí en España, muchas alzaron su voz contra tal personaje y esas ultra-conservadoras y sexistas manera de ver a la mujer. Pero claro, entre estas voces no podían faltar los de siempre, y en algunos casos, los que criticaban tal manera de visualizar a la mujer, tendrían que dejar de murarse el populista ombligo y antes de emitir sus anodinos comentarios, sería bueno que modificasen sus incoherentes discursos. No hombre, no Podemos ir en contra de la discriminación sexista de la mujer, y a la vez, encontrarnos con la asquerosa “anécdota” de salir en la prensa catalogando como “una mera cuestión superficial y enmarcada dentro de una informal conversación” el grave hecho de discriminar a una mujer para ocupar un puesto de trabajo en una de esas populistas formaciones políticas, por la “pecadora” e “imprudente” aspiración de querer ser madre. Por cierto, esta formación política ya ha sido noticia al denunciar públicamente muchas de sus componentes femeninas diversas prácticas discriminatorias. Pero hombre, cómo una persona como tú, de tan grande y sesuda cabeza, puede caer en semejante simpleza, permíteme que te aconseje que a pesar de ser fruto de un rosario de virtudes, seas más prudente.

Por desgracias, la práctica de la incoherencia y la discriminación es anormalmente normal en casi todos los ámbitos políticos, empresariales, públicos y privados y  en una gran mayoría de las organizaciones sociales y sindicales de este nuestro país. Pues sí, amigos míos, son numerosas las experiencias vividas por muchas mujeres en las que se han visto: admitidas, rechazadas, ninguneadas, vilipendiadas e incluso, insultadas en su dignidad, en directa consonancia, no por su preparación para desempeñar tal o cual función, sino por su aspecto físico, su capacidad de supeditación, o la existencia del digno deseo o anhelo de ser madre.

Todos estamos de acuerdo que es normal que el hombre se sienta atraído hacia la mujer y viceversa. Además, cada cual tenemos nuestras preferencias, conceptos de belleza y particulares razonamientos por los que nos regimos a la hora de sentirnos atraídos hacia una persona del sexo opuesto, sin que por ello, tengan que existir motivos tan obtusos como para catalogar a nadie como un objeto sexual. Pues parece lógico pensar, que tenemos la suficiente capacidad intelectual como para saber separar el sexo de las demás facetas que convergen en el desarrollo de nuestra vida social, familiar y laboral.

Jamás he creído en esa falacia que pretende hacer compatibles los conceptos: discriminación y positivo, pues considero que lo únicamente aceptable es luchar y tomar medidas legales y efectivas contra toda forma de discriminación, para así, instaurar de manera definitiva y sin dar lugar a la duda eso que todos pensamos e identificamos como una verdadera libertad democrática en la que existe una real igualdad para todos los ciudadanos, en la que no hay cabida para las discriminaciones por: raza, sexo, color, creencias e ideologías.

Todos los hombres tendríamos que pararnos a pensar en el hecho de que somos hijos de una mujer, y por lo tanto, hemos de guardar un especial celo para con la preservación y reconocimiento de sus derechos, virtudes y más que amplios beneficios que sus abnegados y poco valorados esfuerzos y trabajos aportan a todos nosotros y a toda la sociedad en general.

Por otro lado, pienso que es en las propias filas femeninas donde ellas – las mujeres. Tienen a sus mayores enemigas, las cuales no tienen el más mínimo reparo en potenciar, fomentar y divulgar la imagen de la mujer como un objeto sexual si con ello ganan dinero y “fama” o un trabajo bien remunerado como “presentadora” florero en cualquier cadena televisiva. Prueba de ello, lo podemos ver diariamente en muchos “programas” y series de televisión. De igual manera, podemos contemplar esa denigración hacia la mujer tratándola como un objeto sexual, y todo ello, realizado con la cómplice colaboración de algunas féminas, en la publicidad y en esos “maravillosos y excitantes” concursos de “belleza”, “catálogos de ropa interior” y en diversos soportes divulgativos. Todo esto, contribuye y mucho, a la degradación de una gran mayoría de mujeres, las cuales dedican mucho tiempo de su vida personal a crear una armonía familiar y social compatible con su trabajo.

Todos tenemos la responsable obligación de trabajar para eliminar estas y otras actitudes que denigran, restan derechos y discriminan a la mujer. Pero con absoluta independencia de ello, han de ser las propias mujeres las que tienen que poner con más énfasis el foco de muchas de sus críticas en sus iguales, examinando y evaluando las consecuencias de los actos llevados a cabo por algunas personas del sexo femenino, tratando con ello de poder reconducir tales tendencias sexistas, que dicho sea de paso, cuentan para su expansión con toda una maquinaria destinada a ganar dinero sexualizando a la mujer en el sentido peyorativo del término, la cual, en muchas ocasiones tiene la colaboración y asesoramiento profesional de algunas mujeres que ocupan puestos de referencia en importantes agencias de publicidad, prensa, marketing y varios gabinetes asesorativos de psicología.

Por todo ello, tal vez, antes de pronunciarnos sobre lo que dice o hace tan mediocre personaje estadounidense, tendríamos que adecentar nuestra casa revisando y modificando si es preciso las actuales tendencias y asquerosas conductas sexistas y discriminatorias que, hoy día, se potencian y expanden mediáticamente en España. Así, a lo mejor, podemos dedicarnos a criticar la casa de un vecino tan lejano.

M.A.I.S.


AMOR HERMOSO Y REVOLUCIONARIO por J.R.G. (Colaboración desde C.P. Castellón II)

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Érase que se era, la mujer más hermosa de la región. Con su piel dorada por el sol del desierto, su cabello negro caía como manto elegantemente sobre sus hombros y un cuerpo singularmente esbelto, invitaba a la pasión.

Hermosa se había enamorado de verdad, porque lo hacía sin miedos ni rubores. Se sentía prendada de un revolucionario que en aquella época estaba dando mucho de qué hablar.

A él, podríamos llamarle: Hermoso.

Ella lo conoció en sus correrías, donde Hermoso provocador del Antisistema, aleccionaba a las multitudes con mensajes de amor, paz y libertad.

Ella le veía, sabio, sencillo, humilde u le siguió por donde quiera que él iba.

Hermoso era muy pobre (¿un pobre loco o un loco pobre?) y mirado con desprecio por algunos, admirado con exaltación por otros.

Hermosa lo vio tan hermoso, y Hermoso la vio a ella muy hermosa.

Juntos pisaron los caminos polvorientos y ella oía atentamente sus palabras mirándolo cada vez más con ojos de fascinación. Era que no despreciaba a las mujeres, como se hacía en ese tiempo, y decía que la familia debería ser diferente, no un negocio donde la mujer se convertía en las esclava de su marido.

Hermosa le seguía, dejando su casa abandonada y llevándose todo su dinero para brindar a la campaña revolucionaria el apoyo económico necesario. Se supo que otras hicieron lo mismo, cautivadas por los mensajes poderosos del Hermoso, que se había convertido en alguien muy famoso en la región.

Ricos gobernantes se preocuparon por la grande multitud que Hermoso había logrado congregar y envidiando sus atributos, lo amenazaron temiendo que les quitara el poder. Persiguieron también a sus seguidores con la idea de disolver el grupo y acabar con ese incordio.

“Al final me matarán”, le decía Hermoso, que intuía las consecuencias que su revolución estaba causando. Pero no podía parar sus arengas, la fuerza de su discurso aumentaba cada día más.

Algunos hombres que también le seguían, protestaban porque las mujeres andaban todo el día con el Hermoso, en vez de quedarse en sus casas cocinando y lavando la ropa como hacían las sumisas y obedientes mujeres de la época.

Hermosa y Hermoso hicieron un gran pacto que sellaron con copas de vino y mucha comida en una gran fiesta con muchos invitados.

Compinchados los ricos gobernantes y los religiosos malvados, cogieron al Hermoso para torturarlo. Era un problema que había que eliminar y tenían que amedrentar a sus seguidores dándole un castigo ejemplar.

Sin violencia ni protestas, el Hermoso se dejó torturar hasta que murió. Los hombres que lo seguían emprendieron la huida atemorizados y solo algunas mujeres esperaron su final.

La Hermosa besó el cuerpo muerto de su amado, derramando sus lágrimas desconsoladas sobre su rostro.

Hermosa recordó durante el resto de su vida las últimas palabras de ese amor desgraciado entregado al mayor revolucionario que ha dado la historia: “Eloi, Eloi, lamá sabajzaní”.

J.R.G.


SER O PARECER (MEJOR Y) por F.L.N.

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En un experimento sociológico (muy de moda últimamente) recién publicado en una web, la actriz, una chica normal y hasta normalizada diría yo, más sexy que guapa – pero para nada provocativa – aunque visiblemente perjudicada por el alcohol, lleva una botella camuflada en una bolsa de papel en una mano y teléfono móvil en la otra. Deambula a plena luz del día, por una céntrica plaza abarrotada de gente, pero parece invisible, excepto para los que ven en ella una ocasión ideal para aprovecharse de ella y vete a saber qué más; pero nada bueno se podría intuir.

Daba igual la ciudad, el país, o el continente que fuera; según los autores del experimento, el resultado fue el mismo en líneas generales. Es decir, que aparte de la minoría – nada despreciable – descaradamente malintencionada, una mayoría realmente abundante, omitieron socorrerla, argumentando que suya era la culpa.

De lo que pude ver, gracias a un reportaje de la tele sobre el experimento en cuestión, me impresionó más la metamorfosis de los “involuntarios” participantes, en su comportamiento ante su “presa”, con el fin de consumar su fechoría.

¿Cómo podemos ser tan distintos cuando nadie nos ve? (o cuando eso creemos, que fue el caso).

Otro experimento menos impactante, fue la encuesta realizada en entornos universitarios de varios países; donde los participantes – sin saber que estaban siendo encuestados – debían responder si serían capaces de cometer una violación, si por ello no tuvieran consecuencia legal alguna, no debieran responder ante nadie. Casi la mitad (el 43%) respondieron afirmativamente.

Es evidente que la valoración de los resultados de esa clase de pruebas requiere cierta prudencia. Hasta es razonable dudar si respondieron con sinceridad todos los participantes o si son realmente representativos.

Ahora bien, que el sentido del bien, o sea, el concepto de justicia, solo sea la legalidad es (como poco) inquietante; pero que así piense una buena parte de la élite intelectual futura, asusta seriamente.

A pesar de evidenciarnos continuamente la vida, que las apariencias suelen ser a menudo muy engañosas, la verdad es que sigue siendo preferible parecer sin ser, que lo contrario.

De allí creo la importancia de una buena, calculada y preparadísima entrevista (léase juicio, casting, clasificación, test, etc.) que decidiera la suerte de cada uno.

F.L.E.

la foto

Dibujo de C.R.C.


ANITA por E.A.C.

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El día que Anita, por fin, me abrió su corazón – como cuando un botón de rosa brota y se rinde ante la luz del sol- sentí caer sobre mis espaldas la carga de sus sufrimientos. Desde ese día mi vida cambió para siempre.

Fernando es mi hermano gemelo. Es un buen hombre. Quizás un poco machista y anticuado, pero una persona humana, fiel y responsable.  Nuestras vidas, aunque diferentes, siempre han caminado muy unidas.

Tenemos una relación muy especial: a veces hacemos las mismas cosas sin saberlo. Incluso, cuando sufrí un accidente, me contó que sentía los dolores que yo sufría, aun cuando nos encontrábamos a miles de kilómetros de distancia. Y, sin embargo, cada uno ha seguido su propia ruta. Él, por ejemplo, se casó muy joven con Elvira, su primer y único amor. Tienen dos hijos, Anita, una niña preciosa y encantadora y Enrique, dos años menor que ella. Decían en mi familia que no había sido un buen padre, porque no pasaba suficiente tiempo con sus hijos y parecía que  no los quisiera por igual. Pero yo creo que no era así; sucedió que se hizo representante de ventas de una importante compañía y eso le obligaba a pasar mucho tiempo fuera de casa, a veces largos periodos; no obstante, cuando regresaba, todo su tiempo lo dedicaba a su hogar con devoción.

-Lo que sucede es que me identifico un poco más con Enrique –se disculpaba mi hermano un día. – Con él puedo jugar al fútbol, ir de pesca y hacer todas esas cosas que hacíamos cuando niños. Eso no significa que quiera a uno más que al otro. ¡Por supuesto que los quiero igual! Yo no juego mucho con Anita porque me cuesta sentarme a jugar a las muñecas o a ponernos maquillaje. Por eso acordamos con Elvira que ella se encargaría de los juegos y demás cosas de la niña, y yo de Enrique.

Yo vivía en el extranjero, pero viaja con la frecuencia que me permitía mi trabajo, a visitar a mi familia. Cada vez que regresaba, llevaba a los hijos de mi hermano, que los quiero como propios, a otros sobrinos y sus amiguitos, de paseo al mar, a acampar o a algún lugar turístico. La pasábamos muy bien, ellos lo disfrutaban viéndolos felices.

Una de las razones por la que siempre los invitaba a pasear era Anita, que en aquel entonces tenía diez años. No sé. Me parecía que había algo extraño en su comportamiento. A pesar de ser una niña muy vivaz e inteligente, su modo de proceder no era normal. Su mirada era esquiva, siempre evitaba tener que mirarte a la cara; más bien tomaba cualquier cosa y jugaba mientras hablaba. La mayoría del tiempo parecía estar buscando algo en el suelo, y cuando te miraba, sus ojos irradiaban soledad y amargura. Yo sentí que su corazón palpitaba a otro ritmo, por eso siempre le dedicaba una atención especial cuando salíamos. Con el correr del tiempo fuimos buenos amigos, algo raro en ella, pues nunca le conocí un amigo que considerara especial, ni siquiera la vi involucrarse en los juegos que organizaban los otros niños.

-No me gustan los niños de mi edad –me dijo un día. ¡Son tan infantiles!.

-Pero si tú apenas eres una niña con ellos –le respondí sorprendido.

-Tal vez mi edad es de niña, pero mi corazón, no. –Contestó en tono firme.

Y de inmediato se marchó dejándome con las palabras en la boca y un sabor de boca agridulce. Cuando hablé al respecto con mi hermano y Elvira, me respondieron: “No te precupes, ella ha sido así desde niña. Es un poco introvertida, quizás muy madura para su edad. Por eso no se relaciona mucho con los otros niños, pero nada más”.

Un año más tarde, la nostalgia me arrastró de vuelta a casa. La separación de los míos hacía mella en mi corazón. Así que regresé y en esa ocasión estreché más mi relación con Anita. A diferencia de mi hermano, a mí me gustaba más compartir con ella. En el fondo era una niña como cualquiera, pero rodeada de un halo de misterio que despertaba mi preocupación. Rara vez se la veía reír; cuando algo le gustaba simplemente sonreía: su actitud hacia la vida era de desilusión. Su madre tampoco le dedicaba mucha atención, ella era directora de un colegio que absorbía la mayor parte de su tiempo.

Un día, en uno de nuestro rutinarios paseos por el parque, mientras caminábamos y degustábamos un helado, me lo contó, pero antes me hizo jurar que jamás hablaría de ellos con sus padres. Desde ese día todo cambió para mí. ¿Cómo ignorar a un pajarillo desvalido que un buitre saca con violencia de su nido? ¿cómo devolver su ruta a aquel apacible río que crece sin control en el invierno, y que arrastrado por la tormenta abandona su cauce destruyendo lo que se interpone en su paso?.

Yo, que toda la vida me he jactado de ser una persona madura, aplomada y tranquila, comencé a sentirme atribulado y confundido, y empecé a dormir poco. También cambiaron algunos de mis valores.

Acudí a las autoridades. Se sorprendieron, quizás me creyeron, y me dijeron que tendría que poner a Anita en evidencia porque su declaración era vital, pero así y todo, que era sólo su palabra, porque no había pruebas materiales, ni testigos. Eso nos dejaba pocas posibilidades de que se hiciera justicia.

Entonces tomé la decisión. Robé algunas fotografías del álbum familiar de mi hermano e indagué. Estaba decidido a remover cielo y tierra.

-Prométeme que si lo encuentras, me llevarás contigo –me dijo Anita un día.

-Te lo prometo – respondí.

La búsqueda duró tres años. Tres largos años con sus días y noches que parecían no tener fin. Cuando averigüé sobre cierto almacén en otra ciudad, de inmediato viajé ligero de equipaje y fui a buscarlo. Desde el aeropuerto fui directo a la dirección que me habían dado. Compré algunas cosas –que luego tiré a la basura- y me dispuse a pagar.

Él estaba allí.

Lo observé con fingida indiferencia, mientras mi estómago se revolvía convulsionado. Incluso tuvo que repetirme el precio de la compra dos veces, porque mis oídos se negaban a escucharlo. Tembloroso saqué el dinero del bolsillo y mordí los labios para no abrir la boca, luego salí tan deprisa que recogí el cambio.

Esa noche no concilié el sueño. El haberlo tenido frente a mí me conmocionó. Antes de seguir adelante, analicé con cabeza fría todo lo que Anita me relató. Sabía que yo no era la persona idónea para zanjar el problema, pero mis conversaciones con mi sobrina y el recuerdo de su mirada ensombrecida por la desgracia, hicieron mío su conflicto. Decidí continuar con mi plan.

Al día siguiente salía del hotel a deambular por la ciudad sin rumbo, hasta que el reloj marco las ocho de la tarde. Era la hora del cierre según un aviso que colgaba en la puerta del almacén. Justo antes de que cerrara, y tras asegurarme que el último cliente y los empleados habían abandonado el lugar, tomé aire y entré.

-Buenas noches- me saludó. Usted estuvo aquí ayer y se fue antes de que yo pudiera darle su cambio. Ahora se lo doy.

-¡No!-le dije.

-¿En qué puedo ayudar?-preguntó sorprendido.

Sin mediar palabra saqué del cinto la pistola que me había procurado y le apunté a la cara.

-¡cierra la puerta!-le grité, señalando el acceso al local.

-¿quiere el dinero? ¡lléveselo, llévese todo lo que quiera!.

-¿Tengo acaso cara de ladrón, maldita escoria?.

-¿Pues entonces, qué quiere? ¿quién es usted?.

– Me llamo Eduardo. Soy el que ha pagado la minuta del psiquiatra que intenta curar a Anita.

-¿Qué Anita? Preguntó mientras se arrodillaba cobarde a mis pies, implorando perdón con el gesto. Eso me irritó aún más.

– ¡Levántate! Levántate y mírame a los ojos, cobarde –le ordené, al tiempo que le golpeaba con el pie.

-¿Qué Anita? – volvió a preguntar mientras se levantaba gimoteando.

– La hija de Fernando que fue tu mejor amigo hasta hace unos años. La hija del que te brindó la mano cuando no tenías nada; el que hospedó y te convirtió en su socio, y a quien traicionaste abusando de su hija. ¿Sabes ya cuál Anita, hijo de puta?.

Su rostro palideció,  tal vez presintiendo lo que le esperaba, y comenzó a temblar sin control.

-¡Por favor! No me mate!

-¡Mírame a los ojos! – le grité otra vez.

Nuestros ojos se encontraron y entonces pasó ante mí la película del relato de mi sobrina; una visión que me mostraba cómo ese hombre le indujo con dulces y regalos a que le practicara sexo oral, al tiempo que le manoseaba su cuerpo inocente. Después la amenazó para que no le fuera a contar nada a sus padres ni a nadie.

Eso duró un año, cuando Anita apenas tenía seis.

Escuché de nuevo la voz entrecortada de mi sobrina: “Era extraño… yo me limitaba a hacer lo que él me había enseñado… cuando me lo ordenaba. Sólo tenía que hacer una señal… y yo sabía lo que debía hacer. Recuerdo que en una oportunidad, él hablaba con mi madre mientras ella planchaba la ropa… entrecerró la puerta y dejó su cabeza por fuera… me hizo la señal y se bajó la cremallera…”.

Mientras ella lloraba inconsolablemente, yo me doblaba en el lavabo a vomitar.

Tenía su abominable figura ante mí. Mis dedos actuaron antes de que mi cerebro diera orden alguna. Apreté el gatillo varias veces y vi como caía su cuerpo degenerado y sucio sin que sus ojos se apartaran de los míos en ningún momento.

-Ahora estamos pagos-le dije.

Me incliné, tomé la llave y salí del almacén, con una frialdad que me aterrorizó.

No tuve elección. Yo no podía vivir tranquilo sabiendo que ese hombre estaría haciendo lo mismo a otra niña. Por eso decidí tomarme la justicia por mi mano.

Dos días más tarde, vino Anita a mi oficina y pidió hablar conmigo a solas. Yo sabía por qué venía, pero procuré actuar con normalidad.

-Me has traicionado-fue lo primero que dijo cuando estuvimos a solas, al tiempo que me golpeaba en el pecho.

-Anita, yo nunca te traicionaría-le contesté.

-Ese monstruo está muerto. Mis padres están ahora en la funeraria. Lo asesinaron, dijo papá. Fuiste tú ¿cierto? Fuiste tú y no me llevaste… yo quería hacerlo y no me llevaste – y rompió en un llanto desgarrado.

-Ahora ya puedes sentirte mejor. Fue la vida la que puso alguien en su camino para que cobrara lo que te hizo.

-Tú no lo entiendes. No es lo mismo.

– Sí es lo mismo. Ya no está y nunca más volverá a hacerte daño, ni a nadie. – le contesté.

– ¡No! Yo esperaba que me llevaras. Yo quería gritarle a la cara lo que significó para mí lo que me hizo, lo que han sido todos estos años con ese recuerdo sucio. Yo quería mirarlo a los ojos, matarlo yo misma –dijo, y ocultó el rostro entre sus manos.

Quedé petrificado. Tenía ante mí a una niña a la que un hombre desalmado había despertado los más feroces sentimientos y estaba dispuesta a violar todos sus principios – tal y como lo había hecho yo- en nombre de la venganza.

-Yo no fui Anita. Nunca pude encontrarlo – repetí, esperando sonar convincente.

-¡Júramelo!

Nos miramos a los ojos. Quizás su intuición femenina le hizo saber que yo no decía la verdad.

-¡Júramelo, por favor! – repitió, pero esta vez fue un ruego más que una orden.

-Te lo juro. Nunca puede saber dónde estaba.

Me abrazó durante un largo rato y los dos lloramos en silencio.

Una hora más tarde la dejé en su casa. Sólo me dijo gracias. Esperé hasta que alcanzó la puerta. Antes de entrar, giró y me miró pensativa. En su mirada volvía a tener la inocencia de la niña que era.

E.A.C.


ROMANCE CON LA SIRENA por J.R.G.

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Tuve un sueño primitivo

Desear afuera a linda sirena

Cortarle la cola, llevarla a mi casa

Y hacerla mi hembra

Y amarla.

Es que la sirena era muy hermosa

Y su dulzura me hizo enamorarla

Pero en ese sueño de gran pescador

El más enamorado resulté ser yo.

Y casi me hundo en profundidades

Y me fue saliendo una cola gris

La quería yo tanto que nacieron branquias

Respiré con ellas y así me volví.

Queriendo convencerla

De volver a tierra

Pretendía yo siempre

Tenerla pa´mi

Pero erra era agua

Y yo era tierra

Aquella sirena

Yo la perdí.

Volviéndose al agua

La bella sirena

Retorné a casa

Donde yo viví

Dejándola lejos

Metida en el agua

Pues yo amo la tierra

Y así la perdí.

Quedo la sirena

Muy triste y muy sola

Y una cosa igual

Me pasaba a mí

Recordaba triste

El mar y las olas

Y aquellas rocas

Donde la viví.

Y años más tarde

Pensando encontrarla

Volví yo a aquel mar

Donde la conocí

Y vi aquella roca

Con otro sireno

Besando su cola

Y no resistí

Me volví llorando

A estar en la tierra

Pensando y pensando

Que no era pa´ mí

Que el mar no era mío

Pues era su casa

Y no he olvidado

Que yo la perdí.

J.R.G.