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EL SUFRIMIENTO Y MALTRATO HACIA LOS ANIMALES (2ª PARTE) LOS ESPECTÁCULOS PARA EL DISFRUTE DE MUCHOS ¿HUMANOS? Por M.A.I.S.

Algunos datos de interés, extracto de una entrevista/debate en Radio 5:

Actualmente en España existen nueve circos que incluyen animales salvajes en sus espectáculos, empleando de forma específica para ello a cien personas en total.

El 50% de los países de la U.E. prohíben estos espectáculos y en un 25% de los restantes la legislación para su utilización es muy estricta. España no se encuentra entre ninguno de ellos.

La Real Sociedad España de Protección Animal, asegura que la gran mayoría de estos animales sufren maltrato de forma directa e indirecta.

España con 130 recintos dedicados al cautiverio y explotación de los animales encabeza la lista con mayor número de espacios dedicados a esta lucrativa actividad de la UE.

Los estudios científicos en biología animal evidencia sin paliativo alguno, que los animales internados en zoológicos, acuarios, delfinarios, y enjaulados, desarrollan enfermedades mentales, malformaciones físicas y ven reducida su esperanza de vida en un 30% de su ciclo natural.

Únicamente el 3% de los animales cautivos en estos lugares pertenecen a especies con verdadero peligro de extinción. Siendo falso que gracias a la existencia de estos recintos se proteja de la extinción al resto de especies que en ellos “viven”.

Semanas atrás, un afamado periodista de la matutina “radio-copera”, lamentaba que el Circo Ringlin hubiese tenido que cesar en su actividad tras ciento cincuenta años de existencia. Según él, la prohibición de exhibir animales provocó la desaparición de su actividad con elefantes, y con ello, la pérdida de su principal fuente de ingresos. El periodista en cuestión, responsabilizaba a quienes textualmente califico como: “esos animales de los animalistas, que probablemente jamás fueron niños, se han servido de esa falseada argumentación de querer proteger a los animales para destruir cientos de puestos de trabajo y lograr que muchos miles de niños pierdan para siempre la oportunidad de amar y respetar a los animales”.

Dada la vehemencia y el tono de su diatriba para defender a esta familia circense que durante más de un siglo se ha dedicado a vivir y muy bien del enjaulamiento, sufrimiento y degradación en la vida de cientos de animales salvajes nacidos para vivir en libertad, no puede por menos que preguntarme si tal vez, este señor, tendría algún dinero invertido en este tinglado circense. Pero con independencia de ello, me pareció una muy buena e ilusionante noticia el cierre de todos esos lugares donde pudiera maltratarse a los animales.

Mejor sería que este “pseudo adoctrinador mañanero” orientase sus matutinas homilías en promocionar que sus fieles radioyentes educasen a sus hijos en el verdadero amor y respeto por la naturaleza, dedicando algo de su tiempo en llevarles a observar en su hábitat natural la fauna autóctona de la comunidad autónoma donde viven. De esta manera, además de darles el aire, con un poco de suerte se les desembotaría el cerebro de pasar tantas horas delante del ordenador proporcionando datos e información privada a los cuatro vientos en las redes sociales, y de paso, podría aprovechar esas salidas para utilizar las funciones de fotografía y vídeo de su último modelo de móvil para algo más educativo que fotografiarse haciendo el gilipollas en los botellones, o grabando “bromas” mientras infringen leyes y normas sociales.

Este “lumbreras radiofónico” tendría que recordar que existe un Cirque du Soleil, que recorre el mundo, educando y entreteniendo además de generar cientos de puestos de trabajo e ingresando miles de euros sin causar el menor daño a ningún animal. Por tanto, los propietarios de todos esos espectáculos donde se inflige sufrimiento a los animales, y que este profesional de la radio tan enconadamente defiende, ¡ojala! Más pronto que tarde, tengan que cesar en sus actividades gracias a que se instaure a nivel nacional esa prohibición.

Además, y por lo que he podido escuchar de sus propias palabras, es un ferviente defensor del martirio taurino y al igual que el resto de forofos de semejante aberración, lo justifica con esa burda y falseada argumentación que así reza: “es una justa y noble lucha entre un solo hombre con una espada y un animal de 400 a 500 kg con dos pitones”. A lo que añade: “si desaparece la fiesta nacional, será el fin del toro de lidia y se perderán cientos de miles de puestos de trabajo”. En verdad, me sorprende que tan “ilustre caballero de la sacrosanta orden Copera” fiel devoto del Todopoderoso Creador de la vida en la Tierra, pueda defender semejante salvajada, pero en fin, en casa del herrero, cuchillo de palo.

Por otro lado, esa argumentación sobre los puestos de trabajo no se la cree ni él mismo. Veamos ¿qué pasa si desaparece el toro de lidia? Pues nada majete, no pasa nada, ya que según la absurda opinión de los taurinos fue creado para morir en la plaza. Dicho de un modo más acorde  con la realidad: creado para que unos pocos privilegiados obtengan sustanciosos beneficios económicos y laborales mediante un innoble martirio infligido a un noble animal que:

En primer lugar, es trasladado durante horas es un receptáculo de un camión. Introducido en un chiquero y expulsado a la plaza donde tras recorrer un oscuro pasillo – diseñado para un fin determinado- queda cegado temporalmente por el sol que le da de cara y aturdido por el griterío y la música existente en el recinto.

En segundo lugar: desconoce el sórdido ritual que les espera y al contrario que sus verdugos, no está ni entrenado, ni formado en las tácticas y técnicas que se emplearán para ejecutarse en lucha desigual.

En tercer lugar: todo se llevará a cabo por un grupo de personas – que no por un solo hombre – las cuales, le producirán certeras heridas destinadas a debilitarle por desangramiento y pasado un tiempo prudencialmente seguro, en el que el pobre animal además de debilitado, tiene mermada en gran porcentaje su visión, gracias a la pérdida de sangre, el matador con mucha ventaja sobre su víctima, dará fin de una sola estocada (en el mejor de los casos) al martirio de tan hermoso y noble animal.

Personalmente creo que si tiene que existir tal lucha, ésta sería más justa y noble si el toro pudiera descansar más tiempo después del transporte, si conociera el terreno y la dinámica del ritual que solo se le picase una vez – como mucho – y con un único par de banderillas retráctiles, es decir, que no se claven, además de no debilitarle con esas opacas maniobras en los chiqueros. Entonces, ya veríamos quien tiene lo que hay que tener para ponerse delante del “chiquitin”.

Mira tú por donde, que se me ocurre que podrían transformarse las actuales plazas en circos similares a los existentes en la antigua Roma. En ellos, podrían celebrarse justas y nobles luchas entre los nuevos gladiadores, los cuales podrían torearse los unos a los otros, emulando a los gladiadores profesionales de aquellos circos quienes luchaban cuerpo a cuerpo entre ellos y contra animales, incluyendo a los toros. Pues no nos dejemos engañar por el cine, no todos los combatientes eran esclavos, que además de ser muy bien retribuidos económicamente, gozaban de gran reconocimiento social.

¿Qué te parece lumbreras? Así podría solucionarse lo del espectáculo circense que tanto defiendes y de paso, su generarían muchos y verdaderos puestos de trabajo en esa nueva lidia humana, en la que además habría toros y una nueva concepción de fiesta nacional. Y no tal y como sucede hoy dúa, que tan solo unos pocos se reparten el trabajo y los enormes beneficios derivados del martirio taurino.

Nosotros, que nos definimos: humanos, inteligentes, hemos de tener claro que los animales, entre otras, tienen la capacidad de sentir y sufrir, además de mostrar unas enormes ansias de vivir. Por ello, me gustaría saber el verdadero motivo y el por qué tantas personas desean mantener esas fiestas y espectáculos donde el divertimento humano gira en torno al sufrimiento,, martirio, explotación económica y turística de cientos de miles de seres vivos que desarrollan su precaria vida en cautividad e internamiento.

M.A.I.S.


EL SUFRIMIENTO DE LOS ANIMALES Y EL MALTRATO HACIA ELLOS (1ª PARTE) por M.A.I.S.

No dejan de estar en mi recuerdo todos aquellos animales cuya precaria vida transcurre en granjas, laboratorios y recintos de todo tipo, donde cada día se les veja y humilla, bajo la aparente búsqueda de beneficiosos adelantos para la humanidad. Pero dada la amplitud necesaria para abordar un tema como este, y las lógicas limitaciones en la extensión de nuestros escritos; que el presente trabajo sirva para rendir merecido homenaje, a la vez que siento por todos y cada uno de ellos.

Los animales no pueden expresarnos mediante el lenguaje su sufrimiento, ni su dolor, y por ello, su no percibimos evidentes muestras de dolor físico damos por hecho que éste no existe, y claro, “el que calla otorga”. Además, todo se complica aún más si tenemos en cuenta que muchos de ellos tan desarrollado y adaptado diversos mecanismos para afrontar, gestionar y disimular el dolor pues en la naturaleza, un animal herido, cojo, o sufriente, rápidamente se convierte en presa para los depredadores, y en lo concerniente a su relación con los humanos, sus procedimientos pueden derivar en rechazo por nuestra parte hacia ellos.

Pero, a su manera, los animales nos hablan ¿Quién no se percata de que un perro está abandonado? No solo su aspecto físico y si actitud de autoamedrantamiento lo delatan, también se evidencia en su afanosa búsqueda de ser aceptado por toda persona que se le aproxime con un , mínimo de cariño. Rápidamente mueve el rabo, se humilla y por todos los medios a su alcance intentar ser adoptado. En estas ocasiones nos resulta difícil identificar su sufrimiento, pero… nos preguntamos o entendemos cómo se queda emocionalmente al ver que nos alejamos haciendo patente nuestro rechazo hacia él.

Muchos estudios científicos han demostrado que todo ser vivo con sistema nervioso central, además del dolor físico, sienten: miedo, angustia, pena y alegría. Tienen sentimientos y ello nos obliga a tratarles con la dignidad y el respeto que merecen, y si no estamos concienciados y dispuestos a ello, mejor no juguemos con sus vidas. Debemos pensar con mucho cuidado sobre estos factores a la hora de adquirir una “mascota”.

Otra cuestión no muy bien percibida por muchas personas es la del maltrato animal. Tal vez por ello en España las leyes contra el mismo son las más permisivas de Europa. Los animales no pueden denunciarlo y están supeditados a la voluntad humana para poder disfrutar de una vida digna a la que tienen derecho. Cuando se entrevista a las personas sobre esta cuestión la práctica totalidad se apresura en manifestar su rechazo al maltrato de los animales, pero el problema radica en el hecho de que el maltrato solo se percibe cuando se contemplan escenas explícitas o extremas agresiones.

Aunque en realidad éste, se produce de forma prolongada y sutil en numerosas ocasiones, cuestión esta que se puede demostrar al revisar muchas de las investigaciones científicas en biología animal que han constatado sin paliativo alguno que de la misma manera que nos ocurre a los humanos, si se coartan o delimitan los ecosistemas, los instintos, las necesidades y las costumbres naturales de cualquier ser vivo, directamente se degrada su calidad de vida y bienestar, produciéndose un maltrato poco percibido, pero que diariamente sufren muchos animales en: zoológicos, acuariums, delfinarios, y demás recintos donde se les explota en aras del ocio y el beneficio económico de muchos humanos. Debemos ser conscientes de que en estos lugares los animales vez impedidas, restringidas e incluso anuladas sus capacidades y posibilidades de tener esa vida para la que nacieron y a la que tienen derecho.

Ente los humanos está muy extendida esa definición que aplicamos a los animales al tacharles de “irracionales”. Pero ¿de verdad lo son? De ser así, por qué se les utiliza y con mucho éxito, en terapias de acompañamiento de niños, ancianos, enfermos y demás actividades muy demandadas por los humanos. No, queridos amigos los animales nos enseñan cada día sus enormes capacidades adaptativas e integradoras. He visto la inquebrantable amistad entre un caballo y un gato; la añoranza de una cabra por la ausencia de una burrita amiga suya desde la infancia; los cuidados de un perro mastín hacia una ardilla huérfana, y los juegos de un perro de caza con su  amigo, un conejo.

Además de ser capaces de integrar en sus sociedades a miembros de una misma especie y de especies opuestas, son tan sensibles que evidencian la facultad de establecer fuertes lazos de amistad y protección mutua entre animales pertenecientes a especies depredadoras y animales que teóricamente serían sus presas “naturales”. Por todo ello, son un ejemplo de protección, integración, amistad, fidelidad, ayuda, y paciencia, siendo capaces de adaptarse a casi todas las adversidades que puedan surgirles en sus vidas y en las de aquellos que gozan de su compañía, pero nosotros los clasificamos de ser salvajes e irracionales.

Tal vez convendría que nos lo hiciésemos mirar, pues parece que necesitamos de una urgente reconfiguración de muchas de nuestras percepciones, conceptos, valores, sensibilidades y responsabilidades para con el medioambiente, sus ecosistemas y los animales que en ellos viven.

M.A.I.S.


HUMANOS Y OTROS ANIMALES por M.A.I.S.

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Desde muy antiguo los humanos recurrimos al consumo de diversas sustancias estimulantes que además son adictivas y legales; tabaco, cafeína, teína, alcohol y determinados fármacos que se dispensan sin receta y varios que sí precisan de ésta. Lo hacemos inicialmente atraídos por lo desconocido y posteriormente continuamos su consumo porque en ellos encontramos experiencias que nos hacen repetir, y en muchos casos, se convierten en una adicción más o menos crónica.

Pero aun más antiguo es el consumo de sustancias “estimulantes” por parte de algunos animales, los cuales utilizan sus conocimientos, que en algunos casos vienen de serie y en otros son inculcados de padres a hijos, para excitarse, relajarse e incluso automedicarse. Sí, los animales también consumen drogas.

En el afán de supervivencia y utilizadas como arma biológica las plantas desarrollaron diversas sustancias químicas para defenderse del ataque de los depredadores. Pero en algunos casos el efecto ha sido el opuesto, y en vez de rechazo, estas sustancias producen la irresistible atracción de muchos.

Al igual que en los humanos, el cerebro de muchos animales es un órgano al que le resultan irresistibles todos aquellos componentes químicos que le producen estímulos placenteros, llegando a crearse determinadas dependencias.

Lo primordial en la supervivencia es el estar alerta para poder reaccionar al ataque de un depredador. Pero entonces… ¿por qué se drogan los animales?. Esta faceta es desconocida para los biólogos y hoy día existen varias hipótesis, que mantienen que esta conducta tiene razones evolutivas ya que tal vez así se producirían nuevas posibilidades de adaptación. Por otro lado, se sostiene la idea de que tal vez los animales no buscan en principio drogarse con las sustancias de algunas platas, sino otras propiedades, pero al encontrarse con los “estimulantes” efectos… estos les gustan y de ahí sus “adicciones” a los mismos.

Es conocido que en la guerra de Vietnam, los búfalos  acudían a los campos de amapolas, y a pesar de que no les gustan en absoluto, consumían grandes cantidades de sus flores, no para alimentarse, sino para reducir el estado de nervios producido por las explosiones de las bombas estadounidenses. Existe una planta conocida como “menta de gato”, la cual consumen estos felinos ya que les embriaga y estimula sexualmente. Algunas especies de abejas sienten predilección por las hojas de las plantas que contienen contaminantes químicos, las cuales les producen en principio estados eufóricos y con el tiempo su final vital. De la misma manera los renos de Alaska buscan con desenfreno la Amanita Muscarida, una seta que tiene efectos alucinógenos los cuales pirran a estos animales.

Estos son solo unos ejemplos de animales que se droga, pero hay más, y la cosa va en aumento. Ya Darwin observó este comportamiento en unas 16 o 20 especies, pero hoy día se han catalogado más de 150 de toda la fauna animal que de una u otra manera, con más o menos asiduidad y en mayor o menos cantidad, se drogan. Por ello tal y como reza el título de este artículo, de igual manera que los humanos utilizamos y nos convertimos en “adictos” con el consumo de algunos frutos y hojas, los otros animales también disfrutan con los efectos más o menos adictivos de ellos. En verdad se puede decir que en algunas cosas no somos tan distintos.

M.A.I.S.


MUJER NATURALEZA, poema por encargo nº 6, por J.R.G.

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Orilla, colmada por el sol

donde las olas van a reposar,

porción divina es tu piel dorada

lugar de aguas que vienen a soñar:

arena es tu piel bendita

y agua mi alma que es amar.

Lugar con dos soles

alumbrado por donde vas,

penetrantes de calor

radiantes por el amor

astros cercanos

son tus ojos

que miro sin cansarme

de tanto amar.

Resaltando contentas

las brillantes perlas

que tienes galantes

en tu boca entreabierta,

sonrisa de una virgen

que alienta mi vida,

me alegra y me salva

y me abre su puerta.

Mujer naturaleza

sirena sin aletas,

preciosa, hermosa

mi vida está despierta

mirando tu foto

soñándote completa

en noches muy solas

sin música ni orquesta.

Fuerza,

conserva la fuerza

alienta la esperanza,

persevera en tu calma

nuestra vida comienza.

Espérame,

sspérame allá afuera

que mi alma te ama,

que mi alma te anhela

mujer naturaleza.

J.R.G.


LA CASCADA, Cuento Infantil por E.A.C.

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Ese día, cuando la luz comenzaba su reposo diario, el Señor Oso huyó en compañía de su familia, la Señora Osa y sus tres oseznos, dos machos y una hembra muy joven, a quien cariñosamente llamaban Este. No sabía a ciencia cierta qué camino tomar, pero confiaba en si instinto de macho que siempre lo llevaba hasta lugares remotos en donde abundaban el agua y los manjares silvestres. Los oseznos mayores pronto formarían su propia familia,  en cambio Este, su princesa como él insistía en llamarla, todavía era muy joven, tan joven que aún no conocía la maldad.

Las fábricas, el progreso, la contaminación, en fin, el hombre que todo lo destruye, reflejaba su espíritu despiadado en el deplorable estado del bosque. La naturaleza, como antaño, ya no proveía a los habitantes de la selva de suficiente comida, y el agua de los ríos más cercanos estaba envenenada por detritus que se arrojaban en los cauces otrora caudalosos, convertidos ahora en pantanos. Él lo sabía, llevaba años señoreando el bosque, podía percibir la desgracia en el aroma del viento. Los animales deambulaban hambrientos e irascibles en busca de una presa, destrozándose entre sí a la primera diferencia. Todo estaba cambiando, incluso el clima. El verano era mucho más caluroso y el invierno llegaba sin lluvias, reseco y cruel. Si se quedaban allí no lograrían sobrevivir.

Caminaron mucho tiempo. Cuando el sol se preparaba para irse a dormir les indicaba el sendero. La luna – encargada de iluminar a los infatigables caminantes-, los acompañaba, y las estrellas mostraban a los viajeros, como en un mapa, la ruta a seguir. Esta vez tampoco se equivocó, al menos eso parecía cuando alcanzaron el pico de una montaña y apareció ante ellos un pequeño bosque que se desplegaba a sus pies como una alfombra tejida a mano, adornada con una fama de verdes entreverada por trazos rojos, amarillos y ocres. Allí se resguardarían del frío y encontrarían suficiente alimento para sobrevivir al invierno. En un claro del bosque, un riachuelo alimentaba un lago transparente como un espejo aguamarina. El piar de los pájaros y los alegres cánticos de otros animales impregnaban la atmósfera de un delicioso espíritu festivo. Encontró una cueva en la base de la montaña. Con un toque de su mano mágica, la Señora Osa la transformó en hogar, y con la ayuda de sus hijos mayores, y de paso, para iniciarlos en el rudo aprendizaje de la supervivencia, comenzó la búsqueda y almacenamiento de provisiones.

Un día, mientras paseaba cerca de la cueva, descubrió en la maleza extraños espacios. Habían sido hollados por el peso de algún cuerpo. Su mente se iluminó de inmediato: eran pisadas humanas. Las del hombre, su depredador y eterno enemigo. Las huellas delataban humedad reciente… Serían dos, máximo tres… Papá Oso sabía de lo que eran capaces aquellos monstruos que atacaban sin razón, como la tormenta que va y viene sin aviso. Su instinto dictó la decisión: Alejaría de allí a los invasores, preservaría la vida de su compañera y de sus hijos, demasiado jóvenes para batirse en duelo, y más jóvenes aún para morir. Rastreó las huellas, y cuando notó que la humedad de la hierba pisoteada aumentaba emitió un clamor que resonó en todo el bosque. Para Mamá Osa y sus oseznos fue: “¡Escóndanse. Hay peligro!”, y para los depredadores: “¡Aquí estoy, vengan por mí!”.

Atravesó deprisa el arroyo, demarcando el terreno que permitiría a los hombres seguirlo y comenzó a ascender por la montaña, asegurándose siempre de que le pisaban los talones. Durante la carrera escuchó varias veces un estruendo familiar que le recordaba la explosión de los truenos durante las tormentas. No sentía miedo a la muerte, aunque sabía que ésta lo rondaba disfrazada de cazador. Cuando alcanzó la cumbre pensó que había llegado al cielo, pues las brumas heladas rodearon su fatiga. Medio aturdido aún, pisó una piedra que se fugó con él montaña abajo. Cayeron al precipicio con la misma fluidez con que la lluvia del verano se desprende de las nubes. Un saliente del peñasco detuvo abruptamente la caída. Papá Oso perdió el conocimiento, antes de escapar del mundo vio como la piedra era tragada por el abismo. Al despertar, herido e impotente, limitado por unos pocos metros de terreno rocoso, pensó que la muerte era mejor que aquella cárcel suspendida sobre el barranco, pero el recuerdo de sus hijos, de su compañera y la necesidad de salvarlos, impidió que continuara el viaje al país de los muertos. Habían transcurrido varias horas, había nacido la noche, y él continuaba allí, aislado, rodeado de silencio, y con el bosque que días atrás soñó como su nuevo hogar enfrente, pero sin poder ganarlo, sin poder disfrutar de su espesura y cobijo.

La Señora Osa escuchó el grito de su compañero. Atrapada en el presagio de la desdicha reunió a su familia y los escondió en el fondo de la cueva, no sin antes cubrir con ramas y hojas sueltas el umbral. Pasaron la noche sin hacer ruido, escuchando los sollozos ahogados de Este, que en su inocencia no podía comprender qué sucedía. Ya al amanecer, el cansancio los abrazó como se abrazan los amantes después de una noche en vela, y pudieron descansar un poco. No así la Señora Osa, que esperaba con inquietud el regreso de su compañero. Cuando el gallo anunció que el sol despertaría pronto, se puso en pie y abandonó la cueva con sigilo para ir a buscar al Señor Oso. La búsqueda fue infructuosa. Había desaparecido. Su olor se desvanecía sobre el arroyo. De pronto, escuchó un nuevo grito. No como el del día anterior, no, éste tenía el sabor amargo de la comida descompuesta. Era un grito de dolor y nostalgia. Se reunió con sus hijos y entre todos buscaron el lugar de procedencia de los lamentos de Papá Oso. Al fin lo vieron. Parecía un abrigo de invierno colgado en un armario.

No se veía forma alguna de llegar hasta él. Subieron la montaña, intentaron rescatarlo, pero fue inútil. Estaba abandonado en medio de la nada. Entonces comenzaron a comunicarse a gritos. El Señor Oso estaba triste y agobiado por la sed; la separación de los suyos le carcomía los huesos, pero todos se alegraron y dieron las gracias a la vida por estar vivos y por encontrarse nuevamente aunque los separara un abismo.

Tuvieron que replantear la situación. Los oseznos mayores se dedicaron a recoger alimentos para el invierno. Mamá Oso y Este se dedicaron a cuidar a distancia a Papá Oso. Para combatir la tristeza se paraban y le contaban a gritos todo lo que sucedía con ellos. Lo tranquilizaban dejándole saber que estaban bien y que tenían almacenados los alimentos para sobrellevar el invierno. Le cantaban alegres canciones, y Este le contaba cuentos para que pudiera conciliar el sueño. Él hacía lo mismo. Pasaba las noches imaginando historias para contarle, en las que su pequeña era una heroína. Ya a la mañana, animaba a su familia fabulando cómo sería la vida futura cuando consiguieran juntarse de nuevo. La Señora Osa habló con las aves, comandadas por el águila, para que ellas hicieran de correo y llevaran todos los días agua y alimentos al prisionero de la montaña; a su vez, el Señor Oso devolvía con los mensajeros diminutas figuras impregnadas de amor, que tallaba a mano durante su ocio obligatorio.

El destino que todo lo mueve a su albedrío tenía otros planes. Los oseznos mayores crecieron y el instinto los lanzó contra el mundo. Partieron en busca de su propio destino con la promesa de regresar a tiempo, con sus futuras familias, para almacenar los alimentos. La Señora Osa y Este continuaron la infatigable labor de cuidar desde la distancia a papá; hasta que la realidad puso a Mamá Osa de cara a duras decisiones. Ya el frío se acercaba al bosque. Mientras paseaba con su pequeña cerca del lago encontró nievas marcas de hierba. Ambas corrieron a esconderse. El Señor Oso supo que algo andaba mal cuando no volvió a escuchar las canciones que los despertaban todas las mañanas. Cuando Mamá Osa y Este se arriesgaron a salir, acudieron a visitarlo y a relatarle lo sucedido, Papá Oso aconsejó que la única salida posible era volver al viejo bosque y reunirse con sus hijos y sus viejos amigos. Sabía, al igual que Mamá Osa, que si se quedaban tenían pocas posibilidades de sobrevivir. Si no partían pronto el invierno no les permitiría viajar. La partida era necesaria e inaplazable. El último día cantaron entre sollozos las viejas canciones haciéndose muchas promesas. “Volverás pronto, ya lo verás estrella mía” fueron las palabras de despedida de pequeña Este.

Papá Oso las miró e intentó embadurnar su memoria con esta última imagen. Los verdes que antes brillaban parecieron opacos y envejecidos. Mamá Osa y su pequeña cría se alejaban. A cada paso volvían la vista atrás, posaban un beso en sus pezuñas u se lo enviaban con el viento, como hacen las flores con el polen. Los besos llegaban hasta Papá Oso como una caricia dolorosa. Su cuerpo se clavó en el piso, fundiéndose con la piedra, y de sus ojos comenzaron a manar dos filamentos de agua que nunca se detuvieron.

El bosque se adornó con una nueva joya: una cascada que brillaba como los diamantes en el cuello de una reina, transformando el bosque en un paisaje navideño.

Los hombres invadieron el bosque convirtiéndolo en un paraje turístico que atraía por su extrañeza y exotismo, por la magnificencia del paisaje y su peculiar cascada.

De los dos puntos diminutos horadados en la piedra brotaba un chorro fulgurante, un torrente salado, un pedazo de mar. Quienes visitaban el bosque decían que en las noches de luna llena se escuchaban en la lejanía unos gritos desesperados de un padre que clamaba por su familia.

E.A.C.


EL RECHAZO POR SISTEMA de M.A.I.S.M.

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Según los expertos, entre el 2050 y el 2060 la población humana alcanzará los 9.000 millones de habitantes. Para satisfacer las demandas alimenticias se tendrán que cambiar los actuales sistemas de producción agrícola, ganadera y pesquero. Ello requerirá del uso de la biotecnología como la encargada de incrementar la cantidad y calidad nutricional de los productos destinados al consumo humano. Por tanto, será necesario fomentar la utilización de transgénicos los cuales permitan crear especies vegetales resistentes a los ciclos climáticos y con capacidad para sobrevivir en zonas donde las sequías y otros fenómenos naturales dificultan hoy día su cultivo. De igual manera se tendrán que obtener nutrientes específicos para los suelos de siembra.

Son muchas las personas que por falta de información o por información errónea dicen estar en contra de los productos trans. De las argumentaciones dadas por ellas podría deducirse que parecen pensar que un transgénico es algo creado con una tecnología demoníaca de la cual surge algo fruto de la alquimia. Pero ¿qué es un transgénico?.

Sencillamente, es un organismo al que se le inserta en su genoma un fragmento de ADN de otro organismo con el único fin de aportarle una nueva capacidad para la mejora de su: calidad nutricional, su cantidad y resistencia. Con los trans sucede igual que con cualquiera otra novedad tecnológica, de inicio se la mira con recelo y poco después se instala en los hábitos de consumo haciéndose incluso imprescindible. Hoy día estamos utilizando productos derivados de transgénicos como el algodón, el cual en Europa es adquirido para elaborar desde ropa a todo tipo de consumibles de higiene íntima. Igualmente son muchos los fármacos que se obtienen con derivados de transgénicos, gracias a ello han pasado a estar al alcance de una gran mayoría de personas, las cuales tenían problemas para obtenerlos debido a su coste económico.

Si no fuera por los transgénicos tendríamos escasez de ciertos alimentos, pues gracias a ellos, se producen más y mejores cosechas de algunos cereales destinados a la alimentación base del ganado. Esto permite cubrir la desmesurada demanda de todo tipo de carne, motivada por la muy extendida y errónea creencia de ser una eficaz manera de obtener proteínas.  De hecho, en pocos años las costumbres alimentarias de la humanidad sufrirán grandes cambios, siendo el consumo de pescado la principal y más efectiva fuente de obtención de muy buena proteína. Este cambio, mucho más saludable a la vez que más barato y menos contaminante, llevará aparejada una necesaria modificación en la forma de abastecer a los consumidores, la cual pasa por la agricultura marina reemplazando ésta a las cada vez menos productivas artes tradicionales de pesca.

Para lograr esta reconversión productiva, será necesaria la utilización de transgénicos, a la vez que tendrá que modificarse las leyes europeas con respecto a la utilización, siempre y producción de estos derivados procedentes de la biotecnología. Hoy día, las industrias europeas los adquieren en grandes cantidades de otras partes, donde su siembra, producción y elaboración sí que están permitidas, para posteriormente elaborar productos que se consumen aquí en Europa, entre ellos: cosméticos, geles y champús de baño, productos de higiene íntima, de limpieza e industriales. Igualmente existen alimentos como el arroz con determinadas propiedades nutricionales –provitaminas- y trigo modificado para poder ser consumido por los celiacos y aunque aún se mira con recelo a los transgénicos, la sociedad terminará por aceptarlos dejando de lado esas absurdas creencias que fomentan su rechazo, pues su consumo y utilización aportan muchas ventajas y beneficios al ser humano, incluso las mejoras en los procedimientos de lucha contra la contaminación que ocasionan las actuales formas de procesamiento, manufactura y distribución de los productos alimentarios y de higiene de hoy día.

Por otro lado, resulta curioso el hecho de que se rechace los trans, con la argumentación de que causas un perjuicio a la salud – cosa errónea- y por el contrario consumimos y engullimos toneladas de bollería industrial y comida rápida de todo tipo las cuales son procesadas con grasas animales y/o saturadas, cuestión esta que además decimos conocer como muy perjudicial para la salud, dejando de lado o consumiendo  en muy bajas cantidades: frutas, verduras, pescado, legumbres y cereales, alimentos estos que cuentan con avaladas certificaciones en la prevención de dolencias cardiovasculares, estomatológicas y dermatológicas.

Parece que tenemos muy arraigado el “rechazo por sistema”, más que por conocimiento. Y lo que conocemos como beneficioso lo sustituimos por lo perjudicial.

Por M.A.I.S.M.


ERASE UNA VEZ… por F.L.N.


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La causa…

Hacía muchos años (digamos décadas) que de algún modo u otro, manifestaron algunas gentes, su preocupación por el maltrato (persistido en el tiempo y lugar) del hombre hacia el único planeta aún habitable que poseíamos.

Aquellos preocupados por la salud medio ambiental (es decir, por el futuro del planeta y por la vida que aun hay en él), contaban a su favor, curiosamente, con inesperadas pero visibles consecuencias del modelo de vida que había que combatir. El hecho es que si preocupaba el presente, el futuro tenía aún peor pronósticos. Así pues, de la preocupación se pasó al compromiso. Unos hicieron de ello su causa y otros su lucha. Verde, tomaron por bandera, aunque con distintos matices y gamas que dicho color abarca.

El enemigo…

Ya tenía nombre y apellido el enemigo de la naturaleza; (y las progresivas y prematuras consecuencias, relativamente proporcional al número de preocupados al número y elevado luego al grado de compromiso)  no debía de ser difícil de identificar, localizar y combatir. Sin embargo, no fue así, al parecer el enemigo estaba en casa. Estaba tan arraigado con sus contendientes, donde tenía aliados. Entendiendo por ello; malos hábitos adquiridos durante mucho tiempo (disfrazados a veces de progreso o modernidad), el inmovilismo mayoritario de toda la vida (lo de, “por qué cambiar, si no nos funciona tan mal”), y, sobre todo, ¿cómo no?, los intereses creados, invento propio de la ingeniería humana en su búsqueda de lucro. Por eso nunca coincide con los intereses generales, o sea, el bien común. También de toda la vida ¿enemigo?.

Si el hombre, él mismo, capaz de lo mejor y de lo peor.

El concepto (los muertos)…

En la guerra, en todas las guerras, se ganan y se pierden batallas, se pasan por momentos de gloria y por lo contrario, algunos son considerados héroes, otros villanos. Se sabe que varía el sujeto según quién haya redactado la oración, pero los sujetos muertos son y siguen muertos sin poderlo variar nadie. Porque las guerras aparte de todo producen muertos y esta no fue para nada una excepción.

La niña que por entonces tenía tan solo 15 años; viajó hasta París (desde Australia), queriendo saber quién y por qué habían matado a su padre, cuando ella acababa de nacer. En sus cortos pero fructíferos añitos todo lo que había leído y escuchado sobre su padre, solo le aseguraba que era un hombre bueno, preocupado y comprometido con la lucha por la vida (en todos sus conceptos), sin embargo, le dieron la muerte…le quitaron la vida.

A la tripulación del Rainbow Warrior que fue hundido por el gobierno francés y que supuso el fallecimiento de Fernando Pereira.

F.L.N.