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MI REINO POR UN ESCAÑO por E.F.H.

Estamos tan acostumbrados a oír diariamente “es su escaño”. Está en él o en ella que lo deje. Me parece que cada vez es más “obsceno” el oírlo.

Esta frase de “es mi escaño” o “es su escaño”, sigue dando vueltas y vueltas en las cabezas de los ciudadanos. No por lo que dice dicha afirmación, sino por lo que oculta: a esto le podemos llamar: “el síndrome de la posesión, pero no solo del escaño, sino del país”.

Ya vemos que muchos políticos han creído siempre y siguen creyéndose los salvadores, los que creen que el país es de su pertenencia. ¡Ya sabemos para qué!

Piensan que cuando ya tienen su escaño, los españoles se lo hemos regalado para que háganlo que les de la real gana, como está sucediendo hace mucho, muchísimo tiempo. ¡NO ES PARA SERVIR, ES PARA SERVIRSE!

Normalmente, lo que se ha estado haciendo es esquilmarlo todo.

Además de mentirosos, juran y perjuran que no lo son. Los que se comportan como verdaderos autócratas y tienen la sartén por el mango, pero ven peligrar su posición de poder y privilegios, intentan ocultar todo lo que han hecho y que son responsables, bajo una capa de cieno, barro sucio o barniz oscuro.

Otros ni se esconden, siguen todos los días “erre que erre”, aunque el barco se hunda, y la popa ya está toda hundida y el agua ya cubre todo su cuerpo. Levantan los brazos y con solo sus manos a la vista, siguen en sus trece diciendo con los pulgares: “piojosos, piojosos”.

Después, lo más normal es dar el salto al grupo mixto, borrando de un plumazo sus supuestas culpabilidades y desmanes, etc.

Y, por fin, ya queda todo arreglado: “ya no es militante de nuestro partido”, llegando a la conclusión de que “nada de lo que hizo o haga en lo sucesivo tiene que ver con su partido”.

Todo esto es que se está llamando últimamente “REGENERACIÓN”.

Lo ciertamente seguro, es que las cloacas seguirán despidiendo un gran olor pestilente. Si todo esto que estamos viendo es “REGENERACIÓN”, ¡que venga Dios y lo vea!.

E.F.H.

 

 

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NO VOLVERÉIS A ENGAÑAR por J.B.J.

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Patria abatida,

corazanes olvidan

hambruna temida,

que lejos nos ha quedado,

esa riqueza inventada.

Dinero manchado, escondido,

que iluminó un país engañado

dónde está ese dinero ahora,

dónde está esa riqueza.

Bancos podridos, malvados

deshumanizados.

Muerto está el político de vocación

pues ahora más atento está

a su fondo de inversión.

Fácil es decir ahora,

que hay que apretarse el cinturón,

cuando el que lo manda,

tirantes lleva en el pantalón.

Gente dejad de llorar,

de lamentar,

que como capitán de los castigadores,

un mensaje os voy a dar.

Bondad, felicidad, amor

eso no os lo pueden quitar,

y a ellos les gritaremos:

¡Que mucho pueden mandar

que a mi pueblo no volveréis a engañar!

J.B.J.


LA GRAN CONTRADICCIÓN DE LA MEDICINA por V.E.V.

Avances-tecnológicos-de-la-medicina

Podríamos considerarlo casi como un tema tabú en nuestra sociedad, pues nos enfrenta con una de esas “verdades inviolables” y comúnmente aceptadas que sostienen el sistema en pie. Y todo arranca de una pregunta simple ¿cómo gana dinero un médico o un farmacéutico?, pues resulta que tu médico o tu farmacéutico solo ganan dinero cuando estás enfermo. De hecho, toda la industria de la medicina y la farmacia ganan dinero gracias a la enfermedad.

Llegados a este punto, una mente con una mínima capacidad de raciocinio debería preguntarse: si la medicina y la farmacia ganan dinero con la enfermedad ¿qué intereses pueden tener esas grandes industrias en que estemos sanos?. Es un argumento tan lógico y obvio que resulta indignante e incluso descorazonador que nadie quiera aceptarlo como una realidad.

Par comprender mejor las implicaciones de este razonamiento, profundicemos un poco más, utilizando la lógica más simple. Si relacionamos el negocio de la medicina y la farmacia con el estado de sus pacientes, veremos que sus ganancias se dirimen a través de tres ecuaciones básicas: enfermo = dinero, sano = posible ganancia futura, muerto = ganancia nula. Esto dibuja dos esquemas de negocio básicos:

  1. En el primero se gana dinero gracias a la alternancia cíclica en el estado sano-enfermo de los pacientes. A mayor frecuencia en la aparición del estado “enfermo”, mayores oportunidades de ingresos.
  2. En el segundo, aún más óptimo, se gana dinero gracias a la enfermedad continuada en el tiempo, es decir, a la enfermedad crónica.

En ambos casos, es esencial ofrecer la suficiente calidad de vida al paciente, para que siga sufragando el tratamiento y, ante todo, evitar o posponer la muerte, pues esta significaría el fin de los ingresos. Queda claro pues, que la salud completa, en ningún caso implica ganancias. En cambio, la enfermedad siempre las garantiza.

Sabemos que este argumento es chocante, pero por más vueltas que le demos, es la pura realidad. Los médicos, como personas y como profesionales quieren lo mejor para sus pacientes y aplican todos sus conocimientos, procedentes de la educación recibida, en devolver la salud a las personas enfermas. Pero la clave reside precisamente aquí, en la educación recibida por parte de los médicos. Es decir, en cómo se les han transmitido los conocimientos. Porque lo cierto es que desde que acceden a la facultad de medicina, son entrenados y educados para formar parte de la industria médico-farmacéutica y adaptarse a sus lógicas de funcionamiento, de la misma forma que un soldado es entrenado y educado para formar parte de un ejército y adaptarse a sus lógicas de funcionamiento.

Siguiendo estas mismas lógicas, la industria farmacéutica gana inmensas cantidades de dinero gracias a la enfermedad, de la misma manera que la industria armamentística gana inmensas cantidades de dinero gracias a la guerra. Y llegados hasta aquí, ¿no resultaría muy ingenuo pensar que la industria farmacéutica promueve la salud? ¿o es que alguien imagina a un fabricante de armas promoviendo la paz en el mundo?.

Como vemos la relación y la influencia que ejerce la industria armamentística sobre el mundo militar es análoga a la que ejerce la industria farmacéutica sobre el mundo de la medicina. Ambas industrias instrumentalizan a aquellos que “usan sus productos” en el ejercicio de su desempeño profesional. No es disparatado pensar que utilizan parte de su inmenso poder económico en influir en la educación o programación de los médicos y los farmacéuticos, aquellos que el día de mañana deberán seguir garantizando que el esquema de negocio continúe.

Así pues, es lógico pensar que todo el conocimiento relativo a la medicina y la farmacia está orientado para adaptarse a la lógica de negocio “enfermedad = dinero”. Sin duda, habrá muchas personas que afirmarán que la enfermedad es consustancial a la vida humana y a la naturaleza y que la actividad de la medicina consiste, precisamente, en luchar contra la enfermedad. Reporta beneficios a ambas industrias, sin que ellas tengan la culpa de ello. ¿pero sería posible que la medicina y la farmacia centraran sus esfuerzos y su negocio en la salud y no en la enfermedad?. Vamos a razonarlo.

Para que este modelo fuera factible, el médico solo debería ganar dinero mientras el paciente estuviera sano, y dejar de ganarlo mientras estuviera enfermo. Las 3 anteriores ecuaciones del negocio médico-farmacéutico se transformarían en las siguientes: enfermo = ganancia nula, sano = dinero, muerto = ganancia nula. Así, el médico centraría sus esfuerzos en que sus pacientes mantuvieran su salud todo el tiempo, previniendo la enfermedad antes de que esta apareciera y por lo tanto, estudiando y atacando sus causas y no sus consecuencias, y en caso de que el paciente cayera enfermo, el médico se esforzaría en devolverlo lo más rápido posible a su estado saludable, para poder volver a ganar dinero con él y mantener su prestigio profesional.

El papel del farmacéutico sería complementario y consistiría básicamente en suministrar aquellos productos necesarios para fortalecer y prolongar la salud del paciente, y en su caso los necesarios para combatir la enfermedad. El farmacéutico estaría más relacionado con el mundo de la nutrición que con el de la química.

Esta forma de funcionar que a mucha gente le puede parecer fantasiosa ya ha funcionado con anterioridad. Recordemos que en la antigua China los médicos cobraban un salario por mantener sanos a sus pacientes y dejaban de percibirlo cuando éstos enfermaban, hecho que repercutía negativamente en su prestigio y, por lo tanto, en sus ganancias. ¿te parece pues un modelo absurdo? ¿más absurdo que una industria médico-farmacéutica que solo gana dinero cuando estás enfermo?.

Evidentemente, tal y como está estructurada nuestra sociedad actual , este modelo resulta muy difícil de aplicar a pesar de resultar mucho más lógico y potencialmente beneficioso para el paciente. Y llegados aquí, quizá deberíamos preguntarnos ¿por qué desde sus inicios la medicina optó por un modelo en el que la ganancia se asocia a la enfermedad y no a la salud?.

Y la respuesta no puede ser más triste: todo gira alrededor del poder. La enfermedad es un periodo excepcional de crisis en la vida de una persona, en la que el enfermo, desesperado, se muestra dispuesto a cederlo, pagar lo que sea necesario para salvar su vida y el médico se erige en la única figura con capacidad de conseguirlo. Por esa razón la medicina centra su actividad en la enfermedad, porque es la situación crítica que implica mayor acaparamiento de poder y autoridad, fluyendo desde el paciente al médico.

En cambio, si la medicina se centrara en mantener la salud del paciente, la situación de crisis asociada a la enfermedad correría en contra del médico, pues durante su transcurso perdería prestigio social y desaprovecharía esa oportunidad única en la que el enfermo está dispuesto a conceder mayor dinero, poder y autoridad a su médico.

Por lo tanto, la medicina no ha evolucionado alrededor del concepto de salud, lo ha hecho alrededor de la autoridad del prestigio profesional y de las ganancias que estos acarrean. Estos beneficios solo se pueden obtener a través de la enfermedad. Un funcionamiento completamente opuesto al que debería ser. Esta es la gran contradicción de la medicina, se basa en mecanismos simples que cualquier persona puede entenderlos.

Sin embargo, y a pesar de tenerlo enfrente de nuestras narices, el mundo sigue cerrando los ojos a esta realidad tan obvia. Y es que el mundo no está lleno de ciegos, sino de personas que no quieren abrir los ojos.

Por V.E.V.


LA LEYENDA DEL VIAJERO por SAMOYEDO

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Cuentan lejanas leyendas de un mágico lugar, donde sólo habitaba el amor, sus gentes eran amables, se ayudaban los unos a los otros para sus vidas mejorar. Era un lugar maravilloso donde reinaba la felicidad. Un día llegó a la aldea un viajero desconocido en una carreta de gran colorido, con un letrero que decía… “aquí está el futuro, pasen y vean”.

Todas las gentes se acercaron a curiosear y el viajero les mostró el dinero, el alcohol y las armas, todas ellas cosas desconocidas para ellos. Él con mucho empeño les enseñó a utilizarlas.

Todos eran hombres y mujeres sin ninguna maldad y de gran corazón, cuando comenzaron a usarlas y a apreciar su valor, todos cambiar su mente y el amor desapareció. Todos ellos peleaban por conseguir dinero para poder comprar alcohol, después usaron las armas contra aquel que les ofendió. Toda aquella magia, al momento desapareció y allí el hombre reía porque a todos engañó arrebatándoles su tesoro más preciado, la bondad, la generosidad y el amor.

El fue allí por una apuesta que hizo con un malvado señor que les ofreció grandes tierras y sacos de oro en vez de arroz, si conseguía cambiar en el mundo, el mal por el amor. Todo el pueblo ardió en llamas y de él nada quedó, tan solo un cartel que decía… “aquí el amor se acabó”.

El viajero muy contento con toda la destrucción que causó, siguió buscando lugares donde poder extinguir el amor y que tan solo el mal prevaleciera rodeado de odio y terrible dolor. Cuando recorrió todo el mundo y las gentes envenenó con todas sus artimañas haciendo que la humanidad se matara por la avaricia, el vicio y la corrupción. La verdad nada valía, la mentira en el mundo venció, porque un viajero en la tierra la política mostró en todo su esplendor.

En la vida priman muchas cosas antes que la codicia y el poder. Cuando verdaderamente el ser humano se entregue sin condición a sus semejantes, entonces se podrá creer en los políticos, porque harán que la política sea útil y necesaria en nuestra sociedad. Todo ser humano es exactamente igual a los demás, las únicas diferencias siempre las pusimos nosotros y por desgracia todas materiales, las que son por causas naturales como enfermedad o discapacidad, no tienen porqué tener barreras pues son igualmente seres humanos como nosotros.

Moraleja: Cuando uno vea el resplandor de la grandeza será porque primero goza de sabiduría y humildad para hacer el bien. Mientras tanto que limpie sus zapatos porque se ensuciarán como los de cualquier mortal.

Por SAMOYEDO