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REFLEXIÓN DE UN PRESO por A.I.L.

Yo soy un preso. En esta situación me hace explotar en mi ser más profundo. Es difícil creer cuando uno se siente abandonado por la sociedad, la angustia, la desilusión y amargura de esta situación. Yo no soy inocente aunque pocas personas quieres escucharnos y creen en nosotros como personas.

Soy un preso, encausado y condenado pero también existen víctimas de las injusticias cometidas por nosotros de todo el mal que hemos hecho.

Sin embargo, todas las personas no nos perdonan y nos siguen marcando en la sociedad como delincuentes. Es terrible la carca que sella a los que ni siquiera respeta a los inocentes; porque aquí entre nosotros también hay inocentes, pobres víctimas, las familias que también sufren nuestra condena.

No me gustaría perder mi dignidad humana por el hecho de estar en la cárcel, no quiero renunciar a ser persona. Quiero creer que al menos los condenados serán capaces de comprender mis lágrimas, la rabia detrás de estas rejas, miro a la sociedad que me excluye de la capacidad de reinsertarnos y rehacer nuestras vidas según el modelo que nos ofrecen en la vida.

Esperando, sedientos de la libertad de la que nos privan estos muros y barrotes que nos anulan. Ojala todos los que aquí nos encontramos para que juntos consigamos reinsertarnos en sociedad y dignificar nuestras vidas.

Por A.I.L.

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SER O NO SER… DECÍDELO TÚ!!! por TIBU

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Decíamos ayer… uno de los estados de consciencia del ser humano es el de “ser”. El estado de ser nace de varias direcciones y una de ellas es la de “estar ahí”, o lo que vendría a ser lo mismo, de la conciencia de “ser dentro de” o “de pertenecer a”, lo que confluye con otra de las direcciones que sería “estar en el mundo”. En el mundo de…

Hay otro sentido del ser, que proviene del sentimiento de “pertenecer a” o “existir como”. Tomando ese concepto debiéramos desembocar en un estado de conciencia que deviene de la propia asunción o aceptación de dicho estado.

Y una vez soltado este ladrillo que solo pretende establecer una diferenciación metafísica a partir de la propia diferenciación dialéctica, intentaré explicar esta especie de jardín en el que me he metido.

Como en una vieja película en blanco y negro, aparece ante mí una visión difuminada y nublada que me traslada al pasado, no muy lejano.

De repente me veo el día 29 de enero de 2015, en el portal de mi casa. Son las siete de la tarde/noche de un frío día de invierno. Provisto de una bolsa de viaje, que me ha acompañado en multitud de aventuras, y que contiene algo de ropa, libros, miedos, inseguridades y, por qué no decirlo, algo de curiosidad, avanzo con el paso más firme que me permite el nerviosismo lógico previa a mi futura condición hacia el coche de mi amigo Lesreck, el polaco, que me espera en la puerta. Dentro están mi buen amigo polaco, mi esposa y otro buen amigo. Aparte de los entierros de mis padres no podría recordar ningún recorrido tan triste, el silencio solo lo rompían cláxones de algún coche impaciente.

Nadie de la comitiva llora, lo he prohibido previamente, cinco kilómetros más y llegamos. Al girar una de las curvas de la autovía se dibuja al fondo una torre que evoca a la del Señor de los Anillos, presagio de lo que va a ser mi próxima residencia.

Ya llegamos. No acertaría ahora a describir lo sombrío  del aparcamiento, de noche, bajo la lluvia y al fondo, la cárcel.

Nunca me han gustado las despedidas, por eso entré todo lo rápido que pude, disimulando una falsa tranquilidad que trataba de regalar a mis acompañantes. Una vez comprobados mis papeles, el funcionario me hizo pasar y escuché el ruido del rastrillo detrás de mí, lo cual me vomitó en mi cara mi nueva situación: era un preso. Todo lo que ocurrió desde ese momento hasta hoy me recuerda esa situación.

Una vez encerrado en la celda de ingresos, y con la única compañía de un francés que no paraba de defecar delante de mí y que únicamente decía “putain” de manera recurrente, entre el fétido olor de las eyecciones del gabacho, su monólogo y el frío me dije: estoy, pero no soy.  Y esa lucha, la de estar, pero sin ser, es la que me mantiene firme en medio de estas bofetadas que la cárcel, con todo y todos los que están dentro, me regala mi mente a diario, 24 horas al día. No es una lucha fácil, es una lucha continua, diaria, firme, y sobre todo, muy activa. Y hoy, después de un año y tres meses aquí, puedo seguir diciendo: estoy preso, pero no soy un preso.

No intento convencer a nadie de esta conclusión ni hacer un artículo de autoayuda. Es una diferenciación dialéctica que separa los verbos ser y estar que,  aún que en muchos idiomas signifiquen lo mismo, en el mío propio tienen un sentido diametralmente opuesto. Ambos reflejan la realidad de la misma manera, pero una me recuerda con constante ayuda externa, mi condición de “estar en” y la otra me afirma en el concepto de “ser” como estado de conciencia.

Conclusión, ser y estar no es lo mismo, y yo, estando como estoy, nunca seré lo que yo no quiera ser.

Salud y rock and roll.

TIBU


LÁGRIMAS DE UN PRESO por A.R.O.

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Lágrimas de un preso, ¿por qué? ¿para qué?. No sirve de nada. Solo aplasta el propio ser, y mina la resistencia. Pienso que lo más apropiado es mantener la mente ocupada y no proyectar más allá de las próximas 24 horas, aprovechando lo que la cárcel te ofrece: escuela, cursos, talleres. En mi caso, me sirve, y mucho. ¿En qué?, pues bien, ejercito el músculo más importante; el cerebro, mejoro notoriamente mi autoestima, y volví a descubrir lo maravilloso que es aprender.

El tiempo de cárcel es como un luto. Primero la lógica tristeza, pero en este caso solo por un pequeño espacio de tiempo. Luego la aceptación y con ella el crecimiento personal. Buscar por todos los ángulos la parte positiva de esta dura experiencia, lo dice alguien que tarde comprendió que todo cambio o mejora implica una importante dosis de dolor. Si no tratamos de comprender esto, es inútil todo lamento.

Acepto que hace poco estoy preso, 6 meses. Pero 6 meses que se fueron rápido, 6 meses menos me faltan para volver a mi país; pensad, ¿la mayoría de nosotros no perdíamos tiempo estando afuera?. Bueno, esto es solo otra experiencia, por dura que sea. Me resisto rotundamente a que la prisión me aplaste, aún tengo gran parte de mi libertad personal: elijo a quien hablar, con quien relacionarme o caminar, si deseo o no comer. Solo tengo restringida parte de mi libertad. Ustedes también hermanos!, no nos entreguemos, por más que el resto del mundo nos señale con un dedo. Tal vez muchos de nosotros hicimos lo que mucha gente quisiera hacer, pero no tienen valor para ello.

Estos muros solo restringen una parte de mi, y no los odio. Por todo esto, no creo en lágrimas, creo en la risa, en la alegría de la gracia de estar vivo. Es el mejor antídoto para los momentos en que me quiere ganar la tristeza y el desánimo.

¿Arrepentimiento? Algo, porque sé que hay gente que sufre por mi situación actual. Yo elegí la actividad que motivo el que esté preso. Un hombre cabal acepta y asume las consecuencias de sus actos. Esto pasará, como pasaron otros tiempos más duros y difíciles que este, y no me destruyeron.

Busquen en su interior a la fuerza para seguir adelante, allí encontrarán a Dios. Pero no es Dios del llanto, sino aquel que proporciona la templanza, la confianza en superar este escollo. Las religiones son solo representaciones de la verdadera fe. No se resignen, ni pierdan el tiempo en llantos pusilánimes!, repito, esto pasará, y no olvidéis, aún somos libres!.

A.R.O.


DE LO QUE PUDO HABER SIDO Y NO FUE por EL LOBO TXAPELA

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Juro que cuando me senté a escribir el artículo de este lunes, no era esto lo que tenía en mente. Había pensado en contar algo de lo que aquí nos ocurre ayudándome de un símil con animales, estilo fábula. Y fue que pensando en animales me acordé de mí, de lo que había sido o podía haber sido en la vida. De lo que soy no hace falta hablar, todos ustedes, los que me leen, lo saben, soy un preso.

Escuché miles de veces, gente que me decía; “¡qué buen atleta habrías sido chaval!”. No fue para tanto, solo fui un chico que durante seis u ocho años entrenó mucho y que cada vez que competía en una carrera, fuese de ámbito local, provincial o nacional, quedaba casi siempre entre los tres primeros.

Pero para nada, para ser un buen atleta hace falta la constancia del corredor de fondo, constancia que yo no tuve por muy corredor de fondo que fui.

He oído montones de veces, “¡qué buen futbolista eras chico!”. ¡Qué va! Ni mucho menos. Solo fui un jugador disciplinado, con mucha visión de juego, con mucho físico por lo de hacer atletismo, que en la pierna derecha no tenía una bota, sino un guante que ponía la bola donde quería. Pero para nada, para ser un buen jugador hay que manejar bien las dos piernas y yo la izquierda la tenía de palo, solo me servía para apoyarme, además en mi época, como decía mi abuelo, solo se bautizaba el que tenía padrino, ya me entienden.

Me han dicho mucho lo de: “¡tú habías triunfado en lo del toreo!”. Nada de nada, tonterías, yo solo demostré en múltiples ocasiones que cuando corría un encierro, toreaba en una capea o hacía la luna con algún otro loco como yo, no tenía ningún miedo a los toros, ni a las escopetas de los mayorales. Pero para nada, para ser un buen torero hay que tener un arte, del cual yo carezco totalmente, y por otra parte hay que contar con un buen padrino mucho más gordo, que el del futbolista si cabe.

Cuántas veces habré oído lo del cante, me gusta el flamenco, la rumba, la canción ligera y la buena música en general, y he oído mucho lo de: “catas de la hostia tío, ¿por qué no vas a la voz o a algún programa de esos?”. Dicen que tengo buena voz, tono muy alto, buen oído, pero para nada solo soy un “aficionado” que de vez en cuando se tira un pellizquito de alguna canción de las que me gustan y a su vez consigo que le guste a alguien más, casi siempre amigos incondicionales, metidos en juerga que ya van por el cuarto vinito y que les viene de medo que “El Ángel” se cante algo.

Y ahora lo importante ¿fui o soy buen hijo, buen padre, buen hermano, buen amigo, buen… etc.? No lo sé. Aunque la respuesta es fácil, solo habrá que preguntar a los que me sufren como tal, en cada caso.

Lo que sí puedo asegurar es que siempre puse mucho empeño en ser buen compañero, de colegio, de equipo, de trabajo, de viaje a través de esta vida incierta.

Puedo afirmar que sigo el ejemplo del buen pastor: quiero, cuido, conozco y doy la vida por mi rebaño, que no es otro que mi familia. También puedo asegurar que me daría mucha pena ser recordado en la insignificante historia de mi vida con la frase: “Fue un buen preso”, por cierto ¿qué es ser un buen preso?

Por El Lobo Txapela   


POESÍA DE UN PRESO por C.J.G. (Colaboración desde el C.P. Madrid I)

preso

Ya siento mi alma,

Es el llanto de un preso.

Lágrimas adornadas

De vivos recuerdos…

La historia de cualquier preso,

Quiero narrarla tal vez en prosa,

Tal vez en verso,

Tal vez resulte un relato,

Tal vez un cuento…

Pero siempre de una realidad,

Quizá con pocas alegrías

Y un sin quizás de sufrimiento,

En fin… que mucho hablará el corazón

Y poco contarán los pensamientos.

Y sin poder evitar que esté hoy

Levanto la mirada,

Abro los ojos, buscando en la nada

La libertad añorada…

Por C.J.G.


TESTAMENTO por el LOBO TXAPELA

Cementerio_de_guerra

Querida familia aquí redacto constancia de cómo quiero que sean repartidas mis propiedades en esta hora en la que este disidente intelectual, este humilde vomitador de mis, este amante de la naturaleza y la palabra, este delincuente… os deja.

A ti hermano y a vosotros los que hermanos míos os consideráis, os dejo mi colección de pipas, no para que fuméis en ellas, sino para que recordéis que fumar, bebe, drogarse y todos esos hábitos similares no suelen traer nada bueno.

También os dejo todos mis libros, que no son pocos, para que comprendáis que aquello que os dije tantas veces, de que todo está en los libros, es cierto.

A ti madre, te dejo todo lo que he escrito en mi vida, que no es otra cosa que un vulgar montón de palabras, pero palabras que si son traducidas no son otra cosa que un canto al amor que te tengo, un montón de “te quieros” que quizá no te dije en su momento. También son un montón de peticiones de perdón, perdón que quizá no te pedí a tiempo.

Y por último, que no menos importante, a vosotros hijos y a ti sobrino, os lego esta manía mía de querer a todo el mundo sin más, sin necesidad de encontrar un motivo, os doy para que practiquéis y hagáis vuestro ese amor incondicional tan escaso en nuestros días y que tanto bien le hace al ser humano. Y como no, os dejo también esa valentía legendaria que se me atribuye desde pequeño, no sé si con justicia o no, y que conste que legándoos esto creo que no os doy nada, porque son dos aptitudes que desde que nacisteis yo ya reconozco en vosotros.

Bien, esto es todo lo que tengo, que como veis es bien poco. En el próximo paquete que os saco, querida familia, os entrego las cenizas del hombre que entró en esta prisión, no sé si bueno o malo, pero que os quería con locura. Tiradlas en mitad de la alameda, cuando más aire haga, ya sabéis que nunca fui amigo del viento, pero he comprobado que es la cosa más libre que nunca vi en mi vida, sopla cuando quiere, arrecia o afloja cuando le parece y cambia de dirección a su antojo, que mis cenizas balen con él como se baila cualquier danza frenética de resultado incierto.

Son las cenizas del hombre con el que la cárcel y los funcionarios del estado han acabado. Junto a ellas os acompaño una nota en la que os pido que preparéis vuestros brazos, vuestros corazones y vuestros almacenes de paciencia para abrazar al hombre nuevo que saldrá de aquí cuando acabe mi condena, un hombre nuevo, no sé si mejor o peor que el anterior, pero que también os amará hasta la locura, más que a su propia vida. Os quiere, Ángel.

Por El Lobo Txapela


ENTRE LA ESPERANZA Y LA INCERTIDUMBRE por SAMOYEDO

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El otro día Dani (responsable de la Revista Nómadas) nos invitó a cada uno de los componentes de la misma a escribir lo que sentimos cada uno de nosotros dentro de la prisión para reflejároslo y que supierais las circunstancias de cada uno de nosotros y así haceros llegar nuestras emociones, sentimientos y una clase de circunstancias que solo puede vivir una persona que está preso.

Cada interno es un mundo y cada uno de nosotros no tiene la misma vida, tratamiento, condena y mente. Cada cual lucha o sufre en este lugar de manera distinta. Yo voy a explicar mi experiencia y mi inquietud aquí dentro. Desde que entre el 10 de diciembre de 2012 ha pasado mucho tiempo y je tenido experiencias tanto positivas como negativas, pero las negativas las olvido pronto o al momento.

Mi experiencia negativa es la incertidumbre de ¿cuándo saldré de aquí?. Sé la fecha de salida, pero también sé que puedo tener beneficios por buen comportamiento, realizar actividades, etc. A día de hoy no he tenido ninguna y me han dicho en 10 o más ocasiones que ya salía, desde abril o mayo de 2013 hasta hoy en día, cosa que no ha sido cierta y me crea un bajón grandísimo ya que soy una persona sumamente positiva, y veo siempre el vaso lleno, no medio lleno.

Es cierto que tengo unas cuantas cosas que no puedo relatar aquí que son muy positivas, pero todo va muy lento y parece que nunca llega. Cada lunes espero si llegan esas noticias oficiales hasta el viernes que ya acaba la jornada laboral en justicia, aguanto y paso los días escribiendo y creando y soy bastante feliz ya que es mi vida.

Recibo cartas de amigos, amigas, y familiares y vienen a verme cada domingo, ¡eso sí!, con la misma incertidumbre y esperanza que tengo yo.

Esto quiere decir que no solo yo estoy condenado, sino ellos también aunque estén libres. Hay mucho proyecto y mucha ilusión que no podemos realizar hasta que salga yo y me quema no poderlo realizar, aunque sí lo veo en mi mente cuando lo voy escribiendo. Es mi película, serie u obra de teatro vista por mí solamente, una cosa maravillosa que soy el único que puede disfrutar pues aunque lean lo que escribo, cada persona lo visualiza de una manera y es el creador el que tiene la verdadera imagen real de lo que quiere.

Sé cómo se mueven mis actores y actrices como lo hago yo y es un alivio que  me quita esta pena y esta incertidumbre pues tarde o temprano será real. No sé las ofertas o mensajes importantes de mi email y prefiero no pensarlo, ya los veré y quizá no sea tarde para perder cosas. En mi trabajo no tengo problema y eso es otro peso que me quito de encima, pero ¿y mi madre, padre, hermanas, sobrinos, amigos, etc.? ¿cómo se encuentran?.

Solo puedo llamar 10 veces por teléfono y se me quedan cortas, eso sí me fastidia. El compañero que tengo de celda y los que he tenido no me han causado problemas ni yo a ellos, salvo el primero que era una persona enferma y no puedo ni quiere relatar. En mi módulo hay mucha tranquilidad y es gente muy normal, no diría nadie que son o somos presos.

Hay mucha higiene, respeto y solidaridad y eso hace de esto una estancia mejor. Yo diría que estoy como  en un centro terapéutico, pero sé que otra gran mayoría no está igual. En definitiva, mi estado aquí es bueno, pero con incertidumbre como he dicho y puedo asegurar que los internos ya no son como los de antes o como en las películas, salvo excepciones.

Esto es un pueblo cerrado al público con centro cultural, actividades de todos los tipos, lugares para hacer deporte y unas instalaciones buenas donde poder reflexionar. Cuando acabas tu condena tú y solo tú decides si quieres volver a pasar esta experiencia que no deseo a nadie, pero que tampoco es tan dura a mi parecer. He dicho muchas veces que en la mili lo pasé peor. Yendo por donde tienes que ir, respetando y haciendo una vida normal esto pasa y no te has enterado ahora tan solo me queda acabar con la incertidumbre, seguir escribiendo y esperar que las cosas buenas que tienen que llegar y llegarán nos alegre a todos los que estamos embarcados en esta mi aventura de estar preso.

Fuera tenemos mucho trabajo y la crisis va pasando, creo que será ideal cuando salga en  todos los ámbitos de mi vida.

Por Samoyedo