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RECUERDOS por J.Khatana

Recuerdos, guardados en mi memoria,

Recuerdos de amor, recuerdos de días de gloria,

Recuerdo muchas risas y besos de alguna novia,

Recuerdo sus caricias, recuerdo miedos y fobias,

Desde lo más profundo de este corazón mal herido,

Desde la tranquilidad recuerdo cuando era niño.

Recuerdo la inocencia, calles me vieron de crio,

Recuerdo la miseria y recuerdo pasar frio,

Una lágrima que cae por un familiar perdido,

Recuerdo que me llamaba la atención to lo prohibido,

Recuerdo muchas fiestas y mil pruebas de sonido,

Recuerdo recorridos y batallas que he vencido,

Recuerdo haber ganado y también haber perdido,

A medida que pasa el tiempo, recuerdo haber aprendido,

De caídas que he tenido y a veces me han consumido,

Con un boli como arma, papel campo de batalla,

La droga es una bomba que en la cara casi me estalla,

Mirando las estrellas, mi corazón no se calla,

La puta vida es bella, la misión es dar la talla,

En el agua de un charco, veo el reflejo de mi cara,

Buscando siempre atajos y cuidando bien la espalda,

Aprendí escuela en la calle, copazos, fiestas y faldas,

De lo que ellos carecen es de lo que tanto fardan,

No me tiro Kiadas, realidad siempre en mis líneas,

Versos llenos de humildad, que a veces crean envidia

En la manga guardo un as, he visto cerca la ruina,

A veces lo pasé mal y otras veces toque cima,

Soy del valle del cash, Madrid y sus movidas,

Desde Soto del Real, buscando ya la salida.

Juventud perdida, navegué tiempo a deriva,

Vida suicida, prohibida, vida de fiesta y bebida,

Ahora descanso y veo todo lo malo que hacía,

Ahora recuerdo cosas que la mama mía decía,

Cambiando de mente, renovado la que tenía,

Dando gracias al de arriba por regalarme otro día,

Pasa el tiempo y me hago viejo, llegue lejos, crimen y eso

Vallecas barrio en tinieblas, reventando el pavimento,

La suela aquí nos arde, quemamos el cemento,

Representando la calle y creando silencio.

J.Khatana

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CARTA A MIS PADRES por J.B.J.

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Cuando el tiempo con su inevitable guadaña

Os arrebató la vida,

Maldije a Dios y maldije al mundo,

Pues nunca esta uno preparado

Para ese fatal desenlace.

Pero un día, cuando a lágrima viva os lloraba,

Mis ojos enrojecidos se cerraron,

Entonces lo entendí.

Cuando miré dentro de mí,

Aparecisteis otra vez y me hicisteis recordar

Que el amor de aquellos que un día

La vida me dieron, nunca marcha.

Su pierdo el camino sé que ahí estáis,

Si pierdo la cordura vuestro amor seguirá conmigo.

Solo me encontraba, hasta que aprendí

A leer mi corazón.

Lejos queda ese niño enfermo

Que tantas noches os quitó,

Que tantos disgustos de adolescente os dio

Y que tanto dolor de adulto os arrojó.

Pero ahora, que por fin en mi vida la luz

Y la razón guían mi alma y mi corazón,

Cerca os tengo otra vez y por fin

En abrazo eterno os llevo junto a mí.

J.B.J.


FRASES PARA REFLEXIONAR por A.H.D.L. (Colaboración desde C.P. Villanubla)

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Escribió Richer: “La vida se vuelve más brillante mientras más la vivimos y la razón de todas las cosas aparece más clara”. A mis 73 años continuo cautivo, una existencia inerte que camina hacia su ocaso en una triste soledad poblada de recuerdos, aunque la vida se vuelve más brillante cuanto más la vivo, las frases que te invito a leer son la razón de todas mis cosas, y recuerdos de mi vida, que hoy me parecen más claros. Frases de recuerdos y olvidos, de miedos y sombras que hieren o lloran, acarician o sueñan, frases que deseo sembrar con ilusión, afecto, enseñanza y consejo, a mis hijos, nietos, lectores y amigos.

 

Te conviertes en autor de valiosas experiencias si las vives o sufres en carne propia.

Hay palabras que por más que se griten no llegan y silencios que aunque callen se oyen.

La sana amistad es un poderoso sentimiento de apoyo, confianza, lealtad y mutuo respeto.

El amor joven es efímero, la irresistible atracción de ayer se esfuma hoy en simple olvido.

La misericordia sin justicia es solo virtud de Dios, tus actos siempre serán juzgados.

No existe persona más temeraria que una con poder, dinero y nula o falta de formación.

En tu madurez no ocultar o disimular las canas, es la identidad de vivencias acumuladas.

Errar es un proceso de aprendizaje y de afianzar futuros hechos con buen juicio y criterio.

La amistad sea hombre o mujer, exige más que un ben amor y no perdona su trasgresión.

La vida es un reto, todos los días son nuevos retos, tu reto es superar los propios retos.

Un recuerdo, una imagen, un aroma, una voz, pueden despertar adormecidos sentimientos.

Recuerda que el mundo es circular, lo que para tu es el final, puede ser un nuevo comienzo.

Querer a tus hijos sin invadirlos, amarlos sin anularlos, y comunicarnos sin agotarnos.

Puedes ser pobre por no tener recursos o sentirte pobre por no disfrutar lo que tienes.

No te sorprendas porque las cosas acaban, el destino final de toda vida es solo acabar.

Cuando pierdas toda esperanza o en quien confiar, no te avergüences de pedir ayuda.

¡Cuidado! Pastores arrogantes predican con imposición en nombre de un Dios imaginario.

En la vida casi todo es efímero, con el tiempo todo se agota, salud, amor, ideales, y sueños.  

Es feliz quien de joven disfruta de su juventud, como el anciano que es sabio en su vejez.

Si deseas ser feliz no seas un lobo solitario, las buenas amistades suelen alegrar la vida.

A.H.D.L.


LA MÚSICA Y LOS RECUERDOS por M.A.I.S.

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“De todas las cosas que he perdido en mi vida, la que más echo de menos es mi cerebro”.

En esta época que me ha tocado vivir, y en la que la proliferación desmesurada de aparatos tecnológicos causa en mi una involuntaria pérdida de retención de datos debido a que “confío” en estos chismes para guardar la información que considero me puede ser útil, aunque pasado u tiempo constato que más del 90% es innecesaria, resulta que es la música, la que me hace retrotraerme en el tiempo y recordar, casi revivir, aquellos agradables tiempos, en los que también hay ratos desagradables y amargos, los cuales creía olvidados, pero que están ahí, almacenados y dispuestos a resurgir, despertando en mi sentimientos, pensamientos y emociones ya vividas.

Hace tiempo leí un artículo, no recuerdo donde, en el que su autor comentaba la existencia de una residencia de enfermos de Alzheimer, en una ciudad española, donde los psicólogos que en ella trabajaban y en la que su presupuesto nos les llegaba ni para crear una página web, habían descubierto que los pacientes que allí poco a poco “olvidan” y son “olvidados”, salían de su letargo al escuchar ciertas canciones, las cuales les habían causado determinadas emociones y experiencias buenas y malas.

No queridos, no estoy diciendo, ni tan siquiera pensando que padezca Alzheimer, todo se andará… no lo que trato de expresar, es el poder de la música, la cual si nos paramos a pensar un momento observaríamos que podríamos llevar a cabo toda una cronología de nuestra vida pasada, basándonos en las canciones que escuchamos y que nos despertaron o causaron alguna vivencia alegre o amarga. Al menos en mi casi, me resulta más fácil situar determinas experiencias, incluso la edad que tenía, y las actividades que realizaba al escuchar aquellos tiempo, y lugares que creía olvidado y que ahora resurgen con algunos estímulos musicales.

La magia de la música me traslada, haciéndome recordar quien fui y compararme con quien soy, que cambios se han producido en mí con el paso del tiempo, y la importancia de éstos.

No sé, tal vez la pérdida de memoria propia del avance vital de cada uno de nosotros, marche acompañada de una canción que está esperando el final de la función cerebral, la muerte, pasa surgir, siendo esto lo último que recordaremos y que nos recuerda un momento pasado que creíamos olvidado. Solo nos queda esperar que de ser así, éste sea de felicidad, por ello confiemos en la música y en los buenos momentos que nos hizo y nos hace vivir.

M.A.I.S.


AFERRARSE AL PASADO por I.M.A.

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En reiteradas ocasiones he tenido que escuchar eso de “es que mi abuelo tuvo”, “es que mi padre tuvo”. Normalmente estas personas tratan de reflejar que a pesar de que en muchos casos no tienen la posibilidad ni de atender el recibo de la luz, aún mantienen cierto postín.

Siempre les pregunto lo mismo. ¿Y por qué tú no tienes nada?. Obviamente esta pregunta es retórica porque conozco la razón. No tienes nada porque continuas arrastrando mentalmente las posesiones de tus ancestros con lo que ello conlleva.

Hace más de quinientos años, los monjes Zen, Tao y Maites, iban caminando por la orilla de un río, todo estaba embarrado por las fuertes lluvias que se originaban durante esos días. Al llegar a una aldea los monjes se toparon con una mujer que intentaba cruzar el río pero temía a la corriente.

Tao la cogió en brazos y la llevó al otro lado. Los monjes continuaron caminando. Seis horas más tarde Maites preguntó ¿Por qué has llevado a esa mujer al otro lado del río?. Nosotros los monjes no hacemos esas cosas.

He dejado a la mujer hace seis horas, respondió Tao. ¿Tú todavía la estás llevando?.

La incapacidad de desprenderse del pasado está perfectamente reflejada en esta fábula. Como sería una vida como la de Maites, incapaz de liberarse mental y emocionalmente del pasado.

Sin duda, ir acumulando todo ese peso, ese yunque emocional, limita manifiestamente toda posibilidad de crecimiento ergo éxito, y es triste que esta sea la forma de vida para la mayoría de la gente de nuestro planeta.

El pasado se establece en nuestra mente en forma de recuerdos lo cual en sí no supone mayor problema. En realidad gracias a ellos podemos aprender de nuestros errores y corregirlos. El problema es cuando estos pensamientos se apoderan totalmente de nosotros y se convierten en nuestro “yo”.

Cuando nuestra personalidad se transforma como consecuencia de los recuerdos del pasado podemos convertir nuestra mente en la cárcel más insoportable, cruel y violenta jamás construida, al igual que el monje llevó la carga de su resentimiento alimentándolo durante seis horas, la mayoría de la gente lleva cargas mentales y emocionales totalmente innecesarias durante toda la vida.

Cuando el pensamiento emocional se nutre de rencores, aflicciones, culpas, etc. es que se está permitiendo que estas emociones sean las que se adueñen del “yo” y se aferren enérgicamente reforzando su identidad.

La forma de evitar vivificar situaciones o acontecimientos independientemente a que éstos se hayan producido hace un mes o veinte años es prestando de forma permanente atención al prístico e intemporal momento presente momento presente en lugar de realizar películas mentales. Puesto que el pasado no existe más que en nuestra mente, no puede impedirnos anclarnos en el presente, llegando a la conclusión que los acontecimientos vividos con anterioridad no tienen ningún poder sobre nosotros.

Cuando logramos entrar en este estado de consciencia es cuando permitimos que todo comience a fluir en nuestra vida.

Por I.M.A.


UNA CARTA DE AMOR por EL LOBO TXAPELA

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Sabía que más tarde o más temprano, un día te escribiría para contarte las cosas que echo de menos, porque llevo seis meses callándolo y si sigo así se me va a enquistar, ya me conoces.

Echo de menos, y te vas a reír cuando lo leas, ese ritual maravilloso de llenar hasta arriba y apretar con la fuerza de un niño, volver a llenar y apretar con la fuerza de un anciano, y volver a llenar, por último, y apretar con la fuerza de un hombre, pinchar varias veces fabricando vías de aire y encender muy muy lentamente. Y tú mirándome con esa carita, la misma carita que ponías cuando era pequeña y observabas con atención como preparaba, encendía y después consumía mi pipa, esa pipa que desprende el aroma que tanto le gusta a la abuela. Y entremedias, tu sonrisa.

Hablando de la abuela, añoro sobremanera cuando me repetía tantas veces las cosas, con su voz cariñosa y cansada, cuando me aconsejaba como nadie en el mundo, ¡qué razón tiene siempre!, cuando ejercía de adivina conmigo y acertaba en todo lo que decía, soltándome aquello de; “hijo si lo sé todo solo con mirarte a la cara”. Todo esto a la vez que se partía de risa regañando al “Chinito” porque me cogía una de las pipas vacías e iba imitándome por el pasillo, echando humo invisible y poniendo cara de satisfecho. Y entremedias, tu sonrisa.

Hablando del “Chinito”, me emociono recordando cómo me huye riendo a carcajadas cuando le quiero coger para darme un beso y corre y ríe a la vez, mirando hacia atrás sabiendo que nunca le cogeré por culpa de estas piernas de metal, para después estar deseando que me quede dormido en la siesta y entrar en mi habitación creyendo que ya sucumbí a Morfeo y llenarme de besos y de “te quieros” en voz bajita. Y entremedias, tu sonrisa.

Siento mucho dolor cuando pienso que ya no puedo curar las heridas de la abuela, preparar sus medicinas, ponerlas sus parches analgésicos, tomar su tensión, pelear con sus médicos, llevarla y traerla casi a diario del hospital. Yo ya no tengo que hacer las comidas, ni las cenas, ni ir a la compra, ni planchar la ropa, ni limpiar la casa, y todo esto que te digo en lugar de hacer que me sienta aliviado, hace que me sienta muerto, inhane, inservible, raro, culpable, mal, muy mal. Y ahora no oigo tu sonrisa.

Extraño muchísimo el canto y el brío de mis pajaritos, dispensarles sus cuidados, su limpieza, darles cariñó. Ya sé que se han muerto más de la mitad, no sé, cualquier día a lo mejor yo también prefiero estar muerto que entre rejas, por ahora no, y te voy a decir por qué, ya que ese era el motivo de esta carta.

Esta carta la escribí para decirte que de todo lo que echo de menos y por lo que uno siempre dice que daría cualquier cosa por repetirlo, lo más importante, no es lo que te he contado en estas líneas, ni mis paseos por la alameda, ni mis partidas de mus, ni mis partidos de fútbol, ni mis escarceos con las chavalas, lo más importante del mundo para mí y lo que más echo de menos; es a ti hija mía, no lo dudes nunca. Y a tu sonrisa.

Lloro al recordar tus abrazos y besos espontáneos, los cuidados que me profesabas y el cariño que ponías en ello, tus frases graciosas dichas aún casi igual que cuando tenías esa lengua de trapo que tanto me hacía reír, lloro al recordar esa bella mirada cómplice que tantas veces tenías conmigo y que con su pureza me redimía de todo, tus inexpertas palabras, que aunque inexpertas me apartaban de todo lo malo. Sufro al no tener cerca ese corazoncito que va de duro por la vida, pero que realmente es dulce y blandito como un algodón de azúcar, siempre ayudando a todo el mundo, siempre cuidando de todos, compasivo con los errores de tu padre, un corazón chiquito, pero de oro. Un corazón sonriente.

No lo dudes nunca, de todo esto y de las demás cosas que también tengo añoranza y que quizá nunca contaré, lo que más me importa y por lo que daría todo, incluso mi vida sin dudarlo, eres tú, mi querida hija.

Ya sé que todo lo que he dicho que ya no puedo hacer por vosotros, ahora te toca hacerlo a ti, así que una vez más te pido perdones a este loco, que no ha cometido en la vida otro delito que el de querer sin medida, el de quitarse la camisa en el acto para dársela al que la necesite, el de cumplir con su obligación de ser humano hasta las últimas consecuencias, aunque este hecho pudiera costarme la cárcel. Espero que antes de acabar de leer estas líneas me hayas perdonado. Ya sé que te tengo que querer más, pero si supieras lo que te quiero ya, no te lo creerías. Y entremedias, sigue regalándome tu sonrisa.

Por El Lobo Txapela


RECUERDOS AMARGOS por J.M.V.

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Recuerdo mi niñez con cierta amargura, no fue un camino de rosas, por decirlos con suavidad fue lo más parecido al infierno que he conocido.

Corría el año 1975 y el año se estrenó con la muerte de mi querido hermano, fue una mañana como otra cualquiera, cuando mi hermano decidió ir a bañarse al río. Yo contaba con seis años y él con once, fue una mañana divertida, hasta que una de tantas veces que mi hermano se lanzaba al agua fue la última, pues tuvo la mañana fortuna de golpearse en la cabeza.

Creo recordar el agua completamente negra y a mi hermano yaciendo en un círculo de sangre, todavía lo recuerdo. Yo no lo sabía pero ahí empezó mi declive, a partir de ese instante empezó mi desgracias.

Todavía puedo escuchar a mi madre “Dios mío por qué él y no el otro” (yo). Esa misma frase la he escuchado toda mi vida. A los siete años me internaron en un colegio cristiano, durante ocho largos años donde se sucedieron palizas, maltratos, incomunicación, abusos… sí, de esos también, aunque todavía no me atrevo a pronunciarlos. Todavía hoy arrastro muchos problemas, sobre todo de actitud, no tengo muy buen carácter (trabajo en ello).

Todo esto que os cuento amigos es tan veraz como que estamos en prisión, ellos me crearon, yo era un niño inocente que no había hecho daño a nadie, y ahora yo os pregunto ¿es lícito odiar a quien me ha hecho ser como soy?

Afortunadamente, mi vida fue un infierno hasta que conocí el amor.

Por J.M.V.