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MÁS VALE TARDE QUE NUNCA, FELICIDADES por E.F.H.

Otra vez, como tantas. Avanzamos, luego retrocedemos y volvemos a empezar de nuevo. Al menos para mejor. El día 22/06/17, fecha histórica de nuevo para la TVE, “la de todos”.

Felicito sinceramente a esos profesionales de TVE, que con anterioridad hicieron que una televisión estatal, estuviera en la cúspide de Audiencias, Premios y Reconocimientos. Después vino la hecatombe.

Me alegro mucho por ellos y naturalmente, por nosotros.

Sé positivamente que muchos de ellos, aún teniendo buenas ofertas para trabajar en otras televisiones, y apartados casi totalmente, prefirieron seguir ahí, para ir cotejando con informes, como se desarrollaban los acontecimientos. “Sufrir y ver”, que algo que se había conseguido con mucho esfuerzo se adulteraba, se manipulaba, se tergiversaba, la información a conveniencia de una manera impune y alarmante.

Algunos se empeñaron que era imprescindible tener también bien amarrada la TVE, como ocurre en parte con la Justicia, la Fiscalía e Instituciones.

Hubo una verdadera etapa en la que en TVE, lo sé positivamente, si había que decir “no”, se decía “no”, ya fuese al Presidente del Gobierno o a Su Majestad el Rey.

Reitero mi más sincera felicitación, a esos profesionales que han sabido defender: un periodismo de control, de veracidad, de verdadero contraste de las noticias. Haciendo lo  que se debe hacer “no mezclar sus ideales, con los profesionales”. Para que TVE llegase a ser creíble y lo más independiente posible, para que la información fuese realmente importante y veraz. Gracias.

Se empeñaron. Se ha tardado más de cinco años, desde sus muchas denuncias, haciendo verdaderos “Expedientes X”, de cómo se manipulaba la información, de cómo se presionaba a los profesionales o de cómo se hacían redacciones paralelas.

Esperemos que se lleve a la práctica esas citas importantes que existen hace mucho tiempo y que algunos deberían aprender:

“The right man in the right place” (“El hombre que conviene para el destino asignado”), no para los serviles y arrodillados.

A los otros, les dejo algunas frases famosas o refranes para su reflexión:

“Conócese la madurez, en la espera de la credulidad, es muy ordinario el mentir” (Gracian)

“Si el prior juega a los naipes ¿qué harán los frailes?”

“El autor del delito es aquel a quien aprovecha” (Séneca)

“Mal me quieren mis comadres, porque digo las verdades”

“Soy hombre: nada humano me es ajeno” (Terencio)

“Al que al cielo escupe, en la cara le cae”

“Nosotros somos los únicos conspiradores: vuestra merced por haber agobiado al país con exacciones insoportables, y yo por haber querido libertar al pueblo de semejante tiranía” (La respuesta de Tupac Amaru al general Areche)

Felicidades a los televidentes también.

E.F.H.

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LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN Y LA CUESTIONABLE CREDIBILIDAD DE SU INFORMACIÓN por M.A.I.S.

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Aunque parece existir gran diversidad de cadenas televisivas, radiofónicas y de prensa escrita, en realidad la mayoría de ellas forman parte de tres grandes grupos: uno de ellos, público, y los otros dos, privados. Mención aparte merecen las cadenas autonómicas que financiándose con dinero público, no son más que meros gabinetes de prensa del gobierno de turno, siendo un pozo sin donde en pérdidas económicas que carece de la más mínima calidad programática, además de ser un auténtico pesebre de empleo para afiliados y simpatizantes del grupo político que las gobierna. Peo todas tienen una cosa en común, gracias a ellas, los ciudadanos estamos abocados a contrastar una y otra vez mucha de la información que nos suministran para poder tener, en el mejor de los casos, una mediana idea de lo que sucede en nuestro entorno nacional y en el resto del mundo.

Me surge, entonces, la  primera pregunta ¿cómo es posible que suceda esto?. A mi modesto y lego modo de ver, solo podría explicarse si tenemos en cuenta que los medios de comunicación españoles, están conformados por una amalgama de ingredientes entre los que se encuentran: la insuficiente verificación de los datos, prevaleciendo la rapidez para ser los primeros en difundir la noticia, para así captar lo más pronto posible la codiciada audiencia. Por otro lado, está la “mercenaria” línea ideológica, del medio de comunicación, que en directa consonancia con sus intereses: selecciona, manipula, sobre acentúa o minimiza la importancia de la información, además de elegir la franja horaria en la que se difunde, con el objetivo de perjudicar o beneficiar a tal o cual grupo político. Por último, nos topamos con una cada vez más normalizada falta de profesionalidad y exceso ideológico de muchos periodistas, que suelen darnos su subjetiva opinión a la misma vez que nos facilitan la noticia, restando con ello, el objetivo contexto y contenido de la información. A todo esto, hay que añadir el emergente número de personajes afines a este o aquel partido político, que ejercen su “mercenario” pseudo periodismo en función de los beneficios que puedan obtener.

Gracias a estas aptitudes, se produce ese fenómeno por el cual es posible escuchar una noticia en un medio de comunicación a las 6 de la mañana, que a las 6:15 ya tiene notorias diferencias en otra, de diferente línea ideológico-política, y lo peor, es que con el transcurrir de las horas o los días y dependiendo del grupo informativo, las diferencias pueden llegar a ser contradictorias con lo dicho anteriormente en el mismo medio, incluso puede suceder que si la información es contraria a los intereses del grupo mediático, ésta, desaparece por arte de magia de su parrilla informativa. Por supuesto, la mediocridad existente en el sector se hace extensible a todos los aspectos y actividades sociales, deportivas y económicas, gracias a que en nuestro país y en absoluto régimen de monopolio disponemos de los programas de adoctrinamiento políticos y en todos esos que son denominados: deportivos, gastronómicos, sociales y musicales.

Hoy día en España, no existe cadena que se precie, la cual no disponga de uno de esos “programas sociales”: mañaneros, de media tarde o semi nocturnos, en los que trabajan o colaboran los más insignes y defenestrados periodistas que, conducidas por alguna de esas mediáticas estrellas, femeninas o masculinas, se dedican a difundir una información previamente seleccionada, triturada, asimilada, digerida y carente de cualquier nutriente cerebral, la cual es inoculada a una adormecida audiencia que fervorosa y compulsivamente aclama a su referente social y mediática figura. Ejemplo de ello, podría mencionarse el reciente caso que les ha estallado en las narices y en su dura cara:

Naturalmente me refiero al de una niña que supuestamente sufre una de esas raras enfermedades y cuyos padres – por lo visto – han utilizado para realizar una presunta estafa económica, la cual y siempre según los bien informados periodistas: el pasado día 7 de diciembre ascendía a 150.000 euros, el día 8 a 300.000 y el día 9 del mismo mes, la cuantía de esta especie de tómbola pecuniaria se fijaba en un millón de euros. Por cierto, todo ello ha sido posible gracias a la inestimable y negligente colaboración de la práctica totalidad de los medios de comunicación quienes les brindaron a estos presuntos estafadores: su apoyo, su cobertura y la necesaria publicidad mediática, sin la cual estas personas no habrían podido llevar a cabo el presunto delito que se investiga en la actualidad. Los medios informativos, sus responsables – irresponsables – y los divulgadores de medio pelo, n tan siquiera se molestaron en documentarse e informarse sobre este personaje, el cual ya fue condenado a cuatro años de prisión por un delito de estafa en el año 2000, tampoco se dignaron a contrastar y verificar la información que con tanta pasión difundían.

En este punto me surge la segunda pregunta, dirigida a las agencias que tan pomposamente presumen de informar y defender al espectador y a los consumidores. ¿Podría responsabilizarse y emprender acciones judiciales contra los grupos de comunicación y sus profesionales periodistas y colaboradores, en caso de que estos hubieran incurrido en una grave negligencia, en la que no se verificasen ni los datos, ni las informaciones previas y la cual ha causado un perjuicio económico a un gran número de personas que, confiando en lo dicho por esos “profesionales de la prensa” han donado bienintencionada y solidariamente su dinero, el cual han perdido, mientras las cadenas informativas, sus mediáticas estrellas y los defenestrados colaboradores han obtenido beneficios, gracias a la publicidad generada en los programas sin cuya aparente colaboración necesaria, estos presuntos delincuentes no habrían podido tener: voz, cobertura y publicidad para lograr tener un inicial éxito en su presunta estafa? ¿podría hacerse esto? A lo mejor me responden ja, ja, ja.

Ahora, todos estos grupos y sus figuras, referentes sociales, pretenden justificarse y formando una piña corporativa, invocan el bien social que pretendían llevar a cabo. Y aún en contra de lo dictaminado por el juez instructor del caso, quien ha ordenado que especialistas forenses certifiquen si la niña padece o no esa rara enfermedad, en muchos de estos medios a día de hoy, continúan dale que te pego con la indecente y desvergonzada pretensión de minimizar su aparente y repugnante negligencia y su patente falta de profesionalidad, y mantienen la siguiente manipulación informativa: “Detenidos los padres de ¿, por aprovecharse de la enfermedad de su hija para recaudar ¿? De euros, que según el juez instructor no han destinado a la cura de su hija”. Pero seamos serios hombre, el juez no sabe con certeza si la niña padece esta enfermedad y ustedes erre que erre, dando por cierta la existencia de la misma.

Admítanlo ustedes, se la han colado pero a base de bien, evidenciando su ansia de protagonismo, su incapacidad, su falta de profesionalidad, de ética y rigor informativo, todo lo cual les condujo a esta negligencia. ¿Pero dónde se han dejado ustedes la investigación, la veracidad y credibilidad en la información de la que tiene que hacer bandera un verdadero profesional del periodismo? ¿dónde?.

Déjense de distorsionar la verdad, casi mejor, hagan eso que se les da tan bien, “dejar pasar la tormenta, aprovechando las navidades y que esa metedura de pata se difumine con otra que seguro no tardaremos en ver”. Pero por favor, la próxima vez, explíquense mejor. Pues de continuar así, los ciudadanos vamos a tener que realizar un curso acelerado de hermenéutica periodística para poder interpretar sus sagradas informaciones, el cual, tal vez, nos permita comprender el contexto de sus nefastas negligencias y manipuladoras “artes” en divulgar la información, pudiendo así, encontrar sentido a su falta de profesionalidad.

Un cordial saludo a todos los amigos de Nómadas y Feliz Navidad.

M.A.I.S.


MEDIOS DE COMUNICACIÓN Y CLASE POLÍTICA. LA SIMBIOSIS QUE ALIMENTA EL SÍNDROME DE LA CORRUPCIÓN por M.A.I.S.M.

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“Aquellos que eligen ser los representantes y servidores de los ciudadanos han de observar dos máximas: la primera, que han de buscar el bien de todos los individuos y olvidarse de sus propias conveniencias. La segunda, que sus acciones sean de buena gestión, eficacia y servicio para el bien común, las cuales deben extenderse a todos por igual, además de cubrir todos los niveles del Estado, no sea que, por cuidar en exceso a una parte, desamparen las demás” (Platon).

Actualmente la consecución del poder está ligada a la capacidad de los partidos políticos para movilizar a una mayoría de ciudadanos que les otorguen su voto. Lograr esta meta hace necesaria la participación de los medios de comunicación, pues son estos, los que en gran medida hacen llegar el mensaje propagandístico a los electores.

Los grandes medios de comunicación están formados por grupos empresariales en los que participan sectores relacionados con; las finanzas, las editoriales, la religión, e incluso algunos casos con grupos de presión (lobbies) relacionados con la clase política, los cuales, en caso de llegar al gobierno el partido al que ellos representan suelen facilitar determinados favores, encaminados a satisfacer los intereses de estos grupos de comunicación. En esta convivencia entre partidos políticos y medios de comunicación (no reconocida explícitamente) surge n problema que afecta a la información que  recibimos los ciudadanos.

Es una cuestión de ética profesional que re la información sea: neutral, independiente, y de credibilidad. Pero en ocasiones, y dependiendo del grupo de comunicación que la suministra, se tiende a enfatizar y acrecentar las noticias referentes a los escándalos de unos partidos poco o nada afines a la línea ideológica de ese medio, y por otro lado, se suelen minimizar e incluso ignorar, las referentes a partidos afines. Esta práctica de difundir información subordinada a los intereses del propio medio y del partido afín, no hace más que menoscabar en parte, la credibilidad del sector informativo en general.

Hay que admitir que gracias a los medios de comunicación han salido a la luz numerosos escándalos de corrupción, los cuales han sido protagonizados por algunos partidos políticos.  En este punto me surge una pregunta sobre la corrupción política: ¿Son corruptos los partidos, o únicamente lo son algunos de sus integrantes?.

La verdad es que debido a la convivencia (anteriormente comentada) entre los medios de comunicación y los grupos políticos , poca información nos llega sobre esta cuestión y la que se nos facilita suele estar debidamente acotada a los intereses del que la difunde y a los del partido afín.

Debido a ello, nosotros tenemos que analizar la información suministrada sobre este asunto y así observamos que frecuentemente los partidos argumentan que la corrupción es una práctica llevada a cabo de forma individual, y que son estas personas las causantes de generar en la sociedad una sensación de falta de ética y moral en la clase política. Hay casos en los que esta argumentación es cierta, pero de igual manera, existen casos de corrupción en los que tal alegación es absolutamente falsa.

Es conocido que los partidos políticos tienen graves problemas para cubrir los gastos de su excesivo aparato estructural. La cuantía de su financiación y subvenciones legales no es suficiente, por ello no resulta difícil pensar que algunos partidos recurren a oscuras “donaciones” para cubrir estos gastos, eso sí, devolviendo a posteriori estos “favores” en forma de concesión de contratos públicos y determinadas ventajas económicas, fiscales o inmobiliarias entre otras. Estas prácticas ilegales de financiación llevadas a cabo por algunos partidos, difícilmente pueden ser manejadas de forma individual y aún más difícil resulta poder comprender que tales maniobras financieras puedan llevarse a cabo sin que los responsables máximos del partido se pregunten de dónde procede ese dinero que generosamente se utiliza para satisfacer los pagos de las diversas gestiones públicas y privadas de los representantes de los mismos.

Es aquí donde entra en juego la responsabilidad de los ciudadanos que conforman la opinión pública de un Estado. Somos nosotros los que debemos llevar a cabo acciones encaminadas a exigir a la clase política que desempeñe su labor de forma y manera correcta, buscando el bien común de toda la sociedad a la que representan. Mayoritariamente, estamos desacuerdo al decir que la corrupción provoca mucho más rechazo que la habitual dejación de los deberes públicos de algunos políticos o el consabido y perpetuo incumplimiento de los programas electorales. Pero… ¿qué hacemos nosotros para dejar claro nuestro rechazo a estas prácticas?. Es en este punto donde surge una discrepancia, es decir, no actuamos en consonancia con lo que pensamos.

Por un lado en las encuestas expresamos nuestro rechazo y desconfianza hacia la clase política y a continuación (en algunas ocasiones) coincidiendo en el tiempo con varios escándalos de corrupción, o bien aumenta la participación electoral, o en el peor de los casos el retraimiento en la misma, dando así un respaldo social a la clase política que decimos rechazar y de la que desconfiamos.

Es como si nos resignásemos y aceptásemos que la corrupción, más que un problema de la clase política, es un problema estructural de la sociedad, y tal vez por ello albergamos la esperanza de que esto cambiará por sí solo. Las nuevas formaciones políticas que se incorporan al panorama electoral contribuyen en cierta manera en generar esta esperanza, pues caso todas ellas aseguran poder poner en marcha actuaciones encaminadas a resolver este problema de la corrupción. Además, siembran en muchos ciudadanos la ilusionante idea de que con la incorporación a la vida política las cosas cambiará ya que pudiendo actuar como partidos bisagra, las grandes formaciones políticas tendrá que modificar, o al menos, cumplir una mayor cuota de sus programas electorales en caso de que gobiernen.

Por todo ello, podría pensarse que los ciudadanos estamos inmersos en un círculo vicioso y pensamos de forma excesivamente estatal, lo cual nos hace confiar y creer que el poder gubernamental (Papá Estado) solucionará nuestras carencias y los acuciantes problemas existentes hoy día en nuestra sociedad: el paro, la vivienda, la protección social, etc.

Como mínimo, los ciudadanos deberíamos exigir la puesta en marcha de un código ético el cual habría de ser cumplido por los responsables públicos. Dejando claro y legislando jurídicamente que su incumplimiento lleva aparejado la dimisión inmediata de el responsable o responsables de tal incumplimiento, con independencia de las actuaciones legales y jurídicas a que hubiera lugar en determinados casos.

Pues si nada hacemos los que elegimos, qué partidos, y qué políticos han de ser nuestros representantes y los encargados de cumplir sus promesas electorales, tendremos que aceptar ser en parte responsables en la existencia y mantenimiento de esta simbiosis entre medios de comunicación y partidos políticos, favoreciendo así ese síndrome al que llamamos corrupción, el cual continuará vivo en nuestra sociedad.

M.A.I.S.M.


EL SECRETO DE SUMARIO Y EL BOLSILLO DE LOS PERIODISTAS por J.M.B.D.

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Ha sido citar la posibilidad de que se pueda sancionar, como medio de hacer cumplir la ley, la publicación en medios de comunicación de datos contenidos en sumarios declarados secretos y el efecto ha sido parecido a mentar la soga en casa del ahorcado.

Los principales partidos de la oposición y el gremio de periodistas al completo se han apresurado a poner el grito en el cielo por lo que consideran un gravísimo atentado contra el sacrosanto derecho a la libertad de prensa que, según ellos, debe prevalecer sobre cualquier otro derecho constitucional, sea éste colectivo o individual.

Y para argumentar tan férrea defensa de su derecho a pasar por encima de otros derechos como el de presunción de inocencia, el de protección de datos de carácter personal o el de defensa con las mismas armas (jurídicas), entre otros, no dudan en poner sobre la mesa la sin duda inestimable aportación que las investigaciones periodísticas han supuesto para el descubrimiento y general conocimiento de sonados casos de corrupción. Pero creo que, una vez más, se tergiversa la realidad para defender actos y privilegios que no tienen otro fin que el mantener a salvo la suculenta fuente de generar ingresos que supone la dosificación periodística de bombazos informativos obtenidos en clara vulneración de los derechos de terceros mediante la comisión, no olvidemos que penalmente perseguidle, del delito de violación del secreto del sumario.

Y digo esto porque nada tiene que ver que un periodista, utilizando medios lícitos y su perspicacia profesional, aflore toda clase de corruptelas, amiguismos, compadreos y asesoramientos moralmente reprochables con que ese mismos periodista acceda a una información declarada judicialmente secreta y, para su lucro personal y el del medio para el que trabaja o mejor se lo pague, que esa es otra, sea cooperador necesario cuando no inductor directo de la comisión de un delito que los propios juzgados afectados por las filtraciones dejan pasar por alto y no se toman la más mínima molesta en investigar, muy probablemente porque es obvio que el periodista no es el único que cobra y se lucra con eta maloliente práctica.

Para quien le interese y le parezca exagerado lo que digo, estoy en condiciones de afirmar que he tenido en mis manos, y conservo, el documento judicial que pese al secreto decretado llegó a manos de un periodista con la grabación en su parte superior del número de fax e identificación del propio juzgado instructor que le hizo llegar la información. Denunciar, se denunció, pero no solamente no se realizó la más mínima diligencia de averiguación sino que la filtración se repitió más veces en el mismo sumario.

Y estas filtraciones, sean más o menos burdas, descaradas o enmascaradas, es el medio habitual de perpetrar el delito de revelación de secretos en los procesos estrella que vemos cotidianamente en los telediarios y portadas de los periódicos, tipificado en los art. 417 y siguientes del CP, pero curiosamente y por razones que se me escapan, en estos casos no es de aplicación, mejor dicho no se aplica, la figura del inductor del delito (verbi gracia, el periodista que incita al funcionario judicial o a un tercero, mediante el pago de precio o cualquier otro beneficio o promesa, a que filtre la información violando el secreto) ni tampoco la del cooperador necesario o el encubridor.

A mí me parece patente que el derecho a la información está protegido de forma tan simple como que cuando se levante el secreto, toda la información será publicada y accesible pero eso sí, éste momento se dará cuando el juez instructor lo determine en interés de la investigación y de los afectados, no cuando al periodista o al medio de turno le interese vender la exclusiva y engrosar su cuenta de resultados.

Rasgarse las vestiduras por plantear poner límites a la comisión habitual y continuada de delitos no puede escudarse en el derecho a la libertad de información.

Una cosa son las churras y otra las merinas, por mucho que se parezcan.

Por J.M.B.D.


ALARMA SOCIAL por E.F.B.

ALARMA SOCIAL

Yo no sabía decir qué es lo que está pasando, aunque quizá la respuesta esté en eso que dan a llamar globalización. Lo cierto, es que los delincuentes antiguos resultaban más entrañables que los que formamos el abanico actual.

Ahora, los medios de comunicación ocupan sus cabeceras con un sinfín de noticias sobre crímenes que, junto al interés informativo, dispersan un virus altamente dañino denominado “alarma social”.

Es como una pescadilla que se muerde la cola. La noticia se difunde, se produce dicha alarma, y con el justificante de ésta, más de un juez se ha visto presionado dictando sentencia de carácter prevaricador, lo que se traduce en que algunos de sus señorías pasan a formar parte del bando delincuencial, y al final parece, que delito sobre delito se va formando un caldo de cultivo que convierte el asunto en un cuento de nunca acabar.

Soy consciente de que este artículo es un tanto divergente, y que más pudiera parecerse al lienzo de un pintor inconformista, cuyos trazos incoherentes quebrarían la cabeza de quien quisiera interpretarlos en su contexto mientras lo mira. Lo que pasa es que vengo padeciendo una sinusitis que no me deja concentrarme adecuadamente, aunque, por el momento, lejos está de quitarme las ganas de escribir.

De pequeño, cuanto yo era bueno, recuerdo que también se tenían noticias de ilustres y legendarios delincuentes, lo que pasa es que todo era tan distinto que resulta de imposible comparación. Para empezar, el único canal de televisión que se emitía, era un instrumento de propaganda con el que el régimen dirigía las mentes del súbdito español con la indiscutible intención de que ninguna oveja se saliera del redil. Así, un delincuente como Eleuterio Sánchez “El Lute” servía de ejemplo para que todos supieran lo que “no se tiene que hacer”.

Por otro lado, los grandes literatos que dio esta bendita tierra, dejaron como importantísimo legado cultural un conjunto de obras convertidas en grandes relatos que narraban aventuras y desventuras, cuyos protagonistas principales, eran marginales, o como en su día dijera Franco, “gente de mal vivir”, pero que todavía siguen deleitando el paladar intelectual de quien tiene gusto por leer.

Sin embargo, todo lo que se escribe o enseña sobre los delincuentes de ahora, amén de por el interés de la noticia en sí misma, tiene más componente morboso que cultural. Como además, al igual que sucede en las moda que se imponen a golpe de publicidad, pues una temporada serían las bandas organizadas, luego los clanes rumanos, traficantes de droga, aluniceros, y ahora les tocaría desfilar por pasarela mediática a los de las tarjetas “black”.

¡En fin!, que dicho lo dicho y antes de terminar para tomarme el antibiótico de las diez, quiero expresar que me siento celoso de Luis Candelas y del que fue Diego Corrientes “el mejor ladrón de Andalucía que a los ricos robaba y a los pobres socorría”. Porque ya que con grave equivocación decidí subirme al carro de los marginales pagando cara la venganza social, pues, que menos que algún escritor o presentador televisivo dijera en prosa o en verso algo bueno de mí. Al contrario, no me queda más que resignarme, por haber servido como elemento que mete miedo en el cuerpo con el agravante publicitario que difunde la “alarma social”.

¡Pepe!, si alguna vez te dicen que yo soy uno de los criminales más grandes de España, ¡no te lo creas!, porque es mentira, como diría Rajoy: “salvo algunas cosas” que ha publicado ya la prensa. Cierto que un día trafiqué con drogas, pero no es literatura de calidad, sino mierda, lo mucho que se publicó acerca de mí presunta banda y de mí.

Ríos de tinta cuyo coste fue multiplicando en caja por cien. Me queda el consuelo de que por lo menos he contribuido a que no se incremente la tasa del paro, gracias a gente como yo no tendrán que pasar hambre, ni el periodista, ni el juez. La pena es que nunca veremos un titular que diga: “El último delincuente se acaba de reinsertar”.

Por E.F.B.


LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS por M.A.I.S.

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Estudios recientes constatan una mayor y emergente cantidad de niños, adolescentes, jóvenes y no tan jóvenes, que pasan de 6 a 8 horas al día frente a ordenadores, video-juegos, teléfonos móviles, etc. Muchas de estas personas adquieren determinados conocimientos, más o menos útiles, a través de la desmesurada utilización de estas tecnologías. Todo ello, está cambiando la forma y manera de relacionarse por parte de los individuos de las sociedades más avanzadas o desarrolladas tecnológicamente.

No hace mucho tiempo, lo normal era comunicarse con las personas en tiempo y forma presencial: jugar en la calle, convivir y participar en diversos juegos, reuniones, actividades al aire libre, era lo más natural y efectivo para adquirir conocimientos, experiencia, y habilidades sociales. Hoy día, estas formas y conductas de comunicarse física y presencialmente son minoritarias o excepcionales.

Cada vez son más los expertos que alzan su voz en contra del abuso desmesurado que se hae de las nuevas tecnologías y de las maneras de relacionarse por parte de las personas que a ellas recurren. Son numerosos los estudios que revelan un debilitamiento en la capacidad cerebral de los individuos que, de forma excesiva, utilizan estas tecnologías. Una de las causas de este debilitamiento en la capacidad cerebral se debe a que las pautas de las actividades que se llevan a cabo en estos mundos virtuales de comunicación entre los individuos son excesivamente repetitivas y producen un aislamiento físico-social. Fruto de este aislamiento, de manera progresiva, se produce una pérdida en la calidad y efectividad en la forma de resolver pequeños problemas en la vida social y real.

Los psicólogos avisan de que se están incrementando los casos de nuevas problemáticas psicológicas debido al abuso excesivo e inadecuado de estas. Un ejemplo de ello, es la falsa percepción del verdadero valor de la vida, la cual en determinados video-juegos de contenido violento tiene una equivalencia en puntos.

Además, se está potenciando una dependencia a estas tecnologías, la cual causa que, las personas “adictas” a ellas se encierren cada vez más en sí mismas, con las graves consecuencias que ello conlleva. Se está detectando que los usuarios de largos periodos de permanencia ante estos mundos virtuales desarrollan una personalidad y una autoestima igualmente virtual que, fácilmente se desmorona cuando tienen que interactuar en la vida real y social con otras personas. Está demostrado que el abuso excesivo de las tecnologías, produce una pérdida en la empatía, la creatividad, la capacidad verbal y pérdida de capacidad de resolución de problemas; pues en esos mundos virtuales, los usuarios son los “líderes”, “tienen el mando”, “toman decisiones”, que en verdad ya están pre-configuradas. Pero en la vida real estas personas tienen dificultad en desarrollar las más básicas conductas sociales.

El mal uso que se hace de las nuevas tecnologías tiene consecuencias muy negativas cuando se habla de niños, adolescentes y jóvenes. En gran medida, e independientemente de la propia responsabilidad de padres y educadores, esto es posible gracias al bombardeo publicitario llevado a cabo por las empresas relacionadas con la falsificación, distribución y utilización de todas ellas. Esto queda constatado al ver los balances financieros de cada una de estas empresas y las inversiones que se hacen en campañas de marketing y publicidad.

En estados Unidos estas empresas gastaban en la década de los 90 “300 millones de dólares” en campañas publicitarias de estos productos. En el año 2010 fueron “16.000 millones de dólares”. Desde luego en todo ello han colaborado sociólogos y psicólogos pertenecientes a estas empresas, las cuales utilizan los conocimientos y asesoramiento de estos profesionales para lograr las mayores beneficios posibles.

Gracias a ello se han creado generaciones enteras que identifican la felicidad, el éxito y la libertad individual en directa equivalencia con la posibilidad que tengan de poder consumir y actualizar estos productos tecnológicos.

Debido al mal uso que llevan a cabo, una cada vez mayor cantidad de individuos hemos llegado a tal extremo que ahora resulta normal buscar pareja en la red, y muchas de estas “parejas” se mantienen durante largos periodos de tiempo real, exclusivamente en forma virtual o presencial, mediante visualización monitorizada. Otro buen ejemplo del “magnífico” uso que se hace de estas tecnologías es el del acceso a todo tipo de pornografía; especificada o casera, esta última cada vez más utilizada. Cada día resulta más “normal” contemplar a jóvenes e incluso adolescentes convertidos en “actores” porno-eróticos, realizando posados que posteriormente son difundidos – voluntaria u obligatoriamente – previa coacción – en la red. También son utilizadas estas tecnologías para obtener informaciones tan fructíferas como la de coger “un buen colocón” más rápido y barato, recurriendo a las prácticas cada vez más extendidas como las de ingerir alcohol por vía nasal o empapando tampones en alcohol e introduciéndolos por vía anal o vaginal, costumbres éstas importadas de Inglaterra y Estados Unidos vías Internet.

Por no hablar del progresivo aumento de la incomunicación directa entre personas e incluso entre parejas, a las cuales se puede ver “comunicándose” con otras personas o jugando a diversos juegos, mientras pasean o consumen cualquier cosa en una terraza, sin mediar palabra entre ellas durante largos periodos de tiempo y cuando lo hacen, es para mentar alguna anécdota sobre aquello que tiene lugar en su interesante actividad tecnológica.

Por M.A.I.S


BANALIZAR O DEGRADAR por F.A.P.

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Cada vez prolifera más y con más ahínco los programas televisivos que tienen como finalidad las relaciones humanas. Personas que están dispuestas a demostrar “todo lo que sea”, sin escrúpulos, ni pudor, ni decencia.

Estoy hablando de los Reality Shows, espacios donde las amistades afloran rayando en muchas ocasiones la depravación, trivializando intencionadamente las conversaciones y los modos de actuar.

Y lo más chocante es que tanto productores, como concursantes se mueven exclusivamente por un desmesurado afán de lucro, obviando cualquier brote de dignidad humana o reserva íntima.

Sin pedir permiso se introducen en nuestras vidas compartiendo aquello que incuestionablemente deberían ocultar. Es entonces el momento oportuno para apagar o cambiar de canal de televisión.

Los promotores de esta banalización humillante convierten en víctimas a participantes y telespectadores, eso sí, a un alto coste.

Nunca hubiera imaginado que como periodista llegara a ver que convertirse en blanco de escarnio y burla fuera algo productivo. Qué fatalidad! y cada día se crean más de este tipo de programas, y otros que escudándose en lo que parecería otro tipo de contenidos, se convierten finalmente en un programa basura.

Qué pena, espero que reaccionemos a tiempo, pues sino estamos apañados.

Por F.A.P.