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QUIERO VIVIR por J.B.J.

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Quiero vivir,

Da igual cómo sea el camino

Montañas o ríos atravesaré,

Siempre adelante porque

Quiero vivir.

No mirar atrás,

No escuchar al inepto

Porque sus palabras vacías,

Hechas están para que

Se las lleve el viento.

Quiero vivir

No temo a mi enemigo,

Si su ataque es frontal

Pronto le veré llegar

Y si su ataque por mi espalda va,

He convertido mi espalda

en roca viva y duro lugar.

Quiero vivir,

Y si algún dúa echo la vista a tras

En mi vejez será,

Para recordar mis tropiezos,

Mis victorias, mis amores

Y gritar orgulloso al mundo,

Viví, vivo y quiero vivir!

J.B.J.

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POR SI ME VOY por EL LOBO TXAPELA

Para-salir-de-la-cárcel-por-William-Ospina

Quiero comenzar este escrito pidiendo perdón a los que ahora me escuchan, y a los que luego me lean, por lo inmasticable que haya en él, pero es muy difícil escribir desde una celda helada, con el frío en el cuerpo, con frío en las manos, con frío en el alma.

Parece que por fin el caballo viejo que llevaba tiempo tumbado en esta pradera en la que siempre es de noche, en la que el viento que mueve sus briznas de hierba, más que viento es humo, va a poder levantarse a pesar de sus ataduras y si deterioro.

Se levanta y le tiemblan las patas como a un potrillo, ni rastro del alazán que lideraba su manada, lástima de montura pero es que la soga fue muy corta y el amarre muy apretado.

No sé si sabré nunca si dejo más de lo que me llevo, o me llevo más de lo que dejo. Es difícil saber si aprendí algo, seguro que sí, pero me cuesta diferenciar entre lo aprendido y lo sufrido. Lo que sí sé y que a nadie le quepa la menor duda; es que he sido honrado hasta la saciedad, en todo lo que he hecho, en lo trabajado, en lo escrito, en lo dicho y escuchado, en lo aprendido y enseñado, hasta metiendo la mano en el “wáter”, estropajo arriba y abajo, lejía va y lejía viene, he sido honrado.

No sé si es la forma adecuada de actuar en una prisión, pero es que no sé hacerlo de otra manera.

Este ha sido, y todavía es, que aún no ha terminado, el partido más difícil, la canción más difícil de mi vida, yo que ya estoy en el penúltimo estribillo de la misma, porque… ¿para qué nos vamos a engañar?, ya no soy un niño, decía mi madre el día que me venía para acá: “le han destrozado la vida”. Cuidado, que las madres son sabias y suelen tener razón.

Espero que a partir de ahora la vida me ofrezca algunas cosas buenas, además del nieto que me viene en camino, a ver cómo le cuento yo, cuando sea mayor, que estuve en la cárcel, porque pienso contárselo sin ningún tipo de rubor ni vergüenza. Es mi primer nieto y espero que no sea el único.

Pedir disculpas también a los compañeros que han sufrido mi vehemencia y rigor en las cosas que hago, pero como decía antes, no sé hacerlo de otra forma. Además, esto es así porque siento un enorme respeto por mi trabajo, por el fútbol, y sobre todo, por el ser humano, por las personas… que aquí dentro, ¡hay personas!.

No sé si el estigma que me va a quedar será muy grande o muy pequeño, borrable o imborrable, yo más bien me veo como un calafate varado en la playa, dando brea a su viejo cascarón con la idea de seguir surcando cualquier suerte de mar que le echen.

Si a lo largo de mi condena hice daño a alguien, juro por las mil cruces que fue de forma totalmente involuntaria y desde aquí le pido disculpas. A las personas que me ayudaron, decirles que les estoy eternamente agradecido y a los que me han hecho daño, y me han humillado de una forma que no sé ni describir, no tengo nada que decirles.

Quiero agradecer a Dani lo mucho que me ha ayudado y su demostración de que hay gente de carrera que sabe trabajar en el barro, y al padre Paulino, capellán del centro, que haya hecho buena mi teoría de que existen curas con pantalón vaquero y camisa de cuadros que han entendido el verdadero mensaje de Jesús, y no paran de ayudar a los más necesitados.

Y para terminar, un saludo cariñoso para mis compañeros de Flamenco y de la Revista, a éstos últimos les aseguro que no sé si en mi mente alguna vez dejaré de ser un preso, pero en mi corazón, nunca dejaré de ser un Nómada.

El Lobo Txapela


NO RENUNCIAR por TONY

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En El fondo, ¿cómo se convierte uno en persona?.

No renunciar nunca. Pensad, la libertad, el deseo de libertad es una guerra en sí mismo.

Vivimos en una sociedad de personas resignadas a su rol, les guste o no, bueno o malo, y para salir de esa trampa, hay que luchar a la vez, contra uno mismo y contra el mundo entero.

La libertad es un combate continuo, del que somos poco conscientes. ¡No me resignaré nunca!.

Algo similar o parecido ocurre con el amor. El amor es complicado. El amor es complicado. El amor es algo muy complicado. Es a la vez la cosa más extraordinaria y la pero que puede pasar.

Un día lo descubriréis. El amor puede hacer mucho daño. Así que no debéis tener miedo de caer, y sobre todo de enamoraros, porque el amor también es muy hermoso, pero como todo lo que es hermoso, deslumbra, daña a los ojos y también al corazón.

Por esa razón, a menudo se llora después.

¡Pero al igual que en la búsqueda de la libertad, tampoco me resignaré nunca a vivir sin amor!.

Por Tony


SIN TREGUA NI CUARTEL (NO SURRENDER) por F.J.L.M.

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Me resulta curioso notar como, de forma totalmente inconsciente y a medida que se acerca el fin de curso, tiendo a hacer balance del año que acaba, rigiéndome más por el calendario académico que por el natural, a pensar del tiempo trascurrido desde que finalicé los estudios. Además, debo admitir que últimamente ando un poco como el clima y llevo unos días con la cabeza algo redolera porque muchos de mis pensamientos (y también muchos recuerdos) chocan frontalmente con algunas situaciones que suceden a mi alrededor y con otras cuestiones que escucho y leo.

Sin entrar en detalles, esas cosas a las que me refiero tienen como rasgos comunes una terrible sobredosis de conformismo, un preocupante exceso de apatía y una desidia irritante. Antes de continuar vaya por delante que todo cuanto aquí exprese no tiene nada que ver con el “domicilio habitual” del que hoy disfruto. Diría exactamente lo mismo desde mi casa que está en Madrid o perdido en un arrabal de Pernambuco.

El conformismo, la apatía y la desidia indefectiblemente llevan a que una persona se abandone, se rinda, se abstenga de hacer planes, anule toda capacidad para ilusionarse y directamente meta en el congelador cualquier atisbo de pasión que pueda sentir. En resumidas cuentas, la idea es que tal y como están tanto la vida, como el mundo que nos rodea, es mejor y más conveniente dar una tregua a nuestras emociones y mantener a raya nuestros sentimientos ya que “total, ¿para qué?, dejarse llevar no sirve para nada más que generar frustraciones y provocar desengaños”.

Mi primera reacción ante semejante planteamiento solo puede ser (aunque no lo diga y guarde un prudentísimo silencio) directamente pensar: “ni de coña! ¿pero que me estás contando?”. A continuación, y antes de manifestar mi total desacuerdo, haré un esfuerzo por ordenar mis ideas, reflexionar sobre mis argumentos para defenderlas, elegir cuidadosamente mis palabras para exponerlas y tener a mano a algunas experiencias prácticas de lo que manifiesto y sean vividas en primera persona o relatadas por terceros. Con mayor o menor fortuna, eso es exactamente lo que he hecho.

Actualmente tengo la suerte de compartir muchas horas al día con alguien que, cada vez que vuelve de pasar unos días con su chica, sus hijos y su gente, está más convencido de que la vida no solo sigue adelante sino que está llena de oportunidades y ofertas hacia las que no tenemos más que lanzarnos para hacerlas nuestras. Y como puedo asegurar que esta persona no se caracteriza precisamente por su ligereza de ánimo ni por su falta de criterio para enfrentarse a la vida, me creo todo lo que cuenta tanto como me motiva.

Puedo aportar también alguna experiencia personal. Mi caso es el uno de esos que estando frente a un mostrador de facturación un día cualquiera de julio de 1996, cambió a última hora el vuelo que iba a tomar por otro que, aunque despegaría tres horas más tarde, aterrizaría más cerca de su destino final. Aquel avión al que decidí no subirme explotó sobre el océano Atlántico a los cuarenta minutos de despegar. Pero mi vida siguió adelante. Al igual que lo hizo unos años más tarde, cuando vivía con Amaya en el quinto piso de la calle Téllez número 30. Un once de Marzo, mientras ella se duchaba, yo me desperté por el estruendo que causó la puerta de un vagón de tren entrando por la ventana del salón del vecino del tercero.

No es cuestión de perderse en las batallitas del abuelo, lo importante es que aquí sigo, con cuerda para rato y más ganas que ayer aunque menos que mañana. Porque entre lo vivido, lo que me cuentan, lo que veo y lo que me imagino solo soy capaz de llegar a la conclusión fundamental: no es que la vida sea bella, es que la vida ES COJONUDA (y dicho sea de paso, incluso desde donde escribo lo es) y no debemos permitirnos nada inferior a vivirla SIN TREGUA NI CUARTEL.

Según el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, “tregua” tiene como segunda acepción “intermisión, descanso”, “dar cuartel” significa “suspenderse o templarse mucho por algún tiempo” y por último “sin cuartel” equivale a “guerra a muerte”. Me alegra poder decir que esta vez el texto de la RAE no me ha resultado trapacero, regalándome tres definiciones tan perfectas y ajustadas al objeto de m consulta. No hay que añadir más.

Para terminar, permítaseme la licencia de hacerlo con dos breves alusiones para quienes en ellas se puedan y/o quieran identificar. La primera de ellas es para los míos (y también los no tan míos). A ellos solo puede decirles que, aunque yo sepa vivir de otras maneras, mi elección es la de hacerlo arrebatado y convencido de que pensar, soñar, imaginar, desea, ilusionarse y amar es una fantástica manera de pasar por el mundo.

La segunda es para ti que me piensas, te ocupas, y preocupas por mí, incluso mucho más de lo que ante ti misma nunca admitirás, precisamente a ti quiero decir que lo único que me apetece esnifar es cada poro de tu piel y que de lo único que quiero ponerme hasta las cejas es de tu olor y tu risa. Puedes tener bien claro que el hecho de no poder hacerlo ahora, ni que probablemente lo haga nunca, no empobrece ni un ápice la sensación de saberte tan cerca que me basta soñarte o imaginarte para sentirme en paz y completo cada día.

Por F.J.L.M.


LA FUERZA DEL PRESENTE por I.M.A.

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Vivir la experiencia de ingresar por primera vez en prisión no es fácil para nadie. La incertidumbre de los primeros días produce tristeza, miedo y recelo. De hecho puede llegar a generar un auténtico “shock”.

Los constantes pensamientos sobre el final de nuestros planes, de nuestras relaciones, de nuestros trabajos, de nuestros sueños, en definitiva, de nuestra vida, transitan por nuestra mente son control alguno, a su libre albedrío, produciendo una sensación de tormento bien difícil de dominar.

Sin embargo, una vez transcurridos todos los protocolos de la admisión y establecidos en el módulo asignado, nuestra mente puede calmarse, asentarse y pacificarse si somos capaces de asumir nuestra realidad.

Es a partir de ese momento cuando uno tiene que acometer probablemente la tarea más importante para lograr sustentar de una manera equilibrada y de bienestar su estancia en el centro penitenciario. Para ese cometido no queda otra que trabajar firmemente nuestros pensamientos de tal forma que, seamos nosotros, los que controlemos nuestro consciente y no caer en la trampa de permitir que sea éste quien nos controle a nosotros.

Establecerse en el presente, asumiendo nuestra responsabilidad y no hacer culpable a nadie de  nuestra situación, es un gran acto de humildad que deriva en el primer paso para nuestro bienestar. Aferrarnos al pasado, no solo supone malgastar nuestras energías, supone crear grandes barreras muy nocivas para nuestro progreso. Estamos creando armas letales en contra de nuestro bienestar.

Debemos tener algo claro: todo está en nuestra mente. Si somos capaces de tener control sobre ella, somos a la vez capaces de entrar en conexión con nuestro espíritu, con nuestro “yo”, más profundo. Estamos abriendo la puerta hacia el éxito.

Prestar atención al presente es la clave de la transformación. Debemos concentrarnos con todos los medios a nuestro alcance en lo que hacemos, en cada momento. Tenemos que mantenernos arraigados al presente. Con la práctica, uno aprende a vivir en ese estado de consciencia y es altamente gratificante observar como esto modifica nuestro estado de conciencia y la cualidad de las acciones.

De ahí que emane la importancia del perdón. Perdonar es la única vía para poder vivir en un estado de conciencia, en un estado de presencia, sin interferencias, sin obstáculos, que quiebren nuestro bienestar.

Cuando sentimos emociones del tipo que sean, debemos de prestarles total atención y de esta forma, comprobar si nuestra mente está anclada a algún tipo de dolor (tristeza, culpabilidad, odio, resentimiento, etc.).

Estas emociones, además de alimentar nuestra mente violentamente, significa que no hemos perdonado. Perdona es liberar la pena y renunciar al dolor, en realidad es  no poner límites y resistencias a la vida. Cuando se perdona de verdad, uno recupera el poder cedido a la conciencia. No sufre el “no perdonado”, sufre el que no perdona. Cuando perdonamos renunciamos al dolor y abres un mundo infinito de posibilidades.

Vivir en paz en el presente es la clave del triunfo, es el “mapa del tesoro” que nos guiará hacia un futuro lleno de esperanza y lo que convierte el mismo en una incertidumbre, que muy al contrario de atemorizarnos, nos apasionará como si de una juego de misterio se tratase. Tal y como dijo Jesucristo: “Antes de entrar en el templo (lugar de paz) perdona”.

Bienvenido al juego, al juego de la vida.

Por I.M.A.


PARA VIVIR NECESITAS AIRE por F.I. (Colaboración desde C.P. Villanubla) – Tercer premio de Poesía de los C.P. de España 2014 –

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No vivirás

Si te mientes derrotado y avivas la tristeza,

Si amamantas soledades y pones luto a tus sueños,

Si deshojas primaveras y vistes de negro el amanecer,

Si te duermes a la sombra del olvido.

No vivirás

Si no sientes el frescor de la lluvia

Resbalando por el tapiz de la tarde,

Si no depositas en los surcos del silencio

Semillas de amor y de amistad

Si no dejas que la brisa con su magia de libélula

Seque tus lágrimas de desconsuelo.

No vivirás

Si permites que envejezca la esperanza,

Si siembras la vida de cruces y cardos,

Si sueñas lejanías a la sombra de la duda,

Si apacientas en el mar tristes lunas vacías.

No vivirás

Si no apagas con tus besos el gemido de los bosques,

Si vas sembrando niebla por los caminos del alba,

Si consientes que florezcan en tus ojos lágrimas amargas,

Si no rompes las cadenas de la noche silenciosa.

No vivirás

Si te conformas con alquilar el amor

Si no abonas la rutina con estiércol de lunas y optimismo,

Si no abres tus manos al rumor del paisaje

Para que aniden en ellas alondras y vencejos.

Es necesario

Sentir el aire desnudo en tu cuerpo cansado,

Y aspirar el aliento del mirlo al besar la rosa,

Sacar el brillo de las estrellas con el pincel del amor

Y llevar en cada mano un manojo de sonrisas.

Depositar palabras de lluvia en el silencio,

Aplacando la sed de las hogazas del campo.

Es necesario

Que hagas un milagro de cada nuevo amanecer

Para que inunde tu estancia de horizontes cálidos,

Que la brisa habite en la casa de tus sueños,

Dibujando en la pizarra de los besos la risa de la fuente clara,

Que no se rompa la tarde en esquirlas de delirios.

Es necesario

Que sueñes cada noche con una nueva epifanía,

Que sientas las caricias del céfiro en tu piel,

Que vivas soñando lunas llenas

Y a Dios migando panes, alondras y cigüeñas,

Que tiñas las lágrimas de música y estrellas,

Aspirando los aromas del rojo crepúsculo.

Es necesario

Que abras de par en par las ventanas de tu alcoba

Para que veas amapolas en el mar de la pradera,

Que pongas a calentar tu soledad junto al fuego

Desnudo del recuerdo y acunes alboradas mágicas,

Que siembres amor en los surcos torcidos del destino

Y sueñes piruetas de la brisa en el perfil de la tarde,

Convirtiendo el silencio de Dios en salmos de fe.

Por F.I.