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UNA IMAGEN DE LA PRISIÓN por J.R.G.

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MIS PÁJAROS Y LOS DE MI CABEZA por EL LOBO TXAPELA

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Maestro, ya han vuelto las oscuras golondrinas,

Cuelgan sus nidos con barro y con besos,

Son pequeñas, negras y divinas,

Y no temen vivir con los presos.

Y así en sus nidos de barro y de besos,

De los pobres presos son vecinas.

Dibujan en el aire con sus vuelos,

Nos despiertan con sus trinos de diamante.

Llenan de figuritas los cielos,

Nunca se posan, sus viajes son constantes.

Y el sentido de sus vidas, apenas relevante,

Va unido a mis plegarias y a mis desvelos.

No son tan bonitas como las palomas,

Ni siquiera tan grandes como el águila real,

Mientras de la vida voy sacando mis diplomas,

Me confirmo con lo que tengo, aquí en Soto del Real.

Y aunque a este loco no entiendas, si eres persona cabal

Agradecerás ver golondrinas, águilas y palomas.

Por El Lobo Txapela


LOS DESTERRADOS NO OS OLVIDAN por EL LOBO TXAPELA

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Cualquiera pensaría que los presos bastante tienen con pensar en sí mismos, pero esto es una caja de sorpresas, más que de sorpresas, de sentimientos en una dirección y en otra.

La situación afuera es un poquito desoladora, por no decir que “la cosa está que jode”. Este hecho que nos atañe a todos en mayor o menor medida hace que “los malos”, como nos llaman a los de aquí dentro, pensemos además de en nosotros en los del otro lado del muro, y mucho. ¿por qué? Muy sencillo, el que no tiene un miembro de su familia en el paro, tiene a tres. Otros tienen trabajo y siguen siendo muy pobres, otros ni vivienda, ni trabajo, ni promesas con que seguir engañándose, así que además de pensar en nosotros mismos por instinto de supervivencia, pensamos en vosotros por pura solidaridad y por puro amor al ser humano.

Hay un grupo de montadores que no hacen otra cosa que trabajar. Hacen el doble de kilómetros en la mitad del tiempo en que deberían. Trabajan contra el reloj, hoy Santiago de Compostela, mañana Bilbao, pasado París o Bélgica o Valencia, qué más da.

Tornillo va y tuerca viene van dándole forma a grandes superficies, supermercados, exposiciones, etc. No solo luchan contra el reloj y la carretera, sino también contra el 30, 60, 90 o como se hace ahora: a tres meses, a seis y a nueve o vete a saber, también conocido como tarde, mal y nunca. Me estoy refiriendo a las formas de pago, o de cobro según se mire.

En fin, que este grupito que a mí me toca de cerca lo está pasando mal, pero no se rinden y siguen trabajando, qué remedio.

Pasando todas estas calamidades y habiendo estado en París el día del atentado contra Charlie Hebdo, a escasos metros de donde las “papas” quemaban de verdad, estos hombres todavía tienen la presencia de ánimo de coger sus móviles, sus tablets, etc. entrar en nuestro Blog y seguir fielmente las publicaciones de Nómadas, empatizando con todos nosotros y nuestras tribulaciones, quedando profundamente satisfechos y emocionados con lo que humildemente escribimos.

Por todo esto, y por mucho más, como les decía en mis primeros párrafos, nos solidarizamos con ellos y con todos los que sufren en la calle debido a su situación.

Les deseamos mucha suerte, a mi hermano Marcos y a sus compañeros y a todos los que como ellos y nosotros se crecen ante la adversidad y siguen con sus trabajos aunque no cobren, siguen con sus vidas aunque esto no sea vida, y aún así sacan tiempo para leer a Nómadas o para pegarse un atracón de kilómetros casi sin descansar para ir a ver a su hermano o cualquier otro familiar a la cárcel.

Una vez más le doy una muestra de lo desconocido acerca de los cautivos. Estamos hechos de carne y hueso. En muchos casos nuestra condición de reos despierta en nosotros unos ojos críticos y realistas, comenzando por uno mismo y continuando con el lado que está en libertad, quiero decir con esto que las injusticias y las malas condiciones de ahí afuera no pasan desapercibidas aquí en palacio.

En la medida en que sabemos del exterior lloramos con el mundo sus penas y reímos sus alegrías, queremos el bien de la sociedad, aunque muchos nos hayan desterrado de ella.

Dedicado a mi hermano Marcos y sus compañeros.

Por El Lobo Txapela 


HISTORIAS DE UN PRESO. CAMINO CON SENTIDO por J.R.G.

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Estando en el patio de la cárcel sentando en un banco, he visto un fenómeno realmente interesante.

Los presos en el patio salimos a estirar las piernas, caminar solos o acompañados y a veces uniéndonos durante la marcha que parece tomar un ritmo determinado. De vez en cuando el ritmo se ve sobrepasado por alguno que va corriendo o el que se atraviesa golpeando un balón y que los paseantes deben rebasar.

Tanto los que caminan solos o acompañados como los que corren lo hacen inconscientemente de derecha a izquierda, sí, ¡de derecha a izquierda! ¿por qué?.

Todos como un mecanismo acertado, estirando las piernas, caminando o corriendo en el mismo sentido al punto que viéndolo un poco de lejos parece tener un ritmo propio, como dándole vueltas a las manecillas del reloj para deshacer el tiempo, diluyéndolo con ilusiones perdidas, historias malditas y ansias de libertad. Si se acelerase seguramente podría romperse la inercia y salir volando al exterior.

Muchas de nuestras actitudes son manejadas, masificadas por el régimen penitenciario que determina y reglamento casi todo lo que se hace en la cárcel… y uno de los únicos signos de individualidad como es dar vueltas por un patio, los presos lo hemos convertido en otra costumbre masificada.

Hoy decidí romper la costumbre y comencé a pasear de izquierda a derecha. Una de las ventajas de estar en contravía es que en cada vuelta miro directamente a la cara a mis compañeros que pasan por el lado y puedo saludarlos igualmente en cada vuelta… hasta que me manden a la mierda.

Igualmente voy caminando en el sentido de las manecillas del reloj pensando que entre más vueltas de, voy a adelantar el tiempo hasta llegar al día aquel (tan lejano) en que se abran las puertas para caminar y chocarme en la calle con los coches, los perros, los gatos y las personas.

Sigo paseando en el mismo sentido de mis sentidos, en contravía a todos los demás con una idea (un poco pendeja) de estarme cagando en el sistema.

Por J.R.G.

 


LA FUGA DE “EL CAPAZ” por EL LOBO TXAPELA

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Voy a contarles el relato de la fuga más honrada de la historia de las cárceles.

Fue protagonizada por dos tipos que se conocieron en prisión, coincidieron en el mismo módulo y comenzaron a empatizar el uno con el otro sin saber muy bien por qué.

El caso es que “El Multa” y “El Capaz”, así se les solía llamar en el patio, se hicieron amiguetes, o amigotes, o como se diga lo que se hacen dos hombres que se cogen aprecio en un sitio como este.

Poco después trazaron un plan perfecto, y con ayuda de un contacto de fuera de su bloque se fugaron por un agujero que había en uno de los muros que daban al exterior, cerca de una de las juntas de dilatación.

Nada más salir, comenzaron a reptar como dos lagartijas huyendo de un chiquillo, y sin darse cuenta estaban a la altura de la carretera, cruzaron con extrema precaución de no ser vistos ni atropellados y en un santiamén estaban en la orilla del pantano.

“El Multa”, calladito como nunca en su vida, seguía a su compañero expectante, ya que éste le había comentado que cuando era libre frecuentaba ese lugar para pescar, y que en las inmediaciones de aquel embalse guardaba en un escondrijo aparejos suficientes para los dos. Y así fue que de pronto “El Capaz” le gritó en voz baja, (en la cárcel aprendes a gritar en voz baja). “Aquí, aquí Multa! ¡Aquí está el tema!”. A la vez que sacaba bajo unas retamas un par de cañas y una caja roja, de esas del año de la polka, de las que se usan para llevar anzuelos, plomillos, cucharillas y rápalas, y yo que sé cuántas cosas más.

Cuando hubieron encontrado cebo, montado y tirado las cañas, se sentaron en un par de piedras y tras un instante de silencio en aquella humilde libertad, “El Capaz” le preguntó al “Multa”: “Oye chaval!, ¿a ti por qué te llaman “El Multa”?”. A lo que el joven le contestó, “Porque estoy aquí por no poder pagar una multa. Y a ti, por qué te llaman “El Capaz”?”.

Cuando el mayor de los dos presos se disponía a contestar los cascabeles de las cañas comenzaron a sonar, así que los dos hombres se levantaron raudos y entre risa y lágrimas comenzaron a faenar, dándole al tira y afloja como dos maestros. Y así casi seguido, durante dos o tres veces más.

Cuando contaban con tres peces cada uno, comprobaron que se les acababa el tiempo y que había que volver antes de la cena y el último recuento, así que desandando el camino que habían recorrido dos horas antes y usando la misma gatera que para salir, entraron de nuevo en el recinto con los pescados escondidos entre sus ropas. Pescados que le regalaron al cocinero del centro penitenciario para que se los sirviera de cena, pero viendo éste que eran mucho más sabrosos que los que tocaban en el menú, los envolvió en papel de periódico de hace ocho días (como todos los periódicos que hay en la cárcel), y se los llevó para degustarlos con su familia.

Los protagonistas de la historia llegaron a su módulo sin que nadie notara ni media, henchidos de felicidad y a tope de adrenalina para lo que les quedaba de condena.

Queridas autoridades penitenciarias, no busquen ustedes el agujero del muro, tal agujero solo existe en mi cabeza y cada día lo noto más grande, no busquen ustedes al contacto que les ayudó, el único contacto que les puede ayudar es el contacto con el exterior y con sus seres queridos, y aquí es bastante escaso. No busquen ustedes a “El Multa”, ya estará en la calle con su condena cumplida, pensando que si alguna vez más está sin trabajo y no puede pagar una multa, robará para hacerlo con tal de no volver a prisión, ¡bendita reinserción!.

Y a “El Capaz”… por “El Capaz” no se preocupen, seguro que sigue aquí, pero tranquilos, yo le conozco bien, le llaman así porque es capaz de cualquier cosa, cualquier cosa menos cometer un delito, ni hacer daño a nadie jamás.

Por El Lobo Txapela


ALARMA SOCIAL por E.F.B.

ALARMA SOCIAL

Yo no sabía decir qué es lo que está pasando, aunque quizá la respuesta esté en eso que dan a llamar globalización. Lo cierto, es que los delincuentes antiguos resultaban más entrañables que los que formamos el abanico actual.

Ahora, los medios de comunicación ocupan sus cabeceras con un sinfín de noticias sobre crímenes que, junto al interés informativo, dispersan un virus altamente dañino denominado “alarma social”.

Es como una pescadilla que se muerde la cola. La noticia se difunde, se produce dicha alarma, y con el justificante de ésta, más de un juez se ha visto presionado dictando sentencia de carácter prevaricador, lo que se traduce en que algunos de sus señorías pasan a formar parte del bando delincuencial, y al final parece, que delito sobre delito se va formando un caldo de cultivo que convierte el asunto en un cuento de nunca acabar.

Soy consciente de que este artículo es un tanto divergente, y que más pudiera parecerse al lienzo de un pintor inconformista, cuyos trazos incoherentes quebrarían la cabeza de quien quisiera interpretarlos en su contexto mientras lo mira. Lo que pasa es que vengo padeciendo una sinusitis que no me deja concentrarme adecuadamente, aunque, por el momento, lejos está de quitarme las ganas de escribir.

De pequeño, cuanto yo era bueno, recuerdo que también se tenían noticias de ilustres y legendarios delincuentes, lo que pasa es que todo era tan distinto que resulta de imposible comparación. Para empezar, el único canal de televisión que se emitía, era un instrumento de propaganda con el que el régimen dirigía las mentes del súbdito español con la indiscutible intención de que ninguna oveja se saliera del redil. Así, un delincuente como Eleuterio Sánchez “El Lute” servía de ejemplo para que todos supieran lo que “no se tiene que hacer”.

Por otro lado, los grandes literatos que dio esta bendita tierra, dejaron como importantísimo legado cultural un conjunto de obras convertidas en grandes relatos que narraban aventuras y desventuras, cuyos protagonistas principales, eran marginales, o como en su día dijera Franco, “gente de mal vivir”, pero que todavía siguen deleitando el paladar intelectual de quien tiene gusto por leer.

Sin embargo, todo lo que se escribe o enseña sobre los delincuentes de ahora, amén de por el interés de la noticia en sí misma, tiene más componente morboso que cultural. Como además, al igual que sucede en las moda que se imponen a golpe de publicidad, pues una temporada serían las bandas organizadas, luego los clanes rumanos, traficantes de droga, aluniceros, y ahora les tocaría desfilar por pasarela mediática a los de las tarjetas “black”.

¡En fin!, que dicho lo dicho y antes de terminar para tomarme el antibiótico de las diez, quiero expresar que me siento celoso de Luis Candelas y del que fue Diego Corrientes “el mejor ladrón de Andalucía que a los ricos robaba y a los pobres socorría”. Porque ya que con grave equivocación decidí subirme al carro de los marginales pagando cara la venganza social, pues, que menos que algún escritor o presentador televisivo dijera en prosa o en verso algo bueno de mí. Al contrario, no me queda más que resignarme, por haber servido como elemento que mete miedo en el cuerpo con el agravante publicitario que difunde la “alarma social”.

¡Pepe!, si alguna vez te dicen que yo soy uno de los criminales más grandes de España, ¡no te lo creas!, porque es mentira, como diría Rajoy: “salvo algunas cosas” que ha publicado ya la prensa. Cierto que un día trafiqué con drogas, pero no es literatura de calidad, sino mierda, lo mucho que se publicó acerca de mí presunta banda y de mí.

Ríos de tinta cuyo coste fue multiplicando en caja por cien. Me queda el consuelo de que por lo menos he contribuido a que no se incremente la tasa del paro, gracias a gente como yo no tendrán que pasar hambre, ni el periodista, ni el juez. La pena es que nunca veremos un titular que diga: “El último delincuente se acaba de reinsertar”.

Por E.F.B.


NO TENGO PALABRAS (UNA TARDE DE PRESOS EN PLENA LIBERTAD) por SAMOYEDO

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Hoy no tengo palabras para agradecer a este centro y en especial al equipo técnico, todos los funcionarios que trabajan aquí y a mis compañeros internos del módulo 12 de respeto en la prisión de soto del real, porque a decir verdad la sensación que viví con palabras no la puedo expresar.

Hoy no tengo palabras para describir lo que en la tarde del 25 de octubre de 2014 se vivió aquí en la prisión y en concreto como bien digo en el módulo 12 de respeto.

La unión de todos los presos para gozar de un día de convivencia dentro de la prisión con nuestras familias fue ejemplar. La organización de unos funcionarios ejemplares, y la disposición de algunos internos voluntarios para atender en todo momento a nuestros seres queridos y a nosotros mismos con todo el cariño del mundo fue un acto que no olvidaré jamás, y que repito, con palabras  no puedo expresar porque mi corazón fue el que lo vivió.

Mi madre de 85 años vino con mi hermana pequeña (aunque es toda una mujer, unos años más joven que yo) pudieron abrazarme, besarme y compartir un momento único que yo no vivía desde hace un año y medio con ellas. No porque no pueda, sino porque mi madre es muy mayor para venir  a vis a vis y le da claustrofobia. En todo momento pudieron ver todo el módulo 12 al completo, como si fuera una ruta turística de la que salieron encantadas. Incluso subieron a mi celda y vieron lo limpia y bonita que la tengo.

La mujer se hinchó a dar besos a muchísimos compañeros, saludó y habló con funcionarios y equipo técnico, era una mujer feliz dentro de una prisión donde se podía palpar una energía positiva que se apoderó de todos nosotros. Parecía que estábamos en una comunión o un bautizo, no veíamos muros y todos los internos con visita de familiares o no, fueron felices esta tarde mágica.

Cada persona dio lo mejor de sí misma estando constantemente pendientes de nuestros familiares como bien digo, parecía no hablar distinción alguna entre los allí presentes. Se organizó una fiesta con un roscón delicioso que hicieron los internos de pastelería (tres clases de roscón). Se repartieron bebidas de todo tipo, pero sin alcohol obviamente, la música ambientaba el evento, las mesas adornadas con flores y ceniceros de barro hechos a mano por internos de cerámica.

Era algo con glamour en cada una de las mesas donde nos sentábamos a compartir vivencias y emociones con nuestros familiares. Algunos internos no pudieron vivir la experiencia al no poder venir sus familiares por diversas circunstancias (hay muchos que son de Iberoamérica) pero creo que fueron arropados por el cariño de los familiares de los demás. A mí personalmente me emocionó como Montse, la madre de un compañero que me conocer por acompañar a mi madre, pudo abrazarme y besarme en persona mientras la mujer lloraba de emoción. Ya le dije que tiene que ir con mi madre a una sorpresa que las tengo preparadas para dentro de poco.

Siempre he afirmado que aquí no me siento preso y hoy doy fe de ello. La unión de cien reclusos codo con codo con el equipo técnico y funcionarios ha sido maravillosa y ejemplar. Hoy creo que todos nuestros familiares se han ido contentos porque saben que aunque estamos privados de libertad, estamos en buenas condiciones, no tenemos problemas y el trato profesional fue exquisito. Tan solo has de ir por una línea recta fácil de seguir y no desviarte de ella. Hoy no tengo palabras para describir la magia, la positividad, el cariño y el amor mostrado en el módulo 12. Ojala se impregnen paredes y muros de esta positividad, así como otros módulos poco a poco puedan conseguir toda esta maravilla. Hoy tan solo puedo decir una palabra que es…

GRACIAS A TODOS POR ESTE DÍA (ya sé que he dicho varias,  pero tenía que ponerle algo de humor).

Dedicado a todos y cada uno de los que formamos el módulo 12, a todos aquellos que pasaron por aquí, a los que estamos y estarán, a funcionarios al completo y al equipo técnico y dirección ya que sin ellos esto no hubiera sido posible. Yo me quedo con la esencia de mi madre y mi hermana en mi celda donde estarán presentes cada día junto a otros familiares, padre, hermana mayor, y amigos en general.

Cada uno de nosotros podemos ser felices hasta en el peor de los infiernos. Tan solo hace falta soñar, tener ilusiones y positividad, aunque la fe también mueve montañas.

Samoyedo