Archivo de la categoría: Desde el Interior

UN PRESO… COMO YO por E.V.M.

Él, es normal tranquilo y sereno, no se hace destacar, es uno más aquí entre otros presos como yo.

Si te acercas más a él consigues reír o incluso llorar por dentro.

Para la sociedad libre puede ser un fracasado, su familia dirá: “no sirves para nada” y su entorno cercano, “es un perdedor sin futuro”. El centro penitenciario lo considera un número más, un delincuente y para los demás internos, un don nadie… sí, un preso como yo.

Su aspecto delgado y ojos cansados cautivaron mi atención. Nos dispusimos a caminar juntos por el patio, conversaciones largas y profundas de la vida, mi perspectiva de él cambió, vi un ser maravilloso con sus defectos al igual que virtudes, noté sus tristezas y frustraciones lo acogí en mi corazón.

Un día todo cambió cuando pudimos estar juntos como compañeros de celda, la amistad nos unió. Nunca creí que en un lugar como este pueda nacer la amistad verdadera. Me hizo recordar un texto del libro sagrado para muchos en proverbios: 18:24 que dice así: “hay compañeros que llevan a la ruina, y amigos más queridos que un hermano”.

Tengo que decir que es un preso… como yo. Pero para mí es un amigo y un hermano compartiendo esta experiencia en prisión que nos une y nos aleja por momentos de estos muros, libres de rejas y barrotes, historias rotas.

A ti, un preso… como yo, te dedico estas palabras para agradecerte siempre ser como eres con nombre y apellidos.

Concluir con lo que dijo Nelson Mandela: “Puedes encontrar que tu celda es un sitio ideal para conocerte, para investigar de modo regular y realista el proceso de tu mente y tus sentimientos”.

E.V.M.

 

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MAMÁ por M.R.

 

Ya casi van a hacer 7 años desde que et marchaste. Casi 7 años que te fuiste a descansar. Y casi 7 años que me dejaste solo.

Esta carta que te escribo hoy va a ser muy dura para mí, pues te voy a decir cosas que, tristemente, nunca te dije en vida, pero algo dentro de mí me impulsa a hacerlo. No sé si es cargo de conciencia, el resultado de miles de horas de reflexión o la llegada de mi madurez personal.

Tú y yo sabemos cuan compleja fue nuestra relación. Amor, odio, distanciamientos, acercamientos, armonía, silencios, risas, tensión, complicidad… ese tipo de relación que sólo pueden tener una madre y un hijo; pero nuestra relación fue muy especial incluso antes de nacer yo.

Me acuerdo cuando me contabas el embarazo tan complicado que tuviste (padeciste) a causa entre otras cosas de los disgustos que te proporcionaba mi padre, de tu delicadeza natural, y de aquella infección severísima de vesícula que sufriste y te tuvieron que extirpar, tres meses antes de nacer yo. Por lo visto, médicos, amigos y familiares susurraban su convencimiento de que tan solo 1 de los 2, o ninguno conseguiría sobrevivir a aquella situación.

Y a la vista está que ambos luchamos por cerrar bocas y demostrar que la VIDA siempre combate a la muerte y que tú y yo llevábamos en la sangre un gen especial de supervivencia. Nunca te lo dije, y nunca es tarde si es para bien, así que en este momento y delante de testigos quiero darte las gracias por pelear por mí, y también te quiero decir lo que muy pocas veces te dije: te quise, te quiero y siempre te querré.

También me hablabas de Salvador, mi hermano mayor que nunca llegó a nacer; él no tuvo mi fortaleza o quizá mi coraje, pero él está en mi corazón. Mi hermano mayor. Quizá si él hubiese nacido, igual el que no hubiese sido engendrado hubiese sido yo.

Desde que te marchaste a descansar para siempre, he pensado mucho en ti. Sufriste mucho; fuiste una persona incomprendida. Tu corazón era fuerte y de oro. Tu familia (yo incluido) te dio la espalda, tu entorno te excluyó, y “pobre mamá”, te refugiaste en las pastillas y el alcohol, sin dar gritos, hacer aspavientos o llamar la atención. Solo querías “no sufrir” y nadie te entendió.

Si supieras lo mal que me siento por no haberte comprendido. Por no haberte acompañado, haber sido más cariñoso, por no decirte frases bonitas… los últimos años de tu vida solo te proporcioné disgustos, mentiras, frío, abandono y dolor.

En estos 7 años de tu partida, te he extrañado mucho, he llorado tu ausencia y he aprendido a conocerte. Igual tarde, sí, lo reconozco, pero tener clara y presente tu verdadera dimensión me enorgullece. No hubiese querido tener otra madre, tenías que ser tú y tú fuiste

Tú nunca me abandonaste, no criticaste. Me amabas y me respetabas. En silencio. Con tu presencia y tu comportamiento, que no he valorado hasta hoy.

Mamá, estés donde estés, haz tuyo este sentido y sincero homenaje de respeto y amor. Descansa, perdóname y sígueme cuidando. Te quiero.

P.D.: Amigos, os pido por favor que respetéis, valoréis, queráis y cuidéis a vuestras madres. Decidle de vez en cuando que la queréis. No hagáis como yo y valoradlas con justicia y amor, mientras estén con vosotros. Un abrazo.

M.R.


CADENA PERPETUA por E.V.M.

El tema de esta exposición, es el título de una película. Para todos aquellos que la habéis visto, quizá recordéis inmediatamente esta pregunta: “Y tú por qué estás aquí?

Es muy normal aquí en prisión, es lo primero que te preguntan al entrar. Pero yo quiero hacer otra pregunta que invita a la reflexión ¿para qué estoy yo aquí?

Pues personalmente pienso que la primera pregunta, muchos la contestan sin pensar más, solo en el hecho que lo trajo hasta aquí. Sobre la primer pregunta poco podemos hacer ya. En cambio, la segunda pregunta implica mucho más en nosotros mismos, la acción en mi y hacia los demás presos.

El trabajo en sí mismo, significa poder identificar esos errores que producen dolor, tanto a nosotros mismos como aquellos que nos rodean. Tenemos que identificar comportamientos nocivos, que solo tuercen nuestros pasos en el caminar por la vida.

Yo, personalmente, desde mi celda 116 del Módulo 12, trato cada día de aclarar en mi mente el sentido de todo, en especial el hecho de, para qué estoy aquí. Descubro que hay cosas que no sabía y que suceden en circunstancias como estas, en prisión.

Desde la libertad, nunca tuve un pensamiento de lo que sería este lugar, estar preso, sin la tan anhelada libertad. Pero tras estos muros de hormigón fríos, grises, altos y con rejas, voy descubriendo aspectos de mí que antes no veía.

El primero, es compartir un pequeño habitáculo llamado en la jerga carcelaria: “chabolo”, donde dos personas que nunca se conocieron tienen que compartir juntos. Es un reto y un desafío, hacer cambios en uno mismo para tener una buena convivencia con el compañero.

Segundo, aprendes de la soledad aunque haya más personas cerca. Controlar tu tristeza y lágrimas, sin saber qué mano te ayudará o qué palabra de ánimo recibirás.

Estoy sorprendido de comprobar lo que la amistad significa en un lugar como este. Ayudar a otros internos en la medida de mis posibilidades, tomar esta nueva situación con calma, un alto o punto de reflexión en la vida para poder ser mejores seres humanos estando en libertad.

Creo que de la segunda pregunta planteada aquí antes, para todos, yo ya estoy dando respuesta en una pequeña parte de todo lo que implica y seguro estoy que muchos también responderéis de forma positiva a esta reflexión.

Cuando otra vez me pregunten ¿por qué estoy aquí?, responderé: para aprender… nunca olvidemos que “un santo no es sino un pecador que perdura intentándolo de nuevo”.

E.V.M.


UN CURA LLAMADO PAULINO por I.M.A.

El día que asistí a mi primera misa en Soto del Real, he de admitir que no fue precisamente por mi fe católica ni tampoco por mi devoción hacia la religión. Sencillamente porque no la tengo.

Después de muchos años estudiando en colegio católico, concretamente del Opus Dei, adquirí a la fuerza moral para suscribir el pensamiento de Nietzsche acerca de que “las religiones nacen del miedo. Que el cristianismo invirtió los valores de la antigua Grecia y Roma, inventándose un mundo celestial que ellos mismos menosprecian y solo fomentan valores tan mezquinos como la obediencia, el sacrificio y la humildad. Además, se permiten hablar del pecado, lo cual supone un grave atentado contra la vida puesto que la pervierte en su raíz”.

Acababa de llegar a la prisión y en aquel entonces la única actividad que desarrollaba era el destino asignado por uno de los grupos de limpieza. Cuatro días al mes limpiando diferentes áreas del módulo. Así que cualquier excusa era válida para salir un rato de allí. La misma era una de ellas.

Todos los domingos por la mañana, en el auditorio del edificio socio-cultural, sitúan debajo del escenario, dos columnas como de metro y medio de altura, decoradas con ornamentos religiosos escoltando a una mesa cubierta, con un mantel que improvisa un pequeño altar. El resultado es razonablemente digno.

El cursa estaba preparado para dar comienzo a la celebración. Su nombre: Paulino. Un tipo que por su porte, figura y voz enérgica transmitía seguridad en el manejo y control de los asistentes. Yo allí sentado, como en la cuarta o quinta fila y flipando en colores. Y es que esa gente me parecía muy rara.

Recuerdo su primer saludo: “¡buenos días! ¿qué os pasa hoy? – ¡estáis agilipollados!

Hay que joderse, otro cura progre y además “tocapelotas”, es lo que pensé.

Comenzó hablando de fútbol. Es una hincha incondicional del Barcelona y cuando su equipo gana disfruta provocando a los del Madrid.

Transcurrieron unos minutos de bromas y risas hasta que reclamó seriedad en el auditorio, se hizo silencio y entró en materia:

“En nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” – Amén.

“El Señor esté con vosotros” – “Y con tu Espíritu”, contestamos todos al unísono.

Hasta el momento que concluyó con las lecturas del Evangelio, todo había sido igual que el resto de las innumerables misas a las que yo había asistido en el pasado. Exactamente lo mismo, pero con un cura progre y “tocapelotas”.

Procedió dando paso a la homilía. “Te toca aguantar media hora de sermón”, pensé, aceptando con resignación lo que me venía encima.

Sin embargo, al poco tiempo de iniciase la plática, percibí que algo estaba sonando diferente, lo que me provocó prestar total atención a sus palabras.

Y es que Paulino estaba hablando de cosas bonitas. Cosas que de manera incuestionable salían del corazón y no de un insufrible manual teológico sobre el buen samaritano y la madre que lo parió.

Hablaba con humildad, no de humildad (siempre entendí que la humildad es un atributo mal entendido e interpretado, que se pretende plasmar a través de un plano de cualidad humana manifiestamente erróneo). Hablaba de respeto, de amor, hacía énfasis en la generosidad, en la justicia y la injusticia. Del perdón, pero no como un acto de sumisión, sino como una herramienta de liberación para poder continuar con tu vida limpio de odio y resentimientos.

Hablaba de errores, de caídas y deslices, de faltas, de equivocaciones, pero no de pecados. De desigualdad y de la verdadera esencia del ser humano en cuanto al “yo” más auténtico, puro y espiritual.

Crítico con ciertos comportamientos, actitudes, y acciones que se producen dentro de la jerarquía de la iglesia, él los perdona porque es sensible y compasivo con las debilidades humanas.

Aquel día fui consciente de que estaba descubriendo a un humanista en toda regla, un restaurador de los valores humanos más esenciales. Y para mí fue una suerte.

Con él aprendí que existe una iglesia diferente a la que me habían vendido durante mi infancia y adolescencia. Cercana, comprometida, sencilla, compasiva, solidaria, amable y humana. Libre de mausoleos, suntuosos templos y copones de oro.

Descubrí que gente como Paulino es necesaria para poder desatascar una iglesia católica totalmente anquilosada, no en Jesucristo, sino en la edad de Jesucristo. Una institución que en la actualidad se encuentra “offside” de la sociedad del Siglo XXI.

Desde aquel día, no dejé de asistir a sus misas.

Gracias a mi formación musical me convertí en el pianista de esa improvisada iglesia. Así fuimos formando una pequeña banda que con más voluntad que acierto continúa amenizando sus misas: “The Paulino´s Band”

A lo largo de estos dos años y medio de condena, no solo he conocido la labor tan extraordinaria que este hombre realiza en la calle a través de comedores sociales y otras muchas cosas, también soy testigo de su constante preocupación y atención con la gente que estamos aquí, especialmente con los más desfavorecidos. De ahí nace que todos los que nos encontramos recluidos en Soto del real sintamos un profundo respeto, cariño, admiración y agradecimiento hacia este personaje, el cual, ya no me parece progre, sino divertido, socarrón, provocador y ante todo, una persona excepcional. En cuanto a mi opinión de “tocapelotas” no ha variado un ápice. Y es que si no fuera así, no sería Paulino.

Para el que no sepa leer entre líneas, cuando Paulino dice: “¡Estáis agilipollados!”, en realidad está diciendo: “¡Despertad, tenéis una vida por delante y la obligación de vivirla!””.

I.M.A.


LOS CRISTALES DEL AMOR por I.M.A.

Hoy es sábado, el día que nos toca reunirnos con nuestras familias a través de un vidrio.

Un sábado más que a las familias les toca pagar una parte de nuestra condena. No sé exactamente en qué proporción, familia tanto, nosotros tanto, ni idea. Pero a pesar de que cada caso es diferente, de lo que no me cabe la menor duda es que la de ellos es muy grande, por lo general superior a la nuestra.

Cada vez que llego al locutorio, me resulta difícil no sentir compasión y cierta dosis de empatía en el momento que veo como esas mujeres, cargadas con niños, acuden puntualmente al encuentro de sus maridos o parejas. Generalmente, esos alevines corren por el pasillo para llegar rápido a la cabina donde se encuentra su padre. Ellos saben que el tiempo del que disponen para compartir es poco y pasa rápido. Cada semana soy testigo de estos encuentros y cada semana pienso en la valentía y el coraje de estas mujeres. Son madres que en su mayoría están solas, sin ninguna ayuda, trabajando como mulas para poder tirar de un carro de dimensiones extraordinarias, con un único objetivo: sacar a sus hijos adelante. Pero nadie se acuerda de ellas.

Se presentan aquí con la esperanza de que la pesadilla que están viviendo pueda algún día terminar, y con ese deseo constante de poder ver pronto a sus maridos entrar por la puerta de casa.

Acabo de recorrer ciento cincuenta metros del módulo al locutorio, y he llegado empapado. Llueve mucho. Inmediatamente me viene la imagen de esas mujeres caminando desde la marquesina de la parada del autobús hasta la entrada de la prisión, muchas de ellas con algún bebé en brazos. La distancia que ellas recorren no se asemeja a mis ciento cincuenta metros, sino que es un trayecto que con toda probabilidad alcanza el kilómetro, no lo he medido, pero parece una larga caminata. Y es que el horario del autobús que llega hasta la entrada de la prisión, por surrealista que parezca, no siempre coincide con los horarios de las comunicaciones. Un poquito más de condena para las familias parece ser que sacia la sed de un sistema ejecutor. Una sociedad que de forma incesante aclama venganza.

Teléfono en mano, estoy hablando con los míos y escucho como un interno, a voz en grito, reclama a su mujer una serie de exigencias recriminando una retahíla de estupideces. Todo ello, en presencia de dos niños, de sus hijos.

Como no podía ser de otra forma, este tipo de individuos necesitan culpabilizar a las familias, de esta forma ellos consiguen temporalmente liberarse del peso de sus propios hierros. El dolor que originan no es importante, lo importante es que ellos, egoístas y vampiros emocionales, consigan arrastrar a los demás al terreno de sus frustraciones. El modo y el como no tienen ninguna relevancia.

Escucho un golpe en el cristal. Es el momento en el que el recluso desahoga toda su ira contra ella. Uno de los niños comienza a llorar y ante la escena se me encoje el corazón y siento odio, mucho odio contra ese animal.

En este preciso instante tengo deseos de reventarle una silla en la cabeza, pero hay razones para no hacerlo, la primera: están sus hijos y ya han visto demasiado, la segunda: me meten un parte, lo que me dejaría sin permisos, previo inminente cambio de módulo. La tercera, que es la que me conduce a la calma, yo no soy así, no hago esas cosas, no parto sillas en la cabeza de nadie, jamás lo he hecho y este lugar no va a conseguir, ni siquiera en esta lamentable situación, cambiar mis valores, esos que mis padres me transmitieron cuando yo era un niño.

Me hago algunas preguntas: ¿estos energúmenos tienen consciencia de que sus familias, sin comerlo ni beberlo han sido igualmente condenadas? ¿son tan necios para no poder entender el hecho de que el venir aquí para compartir un tiempo con ellos se traduce en un acto de cariño y amor?

En otras ocasiones he tenido que presenciar como muchos padres utilizaban los cuarenta minutos de comunicación única y exclusivamente para regañar y gritar a sus hijos.

Esto me producía mucha pena. Son tan ignorantes e inconsciente que no son capaces de intuir que lo único que ellos quieren es recibir una sonrisa y un beso por el cristal, un “estoy bien, estad tranquilos porque papá os quiere mucho y pronto estará de nuevo con vosotros”.

Gritos y gritos, este es el país de los gritos. Vayas donde vayas, España grita y aquí más y más feo.

Por eso ya no miro otros cristales, permanezco concentrado en mi conversación. Es una forma como otra cualquier de protección emocional.

Las condenas más severas están detrás de esos cristales, están aquistadas en esos niños que necesitan un padre en casa, en esas mujeres que se han visto recluidas en una prisión mucho más dura que la nuestra

¿Tan difícil es poder compartir 45 minutos con la gente que nos quiere con un mínimo de respeto, de cariño y de comprensión?.

Para todas esas mujeres y esos niños que están pagando durísimas condenas por nuestra culpa, mi más enorme reconocimiento, cariño, apoyo y respeto.

I.M.A.


CARTA A MANUELA por I.M.A.

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Querida Manuela, Esta mañana tu mamá me ha regalado una fotografía bellísima. ¡Eres tú! Es el último retrato que te han hecho y, por cierto, he de decirte que estás guapísima. Mides 65cm y todos tus deditos ya están perfectamente formados. La verdad es que cuando te he visto en la foto, me he emocionado porque ya eres preciosa. Tienes la misma nariz que tu mamá y no te imaginas lo feliz y a gusto que se te ve, de ahí esa sonrisa que se dibuja en tu cara.

En pocos meses mi querida Manuela vas a comenzar una aventura impresionante, una aventura que como creación y creadora que eres, vienes dispuesta a vivir intensamente, que es como uno debe vivir. Tengo pleno convencimiento que en el periodo que tu y yo compartamos nuestras vidas en este lugar, en donde todo sea dicho, venimos ineludiblemente a pernoctar, te mostraré muchas cosas bellas que yo mismo viví y disfruté en su momento.

El motivo que me anima a escribirte esta carta es porque ya quedan pocos meses para tu llegada, para te reúnas con todos nosotros, así que antes de tan emocionante episodio tengo varias cosas que contarte.

Lo primero y muy importante, tengo buenísimas noticias ¿qué emoción verdad?. Tienes que saber ya mismo, que aquí te estamos esperando toda la familia con los brazos abiertos y también es importante que sepas que has dado en el clavo con la elección de tus papás. Son excepcionales y te cuento: tu madre es mi hija, y es guapísima, y no solo eso, es que además es muy divertida, con lo cual te vas a reír mucho con ella, igual ahora no lo entiendes, pero reírse, quizá sea una de las cosas más importantes de la vida y con una mamá como que te toca, vas a ir sobrada. Tu mamá es noble, bondadosa y de principios sólidos, pero la cosa no queda ahí, eres muy afortunada y es que tu mamá tiene un corazón enorme, gigante, es tan grande que no te puedes hacer idea todo el amor que vas a recibir de ella, te lo digo porque la conozco muy bien, más de lo que ella supone y te aseguro que así va a ser.

Sobre tu padre, es de esas personas que les encanta disfrutar con pequeñas cosas, que te hará ver que lo auténtico, lo de verdad es aquello que a veces es tan pequeño que parece invisible, pero que en realidad es grandioso, un hombre de familia, muy preparado, trabajador y al igual que tu mamá, tiene un gran corazón. Vas a tener un hogar en donde vas a estar muy feliz. Para tu papá vas a ser con toda probabilidad un calco de lo que tu mamá es para mí, su niña del alma, su princesa, su gran amor y en pocos años, un gran soporte emocional.

Hace unas semanas me avisaron que tu corazón había comenzado a latir. Es magia, es una magia que a pesar de mi edad y mis largas meditaciones sobre el milagro de la vida, no consigo comprender, seguramente todo se reduce a que la magnitud de la creación está fuera de la cualidad limitada de nuestra consciencia humana.

Voy a tratar de explicarte brevemente y de la forma más sencilla posible que es el corazón. El corazón, es el órgano más importante del ser humano, no solo es fundamental porque bombea la sangre que transporta el oxígeno por todo el cuerpo, básico para vivir, sino que además es un gran guía, es algo así como un maestro espiritual. Yo lo llamo el GPS (Guía sobre los Pensamientos y Sueños). El corazón te va a contar muchas cosas, te va a instruir, te va a calmar, te va a emocionar, y mi querida Manuela, con todo mi cariño te digo, escúchale, préstale atención, conviértelo en tu compañero de viaje, en tu gran mentor porque todo lo que él te va a ir enseñando, sin duda van a ser las claves para que tu vida sea plena, sea una vida basada en el amor, una vida en paz, llena de emociones, de pasiones, de conocimiento, y sabiduría, de comprensión, de humildad y gratitud.

En resumen, tu corazón que ya late a ritmo de las bocinas de un navío que anuncia el inicio de una gran travesía, es el órgano que transformará tus deseos en intención, tu intuición en acción, tu aprendizaje en transformación y tus dudas en manantiales de luz.

Sobre este lugar también quiero adelantarte algunos detalles, por ejemplo, aquí tenemos todos los días amaneceres a las mañanas y puestas de sol por las tardes. Es lo que nos marca el inicio y el final del día. Ya lo verás Manuela, es de una belleza extrema y te prometo que algún día te lo enseñaré desde el mar en donde estos valses entre la tierra y el sol son todo un espectáculo.

Al anochecer y en innumerables ocasiones, se nos presentan la luna y las estrellas. Sé que te van a fascinar, porque están hechizadas. Conozco un lugar en donde las estrellas reposan sobre el horizonte, descansando sobre las estelas del océano. Uno se tumba en el suelo y mientras las observas piensas en cosas hermosas, en tus más profundos y nobles deseos. Es ahí cuando ellas te envían su brillo, con la máxima intensidad, para que todos tus sueños se hagan realidad. Yo te las mostraré.

En su momento sugería a tu mamá que en estos meses de tu desarrollo para convertirte en un bebé, te pusiera todos los días algo de música. Peer Gynt de Edvard Grieg para las mañanas, los piano conciertos de Serguei Rachmaninov para las tardes y como no podría ser de otra forma, los nocturnos de Frédéric Chopin para las noches. Con esta receta amarás la música toda tu vida. Del rock&roll ya me encargaré yo cuando estés aquí, porque también tiene su conveniencia. Verás con el tiempo que a la vida hay que darle un poquito de rock, es esa chispa que te hace diferente y Manuela, yo siempre digo que cuando eres diferente al final te conviertes en un referente.

Por último querida Manuela, he de ser sincero contigo en un asunto delicado y es que debes de saber que has elegido venir en un momento donde la situación en este mundo está algo complicada. Se están desatando batallas muy duras, con pobres guerreros que envían a luchar en nombre de nadie sabe qué o quién, en escenarios donde se estriba la parte más eclíptica del ser. Igualmente existe una gran desigualdad entre los humanos, los bienes están mal repartidos y los gobernantes del planeta luchan inmersos en una carrera avariciosa con ambiciones desmesuradas hacia el poder, donde la justicia es un jinete vestido de negro que espada en mano y sobre un enorme corcel desbocado, sentencia allá por donde galopa con el único propósito de suspender sus trofeos sobre alguna lóbrega y melancólica pared. Sin embargo, tu princesa nada debes temer de todo ello, de gen te vendrá no tener miedo a nada, porque créeme cuando te digo que tus papás te obsequiarán con un regalo maravilloso, las herramientas necesarias para superar cualquier prueba que, por difícil que sea, tengas que afrontar. Tu corazón, ese que está latiendo anunciando vida, te dictará la manera correcta de utilizarlas. Los niños que ahora estáis llegando, para bien de las futuras generaciones, nacéis con otra conciencia, vais a aportar vuestro granito de arena para que este planeta sea un lugar más amable, más justo, más sensible y sensato, se que lo vais a cuidar, a respetar y que será muy difícil que puedan haceros entrar en ese juego lleno de trampas y armadijas de la aceptación y sumisión del “todo vale” a cambio de un puñado de dólares.

Ahora Manuela, me despido de ti mientras que en este preciso momento me encuentro viviendo una de las aventuras más intensas de mi vida y que gracias a ella, voy a tener muchas historias para contarte, algunas te harán reír, otras te sorprenderán y probablemente otras nunca serás capaz de comprender, porque las niñas como tú Manuela, solo atraen a sus vidas las bondades y magnificencias del ser humano. Lo demás sobra.

Sin más, te deseo el mejor de los viajes. ¡Muchos besos!. Aquí te esperamos.

Por I.M.A.     


LUNA LLENA DE MENTIRAS por EL LOBO TXAPELA

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Ella acaba de salir del centro, se va secando las penúltimas lágrimas, siempre se las promete las últimas, pero no lo consigue.

Él, ya salió de locutorios, no va llorando, tiene un motivo para hacerlo, cree él, tiempo tendrá por desgracia de comprobar que ni ha engañado a nadie, ni sus lágrimas de hace unos días fueron las últimas.

Ella se dirige hacia el coche y aunque solo lleva un bolsito muy pequeño, su caminar es el de alguien que carga con un saco muy pesado, hasta tropieza con nada, no la queda nada visible con lo que tropezar.

Él camina dirección al módulo y parece que no avanza, le da la maldita impresión de que anduviera en horizontal de lado a lado, en lugar de progresar en vertical, hacia adelante.

Ella sentada ya en el asiento del conductor se mira en el retrovisor y no se gusta nada, acomoda entonces el espejo de cortesía del parasol y lo que ve tampoco le gusta. Ve una mujer cansada, ajada por el tiempo, con unos ojos húmedos todavía.

Él no sabe casi como, pero ya ha llegado a su celda, se lava la cara y las manos casi por sistema y cuando incorpora su mirada a eso que algunos se atreven a llamar espejo que hay un poco más arriba del lavabo, no le gusta lo que ve. Ve un hombre curtido, un hombre que aparenta más edad de la que tiene al que se le están empañando los ojos una vez más.

Ella va a girar la lleve en el contacto, pero no puede sin antes hacer que su frente acompañe a su mano izquierda apoyándose en el volante, y después sin despegar la frente ambas manos en él, para comenzar a recordar lo que le ha dicho. Le ha contado que el dinero del que disponen les está llegando de sobra, ¡total para ella y los niños!, que los peques van muy bien en el cole, que no les falta de nada. Que no están acusando la falta de papá más de lo soportable, que ella se apaña bien, que no pasa miedo por las noches cuando vuelve del trabajo y que la abuela no protesta por tener que cuidar a los nenes. Le ha comentado que toda la familia y el barrio entero la están ayudando, que le sigue queriendo mucho, que por nada del mundo piensa en otros hombres, que esté tranquilo, y que va por la calle con la cabeza muy alta.

Él tiene una mano apoyada en el lavadero y con la otra va a dar un fuerte puñetazo en el mismo, pero… no puede, empieza a recordar lo que le ha dicho. La ha convencido de que está fenomenal, de que come de lujo, de que con lo que le mete en el peculio aún le sobra dinerillo. La ha asegurado que se ha hecho muy amiguete del educador, que el psicólogo habla con él casi todos los días y que la trabajadora social y los funcionarios le tienen mucho cariño.

La ha jurado que no ha tenido jamás ni un solo problema con nadie en el patio, ni el comedor, ni en ninguna parte y lo más importante; que está tranquilo por lo de los niños, que sigue confiando plenamente en ella y que va con la cabeza muy alta por la prisión.

Mientras los dos reflexionan ha caído la noche y una preciosa luna llena preside ambas escenas, haciendo que ella arranque el coche dirección a casa, llorando porque sabe que de todo lo que le ha dicho, nada es verdad.

Casi al unísono, un rayo de esta influyente luna se cuela entre los barrotes de la celda, consiguiendo que él destense sus brazos, suelte el lavabo y se acueste llorando al reconocer que todo lo que la ha contado, es mentira.

Ahora ella mira por el retrovisor y ve en el espejo los ojos de una mentirosa por amor, él mira por la ventana y en el reflejo del cristal, además de barrotes, adivina la silueta de un embustero por cariño.

Por El Lobo Txapela