Archivo de la categoría: Miscelánea

LA VIEJA BRUJA por M.R.

Pocas cosas nos impresionan tanto en nuestra vida como las historias de miedo que nos cuentan de pequeños.

A mí también me contaron “la mía”. No me acuerdo quien fue el gracioso que lo hizo, pero consiguió su objetivo. Ya lo creo que lo consiguió.

La historia tuvo 3 o 4 años de vigencia y la viví con total intensidad, pues me tocaba “sentirla” todos los días. Ya os la cuento.

Debía de tener yo diez años. Por aquel entonces veraneaba en un pueblo segoviano llamado San Rafael. Mis amigos vivían en una urbanización en la parte alta del pueblo y yo en un piso en la parte baja; la distancia no era mayor de 2,5 km. El camino entre mis amigos y yo era muy bonito, una carretera ancha, con muchos árboles altos, grandes y grandes ramas y una gran variedad de casas del estilo más variopinto que uno pueda imaginar, pero todas casas de pueblo.

Un buen día, alguien de la pandilla – ojalá me acordara de quién- me contó que en una de las casa vivía una bruja. Por lo visto, en algún momento vivía una familia feliz. El padre, la madre y sus 5 hijos, pero una noche la mujer se volvió loca y mató a su marido y a sus retoños.

Y poseída por algún maléfico espíritu, cocinó parte de los cadáveres y enterró en el terreno exterior lo que quedó de tal terrible matanza.

Eso fue lo que me contaron. Ni más ni menos.

A mis diez años esta historia cubría mi límite de tolerancia al terror, pero mi malvada imaginación hizo el resto.

Esta casa. “La casa de la bruja”, estaba a mitad de camino para quedar con mis amigos. No había otra opción. Todos los santos días estaba obligado a pasar por delante de aquella parcela de 2.500m2 con un gran caserón de 2 plantas en medo. Y sabía que enterrados allí estaban los cuerpos del marido de aquella loca y sus hijos. Muchas mañanas la veía en el exterior de su vivienda, unas veces tendiendo ropa, otras dando de comer a las gallinas y otras sentada en una silla al lado de la puerta principal de la casa. Lo que yo sentía cuando la veía era mucho miedo. Esa mujer era una asesina poseída, y a veces me miraba ¡Dios mío!

Pero cuando regresaba por las noches a mi casa, después de un día de juegos y chapuzones, era mucho peor. La casa estaba a oscuras, sin ruidos, y a lo mejor había una luz encendida dentro y ahí mi mente recreaba la noche en la que aquella vieja bruja había exterminado a su propia familia.

Veía al marido, de rodillas pidiendo clemencia, mientras ella lo golpeaba reiteradamente con un hacha, también la podía ver como enterraba en los alrededores de la casa los restos de sus infantes y como ellos, a las 12:00 en punto de la noche salían de sus tumbas y se arrastraban buscando sus camitas.

Evidentemente, aquella mujer era una pobre, inofensiva e inocente anciana. La mujer sería viuda, pues bien es verdad que siempre vestía de negro riguroso, pero mi visión de ella se distorsionó terriblemente. Ella sería incapaz de matar una mosca o de celebrar un aquelarre.

Años después me preguntaron si creía en las brujas, sonreí y respondí: “no creo en las brujas, pero haberlas haylas”.

M.R.

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REPÚBLICA DE SOTO DEL REAL por G.E.N.

Bienvenido a la República de Soto del Real, donde nadie es extremadamente rico y nadie es extremadamente pobre. Donde los ricos y los pobres del mundo exterior desayunan, comen y cenan el mismo menú en el mismo restaurante llamado “Mesón el Comedor”.

 

Donde ropas de marca, zapatos de marca, bolsas de marca, perfumes de marca y todas las cosas de marca dejan de tener sentido. Donde toda la gente de todas las nacionalidades del mundo exterior tienen el mismo carnet de identificación e ingresas sus dineros en el mismo banco y tienen la misma tarjeta de crédito que se llama “catumba” y cobran la misma cantidad cada semana. Donde los chequeos médicos y suministros de medicamentos son los mismos para los ricos y los pobres (y encima gratis). Donde las ropas, sábanas y mantas de los ricos y pobres se lavan en la misma lavandería; donde asuntos con sentido y sin sentido son importantes para los sabios y los necios. Donde los ricos y los pobres tienen y usan los mismos vehículos que se llaman “piecedes Benz”.

 

Donde los ricos y los pobres, los vagos y los ágiles, los sabios y los necios se meten en sus camas al mismo tiempo y se despiertan a la misma hora. Donde los políticos corruptos, los narcotraficantes y todo tipo de delincuentes y algunos inocentes tienen el mismo apartamento llamado “chabolo“.

 

Donde fascismo, racismo, machismo, terrorismo y todas las palabras malas terminadas en “ismo” son del pasado. Donde las mascotas (palomas y aves) son de todos y para todos y tienen más libertad que sus dueños. Donde las armas de sus policías y soldados son sus guantes y las balas sus manos.

 

Donde las crisis, las hipotecas, los rumores de destrucción masiva y mínima no tienen su sitio. Donde prostitución, corrupción, elección e inmigración son cosas del pasado.

Dios bendice a esta República, la tierra de justicia e igualdad, donde todos sus ciudadanos tienen el mismo objetivo y esperanza que es la libertad.

G.E.N.


MI HIJO ÍCARO por M.R.

Cuenta la leyenda que el dios Minos encerró a Dédalo y a su hijo Ícaro en la torre más alta de Creta.

“Han pasado ya más de diez inviernos y es el momento en el que mi espíritu me pide que cuente lo que ocurrió en realidad. Ya soy muy viejo, me canso pronto, mi pulso no es firme y mi vista muy deficiente. Mi corazón es muy débil y sé que pronto se detendrá.

Minos el Todopoderoso me regaló una mente excepcional, un cuerpo sano y una mujer hermosa y buena, que además de darme un hijo, me amó y me respetó hasta el último de sus días.

Pero un día, mi dios se enojó conmigo y me encerró a mí y a mi hijo Ícaro en la Torre del Abandono, la atalaya más alta jamás creada por el hombre. A ella acuden, cada siete puestas de sol, un grupo de soldados a traernos comida y agua.

Este monumento a la soledad y a la desesperación está construido sobre un amasijo de rocas al borde del mar. Minos tuvo la maldad de mandar quitar el techo de la torre, pero fue benévolo al acceder a mi único deseo, una mesa, pergaminos de estudio y cientos de velas para poder escribir y leer.

Siento un hondo penar por mi hijo y por mi mujer Elena. En su momento idee un plan para escapar los dos de aquí. El hombre no nació para estar encerrado.

Veía a Ícaro languidecer jornada tras jornada. Estaba triste y abatido. Yo no le podía decir aún que teníamos una posibilidad de escapar; era una locura, pero teníamos que intentarlo. Le pedí que fuera juntando las plumas de las aves que sobrevolaban nuestro encierro. Le dije que cuando tuviéramos muchas nos haríamos un catre bien cómodo. Él, joven e inexperto, me obedecía y yo trabajaba por las noches…

Finalmente, llegó el día en el que decidí poner en ejecución el plan tan sumamente arriesgado que tracé al principio de nuestro cautiverio; tras 159 veces de ver la luna dominar el vasto firmamento y tras 159 sesiones de exhaustivo y afanoso trabajo ya solo me quedaba una cosa: mostrarle a Ícaro las dos parejas de alas que había fabricado noche a noche. Con la cera de las velas fui conjuntando miles de plumas y dándoles forma de alas. Saldríamos de aquella fortaleza volando como gaviotas; buscaríamos volando la libertad que nos fue arrebatada.

Minos es infinito, eterno y omnipresente, pero Minos también descansa. Sus ojos divinos se cierran, y en esos periodos que no ve, el hombre se ve capaz de afrontar lo prohibido.

Le expliqué el plan a Ícaro, pidiéndole por favor y reiteradamente que lo siguiera a la perfección. Que no se separara de mí ni un palmo.

No teníamos que volar, tan sólo planear hasta poder llegar al mar y de allí dejarnos llevar por la corriente y que ésta nos aproximara a la tan deseada costa. Quizá Minos premiaría nuestro coraje y nuestra audacia. Íbamos a intentar escapar sin hacer daño a ningún ser vivo, ni hombre ni animal.

Así, yo fui el primero en saltar. Las alas, jugando con el viento, me alejaron de la pared de la torre y de las rocas de abajo. Mi conjunto corporal fue descendiendo suave y gradualmente en dirección a la espuma que formaban las bellas olas de aquella alfombra marina.

Miré hacia arriba, buscando con mi vista a Ícaro. Los hijos del Sol ya empezaban a mostrar su fulgor y su calor. Le vi saltar, pero no planeó. Agitó sus vigorosos brazos con fuerza. Comenzó a volar, comenzó a elevarse. Le oí que gritaba: “Mira padre, puedo volar!!”. Desafió al Dios Minos, y fue castigado. Al acercarse al Sol, la cera de sus alas se derritió, y cayó; cayó presa de su loca euforia. No quise ver como su cuerpo joven y lleno de vida se estrellaba contra las piedras.

Así terminó mi triste historia.

Aprendan de la prudencia y de los consejos de sus seres queridos”.

Este relato está basado en la canción “Flight of Icarus” de Iron Maiden.

M.R.


MAMÁ por M.R.

 

Ya casi van a hacer 7 años desde que et marchaste. Casi 7 años que te fuiste a descansar. Y casi 7 años que me dejaste solo.

Esta carta que te escribo hoy va a ser muy dura para mí, pues te voy a decir cosas que, tristemente, nunca te dije en vida, pero algo dentro de mí me impulsa a hacerlo. No sé si es cargo de conciencia, el resultado de miles de horas de reflexión o la llegada de mi madurez personal.

Tú y yo sabemos cuan compleja fue nuestra relación. Amor, odio, distanciamientos, acercamientos, armonía, silencios, risas, tensión, complicidad… ese tipo de relación que sólo pueden tener una madre y un hijo; pero nuestra relación fue muy especial incluso antes de nacer yo.

Me acuerdo cuando me contabas el embarazo tan complicado que tuviste (padeciste) a causa entre otras cosas de los disgustos que te proporcionaba mi padre, de tu delicadeza natural, y de aquella infección severísima de vesícula que sufriste y te tuvieron que extirpar, tres meses antes de nacer yo. Por lo visto, médicos, amigos y familiares susurraban su convencimiento de que tan solo 1 de los 2, o ninguno conseguiría sobrevivir a aquella situación.

Y a la vista está que ambos luchamos por cerrar bocas y demostrar que la VIDA siempre combate a la muerte y que tú y yo llevábamos en la sangre un gen especial de supervivencia. Nunca te lo dije, y nunca es tarde si es para bien, así que en este momento y delante de testigos quiero darte las gracias por pelear por mí, y también te quiero decir lo que muy pocas veces te dije: te quise, te quiero y siempre te querré.

También me hablabas de Salvador, mi hermano mayor que nunca llegó a nacer; él no tuvo mi fortaleza o quizá mi coraje, pero él está en mi corazón. Mi hermano mayor. Quizá si él hubiese nacido, igual el que no hubiese sido engendrado hubiese sido yo.

Desde que te marchaste a descansar para siempre, he pensado mucho en ti. Sufriste mucho; fuiste una persona incomprendida. Tu corazón era fuerte y de oro. Tu familia (yo incluido) te dio la espalda, tu entorno te excluyó, y “pobre mamá”, te refugiaste en las pastillas y el alcohol, sin dar gritos, hacer aspavientos o llamar la atención. Solo querías “no sufrir” y nadie te entendió.

Si supieras lo mal que me siento por no haberte comprendido. Por no haberte acompañado, haber sido más cariñoso, por no decirte frases bonitas… los últimos años de tu vida solo te proporcioné disgustos, mentiras, frío, abandono y dolor.

En estos 7 años de tu partida, te he extrañado mucho, he llorado tu ausencia y he aprendido a conocerte. Igual tarde, sí, lo reconozco, pero tener clara y presente tu verdadera dimensión me enorgullece. No hubiese querido tener otra madre, tenías que ser tú y tú fuiste

Tú nunca me abandonaste, no criticaste. Me amabas y me respetabas. En silencio. Con tu presencia y tu comportamiento, que no he valorado hasta hoy.

Mamá, estés donde estés, haz tuyo este sentido y sincero homenaje de respeto y amor. Descansa, perdóname y sígueme cuidando. Te quiero.

P.D.: Amigos, os pido por favor que respetéis, valoréis, queráis y cuidéis a vuestras madres. Decidle de vez en cuando que la queréis. No hagáis como yo y valoradlas con justicia y amor, mientras estén con vosotros. Un abrazo.

M.R.


APRENDER A OLVIDAR por Y.M.H.

Que idiota fui al pensar que tiempo me iba a hacer olvidar todo lo que viví a tu lado. Ahora el pesar me pesa por haberte dejado marchar a ti, con quien aprendí a amar y a ser valorado.

Que ingenuo mi corazón al decir: fácil será borrar de tus pensamientos el extraño pero completo y placentero sentimiento que sentí, que al hacerte ir me dejó marcado. Al irse, dejó abierta la herida que había sanado y cerrado, al enseñarme a ser amado.

Qué desalmados mis pensamientos al decir: mi corazón podrá soportar el desagarro de haber abandonado al ser que completó el mío, pues formaba parte de mí.

Y ahora, desangrado pero vivo, vivo soportando el dolor de su recuerdo y esperando a que cicatrice la herida que en el alma me hice al desterrar al olvido lo único que me hizo ser feliz.

Y lamentándome seguiría noche y día, pero al dejar escribir a mi conciencia lo que en mis pensamientos pasaba, lo que en mi corazón rondaba y lo que mi alma desangrada guardaba, siento que puedo decir: te he olvidado. Aunque me siga acordado de tu pelo entre mis dedos, aunque no olvide tu cuerpo entre mis brazos, aunque siga imaginando el recuerdo de la imagen de tus ojos en los míos reflejados, aunque siga sintiendo el olor de cuerpo desnudo y mojado/sudado, puedo decir que te he olvidado

Y.M.H.


LA TXERRIJANA DE LA CÁRCEL por J.E.F.

Hoy vengo a hablaros de toda la comida que se llega a echar a la basura en un Centro Penitenciario y de cómo no hacemos nada por remediarlo con todo el hambre que hay en el mundo. Y cuando digo mundo, no hace falta irse muy lejos para ver ese hambre, seguro que muchos de los que estamos leyendo esto, hemos tenido dificultades para llegar a final de mes, incluso habrá habido días en los que tengamos que haber comido pan duro porque no teníamos un mísero euro para comprar una barra de pan.

Y especialmente eso, es lo que aquí más se tira a la basura día tras día, pan, aparte de muchísima comida elaborada que termina en el cubo de la basura.

A mí personalmente me da muchísima pena tirar toda esa comida. Por eso vengo a proponer tres diferentes caminos para todo eso que se derrocha en la basura.

La primera sería recogerla para familias necesitadas que sé que las hay y muchas. La otra alternativa sería enseñarnos a todos los presos a reciclar esa comida, tirando lo orgánico en sus respectivos cubos sin nada de basura que no fuese comestible, para después utilizarlo para hacer compost. Ese abono podría utilizarse para una huerta en la cual los presos pudiesen cultivar frutas y hortalizas y así aprendiésemos a cultivar la tierra y saber sacar provecho a ella.

Y la otra alternativa es la que más me gusta, incluso como terapia. Sería guardar todo lo comestible para dárselo de comer a los cercos como se hacía antiguamente en todos los caseríos como en el País Vasco, que pasaban a recoger la “txerrijana” (comida para cerdos). Yo creo que sería una buena terapia recoger toda esa comida y dársela a nuestros propios cerdos, así fomentaríamos el tener una labor para muchos, incluso muchos aprenderían un oficio, sabrían tener pautas de limpieza de las cochiqueras, horarios laborales, cuidado de los animales.

Sé que para muchos sonará muy cómico, pero no hace falta echar la vista tan atrás para ver como nuestros abuelos criaban sus animales para después, recoger sus beneficios.

J.E.F.


UN CURA LLAMADO PAULINO por I.M.A.

El día que asistí a mi primera misa en Soto del Real, he de admitir que no fue precisamente por mi fe católica ni tampoco por mi devoción hacia la religión. Sencillamente porque no la tengo.

Después de muchos años estudiando en colegio católico, concretamente del Opus Dei, adquirí a la fuerza moral para suscribir el pensamiento de Nietzsche acerca de que “las religiones nacen del miedo. Que el cristianismo invirtió los valores de la antigua Grecia y Roma, inventándose un mundo celestial que ellos mismos menosprecian y solo fomentan valores tan mezquinos como la obediencia, el sacrificio y la humildad. Además, se permiten hablar del pecado, lo cual supone un grave atentado contra la vida puesto que la pervierte en su raíz”.

Acababa de llegar a la prisión y en aquel entonces la única actividad que desarrollaba era el destino asignado por uno de los grupos de limpieza. Cuatro días al mes limpiando diferentes áreas del módulo. Así que cualquier excusa era válida para salir un rato de allí. La misma era una de ellas.

Todos los domingos por la mañana, en el auditorio del edificio socio-cultural, sitúan debajo del escenario, dos columnas como de metro y medio de altura, decoradas con ornamentos religiosos escoltando a una mesa cubierta, con un mantel que improvisa un pequeño altar. El resultado es razonablemente digno.

El cursa estaba preparado para dar comienzo a la celebración. Su nombre: Paulino. Un tipo que por su porte, figura y voz enérgica transmitía seguridad en el manejo y control de los asistentes. Yo allí sentado, como en la cuarta o quinta fila y flipando en colores. Y es que esa gente me parecía muy rara.

Recuerdo su primer saludo: “¡buenos días! ¿qué os pasa hoy? – ¡estáis agilipollados!

Hay que joderse, otro cura progre y además “tocapelotas”, es lo que pensé.

Comenzó hablando de fútbol. Es una hincha incondicional del Barcelona y cuando su equipo gana disfruta provocando a los del Madrid.

Transcurrieron unos minutos de bromas y risas hasta que reclamó seriedad en el auditorio, se hizo silencio y entró en materia:

“En nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” – Amén.

“El Señor esté con vosotros” – “Y con tu Espíritu”, contestamos todos al unísono.

Hasta el momento que concluyó con las lecturas del Evangelio, todo había sido igual que el resto de las innumerables misas a las que yo había asistido en el pasado. Exactamente lo mismo, pero con un cura progre y “tocapelotas”.

Procedió dando paso a la homilía. “Te toca aguantar media hora de sermón”, pensé, aceptando con resignación lo que me venía encima.

Sin embargo, al poco tiempo de iniciase la plática, percibí que algo estaba sonando diferente, lo que me provocó prestar total atención a sus palabras.

Y es que Paulino estaba hablando de cosas bonitas. Cosas que de manera incuestionable salían del corazón y no de un insufrible manual teológico sobre el buen samaritano y la madre que lo parió.

Hablaba con humildad, no de humildad (siempre entendí que la humildad es un atributo mal entendido e interpretado, que se pretende plasmar a través de un plano de cualidad humana manifiestamente erróneo). Hablaba de respeto, de amor, hacía énfasis en la generosidad, en la justicia y la injusticia. Del perdón, pero no como un acto de sumisión, sino como una herramienta de liberación para poder continuar con tu vida limpio de odio y resentimientos.

Hablaba de errores, de caídas y deslices, de faltas, de equivocaciones, pero no de pecados. De desigualdad y de la verdadera esencia del ser humano en cuanto al “yo” más auténtico, puro y espiritual.

Crítico con ciertos comportamientos, actitudes, y acciones que se producen dentro de la jerarquía de la iglesia, él los perdona porque es sensible y compasivo con las debilidades humanas.

Aquel día fui consciente de que estaba descubriendo a un humanista en toda regla, un restaurador de los valores humanos más esenciales. Y para mí fue una suerte.

Con él aprendí que existe una iglesia diferente a la que me habían vendido durante mi infancia y adolescencia. Cercana, comprometida, sencilla, compasiva, solidaria, amable y humana. Libre de mausoleos, suntuosos templos y copones de oro.

Descubrí que gente como Paulino es necesaria para poder desatascar una iglesia católica totalmente anquilosada, no en Jesucristo, sino en la edad de Jesucristo. Una institución que en la actualidad se encuentra “offside” de la sociedad del Siglo XXI.

Desde aquel día, no dejé de asistir a sus misas.

Gracias a mi formación musical me convertí en el pianista de esa improvisada iglesia. Así fuimos formando una pequeña banda que con más voluntad que acierto continúa amenizando sus misas: “The Paulino´s Band”

A lo largo de estos dos años y medio de condena, no solo he conocido la labor tan extraordinaria que este hombre realiza en la calle a través de comedores sociales y otras muchas cosas, también soy testigo de su constante preocupación y atención con la gente que estamos aquí, especialmente con los más desfavorecidos. De ahí nace que todos los que nos encontramos recluidos en Soto del real sintamos un profundo respeto, cariño, admiración y agradecimiento hacia este personaje, el cual, ya no me parece progre, sino divertido, socarrón, provocador y ante todo, una persona excepcional. En cuanto a mi opinión de “tocapelotas” no ha variado un ápice. Y es que si no fuera así, no sería Paulino.

Para el que no sepa leer entre líneas, cuando Paulino dice: “¡Estáis agilipollados!”, en realidad está diciendo: “¡Despertad, tenéis una vida por delante y la obligación de vivirla!””.

I.M.A.