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REFLEXIÓN DE UN PRESO por A.I.L.

Yo soy un preso. En esta situación me hace explotar en mi ser más profundo. Es difícil creer cuando uno se siente abandonado por la sociedad, la angustia, la desilusión y amargura de esta situación. Yo no soy inocente aunque pocas personas quieres escucharnos y creen en nosotros como personas.

Soy un preso, encausado y condenado pero también existen víctimas de las injusticias cometidas por nosotros de todo el mal que hemos hecho.

Sin embargo, todas las personas no nos perdonan y nos siguen marcando en la sociedad como delincuentes. Es terrible la carca que sella a los que ni siquiera respeta a los inocentes; porque aquí entre nosotros también hay inocentes, pobres víctimas, las familias que también sufren nuestra condena.

No me gustaría perder mi dignidad humana por el hecho de estar en la cárcel, no quiero renunciar a ser persona. Quiero creer que al menos los condenados serán capaces de comprender mis lágrimas, la rabia detrás de estas rejas, miro a la sociedad que me excluye de la capacidad de reinsertarnos y rehacer nuestras vidas según el modelo que nos ofrecen en la vida.

Esperando, sedientos de la libertad de la que nos privan estos muros y barrotes que nos anulan. Ojala todos los que aquí nos encontramos para que juntos consigamos reinsertarnos en sociedad y dignificar nuestras vidas.

Por A.I.L.

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REPÚBLICA DE SOTO DEL REAL por G.E.N.

Bienvenido a la República de Soto del Real, donde nadie es extremadamente rico y nadie es extremadamente pobre. Donde los ricos y los pobres del mundo exterior desayunan, comen y cenan el mismo menú en el mismo restaurante llamado “Mesón el Comedor”.

 

Donde ropas de marca, zapatos de marca, bolsas de marca, perfumes de marca y todas las cosas de marca dejan de tener sentido. Donde toda la gente de todas las nacionalidades del mundo exterior tienen el mismo carnet de identificación e ingresas sus dineros en el mismo banco y tienen la misma tarjeta de crédito que se llama “catumba” y cobran la misma cantidad cada semana. Donde los chequeos médicos y suministros de medicamentos son los mismos para los ricos y los pobres (y encima gratis). Donde las ropas, sábanas y mantas de los ricos y pobres se lavan en la misma lavandería; donde asuntos con sentido y sin sentido son importantes para los sabios y los necios. Donde los ricos y los pobres tienen y usan los mismos vehículos que se llaman “piecedes Benz”.

 

Donde los ricos y los pobres, los vagos y los ágiles, los sabios y los necios se meten en sus camas al mismo tiempo y se despiertan a la misma hora. Donde los políticos corruptos, los narcotraficantes y todo tipo de delincuentes y algunos inocentes tienen el mismo apartamento llamado “chabolo“.

 

Donde fascismo, racismo, machismo, terrorismo y todas las palabras malas terminadas en “ismo” son del pasado. Donde las mascotas (palomas y aves) son de todos y para todos y tienen más libertad que sus dueños. Donde las armas de sus policías y soldados son sus guantes y las balas sus manos.

 

Donde las crisis, las hipotecas, los rumores de destrucción masiva y mínima no tienen su sitio. Donde prostitución, corrupción, elección e inmigración son cosas del pasado.

Dios bendice a esta República, la tierra de justicia e igualdad, donde todos sus ciudadanos tienen el mismo objetivo y esperanza que es la libertad.

G.E.N.


SUEÑO DE IMPULSO por M.R.D.C.

M.R.D.C.


UN PRESO… COMO YO por E.V.M.

Él, es normal tranquilo y sereno, no se hace destacar, es uno más aquí entre otros presos como yo.

Si te acercas más a él consigues reír o incluso llorar por dentro.

Para la sociedad libre puede ser un fracasado, su familia dirá: “no sirves para nada” y su entorno cercano, “es un perdedor sin futuro”. El centro penitenciario lo considera un número más, un delincuente y para los demás internos, un don nadie… sí, un preso como yo.

Su aspecto delgado y ojos cansados cautivaron mi atención. Nos dispusimos a caminar juntos por el patio, conversaciones largas y profundas de la vida, mi perspectiva de él cambió, vi un ser maravilloso con sus defectos al igual que virtudes, noté sus tristezas y frustraciones lo acogí en mi corazón.

Un día todo cambió cuando pudimos estar juntos como compañeros de celda, la amistad nos unió. Nunca creí que en un lugar como este pueda nacer la amistad verdadera. Me hizo recordar un texto del libro sagrado para muchos en proverbios: 18:24 que dice así: “hay compañeros que llevan a la ruina, y amigos más queridos que un hermano”.

Tengo que decir que es un preso… como yo. Pero para mí es un amigo y un hermano compartiendo esta experiencia en prisión que nos une y nos aleja por momentos de estos muros, libres de rejas y barrotes, historias rotas.

A ti, un preso… como yo, te dedico estas palabras para agradecerte siempre ser como eres con nombre y apellidos.

Concluir con lo que dijo Nelson Mandela: “Puedes encontrar que tu celda es un sitio ideal para conocerte, para investigar de modo regular y realista el proceso de tu mente y tus sentimientos”.

E.V.M.

 


CADENA PERPETUA por E.V.M.

El tema de esta exposición, es el título de una película. Para todos aquellos que la habéis visto, quizá recordéis inmediatamente esta pregunta: “Y tú por qué estás aquí?

Es muy normal aquí en prisión, es lo primero que te preguntan al entrar. Pero yo quiero hacer otra pregunta que invita a la reflexión ¿para qué estoy yo aquí?

Pues personalmente pienso que la primera pregunta, muchos la contestan sin pensar más, solo en el hecho que lo trajo hasta aquí. Sobre la primer pregunta poco podemos hacer ya. En cambio, la segunda pregunta implica mucho más en nosotros mismos, la acción en mi y hacia los demás presos.

El trabajo en sí mismo, significa poder identificar esos errores que producen dolor, tanto a nosotros mismos como aquellos que nos rodean. Tenemos que identificar comportamientos nocivos, que solo tuercen nuestros pasos en el caminar por la vida.

Yo, personalmente, desde mi celda 116 del Módulo 12, trato cada día de aclarar en mi mente el sentido de todo, en especial el hecho de, para qué estoy aquí. Descubro que hay cosas que no sabía y que suceden en circunstancias como estas, en prisión.

Desde la libertad, nunca tuve un pensamiento de lo que sería este lugar, estar preso, sin la tan anhelada libertad. Pero tras estos muros de hormigón fríos, grises, altos y con rejas, voy descubriendo aspectos de mí que antes no veía.

El primero, es compartir un pequeño habitáculo llamado en la jerga carcelaria: “chabolo”, donde dos personas que nunca se conocieron tienen que compartir juntos. Es un reto y un desafío, hacer cambios en uno mismo para tener una buena convivencia con el compañero.

Segundo, aprendes de la soledad aunque haya más personas cerca. Controlar tu tristeza y lágrimas, sin saber qué mano te ayudará o qué palabra de ánimo recibirás.

Estoy sorprendido de comprobar lo que la amistad significa en un lugar como este. Ayudar a otros internos en la medida de mis posibilidades, tomar esta nueva situación con calma, un alto o punto de reflexión en la vida para poder ser mejores seres humanos estando en libertad.

Creo que de la segunda pregunta planteada aquí antes, para todos, yo ya estoy dando respuesta en una pequeña parte de todo lo que implica y seguro estoy que muchos también responderéis de forma positiva a esta reflexión.

Cuando otra vez me pregunten ¿por qué estoy aquí?, responderé: para aprender… nunca olvidemos que “un santo no es sino un pecador que perdura intentándolo de nuevo”.

E.V.M.


VALOR EXPRESO por M.R.D.C.

M.R.D.C.


LOS CRISTALES DEL AMOR por I.M.A.

Hoy es sábado, el día que nos toca reunirnos con nuestras familias a través de un vidrio.

Un sábado más que a las familias les toca pagar una parte de nuestra condena. No sé exactamente en qué proporción, familia tanto, nosotros tanto, ni idea. Pero a pesar de que cada caso es diferente, de lo que no me cabe la menor duda es que la de ellos es muy grande, por lo general superior a la nuestra.

Cada vez que llego al locutorio, me resulta difícil no sentir compasión y cierta dosis de empatía en el momento que veo como esas mujeres, cargadas con niños, acuden puntualmente al encuentro de sus maridos o parejas. Generalmente, esos alevines corren por el pasillo para llegar rápido a la cabina donde se encuentra su padre. Ellos saben que el tiempo del que disponen para compartir es poco y pasa rápido. Cada semana soy testigo de estos encuentros y cada semana pienso en la valentía y el coraje de estas mujeres. Son madres que en su mayoría están solas, sin ninguna ayuda, trabajando como mulas para poder tirar de un carro de dimensiones extraordinarias, con un único objetivo: sacar a sus hijos adelante. Pero nadie se acuerda de ellas.

Se presentan aquí con la esperanza de que la pesadilla que están viviendo pueda algún día terminar, y con ese deseo constante de poder ver pronto a sus maridos entrar por la puerta de casa.

Acabo de recorrer ciento cincuenta metros del módulo al locutorio, y he llegado empapado. Llueve mucho. Inmediatamente me viene la imagen de esas mujeres caminando desde la marquesina de la parada del autobús hasta la entrada de la prisión, muchas de ellas con algún bebé en brazos. La distancia que ellas recorren no se asemeja a mis ciento cincuenta metros, sino que es un trayecto que con toda probabilidad alcanza el kilómetro, no lo he medido, pero parece una larga caminata. Y es que el horario del autobús que llega hasta la entrada de la prisión, por surrealista que parezca, no siempre coincide con los horarios de las comunicaciones. Un poquito más de condena para las familias parece ser que sacia la sed de un sistema ejecutor. Una sociedad que de forma incesante aclama venganza.

Teléfono en mano, estoy hablando con los míos y escucho como un interno, a voz en grito, reclama a su mujer una serie de exigencias recriminando una retahíla de estupideces. Todo ello, en presencia de dos niños, de sus hijos.

Como no podía ser de otra forma, este tipo de individuos necesitan culpabilizar a las familias, de esta forma ellos consiguen temporalmente liberarse del peso de sus propios hierros. El dolor que originan no es importante, lo importante es que ellos, egoístas y vampiros emocionales, consigan arrastrar a los demás al terreno de sus frustraciones. El modo y el como no tienen ninguna relevancia.

Escucho un golpe en el cristal. Es el momento en el que el recluso desahoga toda su ira contra ella. Uno de los niños comienza a llorar y ante la escena se me encoje el corazón y siento odio, mucho odio contra ese animal.

En este preciso instante tengo deseos de reventarle una silla en la cabeza, pero hay razones para no hacerlo, la primera: están sus hijos y ya han visto demasiado, la segunda: me meten un parte, lo que me dejaría sin permisos, previo inminente cambio de módulo. La tercera, que es la que me conduce a la calma, yo no soy así, no hago esas cosas, no parto sillas en la cabeza de nadie, jamás lo he hecho y este lugar no va a conseguir, ni siquiera en esta lamentable situación, cambiar mis valores, esos que mis padres me transmitieron cuando yo era un niño.

Me hago algunas preguntas: ¿estos energúmenos tienen consciencia de que sus familias, sin comerlo ni beberlo han sido igualmente condenadas? ¿son tan necios para no poder entender el hecho de que el venir aquí para compartir un tiempo con ellos se traduce en un acto de cariño y amor?

En otras ocasiones he tenido que presenciar como muchos padres utilizaban los cuarenta minutos de comunicación única y exclusivamente para regañar y gritar a sus hijos.

Esto me producía mucha pena. Son tan ignorantes e inconsciente que no son capaces de intuir que lo único que ellos quieren es recibir una sonrisa y un beso por el cristal, un “estoy bien, estad tranquilos porque papá os quiere mucho y pronto estará de nuevo con vosotros”.

Gritos y gritos, este es el país de los gritos. Vayas donde vayas, España grita y aquí más y más feo.

Por eso ya no miro otros cristales, permanezco concentrado en mi conversación. Es una forma como otra cualquier de protección emocional.

Las condenas más severas están detrás de esos cristales, están aquistadas en esos niños que necesitan un padre en casa, en esas mujeres que se han visto recluidas en una prisión mucho más dura que la nuestra

¿Tan difícil es poder compartir 45 minutos con la gente que nos quiere con un mínimo de respeto, de cariño y de comprensión?.

Para todas esas mujeres y esos niños que están pagando durísimas condenas por nuestra culpa, mi más enorme reconocimiento, cariño, apoyo y respeto.

I.M.A.